lunes, 6 de febrero de 2023

Á propos de Joan/La vida sin tí

Isabelle Huppert es dueña de una carrera larga y prolija en éxito y calidad. Actriz carismática donde las haya, su trayectoria sin fisuras es por todos reconocida. Entre las -tantas- distinciones a su trabajo, el Oso de Oro al conjunto de su trayectoria otorgado por la pasada Berlinale. 

Dicho festival fue también el marco -aprovechando la coyuntura- para el estreno de este filme, Á propos de Joan, que quizás no sea el más sobresaliente de la actriz pero como siempre será especialmente interesante por -entre otras cosas- contar con su presencia como cabeza de cartel. La vida sin ti (título español bastante menos acertado que el original, A propósito de Joan, pues funciona como un spoiler que no vamos a desarrollar por respecto a potenciales espectadores) nos va desvelando a lo largo de su metraje la existencia de una mujer por medio de recuerdos fragmentados, unos flasbacks continuos centrados en encuentros amorosos y en la relación con su hijo. El encaje de estas evocaciones en el largometraje, que en un inicio puede resultar un tanto errático en sus saltos temporales, va tomando forma y sentido de cara a su tramo final, en una resolución que demuestra que el ciclo de la vida sigue a pesar de tragedias y dramas, que cada cual afronta el duelo a su manera y que el renacer es posible.

Partiendo de la mezcla de géneros (drama, comedia, pasajes onírico-surrealistas), este filme basa su originalidad especialmente en el mostrar cómo damos vida en nuestra mente a los recuerdos, sean o no del todo reales, lo que difumina la barrera entre realidad y ficción. Esta quiebra es abordada desde un inicio por una protagonista que rompiendo la cuarta pared, se dirige directamente al espectador para exponer su historia, anticipándonos que lo que vamos a ver puede ser real pero también tener su parte de invención. ¿Y, después de todo, qué es el cine si no esto?

Sabela Pillado. La Voz de Galicia, viernes 27 de enero de 2023. 

domingo, 5 de febrero de 2023

Hay encuentros que te pueden cambiar la vida

La experiencia de la alteridad acaba produciendo efectos antes o después: más aún que descubrir tu punto de vista, yo cambio con tu contacto. He tomado una nueva dirección, modificado alguno de mis hábitos, también de mis opiniones, mis gustos han evolucionado, y en ciertas situaciones ya no reacciono de la misma forma. En pocas palabras, he cambiado. Para mejor o no, lo mismo da. La prueba más tangible de que te he encontrado es que llevo de forma diferente la barca de mi existencia.

Albert Camus constató como el encuentro con María Casares, y la pasión que vivieron durante 12 años, lo transformó. Actriz, hija de jefe del gobierno de la República española, exiliada en Francia al llegar Franco al poder, María Casares compartió escenario con Michel Bouquet, Jean Vilar o Gérard Philippe. Revisando las mil páginas de su correspondencia se comprende que Camus tuviera "posibilidades dentro de él -una propensión a la ternura, una capacidad de concentrarse en un ser y dejar de dispersarse, una forma de decir sí a la vida- que seguramente no habría actualizado sin el amor de María Casares. De ese encuentro que hubo lugar el 8 de junio de 1944, día del desembarco aliado, Camus escribe que ella le ha reconstruido: "Entraste por azar en una vida de la que yo no estaba orgulloso, y a partir de ese día algo empezó a cambiar. Respiré mejor, detesté menos cosas, admiré libremente lo que merecía serlo. Antes de tí, fuera de tí,  no me adhería a nada. Esa fuerza, de la que tú te burlabas algunas veces, había sido siempre una fuerza solitaria, una fuerza de rechazo. Contigo, acepté mis cosas, empecé a vivir. Y sin duda esa fue la razón de que siempre se mezcló con mi amor una gratitud inmensa". Revisando su correspondencia, sentimos la tentación de releer algunas de sus obras a la luz del encuentro con María. El Hombre rebelde en particular, publicado en 1951, pero escrito unos años antes, en los primeros años de su pasión.  El hombre rebelde es capaz de decir no a la injusticia, a lo inaceptable, y no lo dice simplemente en su nombre, sino en nombre de todos los seres humanos. Piensa que lo que él no puede aceptar no debería aceptarlo ningún hombre. "Es en nombre de todos los hombres como el esclavo se levanta", escribe Camus. Pero insiste en el hecho de que este no a la injusticia va acompañado siempre de un sí a la vida. Diciendo no a lo inaceptable, el hombre rebelde acepta la vida tal y como debería ser: su poder de rechazo es al mismo tiempo un poder de aprobación. El nihilista no es, por tanto, un verdadero hombre rebelde. Sin el encuentro de Camus con María Casares, el hombre rebelde habría sido probablemente un hombre del no, una figura del rechazo, y no ese filósofo de la esperanza, de la afirmación, ese guía tan valioso y profundo.

Camus escribe a María lo que le debe: "No te das cuenta que de pronto he concentrado sobre un solo ser una fuerza pasional que antes esparcía un poco por doquier, al azar, y en todas las ocasiones". El escritor tenía fama de ser "un mujeriego". Probablemente se cruzó con muchas mujeres, pero María fue la única a la que escribió 500 cartas. Con las otras no tuvo un encuentro como el que tuvo con María, no cambió con su contacto. Antes, "esparcía un poco por doquier" su fuerza pasional. Gracias a María, la "concentra en un solo ser, se muestra capaz de cuidar "de lo que es valioso para él en lugar de dispersarse. Acumular conquistas es agradable desde un punto de vista narcisista y fuente de placeres. Con María Casares descubre un amor diferente, más vuelto hacia el otro, capaz de instalarse en el tiempo y de aumentar una felicidad que no se reduzca al placer. Esta temporalidad es necesaria para descubrirse y descubrir al otro. La hermosa correspondencia entre Camus y María nos muestra también lo que constatamos a menudo en nuestros chat actuales: es posible tener una historia de amor a distancia, hacer vivir una relación a pesar del alejamiento geográfico o de la imposibilidad de encontrarse físicamente. Finalmente en la totalidad de su relación, Albert Camus y María Casares seguramente se escribieron más de lo que se vieron. Algunas carta muestran que el recuerdo de los momentos vividos, siempre y cuando sea evocado, contado, alimentado y en parte reinventado, a veces, es capaz de igualarlos en intensidad.

sábado, 4 de febrero de 2023

La embajadora de la cocina francesa en televisión española

Durante la etapa más flexible del confinamiento, la periodista gastronómica Julie Andrieu (París, 48 años) viajó con su hija por Málaga y Granada. Visitó las ciudades, disfrutó del patrimonio, saboreó los restaurantes y alucinó con las berenjenas fritas regadas con miel de caña. También con el flamenco: desde entonces recibe clases semanales en su propia casa. Lo que más le sorprendió , sin embargo, fue la cantidad de gente que la reconocía por la calle. "Es increíble: soy más conocida en España que en Francia", afirma asombrada la francesa. Es la consecuencia de su programa de televisión, Las recetas de Julie, que se emite de lunes a viernes desde hace cinco años en la 2. Desde 2017 se han emitido 237 capítulos de ocho temporadas, algunos repetidos en dos o tres ocasiones. Con una audiencia media de 226.000 personas, hasta 26 millones de españoles han visto alguna vez sus peripecias culinarias, según los datos que maneja el director del canal público, Samuel Martín Mateos. Es una más en la mesa de los españoles.

En su programa, con distintos formatos pero siempre bajo la denominación de Las recetas de Julie, la especialista -que recibió en 2021 el Premio de Periodismo Pau Albornà i Torras en San Sebastián Gastronomika- recorre con su Peugeot 304 rojo los lugares más recónditos de la Francia rural. Ha visitado todos los departamentos galos. Viaja en busca de ingredientes singulares, productos locales y recetas tradicionales de la cultura popular, su favorita. Un fiel seguidor del programa probablemente conozca mejor a estas alturas la gastronomía francesa que la española. De las anguilas de la Camarga a los quesos del Loira o las vieiras de Normandía, cada capítulo acaba con un almuerzo grupal en una atmósfera envidiable. Los protagonistas degustan los platos y productos rescatados gracias a la infinita curiosidad de la periodista, En varias temporadas le acompañan el reconocido chef Thierry Marx y el químico Raphaël Haumont.

La serie supone un trabajo de arqueología gastronómica fundamental. "Quiero ir más allá, conocer por qué una receta es de una determinada manera e incluye un ingrediente particular, pero también los utensilios que se usan, las temperaturas, la forma de cocinar.  Es algo que cambia de valle a valle, de pueblo a pueblo e incluso de familia en familia porque cada cual tiene sus raíces diferentes. La cocina puede ayudarnos a aprender sobre geografía, literatura, el pasado... Al final, de lo que se trata  es de contar historias", explica Andrieu por videollamada en el salón de su casa en Versalles.

Rodeada de libros, desde allí charla mientras mantiene una infinita sonrisa. La conversación transcurre justo después de su lección de flamenco y de cocinar un plato de pasta a la carbonara para su hijo. También mientras en España se emite un capítulo de su programa. Ya son 499 veces  las que esta parisiense se ha asomado a la pantalla de la 2.

