martes, 24 de marzo de 2026

El CGAC explora los espacios como reflejo de las tensiones históricas

De pronto, en el cubo blanco del CGAC (Centro Galego de Arte Contemporánea) se abre una puerta a la National Gallery, una imagen en la que todo parece real, excepto porque se trata de una pintura, un trampantojo. Y porque sobre las paredes no cuelga ni un solo cuadro. La obra pertenece  a "Ante a ley", la exposición individual de Lluis Hortalà (Olot , 1959) que explora en el museo santiagués la arquitectura como expresión de poder, de la facultad de juzgar y de la ley.

Lo hace a través de trampantojos -pinturas que parecen realidad, pero que son apenas imágenes- y realidades (como las cadenas que aguardan a sostener algún cuadro) que en un primer momento parecen pintura sin serlo. De eso habla también "Ante a lei", del arte como un espejo de la historia y de la arquitectura como un reflejo de las tensiones  que se han vivido en sus espacios a través de museos como el Louvre, la National Gallery y el Prado, así como la sala donde se celebraron los juicios de Nuremberg.

La sala 700 (Sala Mollien) del Louvre.

"Guillotina -el primero de los tres capítulos que conforman el recorrido- nació de la idea del museo como guillotina", explica Hortalà. Lo hace frente a una reproducción del zócalo de la sala 700 del Museo del Louvre, la sala donde está La balsa de la Medusa. En los extremos dos chimeneas rococó de Madame du Barry. El Louvre fue, de hecho, una guillotina. Un antes y un después en la concepción del museo, que, con su apertura dejaba de ser un espacio de privilegio para convertirlo en un lugar de educación de la ciudadanía. De eso, de la concepción misma de los museos habla también esta exposición, en la que en varias ocasiones se habla de las ausencias, una consideración sobre en qué se convierte un museo  cuando no hay pinturas en él, pero también en una reflexión  desde una perspectiva más personal. Un pensamiento sobre la muerte.

El segundo capítulo -aunque en realidad todos se mezclan en las salas de una exposición que no es lineal- tiene reminiscencias con un cuento de Kafka, ese en el que un campesino le pide al guardián  que lo deje atravesar una puerta y nunca lo consigue. "Cuando fui a la National Gallery, ya enfermo, quería hacer fotos de ese interior. Cuando llegué encontré la puerta cerrada. De alguna manera fue una reflexión  sobre que yo había estado al borde de la muerte. Esa puerta cerrada estuvo dos años en el Thyssen, al lado de un Tintoretto. Lo cuenta Santiago Olmo, comisario de la exposición, mientras Lluís Hortalà cavila sobre la dificultad del elemento autobiográfico en la obra artística.

El tercer capítulo  es un espejo. El reflejo del lugar exacto donde comenzó el mundo que ha existido hasta ahora. El proyecto sobre la sala 600 del tribunal de Nuremberg ve por primera vez la luz  y en el espacio doble del CGAC -"tantos años después y continuamos descubriendo ángulos nuevos", decía el secretario general de Cultura, Anxo Lorenzo- como recordatorio del instante  en el que se abrieron las cortinas de las ventanas  de la sala, símbolo de que se había creado una ley internacional, legítima y unánime, que hoy está en entredicho. Eso, enfrentado a la pintura de una puerta imponente  que sirvió tanto para imponer la ley nazi como para revertir las barbaridades que se cometieron.

Tamara Montero. Santiago. La Voz de Galicia, sábado 28 de febrero de 2026. 

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