sábado, 13 de agosto de 2022

Bretaña, la reserva secreta de Francia

La isla de Groix

En estos tiempos en que la vibración del teléfono en el bolso o en el bolsillo rige la comunicación humana reconforta llegar a un lugar en el que la cobertura se convierte en una especie de dicha intermitente. La isla de Groix, en el sur de Bretaña, alterna esas luces y sombras. Y se agradece: es un pequeño paraíso de 8 por 3 kilómetros que se gobierna en bicicleta de alquiler o a través de sus 30 kilómetros de perímetro senderista, con rutas bien señalizadas. Gozar con ese aislamiento puede ser insuficiente con los tres días planificados: dan ganas de alquilar una de las coquetas viviendas unifamiliares con flores y ventanas de colores que tientan desde la bici. Mejor eléctrica, que algún repecho hay.

Es Groix un retiro orgulloso de su límpida playa convexa (Les Grandes Sables), y de otros arenales peculiares como Les Sables Rouges o la cala de Port Saint Nicolás, muy del gusto de Instagram con esas rocas de formas caprichosas que estimulan la imaginación.

La industria del pescado inherente a cualquier territorio cercado por el mar (no es raro ver langostinos en Port Lay, el puerto de acceso) constituye aquí un ejemplo de sostenibilidad y de respeto a la tradición. Las conservas y los ahumados alientan la investigación de los empresarios. Maxime Quiltu chef local y propietario de Les Fumaisons de Groix, ahumados con sal de Guérande y madera de haya. Su última apuesta es el mijol (lisa en el litoral español), con cuyas huevas espera el éxito de los mejillones, el del pulpo y el atún rojo, que pasa por la isla en su inquietud migratoria y se degusta en múltiples interpretaciones.

Demos marcha atrás y en el plan del viaje. A Groix se accede en ferry desde Lorient, historia viva naval y comercial de Bretaña y de Francia. Al final del brazo de mar de Keroman que encadena todos los puertos de la ciudad (deportivo, pesquero, comercial, recreativo,,,), impone la silueta de hormigón de la base de submarinos que el ejército alemán construyó en la Segunda Guerra Mundial) como parte del muro del Atlántico para contener a los aliados.

Desde el transbordador se aprecia bien, pero el amante del turismo bélico disfrutará en una pequeña embarcación con patrón que pespuntea los hangares y la barrera de los barcos hundidos por los propios nazis como refuerzo a una obra de ingeniería de tres años. La primera base utilizada por la marina francesa hasta 1997, se mantiene intacta. Los otros aparcamientos submarinos se han adaptado. Uno como centro de operaciones (Lorient la Base) para los mejores veleros de competición del mundo en regatas como la Vendée Globe. El tercer, absolutamente reformado y de interés comercial, alberga algún museo temático.

Lorient es estratégica desde que el ser humano puso el pie aquí. Otra prueba es la ciudadela de Port Louis, con un interesante museo sobre la Compañía de las Islas Orientales que rigió en Europa en el siglo XVII (impactantes su colección de porcelanas y la reconstrucción etnográfica del papel de este puerto en el esclavismo hacia América), y el museo de la Marina, que se especializa en arqueología submarina, un filón en estas costas.

La Bahía de Morbihan

Al sur, la bahía de Morbihan, seguramente una de las fortalezas naturales más perfectas del planeta. Hay vestigios prehistóricos que refrendan su importancia milenaria: desde el puerto de Larmor-Baden se llega a una islita, Gravinis, con restos megalíticos del 3.500 a.C.

La capital del departamento es Vannes, en el estuario del río Marle. Cuesta distinguir en esta región entre río y ría y entrante de mar, en un mapa tan garabateado. Lugar del retiro final del muy venerado valenciano San Vicente Ferrer, tiene una villa amurallada de base romana que compite en interés con las señoriales casas medievales -con colorista entramado de madera- que hoy albergan en sus bajos galerías de arte, cafeterías o bistrós. 

Apenas a media hora de Vannes, hay que parar en Auray a pasear por el puerto de Saint-Goustan, fiel a su diseño original del siglo XV. En temporada ofrecen ostras y otros mariscos a un precio asequible en cualquiera de sus terrazas. Y de postre hay que probar el Kouign-amann (pronúnciese "cu-ña-man), tarta de mantequilla local", en bretón. Porque la personalidad bretona es de recias convicciones. Un ejemplo más. si el viajero quiere tomar un refresco de cola, seguramente le ofrecerán Breitz-Cola, su versión de la chispa de la vida, difícil de encontrar.

Javier Olivares. PressReader, 30 de junio de 2022.



viernes, 12 de agosto de 2022

Una coproducción internacional ofrece una lectura actual de "Tartufo"

El cásico de la literatura Tartufo se ve renovado de la mano de Tónan Quito el director de la obra que llega al Salón Teatro de Santiago, con solo transformar uno de los personajes: Valerio pasa a ser Valeria. La boda entre Marian y Valeria hace de este el primer espectáculo de Tartufo LGTBIQ, en consonancia con el avance de los tiempos. La intención principal de Tónan  Quito no era innovar; surgió por una cuestión técnica. "Quería personajes para cuatro mujeres y solo tenía para tres, lo cambié para que tuvieran todas el mismo protagonismo", confiesa el director de la obra.

La adaptación del texto clásico de Molière critica la hipocresía de la sociedad de su tiempo, a través de la historia de una familia de clase alta que se ve inmersa en el caos cuando un falso devoto de nombre Tartufo entra en su hogar. El conservadurismo, las ansias de libertad de los más jóvenes y la manipulación son los grandes temas de la pieza. A la hora de trasladar a la actualidad la temática sigue estando presente según Tónan Quito, de ahí que se escogiera esta obra para ser el tercer espectáculo coproducido por el Centro Dramático Gallego, bajo el amparo internacional del Proyecto NÓS/NOUS, en colaboración con cuatro compañías públicas y cuatro centros de enseñanza  de Francia, Portugal y Galicia.

La obra en Galicia se va a representar con el texto original en francés en verso rimado con subtítulos traducidos al gallego y en prosa de Loli Ramos Duarte. Gracias a la financiación procedente del programa europeo Erasmus K2, el proyecto se presenta como un escenario de creación escénica y de intercambio que promueve la profesionalización e internacionalización de estudiantes en el tramo final  de su período académico poniéndolos en contacto directo con figuras consolidadas del sector teatral...

Leila Fernández. Santiago. La Voz de Galicia, jueves 7 de julio de 2022.

jueves, 11 de agosto de 2022

"En Europa se tiende a despreciar a quien vende muchos libros"

Joël Dicker
El autor superventas Joël Dicker  (Ginebra 37 años) acaba de dar a luz la segunda entrega de una trilogía de la que ya estaban publicadas las otras dos. Un desafío que debía encajar temporalmente  entre La verdad sobre el caso Harry Quebert y el siguiente. Es El caso Alaska Sanders (Alfaguara).

P.- ¿Qué ha sido lo más difícil? ¿Los personajes, la trama?

R.- El mayor desafío ha sido que conectara entre la primera y la tercera parte de una trilogía que ya estaban escritas. Tenía que encajar con los personajes que ya tenían una biología previa y posterior. Lo pasé muy bien.

P.- Entonces ha hecho como en Star Wars, ha hecho lo anterior después de lo posterior.

R.- Sí, un poco como en Star Wars. Y respondo esto porque sé que sigue esa lógica, pero debo decir algo inconfesable: nunca he visto Star Wars. No sé por qué, es un pilar de la cultura pop actual y tengo que verlo. 

P.- ¿Vivir el éxito tan joven es bueno o malo para crecer?

R.- Todas las experiencias potentes son buenas para madurar y el éxito es una experiencia que me ha formado y al mismo tiempo con muchas dificultades que hay que superar. A mí me ha permitido vivir tranquilamente con mis hijos. Y eso es lo más importante de mi vida.

P.- ¿Cuáles son las dificultades? 

R.- Llevaba 10 años escribiendo, tenía ya cinco novelas antes del éxito y me pregunté: ¿Qué he hecho que sea distinto? Por tanto, las cuestiones sobre la creatividad. Y segundo: de repente te reconocen, las cosas son más fáciles en cierto sentido, pero también más complicadas porque hay celos, ataques y eso puede partirte en dos o fortalecerte.

P.- ¿Se ve como un nuevo  Agathe Christie?

R.-!Qué autor no quisiera ser la Agathe Christie del siglo XXI!No puedo respoder porque lo decidirán los lectores en el futuro, incluso después de mi muerte. Estoy al principio de mi carrera y tengo una vida por vivir hasta llegar a convertirme en un gran escritor. También Agathe Cristhie en su época tuvo muchas críticas y obras muy cuestionadas. Cuando convirtió por ejemplo al narrador en asesino los críticos dijeron que eso violaba los códigos de la novela policial. Los grandes se convierten en grandes después de muertos. Yo de momento disfruto de la vida y de escribir. (...)

P.- ¿Cuál es el poder de los libros?

R.-Vivimos una vida muy angustiosa entre el clima , el coronavirus, el fin del mundo, la guerra de Ucrania... Es muy difícil escapar y los libros te permiten vivir otra vida en este mundo. Es una escapatoria mucho más potente que las series o el cine, porque cuando lees un libro formas parte activa de la historia. Y es el último lugar en el mundo donde uno está solo consigo mismo. 

P.- ¿Le molestan las críticas al best-seller como una escala más baja de la literatura?

