
Estas adquisiciones forman parte de la marea de compras de tierras agrícolas por parte de China en el mundo. Desde 2010 lleva invertidos 97.000 millones de dólares en agricultura. En parte es por necesidad: posee el 20% de la población mundial, pero cuenta con menos del 10% de tierras cultivables del planeta. A diferencia de otros países el caso galo tiene la particularidad de que los franceses sienten su patrimonio y savoir-faire amenazados. Nos referimos al trigo que se transforma en sus baguettes y a los viñedos de donde salen sus aclamados vinos. Más de un agricultor lo equipara a que los franceses comprasen una parte de la Gran Muralla China.
Algo parecido ocurre con los vinos centenarios de Burdeos. Los chinos adoran el vino bordelés y su voracidad los ha llevado a adquirir más de 150 châteaux en los últimos 10 años...A los franceses no les hace gracia que se les cambie el nombre de las bodegas históricas, como ha decidido el emperador Chi Tong con sus châteaux: Larteau es ahora Conejo Imperial, Tour Saint-Pierre se rebautizó Château Conejo Dorado...También temen que algunos propietarios cambien el sabor de los vinos para adaptarse a los gustos de los consumidores chinos...
Pero a pesar de lo que pueda pensarse la opinión pública francesa, los chinos solo poseen el 2% de los viñedos de Burdeos, y en cuanto a tierras agrícolas adquiridas, solo representa el 1% de lo que China invierte en el mundo. La amenaza real no viene de fuera, sino que está en su casa, dentro de las fronteras del hexágono. Lo que realmente está cambiando el panorama agrícola francés es su industrialización y el acaparamiento de sus tierras por parte de empresas, que aumentó un 20% entre 2006 y 2016...
Mónica Montero. El País Semanal, 18-8-2019.
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