domingo, 25 de enero de 2026

Una Ilustración para el siglo XXI

Proponer el retorno a los valores y principios de la Ilustración en pleno siglo XXI es un síntoma de cuánto nos incomoda el presente y además una fórmula para mejorar las cosas. Porque reivindicar la vieja Ilustración dieciochista implica declararse muy crítico con la actualidad y volver la mirada al programa renovador  que propuso edificar un mundo basado en los actos de la razón y una actitud optimista acerca de lo humano. Como Kant escribió, la Ilustración es un movimiento pivotante sobre la razón y el juicio dirigido a superar la superstición y el oscurantismo. Fue una verdadera revolución del espíritu en cuyo centro, como si fuera un foco de luz, estaba instalada la racionalidad. De ahí su nombre, Ilustración, Iluminismo o época de las Luces, denominación compartida por sus practicantes, tan diversos en sus enfoques pero que comulgaron con una misma actitud optimista hacia lo humano, sus logros y la posibilidad real de progreso. 

De aquí parte el ensayo de Ricardo Moreno Castillo (Madrid, 1950), quien desde el mismo título declara que estos valores ilustrados, arrinconados desde el siglo XIX, deberían rescatarse  porque constituyen  el más rico patrimonio de pensamiento y acción que ha producido la cultura occidental. El libro comienza con una introducción que permite al lector conocer que piensa el autor sobre un magma tan extenso como profundo. Es un espléndido preámbulo acerca de la Ilustración como movimiento del XVIII y sobre todo porque desgrana las razones que justificarían el retorno al programa de las Luces para reverdecerlo en el siglo XXI. Como Moreno asegura, este capítulo inicial no quiere ser una mera introducción a la Ilustración; es otra cosa, una especie de confesión de autor, un registro de cuáles son las más relevantes ideas ilustradas. Y lo más importante para articular su ensayo, justifica aquí la necesidad  de recuperarlas  y actualizarlas en nuestra propia década.

Siguen después más de cuarenta capítulos breves, todos entre dos y diez páginas. Cada uno toma el título de algún término destacable para formalizar ese rearme ideológico y moral que se postula, como, por ejemplo: Amistad, Educación, Ética, Felicidad, Feminismo, Justicia, Libertad, Igualdad, Optimismo, Razón, Tolerancia y otros tantos. Es obvio que la elección de los títulos de las partes deriva de modo directo de la subjetividad del autor, pero no es menos cierto que todos ellos siempre entrarían en cualquier caracterización  de la cultura ilustrada que propusiese un especialista. Para justificar la selección de los temas de los capítulos, el ensayista escoge breves fragmentos  de obras  de autores ilustrados  para luego hilar un texto que él califica  como glosa  de los párrafos destacados. Pero yo diría que el resultado es más que eso. Lo que hace es exponer su propia e intemporal visión de los caracteres ilustrados, todos ellos recuperables como soluciones probables a nuestra actualidad averiada. Así es como el libro interpela  al lector, transmutado en miembro crítico de una sociedad y de una política con evidentes necesidades de mejora.

El ensayo de Ricardo Moreno, y es una rareza en nuestro panorama, se sitúa a caballo de la historia del pensamiento iluminista y la búsqueda de soluciones  a los problemas  contemporáneos en las obras de los escritores ilustrados. Algunos de esos dilemas son los fantasmas de nuestro tiempo, ese que orgullosamente ha creído  superar las inestabilidades modernas para caer  en las débiles certezas de los tiempos llamados posmodernos.

Adolfo Carrasco. El Cultural, 14-1-2026.

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