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Georges Didi-Huberman //EFE |
Con más de 300 obras de 140 artistas, la muestra está pensada como "una antropología política en clave poética" sobre "la fuerza transformadora de las emociones". El título proviene de un verso del Romance de la luna, luna, poema del Romancero gitano de Federico García Lorca, cuyo manuscrito original forma parte de esta exposición exigente y ensayística, acompañado de obras de Rodin, Giacometti, Miró , Dalí y su admirado Goya. "Todo empieza con él decía el historiador esta semana durante el montaje de la muestra en Madrid.
P.-Dice que cada uno de sus proyectos comienza con una obra de Goya. Por qué?
R.- Goya es el máximo exponente de la unión entre la luz y la sombra. Es el pintor del claroscuro también en el sentido moral. Siendo un hombre de la Ilustración afirmó que sus imágenes tenían una función crítica, la de arrojar luz, pero después introdujo la sombra en cada rincón. Reflejó la razón y los monstruos de la razón. Su grandeza filosófica es capital.
P.- ¿Nuestro siglo sigue siendo goyesco en ese sentido?
R.- No lo creo. Su visión de la sociedad, la historia, las creencias y la necedad del mundo era minoritaria en su época y lo sigue siendo hoy. Por desgracia, no miramos como Goya. Miramos más bien como Spielberg...
P.- Dedica su exposición a las emociones, en un mundo, el del arte contemporáneo, que suele preferir la frialdad.
R.- No estoy a favor o en contra de la emoción. Las emociones en sí no son nada, lo que importa es en qué las conviertes. ¿Quieres que deriven en un cuadro de Goya o en discurso de Trump? La culpa es de quienes les dan mala imagen. Yo creo que no hay que renunciar nunca a la emoción, incluso por ética. Quien renuncia a sus emociones las reprime. Y quien reprime sus emociones es siempre alguien muy peligroso.
P.- 20 años después de Imágenes pese a todo, ¿cree que ha ganado usted o quienes lo criticaron? Claude Lanzmann, por ejemplo, decía que representar el Holocausto era trivializarlo.
R.- Estando involucrado en esa polémica no voy a decir quién ganó. Pero la cuestión sigue ahí -, igual de vigente...
P.- Lo que le pregunto es si se ha impuesto la censura de lo abyecto o la libre circulación de las imágenes, incluso cuando son insoportables.
R.- Ese debate nunca acabará. El otro día hablaba con una psicoanalista lacaniana y chocamos de inmediato. Me decía: "No debe haber imágenes del Holocausto, no es posible que las haya". La cuestión es que históricamente sí ha sido posible. Las imágenes existen, y me interesa saber cómo dialogan con lo real.
P.- ¿Qué vemos hoy en Gaza, Líbano y Ucrania? ¿Qué representación de estos conflictos se nos ofrece?
R.- Entiendo que, como periodista, quiera terminar la entrevista con un toque de actualidad, pero no le voy a contestar...
P.- No se preocupe, que aún no hemos terminado. Solo vamos por la mitad.
R.- Lo que llega de Gaza cada día me consterna, me deja abatido. Pero, para mí, no es el momento de juzgarlo. Hay que esperar. Se nos exige que tomemos partido con urgencia y mi inteligencia política no funciona con esa inmediatez. Algún día hablaré de ello, pero trabajo con retraso respecto a la actualidad. Walter Benjamin quedó muy impactado por la Guerra Civil, pero nunca habló de ella.
P.- ¿No es el papel de un intelectual comentar el presente?
R.- Sí, se nos pide que juzguemos la actualidad y predigamos el futuro. Para mí, nuestra función es buscar nuestras raíces históricas, entender el futuro desde un pasado...
P.- "Hay que mirar con ojos de niño y pedir la Luna", dijo Lorca. ¿Esa es su forma de ver el mundo?
R.- Sí, con ojos de niño. Y, a la vez. con los de un hombre ilustrado que conoce el arma sutil de la crítica.
Álex Vicente. El País, 3 de noviembre de 2024.
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