domingo, 4 de junio de 2017

Una ministra con buena letra



Françoise Nyssen
Françoise Nyssen  (Bruselas, 1951), flamante titular cultural del país vecino, ha aprovechado su estancia en el Festival de Cannes para dejar su sutil marca propia. Allí donde sus predecesores se limitiban a dejarse ver junto a los grandes astros del cine, Nyssen prefirió encontrar un hueco en su agenda para acudir a una ceremonia con menos glamour, la clausura de la Semana de la Crítica, sección paralela espe-cializada en las obras de los cineastas noveles que tiene lugar en discreto rincón  de la Croissette. Es la primera vez, según los responsables, que un ministro de Cultura acude a saludar su labor. En esos espacios modestos reputados por su buen hacer Nyssen se siente como en casa. A la ministra, escogida contra todo pronóstico por Enmanuel Macron para dirigir la política cultural, parece gustarle más la periferia que el centro, la alternativa que el modelo hegemónico. Hasta ahora, Nyssen era conocida como una de las editoras independientes más prestigiosas del continente. Dirigía Actes Sud , que cuenta con con cuarenta años de historia, un catálogo de 10.000 títulos  y 300 trabajadores a su cargo. Nyssen ha convertido el pequeño sello que fundó su padre a finales de los setenta en un imperio literario que publica Paul Auster, Salmán Rushdie, Imre Kertész, Svetlanna Alexiévich o la saga Milennium. Sin olvidar numerosoa autores de expresión castellana o catalana como Javier Cercas, Jaume Cabré, José Carlos Somoza, Sergi Pames, Imma Montsó, Antonio Muñoz Molina o Lluis Llach. Para entendernos, lo más parecido sería que Mariano Rajoy hubiera Nombrado a Jorge Herralde o Beatriz Moura al frente de su Ministerio de Cultura.

Nacida en Bélgica, pero naturalizada francesa hace más de veinte años, esta mujer de melena lacia y lentes redondas no parecía destinada a ejercer el cargo. "Mi historia no me conducía a esta función, porque tengo una formación científica, en biología molecular", admitió en su discurso de investidura... Llégó a Paris para integrarse en el área arquitectónica del Ministerio que ahora encabeza, antes de responder a la llamada de su padre, que acbaba de crear Actes Sud  en 1979 en la ciudad provenzal de Arlés. Otra rareza en un país ultracentralizado, donde todo debe pasar por París y obtener su sello de validación. "No me pude resistir a la llamada del libro", explica Nyssen, lectora empedernida desde la infancia, cuando solía refugiarse en El club de los cinco -y después en Willian Failkner o Patrick Modiano- para evadirse del entorno burgués y hostil del Liceo Frances de Bruselas, en el que dice que nunca encajó. Su nombramiento generó sorpresa pero su perfil resultaba idóneo para Macron. El presidente francés pone al frente del Ministerio a una mujer culta y humanista, pero también a una empresaria y gestora de solvencia, a imagen y semejanza de los que él aspira a encarnar. Nyssen aportará al jefe del Estado  un conocimiento sólido del terruño cultural. Presidió la estructura que concede ayudas públicas a proyectos cinematográficos de EuropaCorp, la poderosa productora del director Luc Besson, y de los Encuentros de Arlès, uno de los mayores festivales fotográficos  del continente europeo.
En la pintoresca localiad donde reside, por la que pasaron Van Gogh y Gauguin en su día, también dirige Le Méjan, centro de conciertos y exposiciones dotado de un cine y un a gran librería pegada al Ródano, que creó con su inseparable marido, el ingeniero Jean-Paul Capitani. El nivel de clidad de sus iniciativas, que nunca parecen perseguir solo un enriquecimiento financiero, es incontestable. Nyssen es el rostro de la iniciativa privada con vocación de servicio público....
Otro eje importante de la política del nuevo presidente será la democratización del acceso de la cultura -con un cheque cultural de 500 euros para todos los jóvenes de 18 años-, inspirado en el que Mateo Renzi aprobó en Italia, la ampliación de los horarios de las bibliotecas y el énfasis en la educación cultural  y artística en los programas escolares. También en eso Nyssen tiene experiencia. En 2015 fundó la escuela Domaine du Possible en una casa de campo de Arlés, apadrinada por el filósofo Edgar Morin y el militante agroecologista Pierre Rabhi, que propone un sistema educativo alternativo, sin exámenes y con el aprendizaje fundamentado en las lenguas, la naturaleza y el arte. Nyssen decidió crearla tras el suicidio de su hijo Antoine en 2012, disléxico e inadaptado al sistema clásico. 
Su investidura como ministra concluyó con una frase del mismo Morin que Nysse encontró por azar leyendo uno de sus libros en un tren que la llevaba a París. "A costa de sacrificar lo esencial por lo urgente, terminamos olvidando la urgencia de lo esencial. Intentaré que no se me olvide". Pero Nyssen tiene también cometidos menos poéticos en el horizonte. Por ejemplo, la negociación con los titanes de internet, como Google, Apple o Amazón, a los que Macron quiere obligar  a financiar las obras culturales que difunden. Si Nyssen aceptó el cargo fue por un único motivo. "La República me ha dado mucho y ahora tengo que serle de ayuda". La incógnita es si logrará sobrevivir a la dureza, siempre prosaica que suele imponer la política.

Alex Vicente. El País, domingo 28 de mayo de 2017 

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