domingo, 6 de marzo de 2022

El Paris secreto 2

Pero basta de viajes y exotismo y volvamos a París con toda su singularidad. Y para eso, nada mejor que ir hacia la calle de las Termópilas (Rue des Thermopyles) adornada de rosas y luces increíbles. No muy lejos se encuentra el Square Montsouris, que también es un pequeño rincón campestre al igual que La Campagne à Paris, y el Square des Peupliers que se ubican en el distrito 13.

En éste mismo distrito, podemos seguir el viaje, pero esta vez a Francia y más precisamente a Alsacia, visitando un barrio cuyo nombre muy evocador es La pequeña Alsacia. Para penetrar en algunas zonas residenciales protegidas, tendrán que pedirles a algunos habitantes que les abran. Pero me fío de su cortesía española para engatusar a estos parisinos « alsacianos ». 

Calle Crémieux

En el distrito doce, no muy lejos de la Place de la Bastille, uno de los símbolos de París, encontrarán la calle Crémieux que cuenta con las casas más coloristas de la ciudad. Sin embargo, les aconsejo que añadan a su bici un escudo anti-instagramers que por desgracia están invadiendo esta calle lleno de encanto.

Pasando por el cementerio del Père Lachaise, volvamos al campo yendo hacia La cité Durmar y la cité du Figuier que están muy cerca la una a la otra. Una vez en estos pequeños callejones sin salida, se penetra en otro mundo. El tumulto de la ciudad parece desaparecer en un instante. Tendrán la sensación de estar solos en el mundo con algunos gatos perdidos a modo de compañeros. Todavía no se ha inventado la máquina del tiempo y sin embargo, es como si el tiempo se hubiera detenido hace más de 150 años. ¡Hasta podrán encontrar una palmera!
Pero se han olvidado, ¡mis queridos ciclistas profesionales en ciernes!, que París es un lugar lleno de historia. Así que vamos a cultivarnos. En vez de hacer cola durante horas y horas delante de Notre-Dame de Paris, vamos a ir al oeste de París, en el distrito ocho en el que se encuentra la Capilla Expiatoria. Uno de los monumentos más desconocidos de París. Fue en este lugar exacto donde estuvieron inhumados los cuerpos descabezados y mutilados de Luis XVI y Marie-Antoinette en 1793. La capilla contiene muchos tesoros entre los cuales unas bóvedas de gran belleza. Pero el clímax de la visita es sin duda la cripta ubicada en el sótano.  

La Gran Mezquita de Paris

Puesto que estamos con visitas culturales, una obligatoria es la Gran Mezquita de París cuyo interior nos hace olvidar que estamos en la trigésima sexta ciudad más grande del mundo. Este monumento espectacular está ubicado en el distrito cinco. 

Entremos ahora en el distrito cuatro y más precisamente en la calle François Miron. Aquí, la máquina de tiempo vuelve a hacer su obra. Mientras que muchas calles de la capital fueron objeto de profundas modificaciones bajo las renovaciones de Hausmann, esta calle consiguió conservar su autenticidad y su encanto típico de la Edad Media. Prueba de ello, un par de casas con fachada de entramado de madera que permiten imaginar más fácilmente la cuestión de la vivienda en aquella época.
Por cierto, si les interesa la historia de París, vayan a visitar el Museo Carnavalet en el distrito tres, que fue renovado hace poco y que permite aprender muchas cosas sobre esta ciudad.

Passage de L'Ancre

Nuestro paseo ciclístico se va terminando. Entramos ahora en los distritos tres y dos. No se preocupen, va a ser rápido ya que en esta parte de París, lo más interesante si quieren apartarse del camino trillado son los famosos pasajes cubiertos de París. Allí, tienen un montón como el Pasaje de la Ancla (Passage de l’Ancre) especializado en renovación de paraguas (que en París los necesitarán), del Gran Ciervo (du Grand Cerf), Verdeau y Jouffroy (ambos en el distrito nueve), de los Panoramas o también la Galería Vivienne. 

