
Almodóvar y Penépole Cruz en Cannes. (Foto: John Philips)
La relación de Almodóvar con Cannes es larga e intensa. La última vez que estuvo en el festival fue en 2023 con el cortometraje, también rodado en inglés, Extraña forma de vida. Antes había pasado seis veces por el concurso con Todo sobre mi madre (1999), que le valió el premio al mejor director; Volver (2006), premios al mejor guion así como a todo el reparto femenino; Los abrazos rotos (2009); La piel que habito (2011); Julieta (2016), y Dolor y gloria (2019), por la que Antonio Banderas obtuvo el premio al mejor actor. Solo ha estado una vez con un largometraje fuera del concurso: en 2004 inauguró Cannes con La mala educación. En 2017 fue presidente del jurado. La Palma de Oro se le resiste, pero Cannes es su festival.
Como ocurrió con Volver, el estreno en España de Amarga Navidad tuvo lugar unas semanas antes del festival. Su exhibición nacional no penaliza a las películas a concurso. Si la prensa española le queda poco por decir sobre el filme, la francesa lleva semanas a vueltas con Pedro Almodóvar por el estreno de Autofiction y por la integral de su obra que organiza el Centre Pompidou en la biblioteca MK2 en París. En una masterclass, el cineasta confesó en abril que para él el cine siempre fue "una gran fiesta". También recordó algo de sus algo de sus cortometrajes de super-8 del inicio que conecta con su última película: entonces por precariedad económica, él era todos los personajes y de alguna manera, medio siglo después todos siguen siendo él.
La mítica revista de cine Cahiers du Cinéma, dirigida por Marcos Uzal le ha dedicado su portada de marzo. "En Cahiers salimos entusiasmados de Amarga Navidad", cuenta su redactor jefe, Fernando Ganzo. "Nos sorprendió su carácter obsesivo, su complejidad, pero también su ironía, lo lúdica que resulta. Con esta película, más incluso que con Dolor y gloria, donde la parte autobiográfica tenía más peso, es como si los personajes, las películas, hubieran reemplazado la vida como materia prima. Ahora Almodóvar se pregunta por el gesto mismo de la escritura y sabe hacerlo con vitalidad tremenda. No se trata de un cineasta que se mira a sí mismo, sino de una película que vemos construirse en directo ante nuestros ojos, cambiar de forma, reconfigurarse constantemente"...
Elsa Fernández Santos. El País, miércoles 20 de mayo de 2026.
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