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| Elenco de A puerta cerrada en el Palacio Valdés de Avilés. (Mara Villamuza) |
"Hoy miramos de otra forma a estos censurables personajes que fallecen y son arrojados y encerrados para siempre en una habitación , ejerciendo supuestamente cada uno de verdugo trampa para los demás", comenta Amestoy. "El tema no puede ser más actual, dado que vivimos en la década del cinismo y del rencor. Los medios de comunicación y las redes sociales destilan violencia, egocentrismo, vanidad, egoísmo y maldad, al igual que el universo que construye Sartre, y el deber del teatro es poner un espejo ante la sociedad para incentivar la reflexión -ética en este caso. No estamos acostumbrados a textos tan duros, pero es importante escapar de la banalidad y enfrentarnos a las debilidades humanas", reflexiona.
Sin embargo aquí el averno no es ese salón estilo Segundo Imperio, predominante en la Francia del siglo XX, que Sartre imaginó, sino un cubo blanco deformado. "Es un infierno no convencional, pero que no desconecta con los variados infiernos que se pueden encontrar en nuestra vida cotidiana actual , desde los niños que sufren acoso hasta las parejas que quieren separarse y no pueden por cuestiones económicas. Hemos primado que fuera un espacio inquietante, en el que pesa la desnudez", explica la directora residente de los Teatros del Canal. Un lugar hostil casi museístico, en el que "los protagonistas van a experimentar el peso de la terrenalidad y de la pérdida de la humanidad, mientras entretejan la telaraña que les une".
Con versión de Alfonso Sastre, la obra favorece un trabajo muy actoral. "A pesar de la crudeza del texto, nunca han perdido el sentido del humor a la hora de vislumbrar cómo es la entrada en este supuesto mundo de los muertos, en cuanto trasposición mítica de la condición humana. Han explorado hondamente en unos caracteres que se desnudan y se desangran , consiguiendo poner en marcha un interesante nervio común que les electriza", elogia.
En esta sala infernal, con estos cuatro personajes, la obra incide en la convivencia con los otros o el peso de las apariencias, así como en la cobardía, la traición, la culpa, el deseo, la heroicidad, la manipulación , el empoderamiento, el infanticidio, la obscenidad, la tortura, la memoria, la vida (y la consiguiente muerte) y la libertad". Todo ello, sin olvidar que, "por muy individualistas que seamos y muchas máscaras que nos pongamos, no queremos ni podemos escapar del juicio ajeno, ni de la otredad", sentencia Amestoy.
Marta Ailouti. El Cultural, 9-10-2026.

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