La película está basada en las cuatro páginas que existen de La bola negra. la única obra de Lorca con un protagonista homosexual declarado, y también en la obra teatral de La piedra oscura, de Alberto Conejero, inspirada en Rafael Rodríguez Rapún, futbolista del Atlético de Madrid, estudiante de Ingeniería de Minas, secretario de La Barraca y uno de los amores de Federico García Lorca. El guion de La bola negra está divido en tres tiempos que se cruzan entre sí -1932,1937 y 2017-, y en ellos se invoca la voz de Lorca y sus Sonetos del amor oscuro, escritos por el poeta granadino durante sus últimos años de vida, y recopilados y publicados póstumamente.
La bola negra, segunda película de los Javis, ha llegado a Cannes por la puerta grande. Se trata de una apuesta muy ambiciosa que se atreve con la Guerra Civil y con Lorca desde una mirada generacional que encuentra en el poeta, fusilado por izquierdista y por homosexual un mes después del golpe de Estado de Franco, nuevos caminos para contar la ruptura de una guerra que trajo 40 años de una dictadura nacional católica.
Película coral, en su reparto figuran Lola Dueñas y Carlos González (madre e hijo en la trama contemporánea, que transcurre sobre todo en Madrid); Miguel Bernardeau y el músico Guitarricadelafuente -, que son respectivamente, Rafael Rodríguez Rapún y el soldado nacional que lo vigila en la prisión de Santander en 1937- y Milo Quifes, que da vida al protagonista de La bola negra en 1932 en Granada. Glenn Close interpreta con credibilidad a una especialista en Lorca en el presente y Penélope Cruz es esa inolvidable vedette que anima a las tropas en Santander. Todo el reparto funciona.
Todo el reparto funciona, pero sobre todo Dueñas y Carlos González, en cuya relación madre-hijo logran momentos con el inconfundible sello de los Javis. Es una pena que en las dos horas y 35 minutos de metraje haya excesos oníricos, como el pomposo final en la nieve de la historia granadina, o la huida trepando por un San Sebastián de Guiterricadelafuente en el arranque con una épica demasiado subrayada, y más en un pueblo de aquella España.
Elsa Fernández Santos. El País, viernes 22 de mayo de 2026.

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