jueves, 3 de septiembre de 2015

Madame Bovary somos todos

Los infortunios de Emma Bovary se pueden leer en una nueva y excelente traducción publicada por Eterna Cadencia, realizada por el poeta y ensayista argentino Jorge Fondebrider, que se suma a las 67 traducciones previas existentes en castellano. Vista la obsesión estilística que tenía siempre Flaubert, la tarea ha resultado ardua. "Me hice a la idea de que si él tardaba dos semanas en escribir media página, yo no podía liquidar una en media hora", sonríe Fondebrider. Su versión incluye 500 notas a pie de página con información sobre la época de Flaubert, extractos de su correspondencia y opiniones de expertos. Al traductor, sin embargo le importa poco el personaje: "Bovary es lo menos fascinante. Existe un malentendido fenomenal en considerar que los personajes son el centro de esa novela. Tampoco importa demasiado la trama por más perfecta que sea. Importa el estilo y la manera de contar". "Lo curioso es que Francia que nunca prestó atención a Flaubert, se vuelva a equivocar poniendo el ojo en el personaje antes que en el escritor", concluye. ¿Qué tiene esta heroína de hace siglo y medio para seguir fascinando a nuestra época? Su influencia sigue irradiando la literatura francesa actual, como demuestran autores como Sophie Divry con La condition pavillonnaire, biografía de una esposa insatisfecha en un barrio residencial de la Francia de hoy o Éric Reinhardt quien ha novelado en El amor y los bosques (Alfaguara) la trágica existencia de una Bovary contemporánea. El otoño vendrá acompañado de dos nuevas adaptaciones cinematográficas. La primera es Primavera en Normandía que traslada la historia a la actualidad inspirándose en el cómic Gemma Bovery, de la dibujante británica Posy Simmonds. La segunda más fiel a la original, lleva por título Madame Bovary y está dirigida por la francesa Sophie Barthes, que ha escogido a la actriz australiana Mia Wasikowska como protagonista."Bovary siempre será un enigma, un personaje que intriga y cautiva. Podemos culparala de sus errores, caprichos y deseos, pero a la vez la entendemos. Con sus defectos y virtudes, lo tiene todo para ser una heroína trágica moderna", indica Barthes. Madame Bovary, c'est moi? Tal vez lo seamos todos. Para la directora Flaubert fue un visionario que supo adivinar los excesos que llevaba consigo el modelo capitalista, lo que también explicaría su notoria actualidad. Al final de la novela, el lector solo logra discernir dos vencedores: el usurero Lhereux, responsable de la deuda de Bovary y el farmacéutico Homais, emblema del burgués arribista que llegará al poder bajo Napoleón III.
Alex Vicente. Revista de verano, El País, jueves 20 de agosto de 2015

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