La cocina es su oficina. Ahí pasa gran parte del tiempo para elaborar platos aprendidos en su programa o sus viajes por el  mundo. En su archivo personal hay ya más de 2.600 recetas que, asegura, también guarda en su cabeza. Hasta 150 de ellas conforman el libro también titulado Las recetas de Julie (Planeta), publicado el pasado noviembre...

Nacho Sánchez. El Pais, 9-1-2023

viernes, 3 de febrero de 2023

La familia Couperin

Benjamín Alard

En 2020 el clavecinista Benjamin Alard, que toca una copia  de Andreas Ruckers/Pascla Taskin (1646/1780), ofreció un recital en la Fundación March con algunas de las características composiciones de la dinastía Couperin: Louis François (el más conocido) y Armand Louis. Con ellas comprobamos de nuevo que los barrocos franceses eran, en contra de lo que se cree, la mar de divertidos.

La verdad es que si se siguen todas las peripecias que enriquecen el discurso musical de estas pequeñas partituras, no hay ni tiempo ni motivo para el aburrimiento. Basta con dejarse llevar y guiar entre la aparente maraña de tonalidades, giros, acentos, ritmos y acontecimientos de todo tipo. Es música que entra por todos los sentidos; ora sensual, ora recogida, ora jocosa, ora pomposa, ora victoriosa, ora triste, ora alegre... Un mundo riquísimo que se va descubriendo con propiedad merced a una apabullante fantasía para el tratamiento de la forma -libérrima-, para el arte de la modulación, para servir a su majestad la danza, que está en el fondo y en el principio de todas esas músicas.

Y, claro, por estar tocadas primorosamente por un virtuoso como Alard, capaz de matizar lo indecible, de dar a cada pieza lo suyo, siempre partiendo del fraseo, un apoyo a la tecla y una digitación verdaderamente ejemplares que nos explican muy bien la talla de esos músicos. Con Louis cristaliza la influencia de la música italiana de Froberger o Carissimi. Se nos brida su Suite La menor  y cosa a resaltar, la Tombeau de Monsieur de Blancrocher, un homenaje al famoso laudista que murió al caer por una escalera.

Del máximo exponente de la escuela, sobrino del anterior, François, se destaca, entre otras cosas, su talento para explorar las cualidades tímbricas del instrumento en el camino de convertir la suite en un conjunto de piezas de carácter. Escuchamos a Alard tocar nueve obras variadas encuadradas en los cuadernos El arte de tocar el clavecín. Y uno de sus famosos órdenes, el décimo cuarto, con sus fantásticas evocaciones (Le rossignol-en-amour, La linotte affarouchée, Les fauvettes plaintives, Le carillon de Cithère y Le petit-rien). Hay asimismo tres piezas de Armand-Louis, sobrino segundo de François.  

A. Reverter. El Cultural, 27-1-2023.

jueves, 2 de febrero de 2023

Colette y sus máscaras

Cuando se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento, los mil rostros  de Colette siguen generando ensayos psicológicos y análisis literarios feministas. Sus heroínas, incluida su alter ego Claudine, no eran del todo Colette, o quizás es que una Colette excesiva da lugar a Claudina. Las máscaras disfrazaban lo autobiográfico, y su predisposición  a lo sensual quedaba aumentada por su deseo de seducir, como autora estableció una disimulada distancia con la experiencia. En su baile de máscaras Colette siempre cuenta más o menos. 

Su verdadero nombre era Sidonie-Gabrielle Colette (Saint-Sauveur en Puisaye, 1873-París, 1954). y era la cuarta hija de Sidonie Landoy, una mujer culta y liberal casada en segundas nupcias con el excapitán de los suavos Jules-Joseph Colette. Su madre la consideraba "una joya de oro", y recibió una sólida educación laica. Tal vez por eso, los disfraces que llevó a lo largo de su tumultuosa vida, ocultaban el genio de una escritura que creó, en medio de una obra copiosa y multiforme, textos de penetrante sutileza, hoy obras clásicas  de la literatura francesa.

Se reinventó a sí misma muchas veces y la impostura del personaje encubrió a menudo su acerada sensibilidad para la observación de la naturaleza y del gran espectáculo del nuevo siglo. Colette fue sucesivamente, la adolescente indómita de la Borgoña; la seducida parisina en brazos de su primer y corrupto esposo, Henry Gauthier-Villars, el célebre Willy que explotó su talento de escritora, la libertina de los amores sáficos; la mujer vestida de hombre, cuando el travestismo público estaba prohibido; la audaz artista del music-hall que se desnudaba en escena; la periodista sagaz; la irónica crítica teatral; la traicionada y la traicionera; la amante de su hijastro; la propietaria de un salón de belleza; la amiga de aristócratas e intelectuales; la madre distraída; la dueña de una pantera; la gran dama del final, varada por la artritis en sus aposentos, frente al Palais -Royal.

Se encontraba con Marcel Proust, que la admiraba, en el salón de madame Arman Caillavet, amante de Anatole France; fue amiga de Jean Cocteau, de Paul Valéry; colaboró con Maurice Ravel y con Matisse. Se casó tres veces, siempre con hombres poderosos e inteligentes, bastante calaveras, como el ya citado Willy (de 1893 al 1906); Henry de Jouvenel (de 1912 a 1923) y Maurice Goudeket, y tuvo como amantes a mujeres, también inteligentes, intrépidas y ricas.

Aunque creció en la belle époque, daba la impresión de ir adelantada un siglo, o acaso dos. Quizá no imaginó que hacerse fotos atrevidas, salir en la prensa de la época, montar escándalos, escribir desde la sexualidad de una mujer, contar su vida, o reinventarla, lanzarse a proyectos osados y, poco a poco, ir refugiándose en la escritura, constituían la fórmula perfecta para alcanzar una posteridad extraordinaria.

Cuando murió en París el 3 de agosto de 1954, a los ochenta y un años, tuvo funerales de Estado. Su catafalco fue instalado en los jardines del Palais Royal para que la ciudadanía francesa le rindiese el último homenaje. Recibió honores militares, como oficial de la Legión de honor. La mujer que para entonces era una figura consagrada, miembro de la Academia belga de lengua y literatura, presidenta durante unos años de la Academia Goncourt y reconocida por la crítica y los autores internacionales, sufrió aún una polémica póstuma. El arzobispo de París, recién nombrado cardenal, Maurice Feltin, negó las exequias religiosas a la escritora. La decisión supuso un escándalo para sus admiradores, y el escritor Graham Greene publicó en el periódico Le Figaro un artículo contra el arzobispo. Se sucedieron cartas y reacciones de otros intelectuales. Ya enterrada en el cementerio de Père Lachaise, la escritora proscrita en el índice de Libros Prohibidos, siguió dando que hablar...

Lourdes Ventura. El Cultural 20-1-2023.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Una cineasta contra el régimen iraní

Mitra Farahni

Lo habitual cuando un creador de cualquier tipo da una entrevista es que quiera hablar de "su libro". Empujado por las lógicas del mercado periodístico y buscando un poco de rango amplio para su público, el entrevistador buscará que hable del cambio climático, de la autoexplotación, del consentimiento sexual o del Gran Tema que toque, y el autor, según su temperamento, o bien bandea todo eso con educación o bien recuerda al periodista: oye, que yo lo que he hecho es una película o un ensayo o un cómic, o lo que sea. 

Con Mitra Farahani (Teherán, 47 años) sucede exactamente al revés. La realizadora iraní, que ahora vive en Roma, pero ha estado durante muchos años ligada a Francia y al cine francés, estuvo en noviembre en Gijón para presentar allí en el Festival Internacional de Cine, su documental Á vendredi, Robinson, un experimento fílmico en el que logró por fin que se encontrasen dos de los patriarcas del cine que venían siguiéndose y admirándose desde los sesenta, el iraní Ebrahim Golestan, representante de la nueva ola del cine de su país a finales de los sesenta, y Jean-Luc Godard, con quien Farahani trabajó estrechamente en los últimos años de su vida. La cineasta les convenció para que aceptaran un juego: enviarse un correo electrónico cada viernes. Ella estaría en los dos sitios a la vez, en la gigantesca casa de Sussex, Inglaterra, en la que Golestan, que ha cumplido los 100años, todavía vive, y en Rolle, el pueblo suizo en el que se recluyó Godard y en el que falleció, por suicidio asistido, el pasado septiembre.. Al igual que su primer largo, Fifi Howls Happiness (2013), en el que se acercó a la figura enigmática del pintor Bahman Mohasses, considerado el Picasso persa en el Irán prerrevolucionario, la película aborda la experiencia, las contradicciones del creador y los exilios, reales y metafóricos. Son películas densas de las que brota mucho discurso. Pero la directora no tiene en este momento demasiadas ganas de hablar de ellas. 

