miércoles, 28 de enero de 2026

"Bienvenus, les hommes". La verdad sobre el monje Ricard

Desde hace ya unos cuantos años, en la última remodelación  de leer y tejer concedimos un espacio semanal, los miércoles, para presentar  a aquellas mujeres que, en las noticias que reproduce el blog, destacan, bien por sus vidas, sus logros, sus compromisos...Nuestra intención era poner de relieve el  papel que desempeña la mujer en la sociedad de hoy. Hasta que hace unos días me di cuenta del error que estaba cometiendo. Como entiendo el feminismo al modo clásico francés, siendo mi referente Mona Ozouf (Les Mots des femmes), las mujeres compañeras de los hombres en pie de igualdad, a partir de hoy compartiremos el espacio de los miércoles con los hombres que tengan algo interesante que ofrecer.

El monje Ricard. (Foto: Raphaële Demandre)

Y para abrir esta nueva andadura, nuestro primer invitado es Matthieu Ricard de la mano de Javier Cercas: La verdad sobre el monje Ricard.

Conocí al monje budista Matthieu Ricard el 8 de octubre pasado, cuando ambos compartimos el plató de La grande librairie, el único gran programa de televisión  dedicado a los libros que se emite en Francia; Ricard habló de Lumières, un libro donde recoge fotografías realizadas durante los últimos 60 años en sus viajes por el Himalaya, la India, Nepal, Bután y el Tibet. Casualmente, seis días más tarde la cara de aquel hombre apareció a toda página en la web de este diario. "El hombre más feliz del mundo, un monje budista, no movió un dedo por los demás", rezaba el titular. El texto era un fragmento de una obra del historiador y periodista Rutger Bregman, y en él se afirma que Ricard ha practicado la meditación durante más de 60.000 horas y que un experimento realizado en 2001 por un laboratorio de la Universidad de Wisconsin estableció, gracias a unas imágenes del cerebro de Ricard obtenidas por resonancia magnética, que el monje francés era el hombre más dichoso del planeta. "Aquí tenemos" concluye Bregman, reprimiendo a duras penas su desprecio (o su indignación), "un tipo que ha pasado 60.000 horas -7.500 días laborales, el equivalente a 30 años de trabajo ininterrumpido- en su propia cabeza (...) 30 años en los que no movió un dedo para hacer del mundo un lugar mejor". ¿Seguro? 

Nacido en el corazón de la vida intelectual parisiense -es hijo del pensador Jean François Revel- , Ricard estudió Biología Molecular en el Instituto Pasteur y, después de presentar una tesis dirigida por François Jacob, premio Nobel de Fisiología, se consagró a la práctica del budismo tibetano. Desde entonces ha escrito diversos libros (sobre el arte de la meditación, en defensa del altruismo, de la felicidad, de los animales) y ha participado en numerosas investigaciones publicadas en revistas científicas dedicadas a la bacteriología, a la psicología, a la psicología social, a la neurociencia o a la neuropsicología. Ricard también es fotógrafo: un fotógrafo extraordinario, como demuestra Lumières y proclamó Henri Cartier-Bresson. "La vida espiritual de Matthieu y su cámara fotográfica son una sola cosa", escribió el magistral fotógrafo francés. "De allí surgen imágenes fugitivas y eternas". ¿De un hombre que ha hecho todas estas cosas se puede decir que no ha hecho nada para mejorar el mundo? ¿No contribuyen  el pensamiento, la ciencia y el arte a que la realidad sea  un lugar más habitable? Por si su respuesta es "no", añadiré que Ricard fundó en el año 2.000 una asociación sin ánimo de lucro, Karuna-Shechen, que lleva dos décadas y media desarrollando y gestionando programas de asistencia primaria, educación y servicios sociales para atender a los grupos de población más necesitados  del Tibet, la India y Nepal, con especial  atención a las mujeres y las jóvenes (Karuna Shechen trabaja con socios locales para garantizar que sus programas  respondan a las necesidades y aspiraciones de las comunidades indígenas). Se dirá que lo que Bregman le reprocha a Ricard no es que no haya hecho nada durante las 60.000 horas -los 30 años- que dedicó a cultivar su propio bienestar, meditando. Para eso tengo dos respuestas. La primera es que, igual que no puede ser sublime ininterrumpidamente (Baudelaire), no se puede ser ininterrumpidamente altruista. La segunda: ¿y si las 60.000 horas dedicadas  a su propio bienestar son precisamente las que le han permitido a Ricard contribuir de manera tan notable al bienestar de los demás? ¿Es posible ayudar a los demás si uno no es capaz de ayudarse a sí mismo?¿No será la felicidad personal una condición necesaria para contribuir a la felicidad colectiva?.

Tranquilos no me he convertido al budismo, tampoco me hice amigo de Ricard en La grande librairie: disculpen la petulancia, pero yo de quien soy amigo es de la verdad. Y la verdad es que Bregman  no pudo elegir peor ejemplo. Ambición moral, se titula su libro. Pero una cosa es predicar la ambición moral y otra muy distinta es practicarla: lo primero es lo que hace Bregman; lo segundo, lo que hace Ricard. Lo primero gusta mucho; lo segundo, menos.

Javier Cercas. El País Semanal, 7 de noviembre de 2025.

No hay comentarios:

Publicar un comentario