viernes, 29 de noviembre de 2024

La alfombra roja de Paco Ibáñez

Según nos has recordado en alguna ocasión, de muy niño ya cantabas a las vacas que pastaban en el caserío de tus abuelos maternos en Aduna, Gipuzkoa, e incluso emulabas, como un pequeño charro vasco al cantaor mexicano Jorge Negrete a oídos  de tu madre. Tiempo después, a tus 14 años, junto a ella y tus hermanos, cruzaríais los Pirineos clandestinamente, al encuentro de tu padre, exiliado en Francia. De él aprendiste el oficio de ebanista, que aún ejerces en tu pequeño taller con banco de carpintero, fresadora, gubias y cinceles.

Desde el principio de tu constelación de grabaciones discográficas, has sido solícito con los artistas pintores. Son memorables tus ediciones de poesía cantada  de la mano de la pintura y he tenido la alegría  de poder participar en la antología  Paco Ibáñez canta a los poetas andaluces, y también en un nuevo álbum que se llamará Érase una vez -será para niños, como tu dices, de 0 a 90 años-, que fui pintando durante la pandemia, coloreando aquellos días y tus canciones.

Algo profundo te ocurrió en París  en el año 1958 al leer La más bella niña, el poema de Luis de Góngora: su lectura se hizo música y con ella un poema engarzó a otro y otro, como un cesto de cerezas, y así llegaste a Federico Lorca, que has cantado como nadie. Con estos poemas aparece tu primer disco  en 1964 y tres años más tarde  una grabación con tus versiones cantadas de los poemas de Blas de Otero, Gabriel Celaya, Miguel Hernández, Francisco Quevedo y otros. Estos dos primeros discos, bellos tanto por su contenido  como por el diseño y la imagen de su funda, fueron cimientos de tu larga trayectoria como trovador de la poesía y simiente para un público ávido que ya azuzaba las espuelas en su galopar más allá del escenario y se alzaba en la platea  con un aplauso solidario en tu icónico recital en el teatro Olympia de París aquel diciembre de 1969.

Para entonces ya eras un símbolo de la resistencia cultural y un referente de la lucha antifranquista. Tus tres primeros discos, como tres soles de vinilo, forman parte de nuestra memoria colectiva.¡Y con qué clamor por la dignidad has dado respuesta a la dificultad de combinar vocación estética  con preocupación cívica!

Rebobino y me veo con 20 años viajando a París en 1973 para asistir  a uno de los conciertos  de Georges Brassens. Por un feliz azar conocí a Rogelio, tu hermano, que nos presentó, y cuando te conté el motivo de mi viaje de inmediato mostraste tu entusiasmo  por Brassens: para tí , me dijiste, fue el estímulo para musicar poesía. No pude imaginar entonces que aquel primer y breve encuentro sería el inicio  de una posterior y larga amistad sin fecha de caducidad.

Todo poema tiene su tiempo y su lugar; pero todo poema tiende a trascenderlos. Tu presencia ha sido un gran sí a la vida  y una voz de alarma ante la desigualdad , las enfermedades crónicas del poder o las guerras que, como escribió Valéry, siguen masacrando gente  que no se conoce para provecho de gente que sí se conoce -pero no se masacra-. (...) 

El año 1994 me pediste un cartel para tus recitales por la Península con el poeta Agustín Goytisolo bajo el el lema "La voz y la palabra". El teatro de Madrid donde actuabais se olvidó de encatelar y el día siguiente del concierto fuiste  acolgar los carteles  con tu compañera Julia: aún conservo las fotos que me mandaste. Fue en aquella ocasión que me atreví a sugerirte  la propuesta escénica que desde entonces ha sido norma en tus conciertos: una alfombra roja de cuatro por cuatro como plataforma mínima desde donde proyectar tus canciones: en ella has transitado por innumerables escenarios estos últimos treinta años. 

Frederic Amat. Babelia, El País, sábado 16 de noviembre de 2024.

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