Mientras ella está haciendo el circuito de festivales, presentando su película a los medios, en su país se suceden las protestas desde que, a mediados de septiembre,  la llamada "policía de la moral" mató a Mahsa Amini, de 22 años, por llevar mal puesto el hiyab. Se cuentan en centenares los muertos y en miles los represaliados. El anuncio a principios de diciembre de que el régimen piensa acabar con este cuerpo policial fue recibido con escepticismo. "Es muy duro para los iraníes que estamos fuera del país", dice la directora. "Nuestro cerebro está allí al 85%, pero después tenemos que llevar otra vida fuera de campo. Faharani ha vivido entre Irán y Europa, cuando fue a París a estudiar cine, pero hace ya años que no puede visitar a su familia en su país de origen ni entrar en él con tranquilidad. En 2009, tras las elecciones fraudulentas en las que Mahmud Ahmadinejad buscó revalidar su poder, la realizadora fue arrestada apenas poner un pue en Teherán y estuvo encarcelada durante dos semanas. 2Aún así seguí yendo a ver a mi familia hasta 2019. Llevamos 43 años con un régimen que no hemos elegido. Hora mismo, todo el país está en duelo y encolerizado, y la única manera de salir de este duelo es a través de la revolución"...

Begoña Gómez Urzaiz. El País Semanal, 20 de diciembre de 2022. 

martes, 31 de enero de 2023

El Museo Picasso bocetó la Málaga actual

Museo Picasso de Málaga
Llovía a cántaros. El cielo estaba oscuro, pero para la malagueña Sandra Masiques era un día brillante. Tras acabar sus estudios de Historia, afrontaba su primera jornada de trabajo. Era un manojo de nervios y de camino se topó con los Reyes que iban al mismo sitio que ella. Se subió a un muro para verlos y su falda se rajó. "Vaya forma de empezar", pensó. Una compañera la salvó con aguja e hilo antes de que las puertas del Museo Picasso de Málaga se abriesen por primera vez para cambiar de arriba abajo la ciudad. "Sabíamos que empezaba algo interesante", recuerda hoy Masiques, de 45 años, que continúa desde entonces en el departamento de Atención al Público del centro. Ocho millones de personas han visitado ya un espacio que ha reconciliado a los malagueños  con Pablo Picasso. Fue la chispa que prendió la mecha del turismo cultural en la capital y ha comenzado ya los fastos de celebración del 20º aniversario, que cumplirá el 27 de octubre de 2023.

El diluvio de aquel día de otoño de 2003 es el recuerdo colectivo de la inauguración del museo. Fue Christine Ruiz-Picasso -nuera del artista, estuvo casada con su hijo Paul- la que impulsó su creación. Lo hizo tras visitar en 1992 la exposición Picasso clásico  en el palacio Episcopal de Málaga, comisariada por Carmen Giménez. Bernard Ruiz-Picasso, hijo de Christine y nieto del artista, lo explica así: "En aquel viaje, recordó otro que hizo a Málaga con mi padre y quiso cumplir el deseo de mi abuelo, de tener un espacio en su ciudad natal". Los primeros acuerdos con la Junta de Andalucía, entonces presidida por Manuel Chaves (PSOE) comenzaron en 1997. La Administración andaluza lideró el proceso, invirtió 66 millones de euros en el proyecto para remodelar el palacio de Buenavista y devolvió a Picasso a su origen. Su primera directora fue Carmen Giménez, que solicitó su relevo unos meses después. La sustituyó Bernardo Laniado-Romero.

Nadie esperaba lo que pasó a partir de aquella apertura. "Todo el mundo entendía la importancia de Picasso y que tuviera un museo en su ciudad. Lo que no se sospechaba es lo que ha pasado después", explica Francisco Rodríguez Marín, profesor del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Málaga. "Cuando explico a mis alumnos el efecto del turismo cultural, del crecimiento exponencial de los hoteles, de los cambios en el centro, siempre digo que hay dos elementos desencadenantes: el Picasso y el Thyssen", añade Marín. La renovación de la ciudad nació con la cultura. A partir del Picasso llegaron el Thyssen, el Pompidou o el Museo Ruso. Hace 20 años la urbe no era destino turístico. Hoy está desbordada. "Tenemos colecciones únicas y somos una fuerza turística y económica evidente para nuestras ciudades", apunta Manuel Guigon, director del Museo Picasso de Barcelona, que en 2023 cumple 60 años...

¿No habría Pompidou o Museo Ruso sin Picasso? "Es jugársela a la especulación, pero yo creo que no", sostiene José Lebrero, director del Museo Picasso de Málaga. Junto a una enorme cristalera con vistas a la alcazaba y al teatro romano, rememora que cuando el museo abrió sus puertas el acudió como director del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) de Sevilla. También recuerda la intensa lluvia de aquel día y que jamás se le pasó por la cabeza acabar allí. Lo hizo en 2009...

El espacio prepara ya dos grandes exposiciones para celebrar el 20º aniversario a lo largo de 2023 que coincide con los actos del 50º aniversario de la muerte del artista. Entre mayo y septiembre, Picasso: materia y cuerpo, comisariada por Carmen Giménez, que vuelve por primera vez desde que dejase su cargo como directora. Por otra parte, El eco de Picasso que se podrá visitar de octubre de 2023 a marzo de 2024. También se renovará el recorrido de la colección permanente y se prevé una intensa programación de actividades formativas, culturales y académicas. "Se hará a lo bueno, no a lo grande", apostilla Lebrero.

Nacho Sánchez. Málaga. El País, vienes 13 de enero de 2023.

lunes, 30 de enero de 2023

¿Maternidad o marginación? "Los hijos de otros"

La mujer que ocupa el centro de la película suele ser un personaje en la periferia del relato. Es la madre que no es madre biológica, la madrasta, una nulípara en términos clínicos, esto es, una mujer sin hijos. Recién cumplidos los cuarenta, la profesora de instituto Rachel se enamora de Alí, un padre separado, al tiempo que se encariña con su hija de cuatro años, en custodia compartida. Interpretada por Virginie Efira, a quien vimos como lasciva monja en Benedetta, Rachel trata de encontrar su espacio en la nueva familia a la que pertenece, tanto en su relación con la niña como, en menor medida, con el padre y su exmujer, Alice, a quien da vida Chiara Mastroianni.

Los hijos de otros es un relato ciertamente expeditivo (pone el foco en la narrativa esencial y sin dar vueltas) sobre un proceso de integración y rechazo social muy habitual fuera de la pantalla pero escasamente representado en ella, al menos desde la mirada de la protagonista.

La naturaleza expeditiva del filme dirigido por Rebeca Zlotowski (París, 1980), como si ninguna parte de todo el proceso debiera quedar fuera del plano, queda definida con el encuentro de la pareja, filmado prácticamente como un emparejamiento que no necesita mostrar motivaciones ni detalles románticos. Lo importante, para la película, es lo que este emparejamiento trae consigo, la familia "de adopción", y el modo en que Rachel va a lidiar con todo ello. Así, el primer encuentro de Rachel con la pequeña Leila (y viceversa) se tomará más tiempo y delicadeza en su representación, pues pareciera que produce más cambios y preocupaciones en la protagonista que la relación con Alí, superficialmente explotada y causante del inesperado y abrupto desenlace, sin duda lo peor de la función. Será en el momento en que Rachel se da cuenta que está criando a los hijos de otros (en un momento dado, su hermana pequeña se quedará embarazada), que se plantea la necesidad de tener su propio hijo...

El tratamiento de la puesta en escena, acaso de espíritu truffautiano (el empleo del iris shot cerrando y abriendo capítulos, al tiempo que "encierra" a su protagonista), pero en verdad carente de inventiva y lírica alguna (nos preguntamos qué película habría salido en manos de Mia Hansen-Love, por ejemplo), confía exclusivamente en la solvencia del texto y las apreciables interpretaciones, pero no se vincula de forma orgánica en ningún caso a la naturaleza notarial de la propuesta: la de dar testimonio de cómo una mujer de mediana edad ve su futuro determinado por la presiones sociales, profesionales y familiares de tener un hijo que posiblemente (no queda nunca claro), en lo más profundo de sus convicciones, no quiere tener. O quizá sí. 

Carlos Reviriego. El Cultural 21-1-2023.

domingo, 29 de enero de 2023

Alain Finkielkraut: "El Nobel de Annie Ernaux no es de Literatura, sino del Resentimiento"

Inasequible al desaliento, el filósofo francés libra una batalla contra los dictados simplistas y destructivos de la izquierda "woke" y sus agravios fantasiosos. Solo el amor por la cultura, dice, puede sacarnos del oscurantismo.

El filósofo Alain Finkielkraut  (París, 1949) nos recibe en el amplio salón de su apartamento parisino, junto a los jardines de Luxemburgo, para hablar de su ensayo de reciente publicación en España: La posliteratura (Alianza Editorial). De la inmensa biblioteca que se levanta a sus espaldas sobresalen volúmenes de y sobre Milan Kundera y Philip Roth, dos presencias que iluminan una época que juzga oscura, dominada por el resentimiento de los colectivos identitarios y un progresismo que aplasta la creación artística.

