jueves, 18 de mayo de 2017

La levedad

"Dibujándome, me veía viva"
Dibujos para salir del drama de Charlie Hebdo. Catherine Meuri-sse exorciza en un álbum la matanza de la que se salvó por casualidad. Una mala noche por un desengaño sentimental y un despertador que no oyó salvaron a Catherine Meurisse del atentado que costó la vida a 12 compañeros del semanario Charlie Hebdo en París el 7 de enero de 2015. Llegó tarde a la reunión del consejo. Escuchó los Kaláshnikovs desde un despacho vecino. La que fue la primera mujer de la redacción de la revista, a la que se había incorporado hace 10 años, no salió indemne: quedó en un estado de semiinconsciencia, incapaz de sentir, de emocionarse por nada. Simplemente se había secado. Como ser humano, como artista. Tardó más de cinco meses en volver a dibujar y casi un año en plasmar esa travesía que, al menos en lo profesional, intenta superar en La levedad, álbum aparecido en Francia en 2016 y que ahora publica en castellano Impedimenta. "Quería algo tan simple como no volverme loca: todo se había convertido en un sinsentido, perdí la noción de mi identidad como mujer, persona y como dibujante; creí que ya nunca más podría volver a leer, pero me conformaba con poner los pies en el suelo, aunque fuera el suelo de otro planeta", admitía Meurisse (Niort, Francia, 1980) ayer en Barcelona. Buscó instintivamente refugio en la literatura, como cuando de pequeña dibujaba adaptaciones de Alejandro Dumas, pasión por las letras que se tradujo en su primer álbum, La comedia literaria (2008). Recurrió a Baudelaire o fue a la playa de Balbec. Fue simplemente peor. "Me entró pánico: la literatura no me ayudaba, ni rehacía  mi imaginario; y si no podía dibujar yo ya no existía", decía. En este proceso de desesperación, que bien reflejan en La levedad unos trazos de estilo "seco, delgado, fruto de mi estado de ánimo", como los define ella misma, Meurisse quiso creer que "tras el atentado solo un shock estético, el shock de la belleza podría acabar con el shock del terror de Charlie Hebdo". Fue, pues, a Roma en búsqueda del síndrome de Stendhal. Logró que le otorgaran una estancia en la Villa Médeci. Nada, no parecía curarse. Lentamente en el grupo de becarios de la villa y en una noche oyendo interpretar a Bach le pareció reconocer sensaciones... de pronto todo volvía poco a poco. Y también el color: la segunda mitad de La levedad luce suaves cielos pastel y tierras de ocres pálidos, todo suave. "Dibujándome, me veía viva". Gracias a la belleza había vuelto a la levedad...
Carles Geli. Barcelona. El País, 17 de mayo de 2017

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