En Francia, Pedro Almodóvar no es un simple cineasta, sino algo parecido a un semidiós: ha recibido todos los honores posible para un artista vivo. "Francia una vez que te adopta lo hace de un modo absoluto. Como decía Julio Iglesias, si triunfas en Francia el público te será fiel toda tu vida. "Soy un cineasta francoespañol", expresó en el arranque de este Festival de Cannes, cuando parecía que a la sexta iría la vencida.

Resulta paradójico que el país que más ha celebrado su trabajo le siga negando esa joya de la corona llamada Palma de Oro. Cuando se buscan razones, aparece al propia composición de los jurados, grupos variopintos formados por personalidades con gustos cinéfilos heterogéneos, lo que suele favorecer a películas capaces de generar consensos inmediatos. "El aspecto personal, singular y exuberante del cine de Almodóvar puede ser un dificultad en un contexto como Cannes", decía ayer el crítico Frédéric Strauss, artífice del reconocimiento de Almodóvar en Francia gracias a sus elogiosos textos en Cahiers du Cinéma, antiguo vivero de la Nouvelle Vague...
Igual que en el mito de Sísifo, la roca se volvió a deslizar montaña abajo en el último minuto. Almodóvar volvió a parecerse al rey de Corinto. No hay motivos para pensar que no intentará conquistar la cima otra vez. Excepto que su piedra pesa, sin lugar a dudas, cada vez más.
Álex Vicente. Cannes. El País, domingo 26 de mayo de 2019
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