viernes, 28 de agosto de 2026

París explora los límites de la elegancia

En el desfile de Dior. (Peter White/Getty Images)

En 2026 la moda no avanza por sustitución sino por acumulación. Durante décadas, el sector evolucionó mediante tendencias que reemplazaban a las anteriores. Hoy, sin embargo, la lógica es de consolidación: las firmas no aspiran a reinventar el guardarropa con cada temporada, sino a encontrar fórmulas de éxito -un bolso, un calzado, una silueta, una prenda o un estampado-capaces de durar varios años. Por eso, las colecciones que se han presentado durante las dos primeras jornadas de la semana de la moda de hombre en París, que comenzó el martes en medio de una ola de calor, apuestan por una cierta continuidad.

Sin embargo, que no sea necesario inventar la rueda cada seis meses tampoco equivale a afirmar que todo está inventado. En su tercera colección masculina al frente de Dior, Jonathan Anderson ha dejado constancia de su enorme talento para crear prendas interesantes y, sobre todo, diseños que nadie más está lanzando al mercado. Hay un genuino afán de innovación en dos de los modelos que protagonizaron el primer tramo de su desfile el miércoles: trajes con motivos de raya diplomática o de pata de gallo estampados sobre una gasa finísima, fluida y semitransparente con la consistencia de una blusa. A Anderson le gustan los juegos semióticos, y en esta ocasión plantea varios muy brillantes: hay solapas curvadas de esmoquin integradas en parcas o gabardinas, conjuntos con el patrón de un pijama -incluidos sus ribetes de contraste- elaborados en lona técnica como la ropa de trabajo, gabardinas plisadas a mano, una camisa de lunares que no están estampados sino bordados, o vaqueros rotos de cuyos desgarrones cuelgan delicadísimas cadenas metálicas que simulan la urdimbre deshilachada.

El conjunto es enormemente ingenioso: Anderson invita a fijarse en el valor intrínseco de cada prenda  y los cortes y las tipologías tienen a la vez los pies en la tierra: es ropa sensata  y exquisita combinada con intención de contraste. "Algo muy formal que se desmadeja", explicaba el diseñador en una nota. "Un esmoquin con un vaquero roto, un abrigo de sastrería con bermudas vaqueras de color rosa.

En Louis Vuitton, Pharrell lleva varias temporadas construyendo un legado que, en su desfile del martes por la noche, quedó muy patente. La inspiración era el mundo del surf, pero, de nuevo, lo que se vio sobre la pasarela fue una extraordinaria capacidad de inventiva aplicada al diseño y confección de prendas. En el imaginario de Pharrell coexisten el chándal, la trenca, el cortavientos o la sudadera con el pantalón de trabajo, la bermuda, el esmoquin, el abrigo de piel o el bañador. Lo más destacable probablemente sea su fusión de códigos distintos: llenar la sastrería de códigos deportivos, y dotar de elegancia y refinamiento  a prendas de trabajo o técnicas. El estadounidense plantea juegos con los famosos logos y estampados de la marca, despliega el potencial artesanal de la casa mediante bordados exuberantes o zapatillas deportivas de piel vuelta y construcción minimalista. Hay algo enormemente coherente y cabal en sus trajes de jacquard que se ciñen  la cintura con gomas fruncidas como las de un plumífero, en los trampantojos que dan texturas insólitas a distintos materiales.

Al mismo tiempo, ahora que la cultura -y la moda- se guían por el fandom, pocas imágenes hay más elocuentes que un mono de neopreno o de ciclista estampado íntegramente con el monograma de la firma de lujo más famosa del mundo. Puede que el germen de todas estas ideas ya estuviera en la primera colección para la marca, pero tal vez  ahí éste el mérito: en que Pharrell no está construyendo el imaginario de la marca a base de volantazos, sino de sedimentación y de evolución (...)

A fin,  de cuentas, lo que busca buena parte de los clientes no es tanto una ruptura radical de su estilo o una silueta nueva, sino prendas que haga ilusión vestir. De ahí que Alexandre Mattiussi, el fundador de Ami Paris, explicara que su desfile  no iba tanto de moda como "de ropa, vida, movimiento y felicidad", como afirmaba en la nota de prensa de una colección llena de camisas, trajes, americanas y jerséis ligeros. "Hablamos de la alegría que da vestirse cada mañana", añadió. Sus numerosos clientes le dan la razón. A fin de cuentas, aportar un poco de positividad al día a día parece un objetivo más sensato que una revolución. Especialmente para una industria que sigue sin saber hacia donde se encamina.

Caros Primo. París. El País, viernes 26 de junio de 2026.

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