domingo, 11 de enero de 2026

París, "vuelve a ser la capital que ya fue"

 Algo se mueve en el sector cultural en París, que resucita como capital artística gracias a una nueva preeminencia de la iniciativa privada. Durante los últimos meses el ecosistema de la ciudad ha entrado en una nueva fase, sin duda más vibrante que en las últimas décadas. Pero también más orientada al al arte como una forma de lujo, cada vez más lejos del modelo público que solía ser hegemónico en la capital francesa. Lo demuestran varios hitos registrado en los últimos meses. Para empezar, los resultados millonarios de la feria Art Basel París, sucursal de la que se celebra cada mes de junio en Suiza, donde solo en las primeras cuatro horas se vendieron obras  por valor de 90 millones de euros. Después, la inauguración de la nueva sede de la Fundación Cartier frente al Louvre, en un antiguo centro comercial de anticuarios transformado por Jean Nouvel. En torno a esos dos nuevos polos, se dibuja un nuevo París artístico, más espectacular e internacional. Pero, para las voces críticas, también más expuesto a una conversión de la cultura en mero activo financiero

Hay puertas que se abren, pero también otras que se cierran. Por ejemplo, las del Centro Pompidou, que acaba de echar el cierre para iniciar obras de renovación hasta 2030. La vieja feria Fiac que desde los setenta reunía en el Grand Palais a las galerías francesas , ha sido reemplazada por el gigante suizo de Art Basel  que ya organiza citas profesionales en Basilea, Miami, Hong Kong  y Qatar. L asede acristalada de la Fundación Cartier en Montparnasse, donde se concentraban los ateliers de artista a comienzos del siglo XX, ya es historia. La institución se ha trasladado al centro de París, a un edifico de mayor escala museográfica, capaz de mostrar una parte más amplia de una colección de más de 5.000 obras.

Su ubicación aspira a seducir a un turista con alto poder adquisitivo que difícilmente se aleja del centro. La nueva sede está pegada a un Louvre que se recupera del robo del siglo, en lo que fue una señal, para muchos, de la decadencia de los museos públicos.

 El paisaje se encuentra en plena transformación. El nuevo edifico se suma a un mapa cultural en el que desde 2014 ocupa una posición central la Fundación Louis Vuitton, buque insignia del magnate Bernard Arnault, cuya fortuna supera los 200.000 millones de euros, en un edificio del fallecido Frank Gehry que ha organizado exposiciones que han hecho historia, como la dedicada al coleccionista ruso Serguéi Shchukin, la más visitada de los últimos años  en todo París. En 2021 se le sumó  la Bourse du Commerce, vitrina del imperio Kering, que posee marcas como Saint Laurent y Gucci. El edificio remodelado por el arquitecto japonés Tadao Ando, reúne la colección de 10.000 obras de su propietario, François Pinault, con exposiciones de calibre que en otro tiempo hubiera albergadoel Pompidou.

Junto al más modesto 19M, centro cultural propiedad de Chanel, consagrado a la artesanía de lujo y a los nuevos talentos del arte, las piezas empiezan a encajar de otras maneras. París deja atrás el modelo de democratización cultural diseñado en los años Mitterrand, que apostaba por grandes equipamientos  públicos y por la cultura como un servicio del Estado al alcance de todos. Ahora se consolida otra lógica: un nuevo circuito de museos-escaparate que deslumbran por su ambición artística y por su potencia financiera, pero también resultan  más restrictivos en el plano sociológico. Ha un entusiasmo evidente en París, pero también cierto vértigo por lo que se deja atrás, quizá de forma irreversible...