R.- Las críticas forman parte del juego y hay una tradición  en Francia y en Europa que tiende a despreciar un poco a quien vende muchos libros. Simenon también fue depreciado porque vendía muchos libros...

Berna González Harbour. Madrid. El País, viernes 1 de julio de 2022.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Este año el Camino de Santiago se hace por mar

                                                                                                    Foto: Carmen Romero

La ruta Iacobus Maris recrea parte del recorrido realizado para trasladar el cuerpo sin vida del apóstol Santiago desde el puerto de Jaffa (en la Palestina histórica, hoy Israel) hasta Compostela. Esa barca, tras atravesar de oriente a poniente el Mare Nostrum, se adentró en el Atlántico hasta recalar en Iria Flavia. La Fundación Traslatio es la encargada de recuperar parte del viaje que dio inicio al Xacobeo y que comenzará el próximo día 23 en Génova, Italia. En total diez veleros participan en la actividad, que atravesará tres países a lo largo de cinco etapas: Génova, del 23 al 25 de Junio; Valencia del 1 al 3 de Julio; Sevilla del 8 al 10 de julio; Matosinhos y Porto, del 16 o 17 al 18 o 19 de julio, y Vigo, del 22 al 24 de julio. En ese tiempo la tripulación irá cambiando, ya que no todos realizarán toda la travesía, que dura un mes. A bordo de los diez grandes veleros que forman parte de la iniciativa pueden ir hasta mil personas como tripulantes aprendices.

Entre los que se sumarán a la aventura en su etapa final desde el país portugués está Silvia Lamelas. "Estoy contando los días", confiesa emocionada. En su caso solo realizará el último tramo, ya que por trabajo no dispone de tiempo necesario para hacer la ruta completa. "Ojalá. Me uno en Oporto y son unos cinco días hasta llegar a Vigo. Somos doce personas a bordo y para mí poder ir en un gran velero, en mi caso una Volvo, es una gran oportunidad", dice. Es aficionada a navegar y, de hecho, lo hace habitualmente con el velero Ushuaia de Sada. "Llevo más de seis años yendo a regatas. En la temporada de otoño-invierno participamos en el Grand Prix que se realiza por la ría de Ares, Sada y A Coruña", explica Lamelas, que señala que se enteró de esta ruta marítima por el periódico. "Lo leí en la Voz de Galicia y llamé para interesarme. Me acompaña mi pareja, que también forma parte de la tripulación del barco. Poder participar en esta actividad es muy emocionante", manifiesta.

Por supuesto, los participantes llegarán a la catedral de Santiago, punto final del viaje, aunque lógicamente no podrán hacerlo en barco. "Una vez finalice la ruta por mar en Vigo, está previsto continuar la excursión", indica Lamelas. Así los tripulantes serán trasladados en autobuses hasta el Monte do Gozo para hacer los últimos kilómetros a pie. A pesar de que no realizarán los 100 kilómetros establecidos para obtener la Compostela, los peregrinos marítimos si tendrán derecho al distintivo, que expide el Arzobispado compostelano, en reconocimiento a su esfuerzo para completar la travesía.

Antes de partir hacia Santiago, está prevista una gran celebración en Vigo por ser el broche de oro de la ruta marítima. El domingo 24 se realizara una parada naval en la ría con grandes veleros y un gran espectáculo aéreo. Los buenos datos obtenidos en otras experiencias marítimas, como Tall Ships, son para los organizadores claves a la hora de prever buenos resultados. Así, estiman contar 20.000 personas por etapa con un público total de 1.200.000. Además de por administraciones españolas, la regata cuenta con el apoyo de Israel o la Marina Militare italiana.

Caterina Devesa. La Voz de Galicia, 1 de junio de 2022.

martes, 9 de agosto de 2022

París recupera la mirada de Cabu al horror antijudío

Redada masiva de judios en el Paris de 1942, a través 
de la mirada de Cabu.

En 1967, el dibujante francés Jean Cabut Cabu descubrió, como muchos otros franceses, a través de la publicación de un libro, un episodio de historia nacional reciente, pero que había quedado convenientemente relegado a los cajones más remotos de la memoria colectiva: las masivas operaciones de arresto de judíos perpetradas en el verano de 1942 en París, conocidas como la Redada del Velódromo de Invierno. Cabu, entonces un dibujante de 29 años de fama incipiente, participó en la reconstrucción de esa memoria ilustrando para una revista ese episodio sombrío del relato nacional. En el 80º aniversario de la trágica redada, una exposición en París muestra por primera vez al público las potentes ilustraciones de un autor que acabaría siendo, él mismo, víctima del odio al otro. fue uno de los brutalmente asesinados en el atentado extremista en enero de 2015 contra la revista Charlie Hebdo, desde la que había combatido todo tipo de fanatismos. 

Entre el 16 y el 17 de julio de 1942, casi 13.000 hombres, mujeres y niños fueron arrestados en todo París en una operación policial francesa que respondía a un acuerdo entre el régimen colaboracionista de Vichy y las autoridades alemanas para aplicar también en Francia, la "solución final", es decir, su exterminio, decidido por los nazis. Unos 4.500 policías participaron en la amplia redada. La mayoría de los detenidos, sobre todo las familias, acabaron hacinados en el Velódromo de Invierno de París, en un primer paso hacia su deportación al campo de exterminio de Auschwitz, incluidos más de 4.000 niños. Solo unos pocos sobrevivieron.

De la redada del Vel d'Hiv, por su abreviación francesa, solo se ha conservado una fotografía tomada desde un lugar impreciso que muestra varios autobuses detenidos frente al Velódromo, un pabellón deportivo cerca de la Tour Eiffel. 

La documentación y los testigos de las redadas durante esos  dos terribles días de verano son abundantes. Pero no había más imágenes. Eso cambió en 1967. Ese año, la revista Le Nouveau Candide decide publicar extractos de un libro que acaba de ser editado y que promete conmocionar a una sociedad francesa que, hasta entonces, había mantenido en el olvido el terrible evento de 1942: La Grande rafle du Vel d'Hiver, de Claude Lévy et Paul Tillard.

Le Nouveau Candide le pide a Cabu que ilustre la serie. El encargo marcará de por vida a uno de los diseñadores gráficos más agudos y conocidos de Francia y dejará un testimonio clave de la redada, que el Memorial de la Shoah de París ha recuperado ahora en una exposición dedicada a las ilustraciones de Cabu por el 80º aniversario del terrible episodio, que hasta hoy genera controversia política.

La exposición trae por primera vez las 16 ilustraciones, una de ellas inédita, que Cabu elaboró en 1967. Aunque su famoso estilo está presente, el resultado es distinto a sus otros trabajos. Muestra el impacto que le provocó al dibujante  -"como un puñetazo en la boca", decía- un episodio que tampoco conocía hasta que recibió el encargo que, como contó en varias ocasiones, le provocó pesadillas mientras lo cumplía.

En blanco y negro, "sin palabras, pero comprensibles para todo el mundo", el diseñador transmite su estado ánimo ante una amenaza que muchos no son capaces de calibrar en su justa y terrible medida.

Silvia Ayuso. París. El País, 7 de ulio de 2022

lunes, 8 de agosto de 2022

Una luminosa Hansen-Love: La isla de Bergman

La soledad y el aislamiento del artista fue uno de los ejes dramáticos del cine de Ingmar Bergman. Sus personajes dedicados al arte, inspirados en sí mismo, rígidos, fríos, ególatras, a menudo con una extraña capacidad para la humillación, parásitos sociales que no dudaban en chupar la sangre de las vidas que tenían alrededor en pos de su propia creación, eran tótems inalcanzables en lo emocional. Poco que ver con los personajes artistas del cine de Mia Hansen -Love, que también los tiene, los de películas como El padre de mis hijos, Edén, y, en cierto sentido, El porvenir. Y, sin embargo, la directora francesa ha acudido al creador sueco en busca de inspiración para La isla de Bergman, estrenada en el Festival de Cannes de 2021, que llega a los cines españoles como la primera gran propuesta de autor para el verano.

La delicadeza de Hansen-Love apenas guarda relación con el rigor del autor de Como en un espejo y La hora del lobo, relatos comandados, respectivamente, por un escritor y por un pintor. Precisamente dos de las películas firmadas por el sueco en la isla de Farö, escenario único de La isla de Bergman, protagonizada por una pareja de cineastas que acude a su territorio de trabajo y de existencia, para acabar encontrando unos modos muy distintos de acercamiento a su iluminación temática, a su vida personal y a su concepto del arte. El personaje de Vicky Krieps, evidente trasunto de la propia Hansen-Love, reflexivo, sencillo, abierto a la vida e indeciso con su escritura, y el de Tim Roth, supuestamente la figura de la pareja, inexpugnable y absolutamente seguro de su capacidad para componer. Una coyuntura en la que parece imposible soslayar que, poco antes de abordar la película, Hansen-Love se había separado del director Olivier Assayas, con el que había compartido vida durante muchos años, y que además es experto en la obra de Bergman.

El poder del hombre y su frialdad surgen en una película de apariencia ligera, pero de una exultante hondura.

Javier Ocaña. El País, viernes 1 de julio de 2022

domingo, 7 de agosto de 2022

"Ir despacio es un lujo de la modernidad"

G. Koening con su montura e Florencia
A lomos de la yegua Destinada y siguiendo los pasos del filósofo Michel de Montaigne en 1580, Gaspard Koening (Neuilly-sur-Seine, Francia, 40 años) recorrió en 2020 Europa, desde Burdeos a Roma pasando por Alemania. Cinco meses, 2.500 kilómetros. Koening, fundador del laboratorio de ideas liberal Génération Libre, lo cuenta en Notre vagabonde liberté (Nuestra libertad vagabunda); no editado en español, es un libro de viajes pero también de filosofía. Y de política: al regresar decidió presentarse a las elecciones presidenciales de su país. No recogió el número de firmas suficiente.

