viernes, 11 de septiembre de 2015

Manu Chao, visceral e incansable

El músico francés muestra un buen estado de forma en su único concierto de este verano en España, en el Festival de las 3 Culturas de la localidad malagueña de Frigiliana. A martillo pilón, y durante dos horas y media largas, Manu Chao se desbocó la noche del domingo 30 de agosto en Frigiliana (Málaga) en el cierre del Festival de las 3 Culturas. Siempre ha sido un derroche lo suyo, pero cabría pensar que con los años -ha cumplido 54 hace un par de meses- el fuelle se resentiría. A puro salto, las suelas de las zapatillas del músico francés de ascendencia española no estuvieron ni una vez pegadas al suelo más de dos segundo seguidos. Tiró de repertorio conocido y arenga rebelde para ganarse a un público que de entrada llegaba ya entregado. La base rítmica que impusieron Garbancito a la batería y Gambeat al bajo transformó todo en un chunda chunda que, por muy machacón que a veces fuera, no perdía frescura y lograba mantener el baile. A la guitarra de palo, escoltado también por las guitarras eléctricas y acústicas de su inseparable y fiel escudero Magdid, Chao convierte todas sus frases y estribillos más célebres en una sola canción. Pero aunque vuelva una y otra vez a Me gustas tú, Próxima estación Esperanza, Qué horas son mi corazón o Clandestino ilegal no hay improvisación. Todo está controlado y cronometrado: la entrada de los vientos, los disparos de las sirenas policiales desde la mesa de efectos y hasta las frases de rigor "Gracias mi gente, gracias Frigiliana" o "La locura de Frigiliana". Acaso pueda pensarse que Chao ha perdido algo de esa sutileza con la que encandiló a medio mundo allá por los noventa cuando editó Clandestino, su disco más renombrado tras dejar atrás bandas como Mano Negra, o antes Los Carayos, o Hot Pants, pero ha ganado en intensidad y contundencia. Encadena una canción tras otra y pone voz a muchas de las injusticias que asuelan el mundo. Una enorme bandera saharaui presidió su puesta en escena; la lleva siempre desde que en 2008 visitó los campamentos de refugiados para clausurar la quinta edición del FiSahara (Festival de Cine del Sáhara.... De sencilla que es su música asombra esa capacidad de comunicar y remover algo por dentro. Es la emoción de lo honesto, de lo que se hace con el corazón. Música visceral.
Fernando Íñiguez. El País, martes 1 de septiembre

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