Álex Vicente. París. El País, lunes 5 de enero de 2026.

sábado, 10 de enero de 2026

'Maximus', el gato que descifra al primer ministro de Bélgica

 Larry, el archifamoso gato del número 10 de Downing Street, la residencia del primer ministro británico le ha salido un serio rival, Maximus Textoris Pulcher, un felino de raza fold escocés reconocible por sus pequeñas orejas dobladas hacia delante por una mutación genética, es el flamante nuevo inquilino de la Rue de la Loi 16, sede del jefe de Gobierno belga, Bart de Wever. Y no solo tiene un nombre rimbombante acorde con su aspecto de orondo peluche grisáceo: en su Instagram, donde en cuatro meses suma ya más de 140.000 seguidores -es ya la segunda cuenta política más seguida del país, tras la de De Wever- Maximus se ha convertido también en toda una estrella mediática. Pero, sobre todo es un descodificador  de lo que pasa por la cabeza del nacionalista flamenco que, para no pocos analistas y políticos sigue siendo a menudo difícil de descifrar.

Apenas unas horas después de haber frustrado, durante la última cumbre europea del año en Bruselas, los intentos de sus colegas de la UE de usar para Ucrania los multimillonarios activos rusos congelados en territorio belga, De Wever posaba tumbado en el suelo de su oficina junto a Maximus, al que rescató en agosto de un refugio para animales abandonados. Su "eminencia gris", como gusta llamarle, le recibía como un "héroe". "Gracias, Maximus, lo he hecho lo mejor que he podido", respondía el primer ministro belga en un bocadillo de tebeo, un recurso que se ha convertido en una marca de esta peculiar cuenta que, entre gracieta y gracieta gatuna, repasa la política belga al máximo nivel a través de los ojos de un felino: "¿Otra huelga más?", ronronea Maximus tras el último paro nacional, en una cuenta en la que también ha relativizado la plaga de drones que en otoño sobrevolaron bases militares belgas y obligaron en multiples ocasiones  a detener el tráfico aéreo, o las duras negociaciones presupuestarias  que casi rompen por dentro al Gobierno de coalición que encabeza De Wever.

Recurrir a una mascota para humanizar la imagen de un político no es nuevo. En Estados Unidos, solo tres presidentes no han tenido perro -o gato, Socks en el caso de los Clinton- durante su paso por la Casa Blanca. También políticos europeos como la líder del Reagrupamiento Nacional francés, Marine Le Pen, dueña de varios gatos, posa frecuentemente con ellos para dulcificar su imagen ultra.

De Wever muy conocido en Bélgica, quizás no necesite ese plus de popularidad, considera el politólogo belga Dave Sinardet . Pero la cuenta de su gato sí le da otras ventajas a un gobernante lleno de paradojas: su ascenso en febrero a la jefatura del Gobierno federal fue cuestionado en tanto que como líder de la N-VA -partido que en la Eurocámara sesiona con los Conservadores y Reformistas (ECR) de Giorgia Meloni- defendía la independencia de Flandes. Y desde que está al frente del país, ha hablado abiertamente  de la posibilidad de integrar esa región flamenca con Países Bajos o incluso de fusionar el Benelux, indignando a propios y ajenos del nacionalismo belga.

Gracias  a sus divertidas interacciones con Maximus, señala, De Wever logra apaciguarlos, al dar la imagen de que sigue siendo un tipo normal  que no cae en la pomposidad del puesto i foma parte del establishement. Al mismo tiempo pone en boca de Maximus algunas ideas, es"una manera de decir cosas que ya no puede dada su posición; su gato es en cierta forma su alter ego",analiza.

Por ello , advierte el politólogo, la de Maximus no es una cuenta más de gatitos. "Aunque la gente pueda estar viendo vídeos inocentes de gatos, a veces también puede estar transmitiendo un mensaje político de forma subliminal que debería poder cuestionarse como tal", recalca Sinardet. Por muchas ganas que den de achuchar a Maximus.