P.- ¿Por qué a caballo?

R.- Cuando me apetece explorar filosóficamente un tema, pienso en un viaje, un reportaje, una aventura. Me permite mezclar las ideas con la realidad, la teoría con la práctica, como los filósofos griegos que se paseaban por la ciudad. Mi anterior viaje era por el planeta entero y trataba de la inteligencia artificial. Ahora quería hacer lo contrario que el mundo predecible de los algoritmos. Se trataba de introducir en nuestro entorno más próximo un elemento perturbador. Ir a caballo por Francia es el caos. Aunque es un país tan ordenado y regulado, nada está previsto.

P.- ¿El caballo crea el caos?

R.- Sucede lo inesperado. Aprendes a no planificar demasiado, a dejarte seducir por las circunstancias. También es una manera de aproximarse a la gente: hay que solicitar ayuda y el caballo atrae una cierta simpatía.

P.- Con el caballo vagabundea.

R.- El vagabundo no es un mendigo: ha decidido ser nómada. La gente le habla de sus cosas; es como un psicoanalista ambulante. Más que al objetivo, está apegado al camino, y lo disfruta. En un mundo tan regulado por la norma el Estado y por los algoritmos, es importante reencontrar la facultad de cambiar de dirección. Montaigne dice que es la mejor manera de no aburrirse. Dice que el aburrimiento es la línea recta, porque en la línea recta se ve el objetivo y cada nuevo paso es un paso perdido. En un camino serpenteante dentro de un bosque, no vemos el final y cada momento es una sorpresa, un descubrimiento; no te aburres.

P.- ¿Cómo se ve el mundo desde el caballo? 

R.- Lo primero es que estás arriba: ves muchas cosas que la gente no ve. Por ejemplo.la gente protege sus casas con setos de altura humana y desde el caballo se ve qué sucede dentro: tiene un lado voyeur. Lo segundo es que el olor del caballo es más fuerte que el del jinete. Con su olor, el caballo que no es un depredador, oculta el olor del ser humano que sí lo es. Por eso puedes ver más de cerca a los animales del bosque, ciervos o ardillas: estos no huelen al jinete, huelen solo al caballo, Y al no ser este un depredador no desconfían de él...

P.- ¿Sobre el caballo se redescubre la lentitud? 

R.- La gente me dice a veces. "Usted reencuentra así la lentitud de antaño". No es así. Montaigne hacía etapas tres veces más rápidas que las mías: cambiaba de caballo varias veces al día, iba acompañado de un equipo, avanzaba en línea recta por lo que hoy serían las autopistas. En aquella época se iba rápido, se buscaba la velocidad. Porque el deseo de velocidad apareció antes de la mecanización, como explicó el historiador Christophe Studeny en L'invention de la vitesse (La invención de la velocidad). La máquina de vapor se inventó porque había un deseo de velocidad, no a la inversa. Ir despacio es el lujo que nos ofrece la modernidad. Las cosas hoy son más seguras. En la época de Montaigne había bandas que recorrían el país y te podían desvalijar. Y tenemos más tiempo libre. Una conquista bastante reciente. Nuestros ancestros necesitaban ganar tiempo permanentemente, ir rápido. Nosotros, gracias a haber alcanzado este punto de prosperidad, podemos por fin tomarnos nuestro tiempo.

Marc Bassets. París. El País, martes 19 de julio de 2022.

sábado, 6 de agosto de 2022

Cromatología de la torre Eiffel

La torre Eiffel, como en el fondo todos los edificios, es un ser vivo. Su cuerpo de metal, ese mecano del hijo de Gargantúa compuesto por dos millones y medio de remaches, encoge y se ensancha como si respirase. La Torre encoge en invierno cuando el frío la hace contraerse hasta ocho centímetros. Y se ensancha en verano, cuando el calor la dilata. A medida que el sol le va dando en un costado u otro, se va inclinando, y en el tórrido año de 1976 el gigante de 10.000 toneladas llegó a efectuar una reverencia japonesa de 18 centímetros. Los vientos fuertes también hacen que se tambalee, e incluso vibre. Y también envejece, claro está, como todos. Se la construyó para que durase veinte años y se ha acabado quedando más de ciento treinta. Estos día hay una polémica acerca de si se está oxidando. También porque le están dando una nueva mano de pintura, y se la están dando de otro color, lo que siempre suscita partidarios y detractores. 

Será la octava ocasión en que la vieja dama cambie de color. Cada uno de esos tomos cromáticos es el de una época de Paris, como si, por una extraña mímesis, el color de la Torre fuese reflejo y resumen de la sociedad de cada tiempo. O, al menos, eso me parece a mí, que siempre intento fijarme cuando la veo en una reproducción. Por ejemplo, el tono marrón rojizo lo asocio con la Francia atormentada de las guerras de Indochina y Argelia, y el marrón grisáceo con el París que conocí yo, el de fines del siglo XX, aquella ciudad confiada y solemne, perdida en la contemplación de sí misma. El rojo veneciano con el que aparece en el famoso cuadro puntillista de Seurat es el color que eligió originalmente Gustave Eiffel, el que dio a muchas de sus obras de ingeniería, y que algunas aún conservan, como el viaducto de Garabit o el puente que hizo en Girona. En realidad, era el color que se daba por defecto al hierro para evitar, precisamente, el óxido; pero yo fantaseo con que el ingeniero habría tenido en cuenta también que ese pigmento era una variante del que utilizaban Tintoretto y Tiziano para el colorete de las cortesanas venecianas. En cambio, en el cuadro de la Torre que pintó "el aduanero Rousseau" ya se la ve de marrón rojizo y en de Signac de marrón ocre, de ese mismo tono que usaba Rembrandt en sus autorretratos y Vermeer para hacer las sombras. De joven, compré en París una postal que reproducía un cartel de la Exposición Universal de 1900 y ahí , sin embargo, se veía la Torre Eiffel con el degrado de naranja en la base hasta el amarillo en la cima que le dieron en esos años.

Por lo que sé, ahora se ha elegido para la Torre un ocre mostaza. No me parece mala idea. Es el color que ya tuvo en 1907 y 1954, el que se ve en el famoso cuadro de Delaunay, es uno de los colores del paisaje de la Provenza, la razón por la que Van Gogh se fue a vivir allí. Es el de los antiguos murales egipcios y el que usaba Modigliani para reproducir la piel humana. Y es el de la propia ciudad de París, que está hecha de la caliza en que se asienta, cocinada lentamente en el Eoceno. Es el color del Louvre, de los Inválidos, de la plaza de la Concordia, de los bulevares de Haussman. Es el color que eligió el propio Gustave Eiffel cuando se hizo evidente que la Torre se había convertido ya en parte del paisaje de la ciudad. Es, en definitiva, el color que tenía la Torre cuando Maurice Chevalier cantaba aquello de  "Paris ne serait pas Paris sans elle/Paris, mais c'est la Tour Eiffel".

Miguel -Anxo Murado. La Voz de Galicia, domingo 17 de julio de 2022.

viernes, 5 de agosto de 2022

El teatro XXL cabe en Aviñón

Cuando los griegos inventaron el teatro, las obras se representaban desde el amanecer hasta que caía la noche. En el teatro no, que se desarrolló en Japón a partir del siglo XIV, los dramas líricos duraban un mínimo de cuatro o cinco horas, durante las que se alternaban teatro, canto y danza. La nueva edición del Festival de Aviñón, que se celebra en la ciudad provenzal hasta el 27 de julio, se inscribe en esa tradición histórica con un par de obras de duraciones descomunales. La primera es Ma jeunesse exaltée (Mi juventud exaltada), del francés Olivier Py, que concluye con esta función, de 10 horas en total, su mandato como director artístico de este certamen, cargo que asumió en 2014. La segunda es una obra de Simon Falguières, convertido a sus 33 años en uno de los nombres pujantes de la escena francesa, que dirige Le nid des cendres (Nido de cenizas), una representación de 13 horas, 60 personajes y 200 cambios de vestuario.

Los dos parten de arquetipos teatrales para trasladarlos a la realidad del presente. Py narra las desventuras de un arlequín, personaje que ha atravesado cinco siglos en el teatro europeo, convertido aquí en un repartidor de comida a domicilio que se enfrenta a las últimas ramificaciones del capitalismo. El director teatral se inspiró en las interpretaciones que hizo Picasso de ese rol inventado por la commedia de l'arte, al que el pintor consideraba, igual que Py, la quinta esencia de lo que es un artista", por el combate permanente contra el orden social que escondían sus aparentes bufonadas. "Este tipo de obras solo se pueden representar en Aviñón. Aquí el espectador está más disponible, más concentrado para vivir estas aventuras", afirma el director. "No se vive la misma catarsis con una obra de una hora que con una de cinco o seis. En el segundo caso se instaura un vínculo con el público que no tiene nada que ver con el consumo e incluso con la idea del espectáculo".