Hijo único de un marroquinero judío polaco deportado a Auschwitz, Finkielkraut cobró notoriedad como parte del movimiento de los nuevos filósofos de izquierda que cortaron lazos con el totalitarismo  en el Mayo francés y la Primavera de Praga. Hoy, este miembro de la Academia Francesa y autor de una vasta obra que reflexiona sobre la identidad y la cultura, nada contra la corriente. Sus intervenciones públicas -fuera de su programa radiofónico Répliques, uno de los últimos lugares donde hay debates reales en la mejor tradición de la conversación francesa-, experimenta en carne propia la cultura de la cancelación. "Ya no me invitan a ninguna universidad, ni siquiera a la Escuela Politécnica, donde soy profesor emérito. Y cuando voy a Sciences Po (Instituto de Estudios Políticos de París), es bajo protección policial o por una puerta trasera para evitar problemas", explica. Pero el polemista, que se dice "de izquierda" aunque ajeno a la "izquierda actual", no se amilana, y arremete contra el wokismo y sus principales manifestaciones: el Nobel para Annie Ernaux, el neofeminismo binario, el antirracismo delirante o un ecologismo desbocado que resucitan métodos totalitarios.

P.- Quisiera empezar por una frase que usted cita del exitoso novelista Édouard Louis, uno de los mejores ejemplos del wokismo francés: "Si no se escribe contra el racismo, de nada sirve escribir", ¿Cómo hemos llegado a esta concepción de la literatura?

R.-Creo que la literatura lleva mucho tiempo amenazada por la ideología. La ideología, decía Hannah Arendt, es la lógica de una idea, Pero aún es más. La ideología, en particular el comunismo, se ha representado como una gran narración, incluso como una especie de novela épica que relata la emancipación progresiva de la humanidad. Y la literatura se basa en una ontología completamente diferente. La base de la literatura es el individuo.

 A este respecto, Philip Roth tiene sentencias definitivas, sobre todo en su novela  Me casé con un comunista. Nathan Zuckerman, el confidente del protagonista nos cuenta que había escrito una obra de teatro sobre Torquemada, el Gran Inquisidor, en referencia al macarthismo que hacía estragos en Estados Unidos. Y su profesor se enfadó muchísimo: en lugar de hacer literatura, le dijo, había escrito "una pieza ejemplarizante". Y hay una frase extraordinaria: "Cuando generalizas el sufrimiento, tienes comunismo; cuando particularizas el sentimiento, tienes literatura". También dice esto: "La batalla que hay que librar  es mantener vivo lo particular en un mundo que simplifica y generaliza". El compromiso, si lo hay, debe estar al servicio del arte como tal, al servicio de la literatura y, repito, de su ontología. La tentación ideológica sobrevivió al colapso del comunismo y hoy vuelve con fuerza con el wokismo. En particular, en forma de antirracismo. El antirracismo ocupa el lugar que el marxismo o la lucha de clases ocupaban en la ideología: el mundo se divide entre dominantes y dominados. Alguien como Édouard Louis se compromete con esta lucha con un total desprecio de lo literario.

P.- Hablemos de un segundo escritor que podría representar la entronización de esta idea: Annie Ernaux, autora de una frase que a usted le chocó: "Escribiré para vengar mi raza".

R.- A ver, Annie Ernaux no es insignificante. Sus primeros libros tienen cierta fuerza, la singularidad está presente. Habla de su padre en El lugar y de su madre en Una mujer. Siguen siendo individuos. Pero poco a poco, los individuos se volvieron categorías y el resentimiento se apoderó de ella y, por desgracia, se convirtió en su musa... En efecto, llegó a decir: "Escribo para vengar mi raza". Repitió esta horrible frase en su discurso del Nobel. Su "raza" en este caso son sus padres, sus abuelos. ¿Qué les pasó? Estaban en Yvetot (pueblo de Normandía) y tenían una tienda de comestibles. Hay cosas peores. Procedían de familias muy pobres, pero empezaban a ascender en la escala social. El siglo XX fue terrible, sobre todo para otras razas. En Yvetot se estaba tranquilo; el trauma, reconoce, fue el bombardeo aliado de Normandía. El trauma de mi padre fue Auschwitz. El volvió de allí. Mis abuelos, no. Deportados de Francia. Yo podría haber querido vengar mi raza. Y también otros: el pintor Sam Szafran, que escapó a la redada del Vel d'Hiv. Podría haber acabado siendo un delincuente y se convirtió en un gran artista. Georges Perec también, ¿no es cierto?. Fue un niño ocultado. No vengó su raza. De por sí, esa expresión es indigna, pero cuando se piensa en lo que ha sido la historia del siglo XX, muestra una insensibilidad inaudita hacia las tragedias de los demás. Pero, sobre todo, es una generalización espantosa. Es decir, una vez más, el mundo para Annie Ernaux está divido entre dominantes y dominados. Los dominantes tienen el monopolio de la cultura, y la cultura solo les sirve para humillar a los dominados. Lo que les ocurrió a su padre y a su madre, y quizá a ella en el instituto, es eventualmente haber sido mirados con desdén por unos burgueses. Es algo que se puede superar. Ella no lo superó nunca, y su obra es un juicio permanente que sacrifica la pluralidad humana a una visión binaria.

P.- ¿Cómo interpreta que le dieran el Nobel de Literatura?

r.- Podemos decir que el Premio Nobel de 2022 no es el de Literatura, sino el Nobel del Resentimiento. Y a este respecto, basta pensar en Albert Camus, Premio Nobel 1957. que nos legó ese extraordinario libro póstumo: El primer hombre. Camus viene de una familia de pieds noirs miserables. Su abuela trabajaba de mujer de limpieza. También su madre, que era discapacitada. Sin embargo, su obra respira gratitud, no por el mundo, sino por la belleza del mundo. Hay un si nietzscheano al mundo, en la obra de Camus y, en cualquier caso, ninguna idea de vengar a su raza, ni siquiera cuando elogia la revuelta. La comparación ente el Nobel de 1957  y el de 2022 no juega a favor de Annie Ernaux, y sugiere que tal vez los galardonados con el Premio Nobel, los propios jurados del Nobel, han entrado en la era de la posliteratura.

sábado, 28 de enero de 2023

La historia de Francia sabe a "baguette"

Harina, agua, sal y levadura. Nada más, nada menos. La receta de la popular barra de pan francesa, la baguette tradition, está protegida desde el año 1993 por un decreto francés. Lo firmó entonces el primer ministro Édouard Balladur para asegurar su supervivencia ante la multiplicación de la producción industrial. Un reflejo de que en Francia, donde 12 millones de personas cruzan diariamente la puerta de una panadería, el pan es mucho más que un alimento: ha estructurado parte de su identidad.

Vivian Bailleux, de 35 años, coloca la masa que preparó la víspera en una máquina. Una por una van saliendo las formas alargadas de las baguettes y él las dispone sobre una tela negra para dejarlas reposar. Luego las horneará. "Lo que se necesita es tiempo", explica en la trastienda de su panadería en París. A las ocho de la mañana ya está lista la primera tanda. Prepara unas 300 baguettes al día y sabe que lo importante es que estén frescas y recién hechas. "Perder clientes puede ir muy rápido", dice mientras las coloca en una cesta de mimbre.

Con la inscripción de la baguette en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la humanidad el pasado 30 de noviembre, la Unesco quiso valorar el saber hacer de los panaderos, pero también la cultura en torno a ella. "Se habló de la baguette, pero en realidad se trata del pan", señala Éric Birlouez, sociólogo de la agricultura y de la alimentación que participó en la comisión científica que llevó la candidatura al organismo de Naciones Unidas. El pan es "uno de los alimentos que nosotros, los franceses, consideramos parte de nuestro patrimonio más allá de nuestra alimentación", explica por teléfono. Coincide Abdu Gnaba, un antropólogo que estudió esta relación y descubrió que el pan tiene "un poder tan evocador que permite a todos conectar entre sí o con el territorio". "Los franceses no hablan del pan como un producto sino que lo cuentan como una historia", añade.

"¡Faltan cruasenes!", le grita una empleada a Bailleux. Lo tiene todo calculado. Su mujer Gaelle Millaud, de 39 años, prepara unos bocadillos mixtos. Al mediodía, la fila en esta panadería está formada no solo por la gente del barrio, sino por los que trabajan cerca. "La panadería es muchas veces el primer lugar al que acudo en la mañana al salir de casa", señala Adèle Tourte, de 31 años. Al evocarlo, menciona dos sonidos particulares; la campanita de la puerta y el "buenos días" del vendedor. "Ese 'buenos días' es el que inicia verdaderamente la jornada. Significa: no estás sola", reflexiona.

Analizar la identidad francesa a través del pan implica entender el papel que juegan o han jugado estos establecimientos. "Se perciben como sitios seguros y cálidos", apunta Birlouez. Se suele ir a las que están cerca de casa y, muchas veces, son lugares donde se pueden colocar anuncios o dejar las llaves. También suelen despertar un recuerdo común, el del primer acto de autonomía; ir a busca el pan  de niño. "Uno se acuerda mucho cuando sus padres le decían: toma estas monedas. Hoy eres tú el que irá a buscar el pan", explica el sociólogo...