Silvia Ayuso, corresponsal. El País, dábado 27 de diciembre de 2025.

viernes, 9 de enero de 2026

Yannick Nézet-Séguin y el concierto de Año Nuevo

Yannick Nézet-Séguin en el concierto de Año Nuevo. (Dieter Nagl/EFE)

El canadiense rescata toda la chispa y diversión del Concierto de Año Nuevo de Viena con frescura y brillantez, aunque sin la magia de otras ediciones. El origen de la invitación de la Filarmónica a Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 50 años) para dirigir su prestigioso Concierto de Año Nuevo mantiene una relación tan inesperada como reveladora con la invasión de Ucrania por parte de Vladímir Putin. Los primeros encuentros del director canadiense con la orquesta a partir de 2010, no terminaron de convencer a un conjunto tan exigente como difícil de seducir. Durante años la relación avanzó sin entusiasmo.

Todo cambió, sin embargo, el 23 de febrero de 2022. Ese día, Nézet-Séguin sustituyó in extremis a Valeri Gergiev en el Carnie Hall de Nueva York, después de que la orquesta rompiera relaciones con el director ruso por negarse a condenar públicamente la invasión de Ucrania. Hacía cinco años que el canadiense no se ponía al frente de la Filarmónica de Viena, pero aceptó hacerse cargo de los tres conciertos de la gira estadounidense sin modificar ni una sola obra del programa  y además, mientras,  ensayaba Don Carlos de Verdi en la Metropolitan Opera de Nueva York.

El esfuerzo fue ten intenso como decisivo. "Esos conciertos cambiaron nuestra relación con él", reconoció Daniel Froschauer, presidente de la orquesta, durante la presentación  a la prensa del Concierto de Año Nuevo  el pasado 29 de diciembre en el Hotel Imperial de Viena. Nézet-Seguin cayó enfermo poco después de aquella hazaña musical  y tuvo que renunciar  a dirigir la ópera de Verdi en el Met, pero el vínculo con la orquesta no ha dejado de fortalecerse desde entonces.

Quedó bien claro en la mañana del 1 de enero, con uno de los mejores arranques del Concierto de Año Nuevo de los últimos años. Lejos de abrir con una marcha, Nézet -Seguin optó por la obertura de la primera opereta de Johann Straus Hijo, Indigo y los cuarenta ladrones, una elección arriesgada en la que ya se percibieron algunos de los rasgos distintivos de su lectura: el cuidado en la articulación  y la sutileza en la conexión  de las distintas secciones de este complejo popurri.

La sintonía con la orquesta se afianzó aún más en la primera novedad de esta edición, el interesante vals Leyendas del Danubio de Carl Michael Ziehrer, con una exquisita introducción concebida como un viaje musical por los territorios bañados  por el gran río, donde se suceden sones húngaros , un breve Ländler austríaco y un kolo bosnio, expuestos con notable refinamiento.

La primera chispa de disfrute compartido entre Nézet-Séguin -que dirigió todo el programa de memoria - y  la orquesta se hizo visible en la siguiente novedad del programa. Malapo-Galopp, de Josep Lanner, con su griterío inicial y la inclusión de instrumentos populares de la India, como la flauta de caña. (...)

La auténtica cúspide musical de la matinée fue Palmas de la paz, donde el director exhibió un dominio exquisito de las transiciones  entre sus cinco secciones  de vals, pese a suprimir también alguna repetición. Antes del vals Junto al hermoso Danubio azul, Nézet-Séguin aprovechó la tradicional felicitación para enviar, en francés  e inglés, un mensaje en favor de la paz y la bondad, invitando a aceptar  y celebrar  nuestras diferencias  a través la música que nos une.

Pablo L. Rodríguez. Zaragoza. El País, viernes 2 de enero de 2026.

jueves, 8 de enero de 2026

"EL Principito" no se podrá leer como se ha leído hasta ahora"

Es sin duda uno de los libros que más se compra y se regala, "pero no sé decirle si todo Principito comprado es leído o sí más bien, funciona para muchas personas como un talismán, como el amigo que nos gusta tener cerca", cuenta Joëlle Eyheramonno Fouché. La edición que nos regala Kalandraka merece ser leída y atesorada. La traductora no solo recupera la versión original del cuento de 1943  de Antoine de Saint-Exupéry, también sus ilustraciones, igual de importantes para entender el significado de este clásico. Sobre ellos elabora un ensayo, La cara oculta de los dibujos de El Principito, incluido en la edición. 