Por su parte Falguières dirige una obra pensada como "una declaración de amor al teatro", llena de guiños a Homero, Molière o los hermanos Grimm, formada por siete capítulos en los que llevaba ocho años trabajando. En esta larga pieza de 13 horas, un personaje pretérito, la princesa Anne, y otro perteneciente al presente, el actor Gabriel, tratan de encontrarse a medio camino entre pasado y presente para salvar sus mundos respectivos. El director se inspiró en los folletines del siglo XIX y en el lenguaje de las series para encontrar un formato accesible fundamentado en el relato, y que a la vez permitiera contar con el tiempo suficiente para profundizar en sus protagonistas. "La larga duración acaba llevando a una especie de trance, tanto a los actores como al público. Sucede algo que nos transciende en el sentido poético. A veces uno tiene la sensación de estar en un sueño", afirma Falguières.

Para Py, el teatro no es la única disciplina artística capaz de hacer funcionar esos relatos largos. Para demostrarlo ahí están las obras literarias de millares de páginas o el llamado binge watching, la ingesta desmedida de episodios, tan de moda desde que el consumo de series se convirtió en poco menos que una droga. "La diferencia es que aquí no estamos solos en nuestras casas o delante de una pantalla, sino en una sala oscura llena de desconocidos y lejos de nuestro hogar. Es una experiencia de otro orden . En los próximos años se va a producir una lucha entre el mundo virtual y la vida teatral", pronostica el director.

En ese sentido, la duración descomunal  de estas obras puede ser entendida como un gesto militante. "Es una manera de confiar en la inteligencia del público, que ya quiere consumir solo productos prefabricados", concluye Py, que a lo largo de su mandato como director artístico ha tratado de dotar a este festival de una pátina política. "Hemos defendido a los migrantes, el feminismo, los derechos LGTBI. Hemos rejuvenecido al Público y hemos demostrado que este no es un festivalelitista para un puñado de entendidos. Hoy tenemos a un disidente de Putin, Kirill Serébrennikov, en el Palacio de los Papas. La fuerza política del festival es cada vez más importante", asegura su director saliente, que en 2023 será sustituido por el portugués Tiago Rodrigues... 

Álex Vicente. Aviñón. El País, miércoles 15 de julio de 2022,

jueves, 4 de agosto de 2022

Baudelaire: el irreductible

Charles Baudelaire (1821-1867) es tenido, con razón, por uno de los grandes modernos de la poesía, un iniciador de la modernidad con Las flores del mal, los Pequeños poemas en prosa o sus notas y escritos críticos como El pintor de la vida moderna, títulos capitales de la nueva literatura como Los paraísos artificiales, que llevaron a un crítico a decir que Baudelaire era "un nuevo escalofrío" en la literatura francesa...

¿Es esa la irreductibilidad a la que alude el título del ensayo -originalmente publicado en 2014- del conocido profesor franco belga Antoine Compagnon (Bruselas, 1950)? Sí, pero no. Nuestro libro está en la línea inaugurada por el autor con Los Antimodernos en 2005 (de 2007) cuyo subtítulo es imprescindible recordar; De Joseph de Maistre a Roland Barthes.

Pues si De Maistre es de antiguo reconocido como notable autor reaccionario, Barthes fue uno de los modernos del texto y la semiología, mediando el siglo XX, Compagnon, que tiene otros libros sobre el poeta, como Un verano con Baudelaire (2015), pinta minuciosamente, describe, analiza, todo lo que hizo de Baudelaire un claro antimoderno, notablemente su disgusto por hechos e inventos de la modernidad: su desprecio por el periodismo de gran tirada -como era La Presse-, su desdén por el daguerrotipo o la fotografía (pese a su sombreada amistad con el notable Felix Nadar), su horror ante la gran ciudad y las muchedumbres que la pueblan y  -no es poco- al fastidio ante el alumbrado urbano con gas, que daba mucha claridad. Bien que -digámoslo enseguida- nuestro Baudelaire no dejó de aprovecharse (o de intentarlo) de casi todas las novedades que le parecían mesocráticas y viles.

Baudelaire ve vulgar "el baño de multitud" -metáfora entonces nueva- o la horrible "tiranía del rostro humano", pero  -como Poe -sabrá utilizar esos ingredientes en su arte. Eliot cifró casi todo Baudelaire  (y su modernidad) en dos versos  de Las flores del mal : "Hormigueante ciudad, ciudad llena de sueños,/ donde el espectro asalta de día al viandante...".

Esa nueva imagen es para el poeta espejo de la gran ciudad ´"inmunda" (Benjamin lo estudió) que le lleva a rimar "cité" con "atrocité", ciudad--atrocidad. De modo semejante, la cámara oscura del fotógrafo y las largas sesiones del posado ("el suplicio del posado") son solo vulgaridad masiva, que -como si la foto sustrajera el alma- quitan al rostro matices. Pero como otros enemigos de la fotografía, Gautier o Flaubert entre ellos, posó par Nadar y para Carjat, y debió decir, a la postre, que podían llegar a ser artistas. Se dice que Baudelaire posó con "inmortalidad melancólica".

Los grandes periódicos -se enfadó con directores y redactores -le parecían un nido de mediocres (incluso Ardéne Houssaye, su viejo amigo de bohemia) pero quiso publicar sus nuevos poemas en prosa -lo más moderno del poeta- en el faldón donde iba el folletín en esos diarios.

Era por dinero -que siempre necesitó- pero no desdeñaba nuevos lectores, y aunque terminara rechazándolo, dedicó a Houssaye su Esplín de París que luego sería los Pequeños poemas en prosa. Y si la ciudad se hace "la gran barbarie iluminada por el gas", su explosión es positiva y negativa, ilumina a las putas del cieno de las calles, pero él no las desdeñó.

El París del Baudelaire final es el de lo tumultuosos grandes bulevares en construcción (que aborrece), el del gas, la fotografía y las vulgares multitudes, pero de todo ello -mal de masas que a veces subsiste- Baudelaire construye su arte nuevo, entre el desdén y el esplendor.

Del libro de Antoine Compagnon se infiere que muchos grandes modernos brotan del odio a la modernidad o de un desprecio que se torna análisis. Acierto sorprendente.

Luis Antonio de Villena. El Cultural, 23 de julio de 2022.

miércoles, 3 de agosto de 2022

En el Camino a Santiago

En los últimos treinta años, desde mi casa en Asturias -enclavada en el litoral cantábrico rayando con Galicia, a un paso del llamado Camino Francés- he podido contemplar el espectacular aumento de peregrinos que transitan el Camino de Santiago, lo que a menudo me llevó a evocar estampas y recuerdos de quienes, en distintas épocas, emprendieron un viaje que, a la aventura física, sumaba una experiencia espiritual.

Desde que Teodomiro obispo de Iria Flavia, descubrió en 813 los restos del apóstol y luego el rey Alfonso II el Casto mandó construir un templo en donde cogerlos y venerarlos, la peregrinación a Santiago suscitó tal fervor en toda Europa que llegó a movilizar a verdaderas masas: santos como Francisco de Asís, reyes como Luis VII de  Francia o Alfonso XI de Castilla, mecenas como Cosme de Médecis, la flor de la caballería -don Gaiferos de Mormaltán, el protagonista de los romances carolinos-, ricos burgueses de Flandes y de la isla de Francia, monjes y mendigos, ilustres viudas de Maguncia, Lyon o Bath, "y mucha gente humilde de las Europas, artesana y campesina, con sus pecados y sus esperanzas", según recuerda Álvaro Cunqueiro (Por el camino de las peregrinaciones). A tal punto fue así, que en cartas alemanas de la época a España se la llamó Jakobsland. En el marco de las guerras de cristiandad contra el Islam, viajaban no tanto a venerar la figura del peregrino de su propia tumba sino al Jacobo guerrero -Santiago Matamoros-,que montado en su caballo blanco y empuñando espada flamígera caía como un rayo sobre sus enemigos.

Factores histórico-políticos, económicos, religiosos y culturales explican un fenómeno que el escritor holandés Cees Nooteboom -en su incesante y extraordinario peregrinaje, hecho de serpenteos, fugas, cavilaciones y retornos casi laberínticos, El desvío a Santiago (1980-1990)- definió como una de las arias de locura de la ópera europea, una gigantesca migración de ida y vuelta, un movimiento de millones de peatones, una corriente interminable de millares de peregrinos de todas las tierras de la cristiandad", semejante a un ejército de paso durante siglos, constantemente...".

El Camino de Santiago se convirtió en uno de los vehículos de la cultura europea de entonces, dejando honda huella en nuestra lengua, según puede apreciarse en la toponimia de los enclaves y espacios que sembraban el Camino (santuarios, iglesias, ermitas, conventos, hospederías, posadas...), o en los letreros de otros establecimientos. Nuestro arte románico -sobriedad, desnudez, luz- no se explicaría sin este fenómeno, como tampoco la primera lírica refinada y culta en lengua romance de la Península, la poesía trovadoresca galaico-portuguesa, que "prendió al contacto de chispas traídas de Provenza por los devotos romeros de Santiago", como escribió Unamuno en 1912.

martes, 2 de agosto de 2022

La exposición Guerre en París recuerda a Ucrania

Entre las plazas de los Vosgos y la Concordia, la calle Rivoli de París atraviesa lugares tan emblemáticos como la Tullerías, el Louvre, el Pont Neuf o grandes almacenes como La Samaritana. En estos tres kilómetros, todo el esplendor arquitectónico, histórico y comercial se embarulla con lo más chabacano del circo turístico, con cadenas de cafeterías y tiendas de suvenires que parodian los estereotipos de la capital francesa hasta lo denigrante. En medio del tráfico, compras y visitas guiadas, la fachada del número 59 destaca como un incómodo recordatorio: banderas, grafitis y pancartas aluden a la guerra que asola Ucrania y engullen al peatón hasta un universo artístico paralelo.

