
François-Xavier Roth. (Imagen: ELESPANOL.COM)
Esta última es el Concierto para flauta nº 1 en Sol mayor; K 313(8285c) de Mozart, una partitura diáfana, de un melodismo extraordinario, compuesta en 1777, lo mismo que el Concierto nº2 y un Andante, para el ricacho holandés De Jean, que luego, como muy modesto intérprete que era, no fue capaz de tocarla. En el tempo di menuetto final el compositor ensayó una de las formas que mejor habría de desarrollar con posteridad: la sonata rondó.
Antes de escuchar ese Concierto para flauta, en el que será solista el gran Emmanuel Pahud, otro habitual en nuestro país, Roth y sus huestes ofrecerán una pieza clave, el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy. Pese al distinto carácter no nos hallamos muy lejos de la inquietud de las disonancias del Preludio de Tristán e Isolda de Wagner. Es el mismo Debussy quien, defendiendo una total libertad de componer , sin contar con la polifonía ni con la subordinación a la melodía principal, definía, y eso es aplicable a muchas otras de su obras: "Un acorde en la estructura del sonido es como un ladrillo en un edificio. Su verdadero valor dependerá del sitio que ocupe y del apoyo que le preste la curva flexible de la línea melódica".
La acción del poema se desarrolla al atardecer en las playas de Sicilia. Un fauno se ha cansado de correr tras las ninfas y se tumba al sol. La música representa el sueño de este fauno turbado por pensamientos amorosos. Tras satisfacer sus deseos cae postrado en un sueño profundo. La sensualidad tímbrica y armónica, la sutileza cromática de la melodía, la suspensión del solista sobre móviles fondos armónicos son en verdad sorprendentes y pregonan una libertad absoluta frente a los esquemas constructivos del sinfonismo clásico.
La fiesta sonora se cierra con la Suite del ballet Daphnis et Cloé de Ravel, presentada en 1911 en París. "Una de la más bellas obras de la música francesa", según Stravinski. Ravel llegaba aquí a la cima de su arte orquestal definido, entre otras cosas, por la limpieza y transparencia de texturas, la nitidez tímbrica, la funcionalidad armónica, la sabiduría instrumental , la belleza de los temas, siempre caracterizados por el lirismo, la sólida delineación y el poder de comunicación. Es espectacular la Danza general, dominada por el rompedor ritmo de 5/4 (curiosamente, el de zortziko es de 5/8, que es la base de una auténtica bacanal sonora de la danza.
A. Reverter. El Cultural, 16-1-2026.
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