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| El fuerte de Antibes. Monet, 1888. |
Menton y Antibes. Claude Monet y la luz. A pocos kilómetros de la frontera con Italia, Claude Monet encontró una ciudad plagada de jardines entre la montaña y el mar. Menton enamoró al artista por su clima cálido y sus destacados monumentos, como la basílica de Saint-Michel, construida para la gran colonia rusa asentada en la Costa Azul. Pero a Monet como miembro del impresionismo que fue, lo que de verdad le cautivó fueron sus paisajes, como el cabo Martín, inmortalizado en su cuadro La pointe du Cap Martin, Años después el artista residió en Antibes, a una hora de Menton. Pintó alrededor de cuarenta cuadros en cuatro meses, cautivado por esta "pequeña ciudad fortificada, bañada por el sol", según la describió él mismo. En su casco antiguo se esconden tiendas gourmet, galerías de arte, talleres de artesanía y la Comuna Libre de Safranier, que promueve la tradición de un barrio de origen medieval y preserva la vida en comunidad.
Cagnes-sur-Mer. El rincón de Auguste Renoir. Auguste Renoir llegó a Cagnes-sur-Mer movido por los suaves inviernos del Mediterráneo. Se instaló en Domaine des Collettes, una finca plagada de olivos y naranjos que es el actual Museo Renoir, escenario del último robo de arte acontecido en Francia. Desde allí, "el pintor de la felicidad" poseía una vista privilegiada de Haut de Cagnes, la parte más antigua de la ciudad, aunque lo que de verdad destaca de esta localidad so sus3,5 kilómetros de costa.
Aix-en Provence.La ciudad natal de Paul Cézanne. El artista posimpresionista, considerado el precursor del cubismo, nació y murió en Aix-en-Provence, por lo que gran parte de la ciudad conserva su huella. De hecho, se puede recorrer siguiendo las "C" que marcan cada una las residencias del artista. También destaca la catedral de Saint-Sauveur, la cual se cuenta que está construida sobre un templo dedicado al dios Apolo. El casco histórico de la ciudad está formado por sinuosas calles plagadas con más de 130 fuentes y estatuas en las esquinas de los edificios, un elemento arquitectónico muy común en el sur de Francia. Tiene diferentes usos como servir de oratorio urbano , proteger frente a las epidemias y ayudar a orientarse por las pequeñas calles. Pero la principal musa de Cézanne fue la Sainte-Victoire, una gran montaña a la que están apegados los habitantes de Aix. Era uno de sus rincones más frecuentados y llegó a pintarla más de 80 veces. El artista caminaba quince minutos desde su estudio hasta un enclave con vistas a esta montaña, conocido ahora como el Terreno de los Pintores y donde se pueden ver recreaciones de varias pinturas de la Sainte-Victoire realizadas por Cézanne. Curiosamente fue en este enclave en donde encontró la muerte, puesto que el artista se encontraba aquí cuando fue asolado por una furte tormenta. Permaneció en cama hasta que murió a los pocos días por una neumonía.
Arlès y Saint-Rémy-de Provence. La cura de Van Gogh. Vincent Van Gogh llegó a Arlès cansado del bullicio parisino. El artista neerlandés encontró en esta localidad la luz, el cielo azul y los colores que tanto marcarían su estilo pictórico. Aquí pintó algunas de sus obras más conocidas, como Los girasoles, El dormitorio en Arlès o Terraza de café por la noche, en la que retrata el que ahora se conoce como Café Van Gogh. La ciudad destaca por sus Arenas, construidas hace más de 2.000 años, aunque también son dignos de visitar los otros monumentos romanos de Arlès, Van Gogh pintó más de 300 cuadros que no serían famosos hasta después de su muerte, se peleó con su amigo Paul Gauguin y se cortó parte de la oreja. Tras este episodio, el pintor posimpresionista ingresó voluntariamente en un sanatorio en Saint-Rémy-de-Provence, a 40 minutos de Arlès. Desde la ventana de su dormitorio, pintó su obra más reconocida, La noche estrellada. La localidad ofrece una ruta en la que se puede observar el entorno a través de las últimas obras pintadas por el artista.
Saint-Tropez. De Paul Signac al lujo actual. Poco después la muerte de Van Gogh, Paul Signac también huyó de París hacia el sur. Llegó en 1890 a Saint-Tropez, a bordo de su yate, L'Olympia. Por aquel entonces solo era un pequeño pueblo de pescadores -faltaban casi 80 años para que se convirtiese en el destino de lujo que es ahora-, pero sufeciente para Signac se enamorase de su luz y colores. Fue allí donde dio origen al puntillismo junto a Georges Suerat, una historia narrada en las paredes del Museo de la Anunciación, una capilla del siglo XVI. Pero el puerto de Sant-Tropez tampoco deja indiferente, puesto que él conviven yates de lujo con barcos tradicionales. A pesar de ser el destino de la jet set, la ciudad es fiel a sus habitantes. En Sénequier se puede ver tanto a turistas como a locales degustando el vino rosado y la tapenade, una pasta de aceitunas con alcaparras y anchoas.
Niza. El legado de Matisse y Morisot. "Cuando me di cuenta de cada mañana vería esa luz, no podía creer mi suerte", así describió Henri Matisse, originario del norte, lo que le provocaba de Niza. En esta ciudad desarrolló su obra puntillista que aprendió de Seurat y Signac. El mar azul y sus amplias calles también fueron de inspiración para Berth Morisot, la primera mujer impresionista. Estos artistas convivieron con los primeros turistas ingleses quienes dieron nombre al Promenade des Anglais, el paseo marítimo de ocho kilómetros de Niza, porque los locales consideraban que solo los ingleses podían estar tan locos como para andar pegados al mar. Si uno pasea por el casco antiguo de la localidad llegará a la colina del Castillo. En lo alto se encuentran los restos de lo que fue la ciudadela y una impresionante cascada artificial.
María Vila, La Voz de Galicia, sábado 19 de septiembre de 2026.

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