viernes, 20 de marzo de 2026

Rosalía hace del escenario un templo en el inicio de su gira

Prometía  éxtasis y no decepcionó. Rosalía comenzó el lunes la  de Lux en Lyon (Francia), donde la catalana rindió al público con un viaje ecléctico que por momentos fue teatral como un ballet y a ratos desenfrenado como una fiesta electrónica en una iglesia abandonada. Con la orquesta situada en el corazón del pabellón LDLC Arena, la artista ocultó herméticamente  su puesta en escena hasta el último segundo antes del espectáculo, cuando unas compuertas de madera dejaron salir a su equipo portando una enorme caja blanca.

De ella salió Rosalía como una frágil muñeca bailarina que espera a que le den cuerda, para dar verdaderamente inicio al concierto de la misma manera que empieza Lux: con Sexo, violencia y llantas y Reliquia. Danzando sobre sus punteras, el ballet fue el hilo conductor de los primeros temas, también todos ellos de su último disco, hasta transformar la atmósfera en algo más lírico con Mio Cristo Piange  Diamanti, en la que Rosalía cambió el tutú por un velo y se transfiguró en una suerte de María Callas.

Frente a este inicio más delicado, el shock llegó con la wagneriana Berghaín, para la que apareció con unos cuernos demoníacos  de plumas negras, a juego con la versión remezclada  del que fue el primer sencillo Lux que termina convirtiéndose en una rave desenfrenada. El disco protagonista de la gira tan solo cedió a partir de ahí algo de terreno para dar paso a otros éxitos de su discografía, en especial de su hermano mayor, Motomami, empezando por Saoko, pusieron la fiesta. 

Con La fama y el público ya entregado, Rosalía recordó que era su primera vez actuando en Lyon, mientras que el espectáculo pasaba a alternar los ritmos urbanos de temas como La Combi Versace con los sonidos más de raíz que encarnaron temas como De madrugá o El redentor.

Uno de sus admiradores anónimos tuvo, además, la suerte de quedarse con ella para acompañarla a un confesionario, donde la estrella española le pidió que admitiera sus pecados. El le contó la venganza  que le había orquestado a su expareja tras descubrir que lo engañaba. "Lo que te encontraste es lo que se conoce como un perla", le soltó Rosalía para dar paso al tema homónimo del último disco. En Sauvignon blanc hizo honor al nombre de la canción bebiéndose una copa de vino sentada en el piano, antes de dar paso con su melodía a uno de los momentos más mágicos de la noche, envuelta en brillos y acompañada  por los cientos de linternas  de móviles que se encendieron en las gradas.

Rosalía no quiso tampoco dejar de mezclarse con los mortales mientras interpretaba Dios es un stalker, caminando entre los fans -muchos vestidos de blanco para la ocasión e incluso con  coronillas teñidas en el pelo- hasta llegar al centro del recinto para situarse en el medio de la orquesta Heritage, que ya la acompañó en su reciente actuación  en los premios BRIT. Allí, en pie, como el corazón palpitante del pabellón, se quedó para interpretar  La rumba del perdón yCUUUUuuuuuute, una descarga que de nuevo transformó el lugar en una rave electrónica sobre todo al fundirse con una versión  de Sweet Dreams (Are Made of This) de Eurythmics. 

Sin Bad Bunny cantó La noche de anoche, en una versión algo más romántica y dramatizada por la orquesta que la original, antes de dar paso al éxtasis de Bizcochito y Despechá, que ya iban marcando el final de la noche. Novia robot  y Focu 'ranni, sin embargo, concluyeron el espectáculo para dejar claro que esta era la noche de Lux, pero el bis para despedirse del público fue una impresionante Magnolias, con Rosalía sola sobre el escenario para culminar el éxtasis.

Nerea González. Lyon /EFE. La Voz de Galicia, miércoles 8 de marzo de 2026.

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