La Asamblea Nacional francesa aprobó el 8 de abril un proyecto de ley -que aún debe pasar por el Senado- para volver a convertir Alsacia en una región y separada de Lorena y Champagne-Ardenas, integradas desde la reforma de 2025 en el Grand Est. La iniciativa propuesta por Brigitte Kinkert, diputada por el partido centrista Renaissance que preside el ex primer ministro Gabriel Attal, busca dotar a Alsacia de un estatuto particular para recuperar competencias. Y de paso dar respuestas a determinados impulsos identitarios.
"Alsacia tiene una historia y una geografía, unas especificidades. Y la idea es responder a la voluntad de los alsacianos, que llevan años pidiéndolo en consultas y sondeos. Alrededor del 80% expresa ese deseo y es favorable a tener una región propia", afirma Kinkert, que recuerda que en 2019 el territorio obtuvo competencias suplementarias, como la gestión de las autopistas nacionales, el bilingüismo y la cooperación transfronteriza..
La reivindicación de Alsacia (1.919.745 habitantes) asusta, sin embargo a los defensores del viejo Estado centralista, que ven en el texto la puerta de entrada a conflictos secesionistas.
La visión jacobina del Estado, la idea de un poder omnímodo y centralizado que distribuye la riqueza con desconfianza hacia la periferia, se impuso en la Revolución Francesa. Tiempos de guerra. Tiempos de unidad. El economista Jean Philippe Atzenhoffer, autor de Despertad a Alsacia (La nuée bleue,2026), ha calculado que la región alsaciana ahorraría unos 100 millones de euros anuales y sería más eficiente en todas las cuestiones transfronterizas en una zona que linda con Suiza y Alemania. "Pero el Estado ha hecho lo contrario. La reforma de 2025 para unificar las regiones y crear solo 13 grandes áreas respondía a un proceso recentralizador. Eliminaron competencias, rebajaron la economía fiscal con el pretexto de ahorrar, cuando en otros países la dirección es la contraria", sostiene Atzenhoffer.
La cuestión es delicada. La proposición de ley aprobada en la Asamblea Nacional -queda aún la tramitación en el Senado-tuvo que renunciar a su primer artículo porque extendía la posibilidad de aplicación a otras regiones. En 2012, solo la mitad de los franceses consideraba que las regiones carecían de poder, según un estudio del Instituto de Opinión Pública (IFOP) del año pasados. Hoy, en cambio, el 68% comparte esta opinión. Además, se acompaña de un interés creciente por el federalismo: el 71% está a favor, una proporción impensable hace apenas unas décadas. (...)
La inclinación ciudadana de la descentralización crece en Francia. Pero la división política en el resto del país no ha disminuido. En una tribuna publicada en La Tribune Dimanche el 5 de abril, diez presidentes de regiones, entre ellos el del Grand Est, Franck Leroy (derecha independiente), llamaron al Gobierno a "poner fin al recreo", invocando "un error institucional, político e histórico" que atentaría contra al interés superior de la República". El texto no fue firmado por los ejecutivos de las regiones de Normandía, Córcega o Bretaña, territorios con culturas muy marcadas. Pero mostró de forma clara la tensión que sigue generando este tema en París.
Daniel Verdú. Sélestate. El País. Domingo, 3 de mayo de 2026.

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