Por fin, acabamos con el distrito más central de París. Ahí tendrán que utilizar sus sentidos. Primero con el 59 Rivoli (ubicado muy lógicamente calle Rivoli, 59). Este edificio que era, en su origen, una propiedad invadida por artistas, es hoy en día una residencia de seis plantas donde conviven exposiciones y talleres de artistas de todo género (street art, pintura, escultura). Un auténtico centro de creación para los visitantes y turistas que apoyan el arte y la creación de los talentos principiantes y emergentes. Además, es gratis la entrada. Entonces, ¿por qué esperar?

Luego, y porque creo que se lo han merecido, podrán probar los cócteles del Duc des Lombards mientras escuchan los grupos de Jazz que van uno tras otro en un ambiente más que acogedor. 

Así finaliza nuestra vuelta de París. Pueden quitarse el casco y bajar de la bici. Lo han visto, nuestro paseo no tiene nada que envidiarle al Tour de Francia. No nos movimos más allá de la capital pero aún así viajamos a Londres, a Japón, a Italia, a la Nueva Orleans, al campo, a Alsacia pero también viajamos en el tiempo, al siglo XVIII  o a la Edad Media. Porque éste es el verdadero París. Una mezcla perfecta de todos los países del mundo, de todas las regiones de Francia y de todas las épocas contemporáneas combinados con la arquitectura de Hausmann y los monumentos más emblemáticos de la capital. 

París tiene muchos defectos y llevo varios meses, y hasta años, anotándolos. No obstante, no le podemos negar a la capital francesa esta diversidad increíble y poco comparable en el mundo.

Espero que les haya gustado este paseo ciclista. Tengo un último consejo antes de dejarles refrescarse después de tanto esfuerzo: la próxima vez que vengan a París, no olviden visitar esta parte secreta de la ciudad y mejor aún en bici, y esta vez, en la vida real. "

Jordan Bequin. Rosny-sous-Bois,   6 de marzo de 2022

sábado, 5 de marzo de 2022

El Paris secreto 1

Cuando un turista o un extranjero piensa en París, los lugares que se le ocurren siempre son los mismos: El Louvre, Los Campos Elíseos, el Gran y Pequeño Palacio, el Arco de Triunfo, la catedral Notre-Dame, la basílica del Sacré-Coeur y, por supuesto, la Dama de Hierro. Cada año, millones de personas viajan a París y visitan estos magníficos lugares. Cuando vuelven a su país, se alegran de haber visto con sus propios ojos los símbolos de la ciudad de la luz. Sin embargo, ¿es realmente lo representativo de París?

La verdad es que esta pregunta es muy difícil de contestar. Llevo seis años viviendo muy cerca de París y no tengo la respuesta. Solo puedo decir que no es más que una parte. La punta del iceberg. París es mucho más.

Como les decía antes, tengo una visión incompleta de París. No obstante, creo que tengo una visión mucho más realista que sus visitantes. Llevo un par de años intentando conocer los secretos de París. El París que no les interesa a los turistas e incluso hasta a ciertos parisienses.
Olviden ustedes la imagen que tienen de París. Olviden la Torre Eiffel, el Arco de Triunfo, el Sacré-Coeur y el resto. Y déjense llevar hasta mi París. El París secreto.


Para este paseo, cojamos nuestra bici. Ya lo verán ustedes: pasearse por París en bici es de lo que no hay. Y para rendir homenaje aún más a esta ciudad, seguiremos el orden de los distritos (los famosos « arrondissements »). Antes de montarnos en la bici a horcajadas y ponernos el casco (que en París es una cuestión de vida y muerte), les propongo un pequeño repaso. Existen veinte distritos (creados en 1859) que forman una concha de caracol. Corren del interior al exterior en forma de espiral. Para explicarme mejor, el distrito número 1 está ubicado en el centro geográfico de la ciudad y así se va avanzando hasta el distrito 20, situado en el este de la ciudad. 

