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Desnudo apoyado sobre las manos de Henri Matisse. © Succession Henri Matisse/VEGAP/2024 |
"Es una exposición nunca vista en España, que muestra el carácter múltiple del artista y que bucea en muchas de sus facetas", comenta Aymeric Jeudy, director del Museo Matisse de Niza, que ha estado acompañado por Sandra Gianfreda, comisaria del Kunsthaus Zürich; Eva Tormo de la Fundación Canal; Christian Ruiz Orfila, director de Arte y Cultura de la fundación, y Popy Venzal , comisaria asociada de la exposición en colaboración con el Museo Matisse de Niza y el museo Kunsthaus Zurich, y que cuenta con el apoyo de Manifiesto Expo.
Para Venzal hay tres causas de que esta faceta escultórica de Matisse sea tan desconocida, "La primera es el pequeño tamaño de las esculturas", cuenta. Es cierto: las que se pueden observar en la muestra de Canal varían entre ocho y 40 centímetros, un formato poco espectacular. "La segunda, que son muy pocas". En concreto, 84, de las que en la sala madrileña se podrán ver 33. "Por último, muchas veces, estas esculturas son consideradas estudios, tentativas del artista, no obras acabadas", cuenta Venzal, que, sin embargo se opone frontalmente a esta idea. "Si se las considera estudios es porque en la superficie se ve el trabajo del artista, las marcas físicas de su modelado en la arcilla", explica, "aunque esto es de forma consciente. Quiere que se vea la huella del trabajo". Es similar a como pintaba, y demuestra la pertinencia de la frase inicial del artista: "La búsqueda es la misma" .
La muestra se divide en tres salas . La primera está dedicada a las esculturas de menor tamaño. Todas ellas resumidas en tres grandes poses: figuras agachadas, figuras reclinadas y figuras con los brazos levantados. Una sal que se abre con el diálogo entre una escultura de Matisse y otra de su amigo Aristide Maillol, dos mujeres desnudas que abrazan sus piernas. Venzal vuelve al trazo grueso, a las heridas de la superficie. "Vemos en todas las esculturas gestos de modelado que consiguen que la luz se refleje de manera viva. Y el accidente se asume", explica señalando una figura femenina que perdió un brazo cuando Matisse sacó el modelo de arcilla de su bolsillo.
Menos una, todas las esculturas son femeninas. Las figuras reclinadas demuestran la importante "fuerza erótica y el pensamiento sobre la muerte, relevante en su obra", cuenta Venzal, que explica como el artista pasaba de un medio a otro señalando una escultura de su mujer, Amélie, al lado de un bodegón dibujado por el artista en el que, junto a un jarrón con flores aparece esa misma escultura. La muestra también cuenta con dibujos, litografías y un lienzo del artista. Y en varias de esas obras hay pequeñas esculturas, que dan a esa presencia humana sobrevenida una escala humilde. Para completar la exposición, se exhiben fotografías de revistas artísticas que a principios del siglo XX hacían posar a modelos con una dimensión erótica.
"Es una postura llena de ambigüedad, una figura de intimidad e iconografía vinculada al dolor, a una dimensión espiritual", explica la comisaria sobre las figuras con brazos levantados. Esa primera sala se cierra, si hablamos de cuerpos con los brazos levantados con la figura de las figuras: un Cristo crucificado, estirado, sereno, apaciguado, "un cuerpo frágil paro sin rastro de dolor", en palabras de la comisaria que Matisse creó mientras trabajaba en la capilla del Rosario en Vence en 1949...
Jorge Morla. Madrid, 22 de octubre de 2024.Babelia. El País.
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