martes, 26 de mayo de 2026

Bardem ajusta cuentas con la paternidad tóxica

El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, abrió la presencia española  en el concurso de Cannes con una descarga de paternidad tóxica a cargo de Javier Bardem, que interpreta con una fuerza arrolladora a un padre ausente que regresa a la vida de su hija -en la piel de Victoria Luengo- para intentar recuperar el tiempo perdido. Ambos intérpretes son lo mejor de la nueva  película de este director. Comienza con una secuencia para el recuerdo: 18 minutos que condensan todas las capas (más caras) de un drama paterno filial lleno de rencor, frustración y vacío. Frente a frente en la mesa de un restaurante, están un director español que ha triunfado en EE UU (Bardem) y su hija mayor (Luengo) una actriz fracasada que trabaja en Madrid de camarera. 

En esa secuencia se plantea la propuesta del padre a la hija y de la propia historia: rodar juntos su nueva  película. Se ha especulado mucho con las supuestas similitudes de la propuesta de Sorogoyen con la noruega Sentimental Value, de Joaquim Trier, premiada en Cannes hace un año, pero las coincidencias no van más allá de esa premisa. El ser querido es otra cosa.

Lo que sigue a ese primer encuentro, lleno de tensión emocional y física gracias a los dos intérpretes y a una puesta en escena asfixiante, es el rodaje en la isla de Fuerteventura de una película de época sobre el Sáhara español. Allí transcurrirá, salvo por un epílogo, toda la trama. Sorogoyen introduce elementos  de la naturaleza de la isla, del viento a la orografía, como reflejo de las turbulencias  entre padre e hija, marcadas por la soterrada violencia de un hombre de fondo turbio que busca el perdón y el efecto tardío de una mujer  que también tiene que lidiar  con emociones contradictorias. La  película tiene secuencias magníficas, sobre todo, el estallido de furia  de Bardem en el set de rodaje ante una toma que se repite una y otra vez, el encuentro de la hija con la nueva familia de su padre o la conversación final entre ellos...

La película tiene con todo, algunas decisiones que resultan gratuitas, como cambios de formato y de color, sobre todo, a un blanco y negro que se antoja muy forzado, o de ese pasado doloroso de cineasta adicto y sórdido que fue en España antes de triunfar en el extranjero. Tampoco se revela el sentido de la película  dentro de la película. Y no hay mucho espacio para los personajes secundarios, que acaban siendo meros accesorios del drama planteado entre Bardem y Luengo.

 Elsa Fernández Santos, 14 de mayo de 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario