domingo, 16 de septiembre de 2018

Rumbo a la Normandía de Proust, 2

Balbec
Mi ruta para el segundo día es desandar el camino en tren desde Illiers hasta Chartres, y desde allí en Blabacar hasta Cabourg, en Normandía: el Balbec de La Recherche. Si Centro-Valle del Loira es el granero de Francia, Normandía es la leche y el calvados. Pero antes, en Chartres tengo tiempo para visitar una de las catedrales góticas más hermosas del mundo. La rodeo y  la sensación  que tengo es que sin esta catedral, sin estos entornos arquitectónicos que Proust conoció muy bien, La Recherche tal vez no hubiera existido. En la costa de Normandía me espera el Grand Hôtel...Nada más atravesar la puerta giratoria me encuentro con las elegantes escaleras que llevan al ascensor. Esta es otra de las escaleras fundamentales de La Recherche: la imagen de Proust con su abuela llegando al hotel y subiendo asombrado en el reciente invento del ascensor. Me aplico a disfrutar del encanto de un hotel de la belle époque que se conserva intacto desde que en 1907 se construyera sobre las ruinas del antiguo hotel en el que Proust solía alojarse con su abuela y su madre cuando venían a la playa desde París. Nada más llegar a mi habitación me entero de que me han dado la 404 y que la de Proust está al lado. Le pido a la directora del hotel que me la enseñe y que damos para el día siguiente...
La playa es de una llanura infinita, como un campo gris y azul. Una multitud de humanos invade el malecón. ¿Pero dónde están Albertine y sus compinches? ¿Dónde están esas jóvenes ninfas que desfilaban arriba y abajo por este paseo?...
En el 102 del bulevard Haussmann de París la casa a la que se mudará después de la muerte de su madre, se entregará por fin a su obra. En 1910, a causa de las inundaciones del Sena tiene que abandonarla y será Cabourg el lugar elegido para pasar los meses necesarios para el acondicionamiento del piso. Será la base para su recreada Balbec, la villa de veraneo que aparece La Recherche, y donde seguramente empezó a anticipar el beso de la muerte, en el mismo lugar donde se había iniciado en los placeres del amor.
En su cuarto, la famosa habitación 414, se conservan manuscrito de su puño y letra. Siguió viniendo aquí durante 10 años, hasta 1917 y aquí conoció al gran amor de su vida, el adorado Agostinelli, un joven de la zona al que contrato como chófer para que le llevara a pasear por todos los pueblos de la costa cuando acababa de inventarse el automóvil. Agostinelli le exprimirá hasta la muerte. El es el modelo de Albertine la fugitiva...La muerte de su esquivo amante, el hombre que representó la suma belleza y el mayor de los fracasos y la eclosión de la Primera Guerra Mundial que asola Europa y que se lleva por delante a sus mejores amigos, aboca a Proust al agujero de la escritura, que crece y crece desde dentro, reflexionando sobre el amor, los celos, la homosexualidad, la historia, el arte.
En ese momento él ya ha publicado el primer tomo de su obra, Por el camino de Swann, y ya ha recibido el Premio Goncourt, pero debe esperar a que termine la contienda para seguir publicando. Es esa guerra la que hace que La Recherche se dilate. Y no es arriegado pensar que aquí en Cabourg, se puso en marcha, en círculos concéntricos, el mecanismo de recuperación de la memoria, frente a este mar donde el se refugia de lo que ya no vuelve...La guerra termina en 1917 y Proust vuelve a París, pero ya es otro París, ya es otra historia. Él morirá cinco años después, pero habrá recuperado todo el tiempo perdido en los salones de los snobs y en los tugurios de la noche. Tres mil páginas escritas para salvarse de una realidad que nunca le podría dar los goces de la literatura...
Luisa Castro. Escritora y directora del Instituto Cervantes de Burdeos.
El Viajero. El País, viernes 31 de agosto de 2018 

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