viernes, 6 de octubre de 2017

Kaufmann cruza la frontera franco-alemana

La pasada no fue una temporada fácil para Jonas Kaufmann (Munich, 1969). Su cuerpo y su voz le dijeron frena. Y frenó....De no haber sido así, los compromisos cruciales que tenía por delante -fundamentalmente, estrenar un papel como el Otello verdiano en el Covent Garden de Londres- no le habrían salido a la altura de lo esperado. Eso es siempre mucho en su caso. Porque el cantante alemán, en plena madurez, ha demostrado hasta ahora ser la figura que, junto al peruano Juan Diego Flórez en otro repertorio, va a marcar claramente esta época de comienzos del siglo XXI tras el binomio que formaron Pavarotti y Plácido Domingo en el pasado. Comienza el nuevo curso con fuerza. Tiene previstas dos paradas en España: una en marzo para cantar Andrea Chénier, de Umberto Giordano, su primera ópera escenificada con el Liceu barcelonés. Y otra en Madrid, donde ha cancelado dos veces un recital previsto y ha encajado una nueva fecha (el 25 de julio). La capital parece torearle:"Una vez me llamaron para sustituir a alguien en La Clemenza de Tito. Me presenté en el Teatro Real pero el cantante se recuperó y no actué". Las otras dos suspensiones se produjeron la pasada temporada, debidas a ese bajón que le trastornó los nervios por puro agotamiento.... En la ópera de París afrontaba la pasada semana el Don Carlo de Verdi en versión francesa. Lo ha ido conjugando con la promoción de su último disco: L'Opera (Sony Classical), todo un homenaje a uno de los repertorios, el francés, en los que últimamente ha entrado con determinación. En su caso como auténtico puente de un eje lírico franco-alemán. "Es curioso como los músicos franceses han explorado la literatura alemana para sus obras. Creo que el resultado es una perfecta fusión de nuestra maner ade ser con la forma de decir que tienen ellos de su lengua". Habla de Goethe, por ejemplo. De su joven Werther en manos de Massenet, o del mito de Fausto visto a la vez por Gounod y Berlioz....
Jesús Ruíz Mantilla. Madrid. El País, martes 3 de octubre de 2017

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