
En el medio, la Reina Orante del coro el Maestro Mateo, a la derecha su restauración digital
y el sello de plata de Constanza de Castilla. (Biblioteca Nacional de Francia/Cispac)
No es casualidad que esta reina, materializada ante mis ojos como una aparición espectral en ese prodigioso dispositivo generador de presencias que es la matriz de plata de su sello- hallado al abrirse las tumbas reales de Saint-Denis durante la revolución francesa encuentre en Compostela una sorprendente correspondencia escultórica: una figura del coro del maestro Mateo conocida en la historiografía como la Reina Orante y considerada una de las obras más célebres y enigmáticas de la catedral de Santiago. La afinidad entre ambas imágenes transciende la coincidencia en la indumentaria y la disposición corporal para manifestarse en una misma poética visual definida por el exquisito tratamiento de las superficies, que funde epidermis y tejidos en un delicado efecto de "paños mojados" enraizado en las artes suntuarias y plenamente situado en la vanguardia de la escultura europea de la segunda mitad del siglo XII.
La relación entre ambas obras aporta nuevas claves para comprender la formación del taller del maestro Mateo y su dimensión internacional. La datación del sello anterior a la muerte de Constanza en 1160 -ocurrida, según algunas fuentes, al dar a luz tras regresar de una peregrinación a Santiago-, ofrece una referencia cronológica para situar la Reina Orante en la década siguiente y fechar también las nuevas esculturas del coro mateano recuperadas con las recientes excavaciones arqueológicas. Entre ellas destaca la secuencia de la matanza de los inocentes que formaría parte del ciclo de la infancia de Cristo que decoraba la fachada del coro. La cabeza de la Reina Orante y la del rey Herodes presentan una identidad absoluta en los rasgos fisonómicos, la técnica escultórica, revelando la mano de un mismo artífice.
Estas conexiones se explican por los estrechos vínculos que unían Compostela con París. Desde tiempos de Gelmírez, el cabildo enviaba allí a formarse a los jóvenes más prometedores de su escuela episcopal, entre ellos Pedro Suárez de Deza, futuro arzobispo y principal mecenas del maestro Mateo. A través de ellos llegaron a Santiago las innovaciones que estaban transformando la cultura europea, desde la arquitectura y las artes suntuarias hasta el desarrollo de la polifonía que cristalizaron en la construcción del coro mateano: una obra total en la que la arquitectura. escultura y música se integraban para crear uno de los espacios performativos más innovadores jamás concebidos. La Reina Orante y la Matanza de los Inocentes son fragmentos de aquel organismo monumental, concebido para elevar el espíritu, y que ahora gracias a la investigación y la tecnología, podremos volver a habitar.
En el marco de una estancia de investigación en la Fondation Maison des Sciences de l'Homme, dedicada al estudio del coro del maestro Mateo y de sus conexiones con el entorno capeto, se presentó en París la restauración digital de la Reina Orante junto al estudio del sello de Constanza incorporando esta obra maestra de la sigilografía medieval al imaginario histórico del Reino de Galicia. Identificada como una Virgen de la Anunciación, la escultura se configura como un auténtico retrato ad divinum, en el que la imagen de la soberana celestial confluye con los modelos visuales de la realeza del siglo XII, encarnados por figuras como Constanza, la infanta galaico-leonesa que alcanzó el trono de Francia y que, según la tradición, peregrinó a Santiago antes de morir para orar ante la tumba del Apóstol y la tumba de su madre. En su majestuosidad material y su transfiguración digital, la Reina Orante se nos revela como la imagen más próxima de lo que pudo haber sido el retrato de una reina de Galicia concebido por el taller del maestro Mateo.
Francisco Prado-Vilar es profesor de Historia del Arte en la USC e investigador del Cispac.
La Voz de Galicia, sábado 25 de julio de 2026.
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