Hablando del distrito 20, es nuestra primera parada. Descubrimos allí un barrio llamado La Campagne à Paris (El campo en París). Es verdad que este barrio residencial no tiene nada que ver con el París de los Campos Elíseos. Allí descubrirán callejones pavimentados, pequeñas casas de ladrillo, jardines floridos y verdes.


Otra vez en el distrito 20, ahora dejamos la bici y la atamos con candados seguros (a no  ser que quieran seguir el paseo sin sillín…) y nos adentramos en el Pequeño cinturón (la Petite Ceinture). Esta línea de camino de hierro de 32 kilómetros de longitud que hace la vuelta de París está hoy inutilizada sobre la mayor parte de su recorrido. Ahí, algunos tramos están urbanizados, antiguas estaciones fueron transformadas en restaurantes o en bares, existe una rica biodiversidad y un espacio para respirar o hacer footing. Nada mejor para descubrir de forma diferente la ciudad de la luz. De allí podremos ir hasta la calle Dénoyez y contemplar obras de street art en todas las paredes de la calle.

Entramos ahora en el distrito 19. Aquí, calienten las pantorrillas porque va a ser intensa la cuesta. Subimos hasta la Butte Bergeyre sobre la que, además de un jardín compartido y un pequeño viñedo, podrán admirar la vista más bonita de París. Sí, sí. ¡Se lo aseguro!

Con todo ese esfuerzo, tienen calor así que les propongo que nos refresquemos en las cuevas, totalmente artificiales pero no menos románticas, del parque de las Buttes Chaumont.

Allí, en el fresquito de la cueva, ustedes pensarían que no tendrían nada en contra de una cerveza. Volvamos, entonces,  a subir sobre nuestro “caballo de batalla” en dirección a La Recyclerie. Esta antigua estación del pequeño Cinturón reúne un café-comedor, un taller colaborativo y una granja urbana, dando mucha importancia a los valores de desarrollo sostenible y ecología.

Ahora, como nuevos gracias a esta cerveza (o limonada para los más sanos), subimos hasta el famoso barrio de Montmartre. Ya lo sé, les había dicho que este recorrido iba a cruzar sitios secretos y Montmartre está muy lejos de serlo. Sin embargo, nosotros no vamos a subir hasta la basílica sino que vamos a limitarnos a todos los callejones pavimentados que están detrás, entre ellos La Villa Léandre. Este callejón sin salida nos hace viajar durante algunos minutos al otro lado del canal de la Mancha, a la capital británica, y todo esto, muy lejos de la horda de turistas que ronda cerca del Sacré-Coeur. 

Como este pequeño paseo británico-parisino les ha dado ganas de viajar, les propongo que sigamos el viaje hasta Japón. Para esto, vayamos al museo nacional de las artes asiáticas Guimet, en el distrito dieciséis. Si quieren, pueden visitar el museo que vale la pena. Sin embargo, lo más exótico se encuentra detrás. Este museo tiene uno de los jardines japoneses más bonitos y zen de la capital francesa.

En el distrito 14, nuestro viaje alrededor del mundo y de Europa se prolonga con la fachada de la Comedia Italiana. Una fachada de un azul celeste con columnas de estilo barroco y sus representaciones de unos ángeles que muchos podrían calificar de cursi. Este pequeño teatro, que cambia de color según el antojo del propietario, desentona, con certeza, con el entorno. 


Jordan Bequin. Rosny-sous-Bois, 5 de marzo de 2022

viernes, 4 de marzo de 2022

Debussy contra el teatro burgués

Pelléas y Mélisande de Debussy el El Liceu

El Liceo se viste de gala para recibir una de las más grandes obras líricas del siglo XX; una de las más insólitas y revolucionarias también: Pelléas y Mélisande de Debussy. En cierto sentido, una antiópera, definición que no le desagradaba al propio Debussy, que en 1902 quiso hacer "otra cosa" y que partió del texto teatral de Maeterlink, al que liberó de algunas escenas particularmente simbolistas. El deseo de respetar estrictamente la prosodia llevó al compositor a redactar una entonación semihablada, un parlato musical rico en sfumature, en matices expresivos, herededados de los hallazgos que el mismo compositor había aplicado a sus melodías para voz y piano, como las Canciones de Bilitis. (...)