La panadería ha sido desde hace siglos el comercio de proximidad más presente en Francia, subraya Steven Laurence Kaplan, un historiador que lleva 50 años investigando la relación del país galo con el pan. En los años cincuenta, había unas 60.000 panaderías en el país, "mucho más que en España y Alemania", resalta. La red contribuyó a "tejer los lazos sociales entre las distintas poblaciones de los barrios", señala . Kaplan subraya el papel clave que tuvo el pan en la formación de la sociedad y la construcción del Estado.  "Toda la historia social francesa es un persistente movimiento popular que exige pan blanco y trigo para todos", explica. El pan es "consustancial a la historia de Francia y "encarna una de las muchas historias que conforman su patrimonio, sin duda la que más personas toca a diario", escribe en su libro Pour le pain (2020, Fayard)...

A las cuatro de la mañana, ya se desprende un olor envolvente en la panadería de Bailleux. "Si el pan ya no cuenta su historia, si solo se ve como un elemento material, corre el riesgo de desaparecer de las costumbres francesas", sentencia el antropólogo Abdu Gnaba.

Sara González Boutriau. París. El País, domingo 18 de diciembre de 2022.

viernes, 27 de enero de 2023

El hip hop marroquí busca su fama

Dirigida por el franco-marroquí Nabil Ayouch, Dilo alto y fuerte (Casablanca Beats) transcurre en las aulas de un centro de enseñanza artística situado al noreste de Casablanca, en Sidi Moumen, uno de los suburbios más pobres de Marruecos. La película ostenta el honor de ser la primera de su país en entrar en la selección oficial del Festival de Cannes gracias a una historia de superación juvenil a través de la música y la danza. En esta especie de Fama marroquí la historia de un profesor de rap y sus alumnos conforma un puzzle musical y emocional por el que se cuelan los conflictos juveniles de un país marcado por la precariedad económica, la radicalización religiosa y los ataques a los derechos de las mujeres. Sus personajes combaten esa marginalidad, de forma algo previsible e ingenua, a golpe de hip-hop y baile.

El director ha explicado que la película recoge su propia experiencia (él se acercó al cine y al teatro gracias a un centro educativo similar) pero, sobre todo, la del programa Positive School of Hip Hop de la escuela de Sidi Moumen. Ayouch empezó a asistir como oyente a unas clases que son el embrión de un guion que recoge las canciones que los propios alumnos escribieron junto a su profesor. El rapero y actor marroquí Anas Basbousi es la figura central del filme. Un profesor que cumple al dedillo con el estereotipo del docente solitario y exigente y al que, pese a algunas pinceladas interesantes, le falta recorrido dramático en su implicación con un grupo de alumnos para los que sus clases lo son todo.

Pese al tono naturalista predominante, Ayouch introduce píldoras musicales artificiosas que tampoco acaban de funcionar. Mientras el baile de una de las alumnas en una azotea, enredada entre las cuerdas y las prendas de un tendedero de ropa, consigue expresar el dolor que provoca una sociedad que amordaza a sus mujeres, el resto de los números están por debajo de ese logro. Con todo, lo mejor  de Dilo alto y fuerte es su abierta sencillez y su fe en lo que cuenta.

Elsa Fernández-Santos. El País, viernes 23 se diciembre de 2022.

jueves, 26 de enero de 2023

Los reyes de la casa

Niño influencer con millones de suscriptores a su canal.

Desenmascarar la ilusión de que la felicidad se encuentra en la sociedad de consumo y en la exhibición de una vida de lujo envidiable es uno de los objetivos de ciertas novelas contemporáneas, cercanas a la sociología. Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) cuestiona el falso paraíso de los niños estrellas de internet en una novela sociológica, cruzada con un relato policíaco. Vigan nos introduce en el universo de los niños influencers: aquellos menores orientados por sus padres a ser famosos en las redes, con millones de seguidores y con patrocinadores que convierten a sus padres en millonarios. Dos de esos creadores de opinión, la niña Kimmy y su hermano Sammy, de siete y ocho años, son los niños marcados de esta historia.

La obra arranca con n escueto informe de la brigada criminal en 2019: "Desaparición de la niña Kimmy Diore", y a continuación, la descripción  de una story de Instagram colgada por Mélanie Claux, madre de la niña. La misma Mélanie Claux que dieciocho años antes veía entusiasmada  la final del Gran Hermano francés, llamado Loft Story, y que años más tarde sería seleccionada para un reality del que fue eliminada el primer día, tras una intervención patética.

Como en todos los desquites novelescos que ocultan una humillación inicial, la Mélanie de Delphine de Vigan será capaz de todo. Ella será la directora y factótum del canal de You Tube llamado Happy break y de un entramado de producciones con sus hijos como protagonistas.

La descomposición del mundo feliz de Mélanie empieza con el secuestro de su hija, Kimmy, mientras jugaba al escondite. Y aquí aparece Clara Roussel, una policía discreta que no ve la televisión y prefiere vivir en las sombras. La mujer opuesta a Mélanie tendrá que ahondar en los exceso de las redes para comprender un abismo que le es ajeno. Desde la resolución del caso que no desvelaremos, hay un salto temporal hasta la última parte de la historia. Aquí nos encontramos con algunos episodios anticipativos; hemos llegado a 2031 y volvemos a ver a algunos personajes. Sabremos qué fue de os famosos niños. La sociedad ha seguido su curso y los límites entre intimidad y exhibicionismo están cada vez más desdibujados. Es fácil seguir todas las huellas: las investigaciones basadas en el tracking o rastreo, la videovigilancia, el reconocimiento facial; como dice Clara Roussel, "nada escapa al control del ojo que todo lo ve".

Si Delphine de Vigan planteaba en Las lealtades (Anagrama) el tema de las violencias invisibles en el ámbito familiar, aquí muestra las sombras de esos menores en un mundo paralelo en el que las vidas se exhiben y se viralizan los momentos felices de consumo inmediato.

La arquitectura narrativa de la autora francesa es eficaz y atrapa hasta el final; la documentación sobre los niños influencers es sólida y la escritura de Delphine es directa y fluida. La historia, apasionante. De las dos mujeres, Mélanie y Clara, la policía está mejor construida; más arquetípica y odiosa es Mélanie; por su propia impersonalidad de diva sin sustancia aparece falsamente seductora, y dictatorial con sus hijos superestrellas.

En la investigación policial, quizá el aspecto más débil de la trama desde el punto de vista estricto del género negro, un personaje llamado "El caballero de la red", con un canal que advierte de las injusticias  en internet, declara: "Para mí, esos niños son víctimas de violencia intrafamiliar (...). Los padres aseguran que se trata de un hobby pero para mí es un trabajo encubierto. Un trabajo duro, extenuante y peligroso (...) que aísla a esos menores y los expone a lo peor".

Es una lúcida novela de una excelente escritora que en esta ocasión se apoya más en lo sociológico que en el estilo. Sin duda claridad, modernidad, intensidad, visibilidad de una arbitrariedad, pulso narrativo, son los valores que dan fuerza a esta obra. 

Lourdes Ventura. El Cultural, 18-11-2022.

miércoles, 25 de enero de 2023

Música de chelo para Chantal Akerman

¿Mi primer recuerdo de Chantal? El primero íntimo que me viene a la cabeza es...Yo estaba ensayando con el chelo, y ella dormía tumbada. Por no molestar, lo dejé, y de repente ella abrió los ojos y me dijo: ¿Por qué has parado?. Durante varios momentos de la conversación, el inglés melancólico y salpicado de palabras en francés que usa la chelista Sonia Wieder-Atherton, nacida en San Francisco hace 61 años, se hunde en las sombras. Wieder-Atherton  fue durante muchos años pareja y colaboradora de Chantal Akerman (Bruselas, 1950-París, 2015), una creadora que es objeto de una tormenta mediática: su Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975) ha sido elegida mejor película de la historia en la última lista de la revista Sight & Sound, por encima de títulos canónicos como Ciudadano Kane o Vértigo. Wieder-Atherton compuso la música de filmes como Desde el Este o Historias de América, y a su vez Akerman la filmó en, por ejemplo, Las tres últimas sonatas de Franz Schubert o Tres estrofas sobre el nombre de Sacher.

La chelista dio la noche del martes un concierto en el Auditorio del Museo Reina Sofía en homenaje a la obra de su, según su propia definición, "compañera de vida". "Qué hubiera opinado de ella de esta elección? Para ella esa película fue como un enorme banquete. Chantal sabía que con el tiempo Jeanne Dielman... significaría algo en la historia del cine. No que encabezaría un listado así, pero sí era consciente de la importancia de esa película", aseguraba la intérprete y compositora horas antes de su actuación.

Wieder-Atherton se muestra feliz por el reconocimiento que ha alcanzado Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles (1975), escrita y dirigida por una Akerman de 25 años y protagonizada por Delphine Seyrig, que interpreta a una ama de casa casi muda durante tres horas y veinte minutos. "¡Es fantástico por muchísimas razones"!, estalla con felicidad la violon- chelista. "Es asombroso cómo una cineasta de 25 años es tan consciente, como he dicho antes, de estar revolucionando la vanguardia del lenguaje cinematográfico y transportar al espectador a otro sitio. Va más allá del feminismo o del cine hecho por mujeres". 

