jueves, 29 de octubre de 2026

"A puerta cerrada": el infierno son los otros

Elenco de A puerta cerrada en el Palacio Valdés de  Avilés. (Mara Villamuza)

Ainhoa Amestoy abre las puertas del averno en el Palacio Valdés de Avilés para que Isabel Ordaz, Pere Ponce, Oliva Molina y Jesús Asensi se hagan la vida imposible en la obra de Jean-Paul Sartre. Estrenada por primera vez en 1944 en París, en A puerta cerrada Jean-Paul Sartre encerraba a tres desconocidos en una habitación  para ilustrar una de sus máximas más populares: el infierno son los demás. Pocas veces llevada a escena en España, ahora la directora Ainhoa Amestoy (Madrid 1977) se atreve con este clásico del filósofo francés en una valiente propuesta protagonizada  por Isabel Ordaz (Inés), Pere Ponce (Garcin), Olivia Molina (Estelle) y Jesús Asensi (en el papel del mozo) que se estrena en el Palacio Valdés de Avilés los días 9 y 10 de octubre, antes de recalar en los Teatros del Canal (del 5 al 30 de diciembre). 

"Hoy miramos de otra forma a estos censurables personajes que fallecen y son arrojados y encerrados  para siempre en una habitación , ejerciendo supuestamente cada uno de verdugo trampa para los demás", comenta Amestoy. "El tema no puede ser más actual, dado que vivimos en la década del cinismo y del rencor. Los medios de comunicación y las redes sociales destilan violencia, egocentrismo, vanidad, egoísmo  y maldad, al igual  que el universo  que construye Sartre, y el deber del teatro es poner  un espejo ante la sociedad  para incentivar  la reflexión -ética en este caso. No estamos acostumbrados a textos tan duros, pero es importante escapar de la banalidad y enfrentarnos a las debilidades humanas", reflexiona. 

Sin embargo aquí el averno no es ese salón estilo Segundo Imperio, predominante  en la Francia  del siglo XX, que Sartre imaginó, sino un cubo blanco deformado. "Es un infierno no convencional, pero que no desconecta  con los variados infiernos que se pueden encontrar en nuestra vida cotidiana actual , desde los niños  que sufren acoso hasta las parejas que quieren separarse y no pueden por cuestiones económicas. Hemos primado que fuera un espacio inquietante, en el que pesa la desnudez", explica la directora residente de los Teatros del Canal. Un lugar hostil casi museístico, en el que "los protagonistas van a experimentar el peso  de la terrenalidad y de la pérdida de la humanidad, mientras entretejan la telaraña  que les une". 

Con versión de Alfonso Sastre, la obra favorece un trabajo muy actoral. "A pesar de la crudeza del texto, nunca han perdido el sentido del humor a la hora de vislumbrar cómo es la entrada en este supuesto mundo de los muertos, en cuanto trasposición mítica de la condición humana. Han explorado hondamente en unos caracteres que se desnudan y se desangran , consiguiendo poner en marcha un interesante nervio común  que les electriza", elogia.

En esta sala infernal, con estos cuatro personajes, la obra incide en la convivencia con los otros o el peso de las apariencias, así como en la cobardía, la traición, la culpa, el deseo, la heroicidad, la manipulación , el empoderamiento, el infanticidio, la obscenidad,  la tortura, la memoria,  la vida  (y la consiguiente muerte) y la libertad". Todo ello, sin olvidar que, "por muy individualistas que seamos  y muchas máscaras que nos pongamos, no queremos ni podemos escapar del juicio ajeno, ni de la otredad", sentencia Amestoy. 

Marta Ailouti. El Cultural, 9-10-2026.

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