-¿De qué nos habla "El Principito"?

-En cierto sentido, es un libro que nos recuerda que la amistad, la solidaridad, el amor o la responsabilidad son los valores que dan el verdadero sentido a nuestras vidas en un mundo que se va deshumanizando. Es una obra llena de ternura y de poesía que tiene el poder de acompañarnos en todas las etapas de la vida y atravesar indemne las décadas: pasan las generaciones, cambia el lector, pero el texto con sus delicadas ilustraciones, sigue conmoviendo por su sencillez, su musicalidad y su profundidad. Por eso lo considero una obra maestra, pero, estrictamente, no es un libro de literatura infantil y juvenil: de hecho, está dedicado a un adulto y, continuamente, el autor está jugando con ambos destinatarios.

-¿Por qué quiso traducirlo?

-En mi época era una lectura obligada en las escuelas de mi país, pero no me llamó demasiado la atención la historia de un niño que tenía una flor  y buscaba a un amigo y, al no encontrarlo, volvía a su planeta. Años más tarde, me conmovió aquel niño perdido que buscaba a alguien que le diera sentido a su vida, y capté el segundo nivel de lectura. Fue cuando decidí traducirlo por primera vez, en 1977. Ya en el 2000, cayeron en mis manos escritos por su mujer, Consuelo Sunc-in, nada más desaparecer su marido en circunstancias misteriosas: Memorias de la rosa y Cartas del domingo. El autor se cayó del pedestal al que lo habían elevado y se hizo mucho más interesante. Me interesé entonces por sus años de exilio en Nueva York, leí sus Escritos de guerra y entendí en qué contexto dramático escribió el cuento. Tenía las herramientas para volver a traducirlo.

-A los que lo leyeron, ¿qué pueden descubrir ahora de nuevo?

-Kalandraka ofrece una versión casi facsimilar de la edición que se publicó en Nueva York en 1943. El lector tiene entre manos un libro físico muy parecido al que se llevó Saint-Exupéry camino de la guerra. Los dibujos infantiles del cuento son esenciales e inseparables del texto: permitían al autor presentar de forma muy sutil el balance de su vida mediante detalles que habían pasado inadvertidos. El cuento de 1943 tenía, pues, dos lecturas: el texto narraba la historia de un ser de luz, el principito, y los dibujos  recogían su cara oculta la historia trágica de un ser de carne y hueso, el aviador, implicado conscientemente en una guerra y que sufría mientras escribía e ilustraba su cuento.

-Es pura filosofía.

-Plantea preguntas fundamentales que nos hacemos a medida que crecemos: sobre el amor, el sentido de la vida, la responsabilidad , la soledad o la muerte. Los dibujos -acuarelas requieren del lector. niño o adulto, que preste atención y se implique, que vaya más allá, que acuda a su imaginación.

-¿Cuál es la cara oculta de los dibujos?

-Las ilustraciones cobran otra dimensión que solo son capaces de descubrir los adultos conocedores del desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y de las peripecias de la vida del autor. Es la cara oculta de los dibujos: ya no se trata de fijarse en el color de las acuarelas, sino en el trazo del dibujo, que revela lo esencial. El mejor ejemplo es la acuarela de las flores del jardín  de la página 64. Vemos el color rojo de las flores, pero no reparamos en la forma del macizo que apunta al mapa de Normandía donde tuvo lugar el desembarco de los Aliados. Saint-Exupéry escribió un cuento para niños como le pidieron sus editores. Aprovechó los dibujos para incluir el mensaje: que fue un hombre leal a su país, que su huida  a Estados Unidos  fue una decisión  asumida  con responsabilidad, que fue víctima de la intransigencia de sus propios compatriotas  refugiados  como él, que su vuelta al combate fue un acto de amor hacia su país y que tenía la moderada esperanza de que los hombres  un día aprendieran a remar todos en la misma dirección  en busca de lo que realmente da sentido a la vida. A partir de este momento, no se podrá leer El Principito como se ha leído hasta ahora. Será difícil no asociar las puestas de sol del cuento con la tragedia de muchos países en guerra.