A su compañera de vida le indigna el encasillamiento de la obra de Akerman por parte de algunas corrientes  críticas como "cine hecho por mujeres". "Su obra iba más allá y me niego a etiquetarla  a encasillarla en ese sector..."Tampoco me gusta  la palabra genio para Chantal, porque siempre amó el cine colaborativo, nacido de lograr lo mejor de la gente que trabaja en una película"...

El concierto en Madrid forma parte del ciclo Desde el Este. Mujeres cineastas y el telón de acero (1943-1993), coorganizado por el Reina Sofía y la Filmoteca española, y ha servido para homenajear la música eslava que "tanto gusta" a Akerman y a Wieder-Atherton. La chelista dice expresamente "gusta" porque rehúsa hablar en pasado de la cineasta..."No me parece triste aceptar estas invitaciones, Chantal sigue aquí, y me gusta construir estas actuaciones como si las hubiéramos afrontado juntas. La vida ya no es la misma, cierto, me he reinventado en cierta manera...", se entrecorta. "La presencia de Chantal todavía es muy fuerte".

Gregorio Belichón. El País, miércoles 21 de diciembre de 2023

martes, 24 de enero de 2023

RCR, con los pies en la tierra

Museo Soulages de RCR arquitectos en Rodez.

"Cuanto más limitados son los medios, más fuerte es la expresión". La frase, y el rostro, del pintor Pierre Soulages anuncian su museo y su pintura en la fachada de acero. Pero serviría también para resumir la obra de Rafael Aranda, Carme Pigem y Ramón Vilalta, autores del edificio. Los arquitectos del estudio RCR, ganadores del Pritzker en 2017, descubrieron lienzos de Soulages en el Reina Sofía. No expuestos, sino en un catálogo que compraron en la librería. "Aquel negro sobre negro hablaba de nosotros: de la profundidad en un plano bidimensional", explica Vilalta. Años más tarde, en 2008, se presentaron al concurso para levantar el museo que acogería la colección del pintor francés en Rodez, su ciudad natal. Lo ganaron a contrincantes como Kengo Kuma o Paul Andreu. Con el tiempo la relación entre Soulages, su mujer, Colette, y los arquitectos de Olot derivó en una amistad que los llevó a diseñar unas butacas confidentes a las que llamaron Toi-et-moi, cuando poco antes de morir a los 102 años, el pintor celebró su 80º aniversario de boda.

Es en ese museo, seco y lujoso a la vez, que se impone en la plaza de la ciudad occitana y se deja atravesar por la naturaleza y la luz, donde los arquitectos españoles han llevado lo que queda de su trayectoria: es decir, su futuro. La muestra RCR Arquitectes. Aquí y en otros sitios la materia y el tiempo homenajea a los autores del edificio. Muestra sus orígenes, anticipa du legado y desemboca en las grandes obras que construyen por el mundo: en el Empordá, las faraónicas cavas Perelada; en Boulogne-Billancourt, en las afueras de París, el centro cultural de la Île Seguin y, junto a este, un puente; en el Algarve, el reacondicionamiento de un campo de golf. En Gante levantaron una mediateca en 2017 y en Tichung (Taiwán) ultiman ahora una residencia de estudiantes. También, por supuesto, continúan centrados en construir en la Garrotxa. Allí trabajan en la Vila, la casa en un bosque de 140 hectáreas que, convertida en un lugar de investigación y diálogo con la naturaleza, será su testamento. Está muy cerca de donde siguen viviendo y trabajando los tres, en la misma gran mesa, 34 años después.

Ha habido modernidad rompedora y heroica, estilo internacional globalizante y galáctico, y posmodernidad pastiche y cívica. Frente a la hornada de arquitectos que sembraron el planeta con intervenciones rupturistas, la obra del estudio RCR muestra una arquitectura de la tierra, más centrada en el paisaje que en el edificio. Por eso tiene lógica que expongan aquí, en su museo, su origen, su momento actual y su propuesta para el porvenir. Lo curioso es que todos ellos -pasado, presente y futuro- se desdibujan con el tiempo. Como lo hace la tierra, como sucede con el paisaje, que está mucho más vivo que la arquitectura. Así, dos de sus proyectos, que se han visto alterados por el paso de los años y se han ido reconvirtiendo en otra cosa, resumen una trayectoria coherente y autoexigente que los ha transformado tanto como ellos han alterado su comarca de la Garrotxa...

La conservadora de arquitectura del Centro Pompidou, Valentina Mimas, habla en el catálogo de esta muestra de la influencia de la cultura japonesa. Para ella, el vacío en la obra de los arquitectos de Olot es el instrumento que sirve para sublimar los materiales, fugas visuales o espacios. Por eso define la arquitectura de los Pritzker españoles como "indisociable del lugar". Y así, esta exposición en Rodez es más una inmersión en un bosque de acuarelas que una muestra al uso. Habla del respeto a la naturaleza y, sin embargo, ilustra que los lugares se pueden construir.

RCR, Arquitectes. Ici et ailleurs, la matière et le temps. Museo Soulages. Rodez (Francia). Hasta el 7 de mayo.

Anatxu Zabalbeascoa. El País, Babelia, sábado 7 de enero de 2023.

lunes, 23 de enero de 2023

"El suplente": El aula no es el problema

Fotograma de El suplente
Las películas de instituto son ya un subgénero dramático -hay un buen número de obras que van en serio-, pero el argentino Diego Lerman (implicado  a fondo en la historia y después en el guion) propone una vía poco explorada que eleva el interés de El suplente. Lucio es un especialista en literatura que decide irse a un centro de la periferia bonaerense, que, como era de esperar, no parece la octava maravilla en alumnado y se yergue en un contexto muy mejorable en cuanto a la calidad de vida y todo lo demás, Tampoco es que luzca Lucio madera de héroe, aunque a medida que la trama avanza parece sentirse cómodo como algo más que ese profe que llega para intentar inculcar amor por la escritura a sus desmotivados alumnos. Divorciado, mantiene con su hija preadolescente una relación complicada, su propio padre intenta a su manera hacer algo por el barrio pero la salud no le acompaña, y el mismo se ve como un don nadie o casi.

La propuesta es honesta. Lucio comienza a detectar que una parte de los chavales están tomados por un narco de medio pelo que se aprovecha de su desesperanza, y en eso que una redada en el propio centro hace que las autoridades policiales y académicas tomen el control. Esa circunstancia en la que los chavales vuelven a ser víctimas del sistema (como si no bastara con su día a día), derivará en una mayor implicación del docente, aún sabiendo que lo suyo es quijotesco, pero quizá algo haya conseguido finalmente para su aula y él mismo. La trama parece dispersarse  por momentos, pero su apelación al verismo en las atmósferas, su ritmo nada estridente, su rechazo a los tópicos del buenismo, incluido el "Oh, capitán, mi capitán" de Robin Williams en El club de los poetas muertos (Peter weir, 1989) y el retrato en crudo de algunos filmes ambientados en los multiétnicos banlieue parisinos la hacen apreciable. Real como la vida misma.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, viernes 13 de enero de 2023.

domingo, 22 de enero de 2023

Gérard Garouste: "Todo lo que he conseguido en la vida ha sido gracias a mi fragilidad"

El galerista Leo Castelli le dio fama mundial y multiplicó el precio de sus lienzos por 10.El Pompidou lo reconoció después, en 1988. Ahora expone en ese mismo museo parisiense los miedos, los demonios y los delirios que lo internaron durante 10 años en psiquiátricos, pero también las lecciones que lo han salvado. "Soy maníaco depresivo. Pero uno se va ajustando. Los problemas o te matan o te fortalecen", dice Gérad Garousse, uno de los pintores franceses contemporáneos más relevantes. 

Aunque pasa medio año en su estudio de Normandía, hemos quedado en su casa de París. La ideó su mujer, la decoradora Élizabeth Garouste. Allí se retrata. Pero prefiere que la entrevista sea entre sus lienzos expuestos en el Centro Pompidou hasta primeros de enero. Es martes, día de cierre. Las salas están vacías, y Garouste, sus miedos y sus obsesiones se multiplican por las paredes. Allí está pintada la pistola que sacó su padre para amenazar a su madre y luego dejó sobre una mesa. También la capacidad de Don quijote para ver belleza en la fealdad. Y también los talleres de La Source, una organización que inicia en el arte a los niños con problemas. "El objetivo no es formar artistas, sino descubrir el arte como cura", dice. Sabe de qué habla.

P.- L'intraquile (El intranquilo, que Errata Naturae traduce al castellano) es el título de sus memorias. ¿De dónde venía esa intranquilidad?

R.- Como título, de Pessoa. Pero resume mi carácter: dificultades psicológicas para vivir, delirios y, aunque he conseguido tener una vida , me ha quedado la necesidad de vivir pendiente del menor signo de que la cabeza se me va, intranquilo. Tengo que evitar el júbilo . Las crisis me han convertido en un hombre prudente. Mi vida sin los medicamentos sería imposible de soportar. A cambio, he conocido la calma.

P.- ¿Cuándo tuvo la última crisis?

