jueves, 26 de marzo de 2026

La vida de Amélie Nothomb brilla en la pantalla grande

"Little Amélie", nominada al Oscar a mejor película de animación, nos abre las puertas a una de las obras cumbres de la escritora. Dicen que los haikus hay que leerlos dos veces: la primera, para conocerlos, y la segunda, para comprenderlos. Si lo pensamos bien, estos pequeños poemas japoneses tienen mucho que ver con la obra de Amélie Nothomb. La escritora belga nacida en Kobe (Japón) condensa su depuradísima prosa escogiendo las palabras precisas. Y también  a Amélie le pasa un poco como a los haikus, que siempre compensa revisitarlos. 

Sucede, por ejemplo,  con su corta novela autobiográfica  Metafísica de los tubos (Anagrama), que tiene un planteamiento inicial un tanto desconcertante, pero que después cobra sentido cuando uno entiende de qué va la obra. Por eso la segunda vez no se lee  con los mismos ojos.

Lo bueno es que ahora podemos revivirla mientras comemos palomitas gracias a la fiel adaptación  al cine de esta curiosa pero poderosísima historia. En el filme de animación, además, es mucho más fácil comprender desde el primer momento que bajo ese título tan sesudo -Metafísica de los tubos- se esconde simplemente la vida de una niña peculiar -Little Amélie-. Rebautizar el filme es un acierto y una declaración de intenciones: lo que busca  la adaptación a la gran pantalla es democratizar la historia -un poco rara- de esta niña que va descubriendo su lugar en el mundo.

Una niña que, ya desde que nace, contiene en su pequeña cabecita tanta sabiduría como un adulto. Vaya, tanto es así que se denomina a sí misma Dios. "Dios era la satisfacción absoluta. Nada deseaba, nada esperaba, nada percibía, nada rechazaba y por nada se interesaba", dice Amélie sobre su yo recién nacida. Tan clarividente era ella que la realidad le resultaba aburrida y había decidido pasar sus dos primeros años de vida sin inmutarse, sin mover un solo dedo. "Mis padres tenían tres hijos: un niño, una niña y un vegetal". 

Pero todo cambia un día en el que Amélie -o Dios- despierta, comienza a sentir, a padecer y a descubrir los placeres de la vida: "Fue entonces cuando nací, a la edad de dos años y medio, en febrero de 1970, en las montañas del Kansai y en el pueblo de Shukugawa, ante la mirada de mi abuela, por obra y gracia del chocolate blanco.

Pero esta premisa sobre la niña-dios superdotada es solo un excéntrico y divertido empaque. En el fondo de lo que Nothomb quería dejar huella era de esa infancia que la vincularía siempre a Japón. Y gracias a Little Amélie podemos entender mejor por qué la escritora cayó profundamente enamorada del país de los cerezos .

La animación vibrante y tierna, pone de relieve los hermosísimos paisajes  que vieron crecer a Nothomb; y la narración  dirigida por Maïlys Vallade y Liane-Chohan, es incluso más disfrutona que la obra original, más accesible, y le da más fuerza si cabe a esos personajes secundarios que llenan de detalles la vida de la pequeña. Todo sin dejar de lado  el humor y la retranca belga que caracterizan a la escritora.

Quizás por eso ha sido nominada a los Óscar, los Globos de Oro, a los César y los Bafta al mejor largometraje de animación  y recibió el año pasado el Premio del Público en San Sebastián. Ahí es nada.

Belén Araújo. Fugas. La Voz de Galicia, viernes 13 de febrero de 2026.

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