Rivoli59 es como se conoce este emplazamiento que acoge a artistas de todo el mundo en residencias permanentes y temporales. Como nos cuenta su fundador, Gaspar Delanoë, todo comenzó en 1999, cuando decidió okupar este céntrico edificio abandonado y organizar un colectivo artístico: "Nuestro objetivo era utilizar un espacio fantástico, que estaba desperdiciado, y desarrollar nuevos proyectos. Hasta el 2002, algunos vivimos aquí y otros muchos formaron talleres de trabajo". Entonces el ayuntamiento les ofreció legalizar la situación, adquirió formalmente el edificio y, tras remodelarlo, se lo continúa ofreciendo como un lugar de trabajo, con la condición de que nadie resida en el inmueble. "En la calle todo tiene un precio, todo vale dinero, pero aquí nuestro objetivo es desarrollarnos y dar a conocer nuestra obra", reivindica Gaspard, a pesar de que también es evidente  de cómo la gentrificación del centro urbano adultera esta iniciativa okupa, paradójicamente permitida.

"El criterio es maximizar la diversidad atendiendo a edad, paridad de género, disciplinas artísticas y nacionalidades, sin motivos artísticos cuya calidad solo puede decidir el tiempo" explica Delanoë. Cuadros, fotografías, esculturas y collages reflejan esta variedad desde cada estudio, ante un público cauto y sorprendido.

El bajo y entresuelo del edificio ofrecen un formato distinto. Allí nos recibe Nikita Kravtsov, un artista ucraniano a cargo de la exposición temporal Guerre que durante las dos últimas semanas muestra obras de más de treinta artistas con el conflicto de Europa Oriental como eje central. Nacido en Crimea, Kravtsov dejó su país en 2014, cuando Rusia se anexionó esta península del Mar Negro. "En cuanto comenzó la guerra, Gaspard me llamo y me dijo que yo debía organizar la siguiente exposición temporal". Le llevó alrededor de tres semanas contactar y recopilar decenas de trabajos, con artistas franceses y ucranianos como protagonistas  aunque también hay presencia mexicana, rusa e iraquí.

"Lo esencial es mostrar que Ucrania es un país como otro calquiera  que no se trata de apiadranos  de ellos con ayudas y después olvidarlo, sino de integrarlo", comenta Kravstsov. Conoce su contexto, sus motivaciones y su intención, que justifica su distribución en esos dos pisos: "El público francés es bastante conservador y por eso la entrada debe ser más amable y provocadora para dar paso a una segunda parte mucho más cruda, con imágenes de violencia y masacres", señala sobre una colección de fotos de las fosas comunes de Bucha. La colección oscila entre collages realistas (algunos de ellos elaborados por el propio Kravtsov y su pareja, Camille Sagnes) y obras de corte más punk no exentas de ironía...

Traer la mayoría de estas obras supuso un reto logístico que Kravtsov resolvió gracias a sus contactos en Urania y a los viajes humanitarios de distintas organizaciones. Una de ellas es Ucranie Amitié, con sede en Burdeos, que recoge fondos para enviar al país eslavo en forma de equipos o ayuda humanitaria. Precisamente para ellos será el 50% de lo recaudado en las ventas de la muestra de Rivoli59...

Tanto Kravtsov como Delanoë consideran que la exposición ha sido un éxito: "Hemos recaudado una buena suma, pero lo fundamental es que nadie olvide lo que está ocurriendo", añade Kravtsov, mientras pierde la vista en la estampa veraniega y turística de la calle.

Brais Suárez. París. La Voz de Galicia, lunes 11 de julio de 2022.

Brais Suárez. París. La Voz de Galicia, lunes 11 de julio de 2022.

lunes, 1 de agosto de 2022

La sombra de una mentira

Interesante capacidad reduccionista la del guionista, director y actor belga Bouli Lanners en Un amor en Escocia, su quinto largo como autor y su primera incursión en inglés. En el filme cuenta con la actriz irlandesa Michelle Pairley -Catelyn Stark en Juego de tronos- y se reserva para sí el otro rol protagonista. Es una película de amores a la que se despoja de interferencias corales y complacencias varias, algo que suele ser frecuente y tópico en las tramas sentimentales. Con el recurso del incomparable marco del paisaje escocés más calmo y apagado, el espectador hallará una propuesta original que habla de verdades, de mentiras, de secretos ocultos, de silencios impostados, en fin, de culpas y remordimientos... todo en torno a dos personas maduras, quizá demasiado sumidas en la soledad, pero al cabo, si no almas gemelas, sí almas destinadas a comprenderse. Ella, hija del dueño de la hacienda, empleada en una inmobiliaria, está señalada en el pueblo por su soltería. Él es un empleado del padre de la mujer, un tipo hablador que se dedica a cercar la propiedad.

Un mal día el hombre sufre una apoplejía que le deja secuelas, una pérdida de memoria que puede ser transitoria. A su regreso del hospital, ella se ofrece a cuidarlo. Le dice que antes del accidente cerebrovascular habían sido amantes, cosa que, lógico, él no recuerda. La anotada reducción de Lanners a la historia de ambos se manifiesta con ajustados apuntes emocionales que afectan al sobrino de ella, al hermano de él e incluso al patriarca, pero sin cargar tintas, solo pinceladas de trazo firme. Es más, en sendos oficios religiosos -incluye un funeral- vemos un buen número de vecinos  -feligreses, si se prefiere- pero apenas muestra el caserío. Y se agradece porque basta imaginarlo. El foco está en la zozobra afectiva de ambos, que no detallaremos para evitar spoiler, pero que el guion conduce con inteligencia hacia un desenlace en absoluto manoseado y contenido, sin llamar a la puerta del lagrimeo coyuntural.

Como culminación, la placidez se adueña del conjunto, dejando en el aire una sensación de filme adulto, honesto, de los que ya se hacen pocos.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, domingo 26 de junio de 2022

domingo, 3 de julio de 2022

Tiempo de viajes: ¿ Marruecos o Colliure?

En los calurosos días de mayo de verano anticipado, que hemos vivido hasta en la brumosa Galicia, los planes y proyectos de viajes son inevitables. Es el momento de pensar y preparar el destino para los que puedan disfrutar de un cambio de aires y más aún después de dos años en los que hemos aplazado o acortado las salidas. Las propuestas que aparecen en el título del artículo se engarzan en varios hilos sueltos que dejaron no solo mis lecturas, también algunas vivencias personales. Uno al norte, otro al sur, en los extremos de la península ibérica.

...mi madre es el vivo retrato de Mathilde, su misma fuerza,
su determinación...
A Marruecos, me lleva una lectura sobre la que ya he escrito hace casi un año, Le pays des autres de la escritora franco-marroquí  Leila Slimani. También con esa novela cerramos hace uno días el curso de nuestro club de lectura en la Alianza Francesa de Santiago de Compostela. En 1944, la joven francesa, de Alsacia, Mathilde,  se enamora de Amine Belhaj, un marroquí enrolado en el ejercito francés. Después de la Liberación, la pareja se instala en Marruecos, en Meknès, ciudad de militares y de colonos. La novela se extiende durante diez años  en los que la tensión entre los colones y los marroquís va en aumento hasta la independencia del Protectorado en 1956. Figura en el blog un artículo, archivado en  Leer y pensar con el título del libro. Si vuelvo a él es por el paralelismo  que me toca muy de cerca. Cuando Mathilde y Amin se establecen en Meknès, otra pareja llega a Tetuán,  capital del Protectorado español. Se acaban de casar en una aldea de la provincia de Orense. Se llaman Pilar y José. Son mis padres. Sin oficio, mi padre, combatant como Amin en una guerra reciente, la guerra civil de España, se queda en el ejército 12 años. Pedía los destinos más lejanos, mejor pagados, mientras construía su familia. Mi hermano nace en Tetuán. Dos años después, en1948, nazco yo, en un pueblo de alto Ampurdán. Mi padre no se parecía en nada a Amin. Por el contrario, mi madre es el vivo retrato de Mathilde, su misma fuerza de carácter, su determinación, su empeño en lograr una vida mejor para sus hijos. También su belleza y su encanto. Ella nos hablaba con frecuencia de Marruecos. De sus temores en los primeros meses, viviendo en el barrio moro. De la magia de la ciudad europea, de sus mosaicos y sus jardines. La foto vestida a la usanza local habla por sí sola.

Muchos años después, poco antes de mi jubilación, tuve un alumno llamado Anás. Sus padres fueron de los primeros procedentes del Maghreb que vinieron a mi ciudad.. Se dedicaban e la venta ambulante por los mercadillos de la provincia. Ya entonces, Anás les ayudaba los fines de semana. Hoy sigue en el negocio familiar. No era un alumno brillante. Siempre que podía me hablaba de sus dos grandes pasiones: la música y Marrakech, donde le esperaban una casa y su familia. Componía canciones de rap que colgaba en YouTube.  Me pedía ayuda para las letras con las que quería reivindicar el orgullo de sus orígenes. Era muy agradecido con los simples versos que le sugería, todos rimando en é: Marrakech, Marrakech, mon pays adoré, je veux rentrer...  Me miraba asombrado,  susurrando esta sentencia: "Eres una gran poeta".