R.- Hace cinco años. íbamos a salir de viaje. Le temo mucho al entusiasmo. Y mi mujer más. Empiezo a hablar mucho y veo en su cara lo que viene. Entonces actuamos. El psiquiátra le indicó que medicación darme y al día siguiente  estaba destrozado, pero el delirio se había ido.

P.- Su obra es la de un hombre apasionado, alguien que no deja de analizar y recordar. ¿Cómo conjuga esa búsqueda con la calma?

R.- Creo que la calma llega con la experiencia de la vida. Durante treinta años me psicoanalicé. Un psicoanálisis no es un diálogo, es un monólogo con uno mismo. Y al final perdí el miedo. Hoy no tengo miedo de nada. Tampoco tengo secretos. Creo que soy libre.

P.- ¿Lo ha sanado pintar, escribir, estudiar o psicoanalizarse?

R.- Todo es lo mismo: hablar. Uno se libera hablando. Quien sabe hablar no necesita gritar. Uno es consciente de lo que llega a decir. Hablar es ordenar la cabeza.

P.- Tuvo su primera gran crisis cuando su mujer estaba embarazada de su hijo Guillaume.

R.- Pinte ese delirio. Me obsesioné con el libro L'herbe du diable et la petite fumée, de Carlos Castaneda. Tomé a Élizabeth como el diablo.

P.- En su autobiografía se pregunta cómo ella ha podido permanecer con usted tantos años. ¿Ha encontrado respuesta?

R.- Se llama amor. Pero es increíble, claro. Pero ella se quedó. Su actitud me deja sin palabras. Incluso hoy. ¡Quién se queda al lado de un loco? Cuando he estado mal, yo he sido incapaz de asumir mi amor por ella. Ella, en cambio, siempre ha sido capaz de todo. Cuando no teníamos dinero, trabajaba en la zapatería se sus padres. Y no me dejaba caer.

P.- El cuadro favorito de Élizabeth es el de un hombre que camina con un bastón por u campo calcinado. ¿Le ha preguntado por qué?

R.- No. Porque lo sé. Ella solo quería que volviera a pintar. Y yo me pasaba el día durmiendo. Los que duermen durante el día tienen una vida horrible. Es duro no poder ser persona. Lo pinté después de pasar una década viviendo como un vegetal. Intentaba pintar, pero me tumbaba al pie del caballete y me ponía a dormir, como un gato.

P.- ¿Por qué?

R.- Era un sitio incómodo y pensaba que allí no me quedaría dormido. Luego comprendí que la medicación era demasiado fuerte. Mi psiquíatra actual dijo que me habían curado anulándome para que no no molestara. Corrigieron la medicación  y pinté esa travesía por el campo calcinado. 

P.- ¿El delirio es una huida?

R.- Claro, uno se convierte en desertor cuando la vida resulta muy dura. Tras el primero grave, me internaron. Había arriesgado, no ya mi vida: la de los demás. Amenacé a todo el mundo: a mi mujer, a unos curas...

P.- ¿Se ha beneficiado del delirio?

R.- Es paradójico, pero encontré una profesión  que podía convivir con mis delirios. Es como cuando uno se rompe el brazo y aprende a escribir con el otro. Un pintor un poco loco es admisible. ¿Se imagina si hubiera sido médico? Nadie hubiera confiado en mí. Estar loco permite jugar. La cuestión es conqué se juega...

Anatxu Zabalbeascoa. El País Semanal, 24 de diciembre de 2022.

sábado, 21 de enero de 2023

El guardián de las tumbas de los inmortales

Lo cuenta sin darle  mayor importancia. Vive con su mujer  y sus cuatro hijos en medio de uno de los cementerios más conocidos del mundo: el del Père Lachaise de París; a donde acuden cada año millones de turistas en busca de las sepulturas de famosos como Jim Morrison, Édith Piaf o Marcel Proust. Para Benoît Gallot (Montereau-Fault-Yonne, 41 años), el mundo de los fallecidos no tiene tanto misterio. Convive con 70.000 sepulcros, pero reivindica un lugar lleno de vida en su libro La vie secrète d'un cimetière (La vida secreta de un cementerio. Les Arènes).

La trayectoria de Gallot parece sacada de una novela. Creció en una familia que vendía lápidas funerarias que exponían en su jardín. Cada mañana escuchaba a su padre preguntar quién había muerto, y durante las comidas era común hablar de la profundidad de las bóvedas o de las flores elegidas para la siguiente inhumación.

"La proximidad de la muerte nunca me pareció algo anormal", dice Gallot, mientras se dirige a su zona favorita del cementerio, en la ladera de una colina. En esa parte del Père Lachaise, llamado así en homenaje a un jesuita, las tumbas están colocadas de manera aleatoria entre caminos sinuosos. Algunas son verdaderos monumentos y sobresalen de la vegetación que se ha adueñado del espacio, favorecida por la prohibición en 2015 de usar productos químicos en los cementerios-

En esa época Gallot trabajaba en otro camposanto a las afueras de París, pero recuerda cómo su mirada empezó a cambiar a medida que crecía la naturaleza. Pájaros, comadrejas e incluso zorros son ahora los protagonistas de sus fotos que comparte en Instagram, donde tiene casi 60.000 seguidores. "Un cementerio es un lugar dedicado a la muerte, pero en realidad está lleno de vida", recalca.

Cuando fue nombrado director del Père Lachaise, en 2018, recorrió el recinto acompañado de un mapa. No es raro perderse dentro y más de una vez acudieron a él personas incapaces de encontrar la salida, aterradas con la idea de tener que pasar allí la noche. También hay quienes no encuentran donde están enterrados a sus familiares. El trabajo de Gallot consiste en acompañarlas, pero también en gestionar esas 43 hectáreas, un espacio equivalente a la superficie del Vaticano.

Durante sus paseos, Gallot ha aprendido a leer los símbolos que coronan algunas tumbas. Destacan coronas de flores que destacan el ciclo eterno, o relojes de arena, que simbolizan el paso del tiempo. A él le atraen especialmente las lápidas que hablan, aquellas que liberan poesía y no solo nombres y fechas. "Pueden contar algo más. Me gusta  la idea de que una tumba interpele y te hable", dice. Al igual que los epitafios , último guiño de los muertos.

"Uno entra en el sector funerario un poco de casualidad, pero se queda por vocación", escribe Gallot en su libro. Es consciente del tabú que rodea al sector y de que los "empleos de la muerte" como él los llama, son poco atractivos. Su equipo cuenta con 80 agentes encargados de la administración, la jardinería el patrimonio, las sepulturas o la seguridad. Esto último ocupa un lugar importante en un camposanto que reúne a grandes nombres de la literatura, la música, el cine, la pintura o la política. La tumba del cantante Jim Morrison, por ejemplo, sigue siendo la más visitada y ha sido un verdadero dolor de cabeza para sus predecesores. Las autoridades tuvieron que colocar barreras de seguridad  a sus alrededores para protegerla de profanaciones, grafitis y borrachos inconscientes. Lo mismo pasó con la de Víctor Noir, un icono republicano que se convirtió en símbolo de fertilidad. Los turistas hacían fila para poder frotar el sexo de la escultura grabada sobre su tumba.

A Gallot no le da miedo poder vivir en el lugar donde reposan más de 1,3 millones de personas, según los registros. De hecho, su temor es otro, y la profanación en 2021 de la tumba del cantante kurdo-turco exiliado Ahmat Kaya se lo recordó. "No me gustaría levantarme un día y ver esvásticas en los monumentos", admite. La necrópolis está protegida por concertinas en algunas zonas especialmente sensibles.

viernes, 20 de enero de 2023

Ionesco, si tiene que ser, que sea absurdo

La sumisión y el porvenir está en los huevos se estrenó en París hace casi 70 años, una comedia de Eugène Ionesco que se compone de dos piezas teatrales. Sin embargo, no siguieron caminos iguales. La primera vio las tablas en 1955, en el Théâtre de la Huchette, y la segunda dos años después, pero no fue hasta 1977 cuando se representaron los dos textos unidos en el Théâtre de la Ville.

El periplo de la versión de Morfeo Teatro (adaptada ahora por su director Francisco Negro) ha sido ahora más corto. Prácticamente inédita en España, arranco en el Teatro Principal de Burgos en febrero de 2020 y ahora llega a las Naves del Español, el 23 de diciembre, propiciada por el propio Negro, Felipe Santiago, Mayte Bona, Santiago Nogués, Mamen Godoy y Carolina Bona.

"Ya en su estreno parisino fue una obra polémica -explica Negro a El Cultural-. Nosotros la elegimos preocupados por vivir en este tiempo en el que la ética de nuestra sociedad se ve vapuleada por los populismos  de una sociedad acicalada en el vano consumismo, en la que se valora sobremanera el ser productivo. El estreno se produjo apenas un mes antes del confinamiento, y lo que parecía que iba a ser una oportunidad `para la concordia mundial ha resultado ser un escaparate de los horrores. Por eso, la comedia recobra actualidad  en cada disparate que ocurre en el mundo".

