lunes, 25 de noviembre de 2019

Pequeñas mentiras para estar juntos

Fotograma de Pequeñas mentiraspara estar juntos
Hace nueve años, Pequeñas mentiras sin importancia se convirtió en un fenómeno mediático social en Francia. Su principal responsable,  el actor y realizador Guillaume Canet, consolidaba con ese éxito su incipiente carrera como director, tras triunfar con su anterior película, el thriller No se lo digas a nadie (2006).
Pequeñas mentiras para estar juntos es la secuela de aquella cinta. La acción transcurre unos años más tarde, en el mismo lugar, el Cabo Ferret, en la costa atlántica de Francia. En este pequeño paraíso vacacional caracterizado por la calma y la tranquilidad, los protagonistas del anterior filme vuelven a reunirse para celebrar algo juntos. Todos se conocen desde la juventud. Algunos,  desde la infancia.
Max (François Cuzet) es el dueño de la residencia veraniega que ha servido de cuartel general para este grupo. Él es un tipo nervioso, iracundo, depresivo y en crisis a punto de cumplir los 60 años. Por si fuera poco, sus problemas económicos le obligan a vender la casa. Sin previo aviso, Max recibe la visita de sus colegas, dispuestos a montarle una fiesta de aniversario.
"La primera película tenía mucho de autobiográfico", señala Canet. "Contaba cosas que me estaban pasando. Los actores y actrices aran amigos míos y el ambiente del rodaje fue más improvisado, más loco. Lo pasé fatal poniendo orden a aquel caos. Ahora sus personajes han evolucionado por su cuenta y yo he sido más disciplinado"...
"Siguen siendo los mismos y a la vez son distintos", comenta Canet. "Me interesaba hablar de este tema y de lo que lo rodea. También de la amistad, de cómo se enquistan los enfados o de cómo nos portamos mal con algunos amigos  porque son amigos nuestros..."
Pedro Calleja.  El Mundo, jueves 7 de noviembre de 2019

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