martes, 19 de septiembre de 2017

El museo clandestino de Monet

La partie de pêche de Cézanne, una de las primeras obras
adquiridas por Manet.
Una exposición en el Museo Marmottan Monet de París indaga ahora sobre ese aspecto desconocido de su biografía Monet Coleccionista, que se inauguró ayer y que permanecerá abierta hasta el 15 de enero, ha logrado restituir buena parte de esa colección secreta, que concentró lienzos de grandes autores como Delacroix, Manet, Caillebotte, Morisot, Cézanne o Renoir. Reunir estas obras, hoy cotizadísimas y dispersas por todo el mundo, ha sido una tarea ardua. "Casi una investigación policial", afirma la conservadora jefe del museo, Marianne Mathieu. "Tras la muerte del pintor, su colección quedó desmembrada. Muchos de los cuadros que la integraban fueron vendidos por su hijo". El primogénito, Michel, tenía una costosa pasión por los safaris y aprovechó la cuantiosa herencia pictórica para sufragarla. Por si fuera poco, la lista de obras desapareció en un bombardeo de la Segunda Guerra Mundial. Para organizar la muestra, se tuvo que empezar de cero. "Revisamos inventarios previos, correspondencia privada, catálogos de subastas y artículos de prensa", explica la comisaria, sobre los tres años de trabajo que ha empleado. Logró cerrar un listado de 125 obras, hoy dispersas en colecciones públicas y privadas. La muestra ha logrado concentrar 77 de ellas. Proceden del Museo de Orsay, la National Gallery de Washington, el MoMA o el  Metropolitan de Nueva York. Una pequeña escultura de Rodin encontrada en una colección privada se expone en público por primera vez. En el reverso cuenta con una dedicatoria:"Al gran maestro Monet. De su amigo Rodin". Los responsables de la muestra solo lamentan no haber podido reunir algún cézanne adicional, como Muchacho con chaleco rojo, imprestable desde su robo y reaparición en 2010. El recorrido refleja las distintas etapas de Monet, que seleccionaba discretamente en subastas y salones . Nunca pujaba, mandaba a un intermediario. Pese a su íntimas relaciones con muchos pintores, tampoco se dirigía a ellos. Prefería pasar por los marchantes pese a los costes adicionales que eso suponía. "Era una manera de separar la dimensión privada y la profesional", explica Mathieu. Después los colgaba por todos los rincones de su casa en Giverny. A excepción de su atelier, un santuario en el que era mejor no correr el riesgo de sufrir interferencias. Las primeras salas recogen regalos e intercambios que los pintores se hacían, una práctica habitual entre  impresionistas. Caillebotte le regaló un esbozo de Calle de París, tiempo de lluvia, una de sus obras maestras. A cambio de un préstamo para comprar su casa, Pissarro le obsequió con Campesinas plantando estacas que fascinaba a Monet. Cuando el pintor tuvo suficientes medios para comprar, se decidió por sus maestros: acuarelas del romántico Delacroix, pequeños formatos de Jongkind y Boudin, precursores del impresionismo... Después, se centró en Renoir y Cézanne. "Compra cuadros de quienes tienen las mismas preocupaciones pictóricas, aunque encuentren soluciones diferentes", dice Mathieu. Ni el cubismo ni el fauvismo, ni el dadaísmo, que marcarán las vanguardias, tienen reflejo en la colección. 
Álex Vicente. El País, viernes 15 de septiembre de 2017

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