El montaje, siempre según el director,  es una tormenta de provocaciones, un torbellino que va de la risa al estupor: "Su argumento es disparatado y sorprendente. Lleva a los personajes a estados tan hilarantes que provoca  una carcajada rotunda y cruel". Lo difícil, precisa Negro, es salir indiferente: "Escuchar a Ionesco resulta a veces insoportable pero siempre se le entiende. Sus metáforas son nítidas y valientes. Nunca se muerde la lengua. Ionesco se reivindicaba en su obra y, como persona, era un agitador de conciencias. Si algo falta hoy, es esa provocación inteligente".

La obra trata de un joven llamado Jacobo que, desencantado del mundo, languidece tirado en su sofá, negándose a formar una familia; sus padres intentarán dominar la desobediencia del joven animándole  a casarse y a tener muchos hijos. En un arrebato de rebeldía, Jacobo se niega a hacerlo a no ser que sea con la mujer más fea del mundo... Negro, que también ha estrenado Strip-tease, del polaco Slamowir Mrozec, considera que el teatro del absurdo es el único que ha sobrevivido como filosofía del inconformismo: "Si Ionesco es el padre y Beckett el hijo, por ensalzar el talento patrio Miguel Mihura fue y Fernando Arrabal es el Espíritu Santo del absurdo. Aunque a Ionesco se le llame padre del absurdo, resulta indiscutible que es familia intelectual de Beckett. Son unos genios sin parangón".

Javier López Rejas. El Cultural 23-12-2022.

jueves, 19 de enero de 2023

El desengaño de Simone Weil en la Guerra Civil

La influyente filósofa francesa, una comprometida activista alienada con los más débiles, se enroló en la Columna Durruti durante las primeras semanas de la contienda. Fue herida y, como su compatriota Georges Bernanos, conocería hechos que acabaron cuestionando sus ideales. Católico y monárquico son las dos etiquetas que suelen acompañar al escritor francés Georges Bernanos. Por eso sorprende, y a la vez resulta admirable, encontrar entre su obra un relato tan escalofriante como Los grandes cementerios bajo la luna, donde denunció la sangrienta represión de los rebeldes y las tropas italianas en Mallorca en los primeros compases de la Guerra civil. Fue el resultado de un desengaño -había en un primer momento apoyado el golpe y celebrado incluso el alistamiento de su hijo de dieciséis años en las filas falangistas-, un alegato contra la sangre que se vertía por puro sadismo.

La lectura del ensayo causó un profundo efecto en la heterodoxa filósofa Simone Weil, que llenó de notas los márgenes de páginas enteras. Era una historia que le resultaba similar, la había experimentado. En 1938 le escribió una carta a su compatriota para compartir sus sentimientos sobre "una guerra que parece de mercenarios, en la que sobra la crueldad y la falta la consideración al enemigo": "Yo estuve en España, oigo y leo toda clase de reflexiones sobre este país, pero, aparte de usted, no sé de nadie que se haya bañado en la atmósfera de la guerra española y haya resistido".

Judía de nacimiento, profesora y sindicalista, Weil cruzó los Pirineos a principios de agosto de 1936. Se definía como pacifista, aunque también como una niña que desde siempre se sintió unida al sufrimiento de los colectivos más despreciados. No había dudado en trabajar en las fábricas sacudiéndose sus orígenes burgueses. "La guerra no me gusta, pero lo que más me indigna de ella es la actitud de los que se cruzan de brazos", justificó. Tenía 27 años y les dijo a sus padres que podían estar tranquilos, que iba a cubrir la contienda como periodista. Sin embargo, la misión que se autoasignó tenía visos de utopía: rescatar a Joaquín Maurín, el fundador del POUM.

El caos del conflicto acabaría empujando a la que está considerada una de las más grandes filósofas modernas a las trincheras del frente de Aragón, combatiendo con otros voluntarios extranjeros en el Grupo Internacional de la Columna Durruti, que murieron en su mayor parte.. Le dieron por uniforme un mono de mecánico, un par de alpargatas, un pañuelo rojo y negro y un gorro de los mismos colores, y le enseñaron a manejar un fusil. Sin embargo, lo que al principio divisaba como una guerra de campesinos hambrientos contra terratenientes y un clero cómplice de los terratenientes", se tornó, para su decepción, en un escenario completamente diferente, "una guerra entre Rusia, Alemania e Italia".

Los 45 días que Simone Weil pasó en España, de los que se conocen escasos datos gracias a un puñado de documentos, como los apuntes de un diario que llevó en una cuaderno Moleskine, constituyen la trama narrativa de La Columna, una mezcla de crónica novelada de una aventura bélica y de reportaje literario sobre la experiencia española de Weil y Bernanos, de cómo sus convicciones políticas no les cegaron a la hora de discernir entre el bien y el mal. La carta de la pensadora, descubierta en la billetera del viejo escritor el día de su muerte, el 5 de julio de 1948 -no se sabe si llegó a contestarla-, bebe de esa misma literatura ecuánime del reducido vagón encabezado por Chaves Nogales.

El autor del libro, el novelista galo Adrien Bose (Aviñón, 1986), en esa búsqueda por equiparar las vivencias, las decepciones y las transformaciones padecidas por ambos intelectuales, también aprovecha para desarrollar microhistorias que impactaron especialmente a la filósofa, como la de Ángel Caro, un joven de Quinto, un pueblo de Aragón , que se alistó en las tropas falangistas para borrar las sospechas que tildaban de rojo a su padre, un maestro católico cuyo crimen había sido no oponerse a la retirada del crucifijo de su aula. Sus restos descansan en la actualidad en el Valle de los Caídos.

miércoles, 18 de enero de 2023

La "femme fatale" nunca existió

La femme fatale tiene el don de arruinar la existencia de quien se atreve a amarla. De la Helena de Troya homérica y la Eva bíblica a la Lolita de Nabokov y las múltiples reencarnaciones de este mito en el cine, la historia de la literatura y la del arte están llenas de mujeres que provocaron la perdición de los hombres que cometieron la imprudencia de desearlas, condenados a perder la cordura, la fortuna y, algunas veces, la vida. Aunque un análisis  de esta inoxidable figura despierta ciertas dudas sobre su realismo. ¿ Y si, más que una fatalidad propia de las mujeres, este estereotipo revelase una concepción funesta del deseo por parte de los hombres, un deseo de controlar a aquellas que no lograron someter a sus voluntades, un reflejo del pavor histórico que muchos han sentido ante la posibilidad de que se liberasen?

Esa es la tesis en la que se fundamenta el ensayo Hombres fatales (Acantilado), estreno de la filósofa Elisanda Julibert (Barcelona, 48 años) tras una larga trayectoria como editora en varios sellos. "A lo largo de muchos años de lecturas, me di cuenta que la femme fatale no tenía rasgos fijos, más allá de su carácter aciago. Era rubia o morena, fría o cálida, tímida o decidida, fogosa o frígida. En realidad es tan diversa y cambiante como el deseo de quienes imaginaron esos personajes", afirma la autora en una terraza del Eixample barcelonés. Es decir, que su carácter era ilusorio, producto de las fantasías y las frustraciones de los escritores que las describieron. Tras una ruptura sentimental en la que no se sintió tratada con justicia Julibert decidió invertir aquella máxima de Alejandro Dumas: "Cherchez la femme". Es decir "busquen a la mujer": la clave para entender cualquier dificultad en la que se vea envuelto un hombre siempre es la intervención de una mujer pérfida. La autora, en cambio, sospecha que para entender esta proliferación de amores fatales en la literatura de los últimos dos siglos había que buscar más bien al varón.

Esta historia cultural de la mujer fatal como chivo expiatorio empieza con Susana y los viejos (160) el cuadro de Artemisa Gentileschi que reinterpretaba el relato bíblico sobre dos ancianos fascinados por una joven desnuda. Representado hasta la saciedad e interpretado como un parábola sobre el poder arrollador de la belleza, cobraba un cariz distinto en el lienzo de Gentileschi. "Había visto decenas de cuadros sobre esta historia, pero con su versión entendí que describía un abuso de poder  y un intento de violación", afirma Julibert, que asegura que la artista fuerza la identificación del espectador con su protagonista, como sucedía en la pintura religiosa en torno a la figura de Jesucristo.

 Su ensayo aspira a imponer un cambio parecido de perspectiva a través de dos pares de ejemplos que dialogan entre sí. El primero es una comparación  entre Carmen, "la madre de todas las mujeres fatales modernas", y la Lolita de Nabokov. La historia de la gitana española imaginada por Merimée -y luego adaptada a la ópera por Bizet en 1875- estaba narrada, en realidad, por Don José, que intentaba convencer al auditorio para que lo absolviera. "Su punto de vista sobre esa parasitaria vampiresa de lubricidad insaciable está un poco sesgado", ironiza Julibert. Por su parte, Lolita puede entenderse como un espejo deformante de Carmen al ser "un homenaje y una crítica", según la autora. De nuevo, el narrador es un hombre acusado que intenta convencer al lector de su inocencia y acusa a una mujer que lo ha seducido con malas artes. Solo que, esta vez, en versión pasada de vueltas: él es un ser enloquecido y ella, una niña de 12 años.