La trama comienza con Bojarski en plena ocupación alemana para continuar en la posguerra, siempre en el margen, presentándolo como un solitario de doble vida: casado y con familia coqueteaba con el hampa por razones puramente prácticas. Mientras en el piso de arriba es un ciudadano honesto y trabajador, en el sótano desarrolla su actividad ilícita. Un atraco violento con varios muertos -una secuencia de modélica ejecución, al estilo de Jean- Pierre Melville o de José Giovanni, grandes del género galo en los años 60 o 70-obliga al Gobierno a nombrar a un comisario especial, Mattei, cuya irrupción deriva en un juego de gato y ratón, sobre la base de la mutua fascinación entre ambos personajes. No le bastaba imprimir réplicas perfectas, llevaba mal que no pudiera reconocerse su mérito, una escala que los guionistas manejan con habilidad. Súmese el gran trabajo protagonista del actor de origen argelino Reda Kateb, en su despliegue de matices dramáticos, para el redondeo final de La copia perfecta.
M.A.F. La Voz de Galicia, sábado 11 de julio de 2026.

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