El recuerdo de este alumno peculiar se hizo presente hace unos días con el artículo de los dos arquitectos franceses, Fournier y Marty,  establecidos en Marrakech: Buscar y encontrar el Edén en Studio Ko. Algunos de sus trabajos para los jeques árabes son invisibles para nosotros. Pero si se puede apreciar los que hicieron en lugares públicos como el Café de la Poste, hoy el más popular de Marrakech. O en  las villas que levantaron, dando una visión contemporánea de la arquitectura tradicional, usando materiales como el barrio y la arcilla, integrando la arquitectura al paisaje. Esta ha sido la última llamada para que no olvide uno de mis viajes pendientes y que en este momento sigue siendo un proyecto.

El otro lugar que hace mucho que deseo visitar es Colliure. Machado es el poeta que más me ha acompañado desde niña. Su tumba, en el pequeño cementerio de esta localidad, es una de las más visitadas del territorio francés. Y son muchos los españoles que han peregrinado hasta allí. Fue un punto de encuentro de exiliados y de intelectuales republicanos. Grupos escolares de centros de todos los lugares han dejado su recuerdo en el pequeño cementerio: plantas, flores y hasta placas con los nombres de esos institutos de enseñanza que quisieron honrarlo no solo como poeta, también como profesor. Mi hija, la gran viajera de la familia, así me lo contó y hasta me hizo un reproche de no haberme detenido "alguna vez de tantas en las que  cruzaste la frontera". "Se echa en falta el nombre de vuestro instituto". Para reparar ese "descuido", ella y su hermano me habían preparado un viaje sorpresa con motivo de mi jubilación. Un inesperado y feliz acontecimiento familiar pospuso el viaje una vez más.

 Hace unos años, durante el Gobierno de Zapatero, hubo una gran polémica en torno a esta tumba y se habló de su traslado a España. Dos artículos publicados en El País, uno en 2019, el segundo. en febrero de 2022 nos informan sobre esos últimos meses de Machado en Colliure. El primero, Antonio Machado en el andén del exilio, firmado por Vicens Giménez es un relato de la llegada del escritor con sus familiares a la estación de Colliure: "El 28 de enero de 1939 se bajaron en la estación de Colliure cinco personas que media hora antes se habían subido al tren en Cerbère, el primer pueblo de la costa francesa por el lado oriental de los Pirineos. Eran Antonio Machado, su madre, Ana Ruíz, su hermano José con su mujer Matea y el escritor Corpus Barga, que los había ayudado a salir de la ratonera en que se había convertido el paso fronterizo de Els Balitres. El jefe de estación les indicó el mismo hotel donde se alojaba él, el Bougnol-Quintana, a 10 minutos a pie siguiendo una avenida en dirección al mar. José ayudaba a su hermano Antonio, que caminaba a duras penas. Padecía del corazón y tenía asma: mal panorama para un fumador empedernido que había pasado varias horas bajo la lluvia"...

El destino final de Machado era un exilio en Cambridge, es el título del artículo publicado el 24 de febrero de  2022. La firmante del artículo, Eva Saiz, escribe sobre  unas jornadas celebradas en Sevilla, en febrero de este año. En ellas, la sobrina nieta de Machado, Mercedes de Lecea ha desvelado el contenido de las 19 cartas que el poeta recibió durante las semanas en las que estuvo en Colliure. Mercedes de Lecea ha estudiado las cartas durante un año y medio, intentando reconstruir cómo fue su estancia en Colliure,  descubriendo así que el destino de Machado no era La Unión Soviética, como hasta ahora parecía ser la conclusión final sino Cambridge, en el Reino Unido.

 Estos días azules y este sol de la infancia. Esos versos escritos en un papel arrugado, encontrados en un bolsillo de su gabán, esos versos inspirados por la luz y por el cielo de Colliure son los que mantienen mi esperanza de un viaje, por ahora, imaginado.

Carmen Glez Teixeira

Leer y tejer empieza sus vacaciones. Estaremos de nuevo aquí en agosto. Feliz verano.

sábado, 2 de julio de 2022

Feliz paisaje

El Hotel des Horlogers
El pueblecito suizo de Le Brassus está escondido en un valle entre montañas en la frontera con Francia y hasta hace no tanto, cuando nevaba, se quedaba aislado durante todo el invierno. Sus habitantes tenían que buscarse una ocupación e, instalados en talleres que montaban en los luminosos altillos de sus granjas,  no tardaron en hacerse famosos por su habilidad relojera. En 1875 se fundó Audemars Piguet, hoy fabricante de relojes que han hecho historia -este año celebra el 50º aniversario de su Royal Oak-, y este junio la firma reabre  un establecimiento mítico en el pueblo: el Hotel des Horlogers.

No esperen el tradicional pintoresquismo alpino. El nuevo Hotel des Horlogers es una estructura de hormigón, madera y cristal cubierta de vegetación, como excavada en la ladera, y con vistas al valle. Es un proyecto de BIG -estudio del célebre Bjarke Ingels-, al igual que la espiral acristalada que aloja el museo Audemars Piguet, a pocos metros de allí. "Todo está interconectado", dicen desde el estudio de Ingels. "El techo está en cuesta, está pensado como un lugar público. ¡Debería poderse esquiar sobre él!". Por supuesto, la sostenibilidad es clave y la huella del carbono, mínima (el hotel sigue el exigente estandar  Minergie). El aspecto neobrutalista del edificio y las habitaciones tampoco son un capricho estético: se utiliza hormigón, una especialidad local, pero aligerado con madera. "Estos materiales expuestos evitan usar pintura o papel pintado en las paredes", indican. Tampoco se utilizan disolventes, ni ningún tipo de plástico, ni papel (esto último, excepto en las habitaciones).

Lo sostenible  no se limita al aspecto arquitectónico. "Quiero poner la montaña en el plato", afirma el chef del restaurante, Emmanuel Renaut. El francés, un tres estrellas Michelin, trabaja con la vegetación autóctona y va cambiando el menú según la la estación: introduce espárragos blancos del valle durante tres semanas, por ejemplo, flores azules cuando aparecen, o mezcla hojas de pino con sal. El restaurante llamado Le Gogant- es moderno y con vistas, pero su intención es mantener el espíritu de bistró local. Un poco más adelante llegará La Table, la versión, usando el argot del periodismo especializado, gastronómica: una sala para un máximo de diez comensales donde Renaut echará el resto. En ambos establecimientos, sin embargo, rige la misma norma: "Los ingredientes son más importantes que la receta".

Más que cultivar el lujo estratosférico, el Hotel des Horlogers es un cuatro estrellas que busca servir de punto de encuentro para los habitantes de Le Brassus y para la industria relojera de la zona, además de dirigirse a amantes de la relojería y viajeros en busca del aire libre y deportes alpinos. En realidad no hace falta excusa: vale la pena visitarlo expresamente.

Daniel García. Recibidor. Desing. El País

viernes, 1 de julio de 2022

El diseñador gallego que triunfó en Cannes

Caasi Sera (Foto:Fabien Ficher )

Tiene solo 22 años, pero sus prendas ya han conquistadoa estrellas de la talla de Beyoncé, que vistió a su hija mayor, Blue Ivy, con top diseñado por él para la Sper Bowl del 2020. Ahora, el coruñés Isaac Seara, que trabaja bajo el nombre de Caasi Sera, acaba de cumplir otro de sus sueños, ya que sus diseños han llegado al Festival de Cannes. "Es una satisfacción enorme", explica el joven, que actualmente reside en París, donde acaba de terminar sus estudios de moda en la Prestigiosa escuela ESMOD.

La oportunidad le llegó estando en la ciudad herculina. "Justo estaba mandando currículos cuando me escribió un estilista francés, que ya me había contactado con anterioridad, y me dijo que le interesaban mis diseños para el look de la influencer Sissy Mua. Le propuse varias opciones, pero elidió un vestido. Como yo no estaba en París, tuve que avisar a una amiga para que fuera a casa y lo recogiera. No sabía si se lo iba a poner o no , porque suelen elegir varias prendas y luego deciden. Mi sueño era vestir a alguien para los Goya en España, así que esto es un sueño cumplido, porque en Cannes están todas las grandes estrellas. Han ido Julia Roberts y Anne Hathaway, entre otras actrices", asegura. En concreto, la fashion girl lució un vestido negro con una gran cola. "Lo hice yo de principio a fin. No sé cuántas horas tardé en coserlo. Utilicé veinte metros de tela y la cola es super larga, por lo que luce mucho. Después en el cuello lleva una pieza bordada sobre tul con miles de cristales de Swarovski y cosida con hilo de oro.

La prenda forma parte de la colección Le Dernier Éclat (El último brillo) que el gallego realizó inspirado por la relación entre la fama y la muerte. "Por un lado representa el glamur, la frivolidad y el exceso de ese mundo de lujo y, por otro expresa cómo vivimos de espaldas a la muerte", explica. Un concepto que desarrolló como autocrítica: "Tengo tendencia a idolatrar a las celebridades, es un mundo que me encanta, pero con esta colección quería también hacer autocrítica porque todas las personas somos iguales, y prueba de ello es la muerte, que a todos nos va a llegar. Hoy puedes estar arriba, en lo más alto, y mañana abajo".

Tras este logro, el coruñés que dio que hablar en la boda de Pilar Rubio con Sergio Ramos por firmar el diseño de una de las invitadas y que también vistió a la influencer Dulceida, además de  la presentadora gallega Lucía Regueiro, continuará formándose en París. "Vivo esto como una experiencia más, pero sigo con los pies en la tierra. Vine a París porque me quería especializar en alta costura, y he decidido quedarme porque concibo la moda como arte y aquí tengo más oportunidades para trabajar con otros diseñadores", indica el joven, que confiesa que su aspiración es tener su propia marca. De momento no va mal encaminado.

