domingo, 27 de septiembre de 2026

Emilia y Emilio

Hay escritores que tienen vidas o maneras de ser tan pintorescas que más bien parecen personajes de otros escritores. Siempre me ha dado la impresión de que este era el caso, por ejemplo, de Emilia Pardo Bazán, de quien se cumple estos días un aniversario. De lo que no estoy seguro es de quien sería el autor de doña Emilia. A veces pienso que podría ser Valle Inclán. A la aristócrata carlista que fue de joven no me cuesta nada imaginarla en las páginas amarillentas de las Sonatas como un interés sentimental del marqués de Bradomín. Otras veces la veo, en cambio, como un personaje de Clarín: la señora de provincias que se expresa mediante recetas de cocina, frustrada como Ana Ozores de La regenta y que a diferencia de ella se emancipa y se hace escritora. Pero entonces esa escritora desmesurada, fumadora y rebelde, nuestra condesa descalza -y aún calzada- me parece que encajaría mejor aún como un personaje de reparto en el Madrid castizo, garbancero y cotilla de Galdós. Es una teoría esta con interesantes implicaciones, porque, como de todos es sabido, Galdós y doña Emilia tuvieron un romance, con lo que esas cartas algo subidas de tono que les escribía ella a él se las escribiría Galdós a sí mismo. 

Pero hay otra hipótesis más verosímil, que es por la que yo me inclino. La de que la Pardo Bazán sea una creación del novelista francés Émile Zola. Le habría dado su propio nombre y la habría inventado para meterla en la serie de los Rougon Macquart, sin encontrar luego sitio para ella. Ciertamente es un personaje bastante zoliano este de la condesa que se hace feminista y lucha por convertirse en escritora en un mundo de hombres y de envidias literarias. Pero como no pudo entrar en ninguna de sus novelas, Zola la puso a escribir La cuestión palpitante, un ensayo sobre él mismo, sobre el propio Zola, en el que hace que Emilia elogie y a la vez critique a Emilio. Pero aquí a la hipótesis yo le daría un giro pirandeliano. Una  vez creado el personaje se le escapa a Zola de sus manos y escribe por su cuenta La tribuna, que es una novela en el estilo de Zola pero mejor que las de Zola..

 Y es en este punto donde la hipótesis llega al clima narrativo. Emilia viaja a Francia y en el círculo de Edmond de Goncourt se encuentra con Zola. La tensa reunión del autor con su personaje se produce en Auteuil, donde Goncourt tiene su segunda residencia. Es la corte literaria del París finisecular. Allí está el gran Alphonse Daudet, autor de los célebres Cuentos del lunes, siempre afable e irónico. Está el joven Maupassant, que a Pardo Bazán le parece fogoso como un potro suelto. Está el sombrío y decadente Huysmans, de ojos azules y aspecto enfermizo, con un cigarro fino siempre entre los dedos amarillentos. Y está el propio Zola, que a Emilia le parece sorprendentemente corpulento, de cara redonda y mirada inquisitiva. Hay que imaginarse una escena apócrifa en la que Zola invita a Emilia a salir al exterior para tener un aparte con ella. En la campiña de Auteuil, ese paisaje que estaban ya pintando los impresionistas porque era lo más cerca de la capital que les quedaba el campo, ya se insinúa la primavera.

"Señora mía, creo que no ha entendido usted cuál es su lugar", le dice Zola a la Pardo Bazán. "Mi querido amigo -le responde ella-, creo que es usted quien no ha entendido cuál es el suyo". Zola enmudece. Su rostro adquiere una inesperada palidez. En su mente acababa de instalarse una sospecha. La de si, al final, no será él un personaje de la futura autora de Los pazos de Ulloa.

Miguel Murado. La Voz de Galicia, domingo 13 de septiembre de 2026.

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