jueves, 28 de noviembre de 2024

"Conquistadores". Fiebre del oro inca

Éric Vuillard (Lyon, 1968), premio Goncourt 2017 por El orden del día y premio Franz Hessel 2012 por La batalla de Occidente, también cineasta y guionista, consigue mostrar, en toda su obra, el cartón piedra del heroísmo de ciertas figuras inmortales de la historia. Conquistadores es una espléndida paradoja  desde su propio título. Que Francisco Pizarro, sus capitanes y mercenarios eran a la vez grotescos y sublimes cuando cruzaron los Andes en 1532 para arrasar el Imperio inca en Perú, nos indica que Vuillard pone el foco en el galope de los caballos, en las ciénegas y las selvas, el sudor y la sangre, la destrucción y, sobre todo en la codicia de los españoles. "El Nuevo Mundo fue una empresa de bastardos y niños golpeados", se dice en Conquistadores. Desde Castilla, desde Extremadura, sin linaje ni títulos, los pioneros embarcaban buscando la gloria y riquezas. "Decididamente, había muchos bastardos. Atahualpa lo era, Pizarro lo era, también Almagro".

Con el tiempo, el público de Vuillard ha ido descubriendo que cada novela suya no erige estatuas, ni eleva cantos elegíacos de ningún personaje histórico; más bien desintegra las aureolas míticas entrando en el meollo de los conflictos. Se aproxima a la Historia a través de los destinos individuales. El análisis de dos de esos destinos de ímpetu y honor es lo mejor de esta fulgurante narración de la aventura colonial española en el Perú, que acabó demoliendo la civilización inca. Por supuesto,  Pizarro, "conquistador, hijo bastardo de Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, analfabeto y, como sugiere  López de Gómora, exporquerizo, hombre astuto cuando posee el mando", va a ser la personalidad principal y contradictoria, un héroe sanguinario de voluntad casi sobrenatural. Frente a Pizarro, el carácter gris, eficaz, paciente y, con el tiempo. resentido de Diego de Almagro, que tomó Cuzco y se acabó enfrentando a Pizarro en una guerra civil  entre los colonizadores: "Un puñado de hombres se disputaba de forma asombrosa un imperio del que ni siquiera conocían su lengua". La historia real respondía a una profecía incaica que anunciaba que tras dominar el país, los invasores se matarían entre ellos. Almagro se había conformado con ser el segundo, expedición tras expedición, relegado a misiones prácticas, "había cometido, sin pensarlo, su epopeya subalterna. Pero cada vez había sentido un poco de fastidio, un poco de ira que se tragó", dirá el narrador.

La novela está llena de fugaces apariciones de los incas y sus rituales. Para los conquistadores son solo sombras, salvó los jefes a quienes manipularán y acabarán torturando y convirtiendo en ruinas humanas en una cruzada que tuvo más que ver con la avidez de la riquezas del Imperio inca, también acosado por luchas internas, que con el intento de convertirlos a la cristiandad.(...)

Los bajos fondos de la Historia y las motivaciones más oscuras de los personajes reales es lo que le interesa a Éric Vuillard. Su formación de antropólogo, y sus estudios de postgrado en Historia y Civilización con la dirección de Jacques Derrida le llevan a cuestionar la cultura occidental y a mostrar las miserias  bajo las contradicciones. Conquistadores levantará ampollas entre muchos historiadores, pero no será la primera vez que Vuillard se enfrenta a estudiosos en desacuerdo con sus datos...

Lourdes Ventura. El Cultural, 15-11-2024.

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