Mila Méndez. La Voz de Galicia, viernes 2 de enero de 2026

miércoles, 7 de enero de 2026

Y Dios...creó a Brigitte Bardot

La belleza diabólica de la Juliette de Et Dieu ...créa la femme (Y dios creó a la mujer), cuya danza voluptuosa alimentó los sueños húmedos de los adolescentes españoles. La mujer que hizo pecar a media España: así titula una publicación la noticia de la muerte de Brigitte Bardot. El planteamiento se me antoja falso. Mi generación, reprimida por los catecúmenos del nacional-catolicismo, no cayó por esa cita en la tentación de la carne: lo impidieron los censores, los curas y demás pretorianos de nuestra moral. Y Dios creó a la mujer se estrenó en Francia a finales de  1956. Un lustro antes de que las suecas y los bikinis poblasen nuestras playas  y los seiscientos rodasen por las carreteras. Mayo del 68 y sus proclamas de libertad sexual todavía no asomaban en el horizonte. La película secuestrada en la aduana por la censura, tardó quince años en llegar alas pantallas españolas. Para entonces, 1971, la cinta estaba marchita, reseca: había perdido buena parte de su zumo erótico. Y los jóvenes comenzaban a acercarse a la taquilla -la del tren- para viajar a Perpiñán, no tanto  ya en busca del mito  Bardot como ansiosos por bailar el último tango en París o disfrutar del imperio de los sentidos.

La llegada de la femme se retrasó 15 años, pero el estruendo del fenómeno Bardot llegó a nuestros lares con puntualidad británica. La censura española se había mostrado impotente para silenciar e invisibilizar el mito. Resulta curioso observar como los mitos se cuelan en las tijeras del censor. Apenas semanas después  del estreno de Et Dieu... créa la femme, este periódico hablaba veladamente de la escandalosa película, que nadie había visto, y del desnudo de su protagonista , "la Eva más joven del cine mundial". El deseo insinuado. Desde ese momento, las noticias de la rutilante estrella proliferan en La voz de Galicia. "Brigitte Bardot, la actual bomba del cine francés", "Brigitte y su asno": fotografía de la actriz, abrazada a un asno, durante un rodaje en España. El productor Mike Todd pretende reunir a Brigitte Bardot, Sofía Loren, Gina Lollobrigida y Elizabeth Taylor en Don Quijote. Los anunciantes se suman a la construcción del mito y el cine París  anuncia "la película que usted esperaba ver de Brigitte Bardot":no, no se trata de la femme, que aún debe esperar once años más, sino de Babette se va a la guerra.

La leyenda se consolida y, en cierto momento, el mito cambia de signo. La frontera la dibuja un ensayo de André Maurois, "El mito de Brigitte Bardot", publicado por La Voz. Brigitte no es inmoral: es amoral. La libertad derriba tabúes. Se niega a ser un "objeto": es un "sujeto pensante". Jean Renoir cree que salió de un cuadro de su padre, pero Fellini destaca más sus dotes de actriz que sus "cualidades esculturales":"En una sola película ella podía interpretar  diez personajes diferentes". Simone de Beauvoir la considera una pionera del feminismo: "Conquista, con su desprecio por los artificios femeninos, el derecho a la igualdad con los hombres". La icono es una iconoclasta. Lo certifican sus aforismos de Mon BBcédaire, con una sentencia a modo de epitafio: "La libertad es ser uno mismo, incluso cuando resulta incómodo".