La Voz de Galicia, sábado 18 de junio de 2022.

jueves, 30 de junio de 2022

Aquella infancia ucrania de Irène Némirovsky

Irène Némirovsky y su madre

Enero de 1914. El Orient Express corre a toda velocidad de Odessa a París. La niña de 10 años espía el pasillo del tren y ve a su madre alejarse hacia el vagón-restaurante del brazo de un joven apuesto. Entonces la niña, que viaja sola con su madre,  entra en el compartimento, coge la enorme muñeca que por Navidad le regalaron sus padres y sus abuelos que celebraban tanto las fiestas judías como las ortodoxas, y la tira por la ventanilla sobre la infinita superficie nevada. La muñeca tiene una melena larga y rubia como su frívola y despiadada madre.

Aquella niña ucrania, llamada Irina Nemiróvskaia, observa la blancura del paisaje y piensa en el barrio elegante de Kiev donde vive, a dos pasos de los palacios imperiales. Desde su balcón miraba los innumerables parques de la ciudad que descendían la colina en terrazas sucesivas hasta llegar al río. En verano acompañaba a su estimado padre en cruceros por el Dniéper. De noche se dejaban mecer por las olas, de día visitaban pueblos en los que su padre tenía negocios con los terratenientes ucranios. A Irina, aquel mundo rural le parecía descuidado y le recordaba las descripciones de los paisajes y los pueblos que leía en los libros de Gógol Taras Bulba y Las veladas de Dikanka. Gógol era su escritor ucranio predilecto. El esto del verano recorría su soleada Kiev barrida por el viento del Cáucaso: con su institutriz francesa subía las calles empinadas, caminaba por los bulevares amparados por hileras de tilos y castaños que protegían sus ojos del brillo de las cúpulas doradas de las iglesias.

Desde el Orient Express la niña observa la llanura invernal y recuerda la reciente celebración del Año Nuevo en Odesa. Su abuela preparó unos deliciosos zakuski de salmón, caviar, pastas y pepinillos, que todos regaban con champán e incluso Irina probó unos sorbitos. En Odesa, cada mañana solía bajar con su abuelo al animado puerto por la inmensa y helada escalera que más tarde reconocería en la película El acorazado Potemkin, de Serguéi Eisenstein. 

El Orient Express lleva a Irina con su madre de compras a París. Sin la muñeca se siente como si tuviera alas. Mira la nieva que lo cubre todo como el olvido y aún no sabe que pronto estallaría una guerra mundial y que su familia huiría de Kiev y del ambiente cargado de disturbios que más tarde desembocarían en la revolución. Tras pasar un tiempo en San Petersburgo, donde residirían en la misma calle que el joven Nabokov, la familia decidiría huir de la revolución a Finlandia y de allí a París. En la capital francesa, Irina Memiróvskaia se convertiría en Irène Némirovsky. Viviría allí el resto de su corta vida: dos décadas llenas de escritura y de éxitos, con dos hijas y un marido cariñoso que pasaba sus manuscritos a máquina. Su madre cobraría vida en la mayoría de sus novelas como una mujer mundana, vacía y cruel.

Irène hizo caso omiso a su padre cuando intentaba persuadirla de que se trasladase a Estados Unidos, donde el antisemitismo no había arraigado; la escritora tenía una fe ciega en la integridad ética de Francia. Solo se arrepintió de no haber escuchado a su padre cuando ya era demasiado tarde: tras la ocupación alemana, ella y toda su familia se vieron perseguidas. En verano de 1942 la detuvieron y la enviaron a Auschwitz. Un mes después, la autora de Suite francesa -su gran novela póstuma- moría a los 39 años.

Mónica Zogustova. El País Semanal.

miércoles, 29 de junio de 2022

Espido Freire: ¿Qué me traje del Camino?

Espido Freire

"Hice el Camino en 2008, desde Roncesvalles hasta Finisterre, en 26 días, que no está mal. ¡También tenía 30 años! "Lo hice en septiembre, para mí, el mejor momento. Aún no hay lluvias ni temperaturas muy frías en Navarra o en Galicia. La zona de Catilla fue la más dura: pega mucho el sol. Pero en septiembre es tolerable. Y me había preparado caminando antes por Madrid. Iba con el calorazo del verano y mis botas puestas. ¡Un poco ridículo!".

En mi entorno había apuestas sobre si acabaría o no. Pero sabía que podría. Y si no, no pasaba nada. No se trata de batir un récord sino de vivir una experiencia y ser bonna fide, tener cierta bonhomía y ayudar al otro. Aunque fui así educada, no soy creyente".

"En el Camino algunos buscan una experiencia espiritual; otros, deportiva... También hay historias conmovedoras: gente que busca cumplir una promesa o paliar un dolor. Recuerdo una pareja que había perdido a su hija. Hacían el Camino para compartir algo juntos, más allá del dolor. Lo hacían con una disciplina y una dignidad enormes". Desde que era cría, la gente tiende a contarme sus historias. Y ya como escritora con más razón: sienten que te regalan un testimonio".

"Hacer el Camino tenía para mí el sentido de recuperar un trayecto de infancia: el que hace una niña desde Euskadi hasta Galicia, que sigue la ruta hasta Santiago. Yo buscaba sumergirme en los recuerdos, y aunque llegué a Santiago y seguí hasta Finisterre, para mí el final fue llegar a la casa de mis abuelos, en una aldea por Oza de los Ríos, cerca de Betanzos. Allí estaban casi todos mis primos y mis tíos y estuvimos recordando otros peregrinajes de mis familiares".

¿Qué me traje del Camino? "Material, nada. De hecho, dejé la mitad de lo que llevaba por el camino. Me traje, sobre todo, una sensación muy peculiar: tener más claro quién era yo que era algo que se había desdibujado en el paso de mi primera juventud a la edad adulta. Y yo, que soy agnóstica, me traje una lección también: que no puedes controlarlo todo. Y que ocurriera lo que ocurriera, yo podría sobrevivir".

El camino en primera persona. Xunta de Galicia. Xacobeo 21-22.

XL Semanal, 14 de junio de 2022.

martes, 28 de junio de 2022

Memorias de un vendedor de cuadros

Ambroise Vollard retratado por Cézanne

Ambroise Vollard fue retratado varias veces por Picasso, Cézanne y Renoir ¡una de ellas vestido de torero! También por Bonnard, Valloton y Duffy, entre otros muchos pintores. Pienso que bastaría con este álbum familiar  para convertir en multimillonarios a sus herederos. Los retratos prueban la amistad y sin duda el agradecimiento, que unió a este "vendedor de cuadros" con un pléyade de artistas que hoy consideramos.

 No sé si se ha escrito ya una "Historia del arte moderno a través de sus galerías", pero sacaríamos de ella enseñanzas provechosas. Por ejemplo, comprobar hasta qué punto el reconocimiento y la valoración de las sucesivas tendencias del arte ha debido más a los galeristas que a los críticos. No sólo porque en muchos casos fueron ellos quienes supieron reconocer antes el interés de un nuevo lenguaje, sino porque es difícil consolidar una reputación sólo a través de juicios estéticos. Al menos en el siglo XX, el establecimiento de un artista lo construyen sus ventas. 

Esa hipotética Historia que he mencionado antes debería empezar citando tres nombres: Paul Durand Rouel, Ambroise Vollard y David Henry Kahnweiler. Las primeras vanguardias las que van del Impresionismo al Cubismo, pudieron verse por vez primera en los escaparates de sus tiendas. En concreto, Vollard fue un defensor entusiasta del impresionismo, el valedor insustituible de Cézanne y su nombre ha quedado definitivamente ligado al de Picasso por la Suite Vollard. la impresionante serie de 134 grabados que el galerista le encargó en 1930 para una de sus carpetas... 

Ambriose Vollard nació en la isla francesa de Reunión, en 1868 y murió en un accidente de tráfico en Versallesen 1939. Se crió en una familia acomodada y su relación con el arte surgió ya en su seno: su abuelo había querido ser pintor y al propio Vollard con solo cuatro años, le recuerdan coleccionando objetos que hallaba en el jardín. Para agradar a su padre, comenzó a estudiar leyes, pero tras dos cursos abandonó la carrera y empezó atrabajar en diversas empresas de comercio artístico. En 1892 se instaló en una modestísima vivienda en la Rue Laffite ("la calle de los cuadros") y empezó con apenas recursos su carrera de marchante.

La primera obra que compró fue un boceto de Degas, por el que pagó a su viuda diez francos. Su estrategia fue siempre comprar grandes lotes de cuadros y así obtener precios más ventajosos... Comerció con obras de Matisse, Gauguin, Van Gogh, Vlamint, Mary Cassatt y un largo etcétera. Empeñado en demostrar el valor de Cézanne, rechazado por la crítica y mirado con sospecha por la mayoría de los pintores, le organizó una exposición con 150 obras en 1895 de las que no vendió ni una sola. En 1907, dos años después de su muerte, una retrospectiva le convirtió sin embargo en la piedra angular del cubismo. Expuso en 1902, sin apenas lograr ventas, a un Pablo Picasso de 20 años. Recordándolo, diría tiempo después: "Se rechaza cada obra de Picasso hasta el día en que la admiración sigue al asombro". Y es que la implantación de esas novedosas formas de pintar dio lugara que, en los primeros veinticinco años del siglo XX, los cuadros de muchos de estos artistas multiplicaran por cien sus precios. 

