Mis tres días de julio en Bueu (Pontevedra) fueron también la ocasión de celebrar mi santo y el de mi anfitriona, que se llama Carmen como yo, ella con un diminutivo cariñoso que la distingue de la legión de carmenes de aquella época ( Prénom Carmen, Jean-Luc Godard, 1983: "Toutes les filles s'appellent Carmen"). Nos reunimos en un restaurante encaramado sobre una pequeña playa de la que toma su nombre, Loureiro/Laurel. Nombre muy evocador, por su olor, por su presencia en platos de la cocina gallega, acompañando sobre todo pescados y mariscos. Esa fue nuestra elección, muy afortunada, que nos llevó a la comparación con las costumbres diferentes en nuestra gastronomía y la francesa. A mí siempre me llamó la atención la escasa presencia del pescado en los menús, salvo en Bretaña. Con respecto al marisco también hay diferencias notables. Las ostras tan apreciadas en la costa atlántica, de Bretaña a Arcachon son sus preferidas. Recuerdo en mi primer año en Burdeos, hace 46 años, a las vendedoras con su cestas repletas de ostras instaladas en torno al boulevard Président Wilson que debía cruzar al anochecer para llegar a la rue de L'avenir donde vivía. Unos años después, en Bretaña, viajando con mi marido, me hacía reír con sus comentarios sobre los plateaux de fruits de mer que nos servían. Valoradísmos por ellos, él los consideraba muy inferiores en categoría a nuestras mariscadas por la selección de fruits de mer que ofrecían. Distintos gustos, distintas culturas. El mejor ejemplo son los percebes, reyes de los moluscos en España mientras que en Francia ni les gustan ni forman parte de sus plateaux. Recuerdo también, con ocasión de nuestro primer intercambio con Bretaña, en 1985, un suave atardecer de primavera; la responsable del albergue donde nos alojábamos las tres profesoras que acompañábamos a los alumnos, nos ofreció un enorme bol rebosante de percebes, recogidos por su hijo en las rocas de la playa: "Nous ne les aimons pas./No nos gustan". Un festín para mis dos colegas. A mí no me entusiasman los percebes, les pouce-pieds para los franceses.

El restaurante Loureiro, estratégicamente situado sobre la playa que lleva el mismo nombre, mira hacia la enorme ensenada de la ría, cerrada en el horizonte por la isla de Ons. Y es allí donde posamos nuestros ojos al sentarnos a la mesa, a la hora en que el sol se pone. Se impone hablar del Rayo verde. Le Rayon vert de Julio Verne. Según él cuando uno ve un raro destello verde en la puesta del sol, nuestros propios sentimientos y los de otros se revelan como por arte de magia. Le Rayon vert de Eric Rohmer, el cineasta que firmó la película del mismo nombre, en 1986, formando parte de sus Comédies et Proverbes. La película estaba terminada pero faltaba el plano de ese particular fenómeno atmosférico. Varios cámaras habían sido enviados por el mundo en su búsqueda, sin éxito, hasta que lograron filmarlo en la playa de Las Canteras en Las Canarias. Yo lo busqué varias veces en Biarritz, desde el faro, cuando aún vivía mi amiga A.D. Nunca lo ví. Hace unos años, la tv, después de las noticias, presentaba las fotos que los tele espectadores envían. Entonces oí: el rayo verde en la playa de Lapamán !!! La foto, bellísima, mostraba la línea verde en el horizonte en un atardecer espectacular. La playa de Lapamán está casi al lado de Bueu. La puesta de sol del 13 de julio entonó una gama de rosas y violetas extraordinaria pero ni el verde ni el amarillo que le acompaña aparecieron.
Al día siguiente, temprano, cuando desayunábamos, nuestra anfitriona C. nos dice sonriendo:"Hoy el periódico publica un artículo sobre el rayo verde" (La Voz de Galicia, viernes 14 de julio de 2017, firmado por X.F.). Nos deja pensativas. ¿Tiene el rayo verde más poderes que los que le atribuye Julio Verne? ¿El de mostrarse, cuando el deseo es intenso, no en el horizonte cuando se pone, sí en el periódico, al alba del día después? C., desde el porche de su casa, hace una semana, finalmente lo capturó, un rayo verde no muy ortodoxo, más amarillo que verde pero que quiere sellar su viaje por las rías gallegas con un "amigas para siempre".
Carmen Glez Teixeira.

El restaurante Loureiro, estratégicamente situado sobre la playa que lleva el mismo nombre, mira hacia la enorme ensenada de la ría, cerrada en el horizonte por la isla de Ons. Y es allí donde posamos nuestros ojos al sentarnos a la mesa, a la hora en que el sol se pone. Se impone hablar del Rayo verde. Le Rayon vert de Julio Verne. Según él cuando uno ve un raro destello verde en la puesta del sol, nuestros propios sentimientos y los de otros se revelan como por arte de magia. Le Rayon vert de Eric Rohmer, el cineasta que firmó la película del mismo nombre, en 1986, formando parte de sus Comédies et Proverbes. La película estaba terminada pero faltaba el plano de ese particular fenómeno atmosférico. Varios cámaras habían sido enviados por el mundo en su búsqueda, sin éxito, hasta que lograron filmarlo en la playa de Las Canteras en Las Canarias. Yo lo busqué varias veces en Biarritz, desde el faro, cuando aún vivía mi amiga A.D. Nunca lo ví. Hace unos años, la tv, después de las noticias, presentaba las fotos que los tele espectadores envían. Entonces oí: el rayo verde en la playa de Lapamán !!! La foto, bellísima, mostraba la línea verde en el horizonte en un atardecer espectacular. La playa de Lapamán está casi al lado de Bueu. La puesta de sol del 13 de julio entonó una gama de rosas y violetas extraordinaria pero ni el verde ni el amarillo que le acompaña aparecieron.
Al día siguiente, temprano, cuando desayunábamos, nuestra anfitriona C. nos dice sonriendo:"Hoy el periódico publica un artículo sobre el rayo verde" (La Voz de Galicia, viernes 14 de julio de 2017, firmado por X.F.). Nos deja pensativas. ¿Tiene el rayo verde más poderes que los que le atribuye Julio Verne? ¿El de mostrarse, cuando el deseo es intenso, no en el horizonte cuando se pone, sí en el periódico, al alba del día después? C., desde el porche de su casa, hace una semana, finalmente lo capturó, un rayo verde no muy ortodoxo, más amarillo que verde pero que quiere sellar su viaje por las rías gallegas con un "amigas para siempre".
Carmen Glez Teixeira.
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