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Maryse Condé |
- ¿Cómo está viviendo la pandemia?, ¿y cómo ve el futuro?
-Nací y crecí en Guadalupe, una pequeña isla del Caribe. Esto implica que mi pensamiento y mis reacciones no son iguales a los de una mujer occidental. Me enseñaron que el mundo estaba repleto de signos y que era preciso descifrarlos. Para mí esta pandemia que no logramos dominar y este virus que no cesa de mutar tal vez no indiquen el fin del mundo, pero sí los albores de cambios importantes. Es necesario reaprender a vivir , respetar la naturaleza y los animales.
-La deseada vio la luz en 1997, ¿qué sensación le produce el regreso de esta novela?
-La escribí como respuesta ante los males de una sociedad en particular, la mía. Quería denunciar la forma en que se trata a demasiados niños traumatizados por la ausencia del padre. Me hace feliz saber que en España mi voz se escucha y que el libro se abre camino, aunque sea tarde.
-¿Cuántas veces la ha leído?
- Un autor nunca reele sus libros: descubriría faltas y debilidades que no supo corregir en su momento. Con La deseada hice una excepción, pero solo porque una actriz guadalupeña realizó un adaptación teatral y la representó en varias ciudades, tanto en Francia como en las Antillas...
- ¿La literatura sin verdad es literatura?
-No, por supuesto que no. La pregunta te devuelve a los problemas esenciales de la literatura. Siempre entra en juego lo vivido y hay una parte de experiencia personal en todo relato. El autor solo puede inventar a partir de lo real.
-La fuerza de su personaje sigue sorprendiendo años después...
En parte Marie-Noelle soy yo. Necesité mucha fuerza de voluntad para llegar a ser profesora de literatura francófona en la prestigiosa Universidad de Columbia. Aunque, a diferencia de ella, yo siempre he contado con el apoyo de mi familia y de mi marido.
-¿Qué hizo la literatura por usted?
-Todo
-¿Que querría que la gente pensara de sus textos?
-Quisiera que me siguieran leyendo el mayor tiempo posible.
-¿Qué es lo que más le exaspera?
-Siempre me han desagradado la hipocresía, la arrogancia, la intolerancia, la falta de respeto hacia los demás.
-¿El Nobel es un sueño o los premios no están en sus objetivos?
-Los premios no son mi objetivo. Salvo excepciones, los libros premiados y celebrados de manera unánime por los medios de comunicación me parecen carentes de interés. Sin embargo, me hizo muy feliz y me llenó de orgullo recibir, hace dos años, el Nobel alternativo. Resulta contradictorio. Lo sé y no lo escondo.
Pilar Martín. Madrid/EFE. La Voz de Galicia, miércoles 20 d enero de 2021.
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