miércoles, 25 de marzo de 2026

Olivier Assayas: "Putin puso en marcha el motor de la deriva autoritaria actual"

Olivier Assayas. (Foto: Pier Marco Tacca)

A lo largo de su carrera, Olivier Assayas (París, 1955) ha retratado a varias figuras políticas controvertidas, como Ilich Ramírez Sánchez en Carlos (2010) y el quinteto de espías conocidos como los Cinco de Cuba en La red avispa (2019). Ahora en El mago del Kremlin que llega a las salas este viernes, pone el foco en el ascenso de Vladimir Putin (Jude Law), aupado por su ideólogo en la sombra Vladislav Surkov (Paul Dano). La diferencia con respecto a las precedentes es que el realizador francés sintió aquellas como películas históricas, donde más allá del velo político, palpitaban historias humanas. Aquí desentraña  la reinvención del poder en la era moderna y sus derivadas en el totalitarismo actual.

P. ¿El poder es siempre sexi?

R.- Yo nunca he intentado presentarlo así. Más bien he querido mostrar su crueldad, pero cada cual es libre de sentirse seducido por la brutalidad. Lo que me apasionó del libro homónimo de Guliano da Empoli que hemos adaptado es que habla del poder de una manera novedosa, sincrónica con las mutaciones profundas y perturbadoras de nuestro tiempo.

P.- Después de una película tan instructiva, ¿comprende mejor la geopolítica actual?

R.- Lo que he aprendido es que Putin  puede hacer  exactamente lo que ha anunciado  que hará. Sus objetivos estratégicos son simples: restaurar la zona de influencia  de la antigua Unión Soviética. No soy un experto en política, pero sé que, si algún día quisiera invadir los países bálticos, podría hacerlo en dos horas. Técnicamente no disponemos de los medios para oponernos. Eso está muy presente en Letonia, donde precisamente rodamos.

P.- A Surkov le han llamado tanto el poeta del poder como el Rasputín de Putín. ¿Cuál cree que lo describe mejor ?

R.- Yo aludiría al Mago de Oz: alguien que da miedo, que parece controlarlo todo, pero que en realidad opera tras una cortina de humo y es todo apariencia. Cuando empecé a trabajar en el guion con Emmanuel Carrère, quisimos reflejar la sombra de Surkov. No buscábamos que Paul Dano lo imitará, sino que queríamos analizar lo que representa  intelectualmente.

P.-Desde su punto de vista, ¿en que medida se aproximan sus dinámicas a las de Donald Trump?

R.- Es difícil comparar personalidades tan distintas. Sabemos lo mucho que se ha alejado de la democracia la Rusia de Putin, y lo que él ha puesto en marcha es el motor  de la deriva autoritaria actual. Cada vez hay más dirigentes que construyen su estrategia a partir de ideas que se forjaron en ese entorno. Es como un software que en un momento dado,  se volvió libre, al que todo mundo tiene acceso. Me aterra ver cómo el sistema estadounidense se descompone ante nuestros ojos. Y me preocupa especialmente la debilidad  de la oposición. Siempre he tenido aversión por Donald Trump, pero no imaginaba hasta qué punto iría tan lejos a la hora de asumir una lógica que puede clasificarse de "putinista".

P.- A diferencia del maniqueísmo de la política de bloques, aquí el bien y el mal se confunden.

R.- No creo en la ambigüedad del mal. El mal es el mal, pero quien lo encarna es un ser humano. Y no se puede deshumanizar a nadie, porque entraríamos en el terreno de la mentira. Tuve muy presente a George Orwell durante el rodaje: él decía que temía encontrarse con sus enemigos y apreciarlos.

P.- ¿Tuvo entre sus referencias cinematográficas alguna película de la Guerra Fría?

R.- Puede parecer paradójico, pero pensaba  en El ascenso de Luis XIV  (1966) de Roberto Rossellini, ya que las técnicas contemporáneas de propaganda se construyen sobre modelos parecidos a los que utilizó el Rey Sol para consolidar su poder. (...)

P.- El mago del Kremlin muestra el momento posterior a la disolución de la Unión Soviética, caótico pero lleno de esperanza.

R.- No soy especialista en Rusia, pero estuve allí a principios de los noventa y conocí a jóvenes estudiantes llenos de fe en el futuro. Luego su esperanza fue aplastada por el poder 'putinista'.

P.- ¿Queda algo de esperanza?

R.- Siempre hay esperanza, pero Rusia es un país donde se asesina a opositores y se practica la censura. No se respira libertad. Pero, aunque ahora asistimos a lo peor, también puede surgir algo bueno que hoy tampoco imaginamos...

Begoña Donat. El Cultural, 6-3-2026.

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