Conocemos todos estos pormenores gracias a las Memorias de un vendedor de cuadros (1936), publicado en España en 2022 (Renacimiento, traducción de Rafael Vázquez Zamora). Un libro que a instancias de un editor norteamericano, Vollard redactó como si se tratara de una larga charla. N o hay en él "ni una palabra de crítica de arte" como le reprochó algún lector. Y sí mucha vida. Leyéndolo, accedemos a la intimidad maniática de los estudios, conocemos las dudas de los compradores, acompañamos a Vollard en sus peripecias para llegar a ciertos coleccionistas... Entre las muchas frases lapidarias de este libro, me quedo con esta: "Un cuadro es lo que oye más tonterías del mundo".

José María Parreño. El Cultural, 22-4-2022.

lunes, 27 de junio de 2022

"Tout nous sourit"/ Un lío inesperado

La comedia de enredo no es, en general, una especialidad en la que el cine francés acostumbre a destacar. Además el humor galo conecta tirando a mal con mentes que no contengan ADN galo. Lo decía Lubitsch en una frase contundente, celebrada en sus memorias por Jean Renoir: "Los franceses son los únicos que entienden sus chistes". Claro que hay excepciones, tipo Jacques Tati o Louis de Funès que era, por cierto, hijo de madre gallega, de Ortigueira.

Pero no seamos erráticos. Un lío inesperado quiere ser comedia, pero resulta una experiencia abrupta, antipática y cargada de amargura, por mucho que tenga un happy end con falsa poesía y tirando a tontorrón. La cosa va de una familia en la que todos mienten, a excepción de los abuelos que se aman mucho. En la pareja protagonista están aburridos uno del otro y se engañan el mismo día, a la misma hora y en el mismo sitio que es la casa de veraneo familiar. Allí van a parar todos como si fueran elefantes en trance moribundo. Primero llega él (Stépfane de Groodt), cincuentón casi sexagenario que no quiere envejecer, acompañado de una chica que si no es menor lo parece. Luego llega ella (Elsa Zylberstein) con un pizzero -tal cual, no había butanero- italiano. Allí se los encuentran los abuelos -lo mejor, los grandes Guy Marchand y Anne Benoit en dos papeles imposibles- y los tres hijos adolescentes con sus amigos, aprovechando que, supuestamente, los papás están en viajes de negocios o en conciertos carrozas.

Espantoso sería poco. "Sin sensibilidad no hay belleza", escuchamos citar. Y aquí no hay ninguna de las dos cosas.

Eduardo Galán Blanco. La Voz de Galicia, viernes 24 de junio de 2022.

domingo, 26 de junio de 2022

Alain Badiou. Observaciones sobre la desorientación del mundo

Alain Badiou (Rabat, de 85 años) es uno de los filósofos franceses vivos más influyentes en el mundo. Es un intelectual peculiar, un ave extraña: no ha renegado del comunismo ni- más exótico aún- del maoísmo. El autor del monumental El ser y el acontecimiento es el último de una estirpe que tiene en Sartre, Lacan, Althusser... a algunos de sus antecedentes, sus "maestros", como señala el profesor Jordi Riba en Alain Badiou: lo político y la política (Gedisa, 2021). Se le estudia como a un clásico, pero él no deja de producir. En francés acaba de publicar, en la editorial Gallimard, el opúsculo Observaciones sobre la desonrientación del mundo.

De cerca impone. Tiene un aire de profeta bíblico. O de intelectual de otro tiempo, un tiempo de intelectuales a los que se escuchaba y que a menudo, en sus opiniones políticas, se equivocaban espectacularmente.

P,- "Estamos desorientados", escribe usted. ¿Qué nos desorienta"

R.- La desorientación son aquellos momentos de la historia en los que a la población no se les propone ninguna elección clara. Conocí una época orientada. En política se enfrentaban una derecha y una izquierda claramente identificadas. La derecha: conservadora, nacionalista, partidaria de la propiedad privada. La izquierda: socialista, comunista e internacionalista, partidaria de una lucha de clases. En Francia había una elección fundamental: ¿se estaba a favor o en contra de la guerra en Argelia?¿Y de las guerras coloniales? 

P.- ¿Se acabo todo eso?

R.- Ahora este tipo de definición es difícil de encontrar. El mundo dirigente -propietarios de bienes, accionistas, partidos y diputados- está de acuerdo en que no habrá una transformación fundamental. Tampoco hay partidos políticos realmente diferentes unos de otros. La elección política se vuelve muy difícil y confusa, y se expresa a través de protestas más o menos violentas contra este o aquel punto. Pero son protestas desligadas de una visión de conjunto. Quienes protestan se sienten desorientados. No saben cuál será la etapa siguiente, no saben qué significa su derrota o su victoria. Es como un viaje marítimo sin brújula.

P.- No le convencen movimientos como los chalecos amarillos. 

R.-Entiendo su naturaleza. Sé que detrás hay una cuestión real: el abandono progresivo del mundo rural y provincial por las autoridades y también las poblaciones. Pero el movimiento en sí no indica por medio de qué método piensa resolver sus problemas. Por falta de una visión clara sobre qué hacer se busca una cabeza de turco. "Es culpa de Macron". Se imaginan que, haciendo caer a Emmanuel Macron, la situación cambiará. Son movimientos de cólera, pero la cólera no es una buena pasión política porque es negativa: sabemos qué no  quiere, pero no qué quiere.

P.- La pandemia, ¿nos desorientó?

R.- Llegó en una época ya desorientada, pero lo agravó. Nadie estaba preparado. En el fondo, lo que se impuso fue la cólera, nuestras costumbres se veían perturbadas: no poder ir al café, tener que llevar mascarilla, vacuna. La pandemia nos permitió medir hasta qué punto estábamos desorientados.

P.- ¿Y la guerra en Ucrania?

R.- Recuerda más bien al momento antes de la guerra del 1914, un conflicto posiblemente mundial que está llegando a situaciones de detalle en Europa Central, como la Primera Guerra Mundial, que se desencadenó por Serbia y por disputas por los imperios coloniales. Era un enfrentamiento para saber si Alemania iba a ser admitida en el club de las grandes potencias. Hoy en el horizonte está la cuestión de si China va a ser admitida en el concierto de las naciones. Para que esta situación se clarifique hace falta que Rusia ya no sea un factor en el juego...

Marc Bassets. El País, domingo 22 de mayo de 2022.

sábado, 25 de junio de 2022

Buscar y encontrar el Edén con Studio KO

Veinte años atrás el mundo todavía era un lugar donde una llamada de Marella Agnelli podía arreglarte la vida. Ocurrió poco después de que los fundadores de Studio KO comenzaran a trabajar en Marruecos. Aunque hacía solo dos años que Karl Fournier  (Saint-Rafaël, Francia, 51 años) y Olivier Marty (París, 46 años) se habían graduado en l'École de Beaux Arts de París, un encuentro casual en el aeropuerto con Pascale Mussard les había llevado a abrir en Marrakech una segunda oficina de su estudio de arquitectura, inaugurado en París en el año 2000. Fournier y Marty le habían hablado a la ex directora creativa de Hermès de su deseo de establecerse allí como arquitectos  y solo unas semanas después ella les había puesto en contacto con uno de sus tíos, Patrick Guerrand-Hermès, tataranieto del creador de la firma, para que diseñaran los interiores de dos casas suyas en Larache y Asilah. Fournier y Marty no lo sabían , pero acababan de lanzar una bengala roja en ese ateneo al que la mujer del heredero de Fiat y cisne de Truman Capote pertenecía: el club de los entusiastas de los jardines.

"Un día Marella vino a Marrakech y se puso en contacto con nosotros a través de un cliente. No conocía la ciudad y quería pedirnos que fuésemos sus guías. En la comida, nos dijo que tenía muchas ganas de visitar el jardín de Aín Kassimou, la villa de Patrick Guerrand-Hermès en el palmeral de Marrakech. En realidad, lo que quería era comprársela. Sabía que él era cliente nuestro y se había enterado de que pensaba venderla, así que nos convertimos en sus intermediarios", cuenta Fournier- 

"Primero, Mariella alquiló la casa durante un año. Cuando por fin decidió comprarla nos pidió que la reformáramos, pero como pensó que éramos muy jóvenes nos puso a una supervisora: Gae Aulenti ( la célebre arquitecta y diseñadora  que creó el Musée d'Orsay)", continúa Olivier Marty. "¡Fue una pesadilla! Gae era durísima, pero con ella aprendimos más que durante los seis años de carrera. La escala, por ejemplo. Del interiorismo de la villa se encargó Alberto Pinto, autor de la antigua y opulenta decoración del hotel La Mamounia y favorito de la realeza árabe...

Los trabajos que realizaron con Pinto para los jeques árabes forman un portafolio invisible -por confidencialidad - que se contraponen  a las obras más conocidas del Studio KO. Aunque en proyectos de interiorismo como el que realizaron en el Café de la Poste -hoy el más popular de Marrakech- es posible encontrar la huella que les dejó el decorador, Fournier y Marty rehúyen en su obra arquitectónica lo exótico o lo pintoresco para decantarse por una visión en clave contemporánea de la arquitectura tradicional de los lugares en los que levantaron villas, algo que consiguen tras un cuidado estudio de los materiales y técnicas de construcción locales. Em Marruecos han encontrado en la arquitectura tradicional beréber una piedra en la que afilar su minimalismo y una razón para construir con pisé  (tapial) y usar materiales como el barro y la arcilla, lo que les permite integrar el paisaje en la arquitectura...

Diego Parrado. Desing. El País, sábado 28 de mayo de 2022