Fernando Salgado. La Voz de Galicia, martes, 30 de diciembre de 2026.

martes, 6 de enero de 2026

"El arte es azul"

El mítico azul egipcio en una pintura mural del templo de Derdera. (foto: Wiki)

La mayoría de los ciudadanos occidentales coinciden en que el azul es su color favorito. En una encuesta realizada a 2.000 personas para Psicología del color (Editorial GG), de la alemana Eva Heller, un 46% de hombres y un 44% de mujeres lo escogieron como su predilecto, mientras que solamente un 1% de hombres y un 2% de mujeres afirmaron que no les gustaba. El verde, en comparación , contaba con un 16% de adeptos entre ellos y un 15% entre ellas. Inquiridos por los sentimientos que les inspiraba su favorito, los sujetos del sondeo coincidieron en asociarlo a emociones eminentemente positivas: la simpatía, la armonía, la amistad, la confianza. Aunque muchos de los participantes lo relacionaron con el frío, la inteligencia y lo masculino, en la tradición este ha sido, en contra de la arbitrariedad impuesta sobre la ropita de los bebés, un emblema de lo femenino: Iris (lirio), Celeste o Zafiro son nombres de mujer.

Este color encandila, infunde un efecto tranquilizador, tal y como relata Heller. El azul, como en aquella píldora de Matrix, es el color de las cosas que no cambian. Solo hay un lugar donde no gusta: en el plato. En sus múltiples encarnaciones se antoja divino: vasto, profundo y artístico. Innumerables escritores, pintores, cineastas y músicos le han cantado sus odas a la musa azul: Van Gogh, Picasso, Matisse y Helen Frankenthaler, entre otros, tuvieron fijación por él, vibra en la exaltación de la pasión  de  Azul de Rosa Regàs, emociona al ver la vida apagarse en Noches azules de Joan Didion y en Tangled Up in Blue de Bob Dylan. En el icónico Azul de la trilogía cinematográfica  Tres colores, de Krzysztof Kieslowski, los filtros y los objetos se bañan de azul para evocar la búsqueda  de la libertad que abandera la película. La melancolía que aportan los aires del blues afroamericano proviene de su significado en inglés: el azul alude al sentimiento oscuro de la depresión.

Rubén Darío escribió en Historia de mis libros que el azul es "el color del ensueño, el color del arte, un color helénico y homérico, color oceánico y firmamental, el coeruleum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los cielos y al zafiro". En ese ensayo de 1916, el nicaragüense volvía así la vista a su obra magna, el celebrado libro de cuentos y poemas de 1888 que, que con el evocador título de Azul..., inauguró vestido de esa tintura la era del modernismo literario español, un repliegue del yo hacia el interior arropado por la búsqueda de la belleza formal y el simbolismo.

Caminando junto a las letras, aquel movimiento permeó todas las artes. Ya había sentenciado Víctor Hugo que "el arte es azul" (l'art c'est l'azur"), y sobre esta premisa y bajo el influjo de Darío se inauguró en 2019 en CaixaForum Azul, el color del modernismo, un recorrido tras la estela de eses color en los pintores e incipientes cineastas del periodo entre finales del siglo XIX y principios del XX. Con obras de Rusiñol, Torres García, Courbet..., aquella muestra probó que sí, el azul de origen natural  y sus entonces novedosos tonos artificiales, como el azul de Prusia , resultó ser un color predilecto del modernismo. También los renacentistas europeos veneraron el fabuloso lapislázuli y, en el siglo XX, exploradores  como Yves Klein hicieron oficio de su búsqueda cercana a lo místico del azul más puro, materializado en el IKB, el Internacional Klein Blue.

Y, sobre todo, como ya introdujo Goethe en su Teoría del color (Editorial GG), conviene separar la óptica del color descubierto por Newton de la psicología de su percepción, algo que con el tiempo fueron asimilando todos los artistas y diseñadores contemporáneos.

