viernes, 30 de enero de 2026

Jean-Guihen Queyras viaja de lo natural a lo universal con las seis suites de Bach

Jean-Guihen Queyras en 2022.
 (Foto:Marco Borggreve)
El violonchelista Jean-Guihen Queyras (Montreal, Canadá, 58 años) describe su primer contacto con la música de Bach como una experiencia física, casi corporal: una relación viceral con el sonido que percibía desde la cama cuando era niño. El músico francocanadiense lo recuerda en su libro de conversaciones  con Emmanuel Reibel, Bach: les Suites en partage (Premières Loges, 2022), donde evoca como cada domingo se despertaba con alguna de las cantatas grabadas por Gustav Leonhardt y Nicolaus Harnoncourt, que sus padres escuchaban a todo volumen  el comedor, justo bajo su habitación.

"Fue una suerte que mi primer contacto con Bach comenzará por música vocal", afirma Queyras mientras guarda el Stradivarius Kaiser 107 -que toca por cortesía de la Nippon Music Foundation- en la colorida funda pintada por su hijo, Jérémie. "Si realmente queremos comprender a muchos de los compositores que tocamos, hay que acudir a su música vocal, que nos habla y nos cuenta historias , como sucede también con Mozart o Schubert", añade.

El músico lleva casi cuatro décadas profundizando en la principal serie de composiciones que Bach dedicó a su instrumento: las Seis Suites para violonchelo solo, BWV 1007-112. Una maratón de casi tres horas que abordará en el Espacio Turina y en el  Auditorio Nacional de Madrid.

Queyras recibió a EL PAÍS durante su última visita a Madrid en el camerino del Auditorio Nacional, para hablar de esta colosal partitura barroca formada por seis sucesiones de un preludio y cinco danzas. Bach las tituló en italiano añadiendo el apelativo senza basso (sin bajo). Conviene recordar que el bajo es el elemento más importante sobre el que se puede empezar a cantar.

Habla de las suites como de un desafío competitivo sin precedentes. "No solo convierte en protagonista a un instrumento como el violonchelo, habitualmente relegado al acompañamiento, sino que además lo hace sin ese elemento fundamental que es el bajo, invitando al oyente a imaginarlo. Eso vuelve esta música profundamente filosófica", explica.

Tras dos grabaciones del ciclo para el sello Harmonía Mundi y varios centenares de interpretaciones en concierto desde 1987, Queyras es hoy uno de sus principales intérpretes. Su acercamiento partió de dos modelos decisivos desde la adolescencia: Pablo Casals, redescubridor del ciclo y primer violonchelista en grabarlo íntegramente entre 1936 y 1939, y Anner Bylsma, autor en 1979 del primer registro con instrumentos de época, empleando un violonchelo sin pica, cuerdas de tripa y arco barroco. "La primera grabación que escuché fue la de Casals", reconoce. Si Casals fue para él un modelo ético y humano, Bylsma le reveló una forma mucho más libre de afrontar las suites de Bach durante una clase magistral en el castillo de Villarceaux, en 1992. "Me enseñó a encontrar la irregularidad y a ser un poco más irracional, pero también a dar mayor expresividad  a las notas  que sugieren una armonía subyacente", explica.

Con el tiempo, el violonchelista ha desarrollado una lectura personal del ciclo como un viaje iniciático que va de lo natural a lo espiritual  y lo universal. "Para mí la primera suite es la naturaleza; la segunda cultiva la melancolía; la tercera es jovial; la cuarta, solemne y majestuosa; la quinta, la más dramática y oscura, y la sexta, luminosa, con una declaración  de amor universal", sostiene.

La conversación concluye con su compromiso  con Ucrania, país al que Queyras ha apoyado activamente desde la invasión rusa en 2022..."Quien visite Ucrania no solo sentirá empatía, sino admiración por sus habitantes. Tenemos que estar muy agradecidos  por lo que están haciendo", concluye.

Pablo L.Rodríguez. Madrid.  El País, lunes 19 de enero de 2026

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