En la alcoba del sultán es una delicada y estimulante rareza dentro del panorama de cine español, una feliz extravagancia que habla de una peripecia real en un país exótico imaginario, El País de Nour que en árabe significa luz. Allí, un joven sultán que lleva calcetines rojos se enamora de la misteriosa máquina llegada de Europa. Las imágenes de su reino, coloristas y naífs, remiten tanto al orientalismo de Passolini en películas como Medea o Las mil y una noche como a las simetrías y personajes del cine de Wes Anderson. También, mediante la tipología de los rótulos y su aire de lejana fantasía, al cine de aventuras del viejo Hollywood. Ese cruce inclasificable encuentra un lugar propio en esta película humilde, surrealista y alegre, alejada de toda nostalgia.
Pero Rebollo añade una capa más alegórica y fantasmal en la que el cine entra en contacto con espectros y fumadores de opio. Veyre, adicto a los efluvios de la amapola desde una estancia en Japón, se adentra así en otro sueño: el supuesto invento de otra máquina capaz de demostrar el alma de las imágenes.
Co su maravilloso conjunto de archivos documentales, fotografías y postales de época, y hasta su discreto lamento por la pérdida de la inocencia, acaba siendo una película feliz sobre el misterio del cine que se acerca con humor y sencillez a sus ideas, abiertas a cualquiera. Una película sabia, singular y disfrutona, como esos cuentos populares sobre mitos y leyendas a los que ahora hay que sumar la azarosa vida de Gabriel Veyre, al sultán Abdal- Aziz de Marruecos y a la máquina de los sueños.
Elsa Fernández Santos. El País, viernes 15 de noviembre de 2024.
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