Sujeto a las oscilaciones del gusto y las modas , la percepción del color es una cuestión de sentido, el de la vista, y también sensibilidad, esa de la que daba líricas pinceladas Rubén Darío en su descripción  del "color del ensueño", pero que el historiador Michel Pastoureau puntualizaría indirectamente en obras como su monumental Azul. Historia de un color  (Folioscopio): no podría decirse que se trate de un color helénico ni homérico. Como también recuerda Daniel Entrialgo en el reciente Cuando el mar no era azul (Espasa), el autor de la Ilíada describe el mar como del color del vino, y por la imprecisión de la terminología que usaban y lo infrecuente de su plasmación artística, los estudiosos de finales del siglo XIX llegaron a plantearse  la duda de si griegos y  romanos eran ciegos de azul...

Sivia Hernando. Madrid. El País, sábado 27 de diciembre de 2026.

lunes, 5 de enero de 2026

Ozon entiende al extranjero eterno

Observando las primeras imágenes de la muy cuidada y fiel adaptación que ha hecho el a veces inquietante pero siempre retorcido François Ozon de la novela de Albert Camus El extranjero, recuerdo con pasmo que no he releído a escritor tan querido por mí desde que lo descubrí a los veinte años. Imagino que a estas alturas de la vida  le entendería aún mejor.

Ozon imagina el Argel de Camus en blanco y negro, una fotografía excepcional con amor al gris, que te hace recordar el cine antiguo. En algún momento un personaje afirma que el calor es brutal y rememoro una declaración de Mersault en la novela afirmando: "Maté a un hombre al que no conocía en una playa de Orán porque hacía calor". En ese blanco y negro no percibo ese asfixiante calor.

El resto es muy fiel al misterioso texto de Camus. El protagonista no manifiesta sentimientos, o lo peor no los posee. Es ajeno a cualquier teatralización. No solo es un extranjero para los demás. También lo es de sí mismo. Le acusarán en el juicio, tras su asesinato del árabe, de no haber llorado y de que nadie lo notó compungido en el entierro de su madre. internada en el asilo. Tiene una relación normalizada con sus vecinos, un macarra que también ejerce de chulo con una atemorizada mujer árabe. También con un anciano medio indigente que tiene una relación de absoluta dependencia con su perro pero al que también maltrata.

Y tiene una enamorada novia a la que él no declara su amor, porque es incapaz de albergar ese sentimiento, pero con la que parece sentirse bien. La apariencia de este tío es normal (Ozon también lo ha imaginado con un punto sexi), hace su burocrático trabajo, habla muy poco aunque con gesto ausente y también parece escuchar con indiferencia las historias que le cuentan de los demás. No espera nada, no quiere nada. Bueno, al final, esperando la muerte, asegura: "Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, deseo que el día de mi ejecución acuda mucha gente y que me reciban con gritos de odio".

Denominaron como existencialismo al universo que creó Albert Camus. También lo frecuentó Sartre. yo creo que al primero le preocupaban más los seres humanos que las teorías filosóficas. También la verdad. O la eterna búsqueda de algo tan resbaladizo y complejo. Eso le hizo sufrir el rechazo absoluto de la cuadriculada y dogmática izquierda, de ser expulsado de la intocable y humanista iglesia, cuando denunció las barbaries de Stalin en nombre del comunismo. Y Sartre calladito. A lo que más convenía.

No sé la reacción que tendrá el público que se acerque a esta película sin conocer  la novela de Camus. A mí me ha interesado a secas. Y cuando observo la muy meritoria interpretación de Benjamin Voisin, pienso que Camus pudo imaginar a Mersault con esa pinta, esa gestualidad, esa distancia interior ajena a todo y a todos.

Carlos Boyero. El País, viernes 19 de diciembre de 2026.