Todo el cúmulo de bellezas y de sugerencias que alberga la genial partitura podrán ser degustadas en una nueva producción firmada por Àlex Ollé, uno de los fundadores de la Fura dels  Baus. Todo aparece presidido por una gran caja negra, un receptáculo que esconde un gran enigma. Una metáfora de la mente humana. Como apunta el regista, "un gran bloque que esconde en su interior  la complejidad de los códigos oníricos y la información sobre la trágica muerte de Mélisande en la cual adquiere una gran importancia el fundamental elemento que establece la unión con el mundo exterior: el agua".

Para servir a estas ideas se cuenta con excelentes mimbres. En primer lugar un foso en el que se moverá cómodamente, dada su cercanía a la música impresionista, Josep Pons. En escena un equipo vocal de garantías encabezado por el tenor Stanislas Barbeyrac, un lírico de timbre grato, extensión adecuada y agudo fácil aunque no siempre límpido. En el papel de Goulaud encontramos al veterano Simon Keenlesyde, otrora estupendo Pelléas. Franz-Josef Selig es perfecto para Arkel. La sensible y espirituosa Julie Fuchs dará vida a la misteriosa Mélisande...

Hay que dejar constancia de que en unas semanas, y bienvenido sea también, el Teatro de la Maestranza anuncia  un nuevo Pelléas, que subirá a escena  con montaje de la Ópera de Hamburgo firmado por el casi siempre inspirado Willy Decker y con dirección musical del muy veterano especialista Michel Plasson.

Arturo Reverter. El Cultural,25-2-2022 

jueves, 3 de marzo de 2022

Un Jesús de carne, amor y hueso

Amélie Nothomb (Bruselas, 1967) nació en Kobe, Japón, según sus biografías oficiales. Cierto que pasó su infancia y juventud en China y Japón, donde su padre era diplomático, pero en realidad nació en el elegante barrio de Etterbeek, en Bruselas. También cambió su distinguido nombre, Fabienne Claire, por el más popular de Amélie. Acaba de ganar el premio Renaudot, 2021 por Premier sang, y con Soif fue finalista del premio Goncourt. Aristócrata por familia y baronesa, Nothomb, en la cincuentena, conserva una ambigüedad infantil entre realidad y surrealidad, entre lo biográfico y la autoficción, entre inocencia y crueldad, entre lo burlón y lo profundo. En una de sus obras menciona una "higiene de infancia eterna", y en esa ilusoria ingenuidad, llena de abismos más oscuros, reside parte de su fascinación. En Sed su novela número 28, se permite, en 123 páginas, meterse en la piel de Jesucristo. la pasión y la crucifixión contadas por Jesús, desde un irreal más allá.

Ya Saramago, Kazantzakis o Éric-Emanuel Schmitt recrearon la humanidad de Cristo en la ficción. Con osadía, Nothomb se lanza a la Pasión de Jesús en un vuelo descabellado, salpicado de ironía. La autora belga no sólo enfatiza la encarnación de Cristo como hombre, con carne y pulsiones humanas, sino que lo convierte en "el chico de al lado", el treintañero de hoy mismo, al que su Padre impulsó a sacrificarse y a morir con dolor por los pecadores. En el monólogo interior del Jesús de Nothomb hay una mirada retrospectiva sobre el sufrimiento inútil, y un sutil arrepentimiento por haber soportado tan dura carga. "Al principio acepté ese proyecto demencial porque creía en la posibilidad de cambiar al hombre. Ya hemos visto cómo acabó todo", dirá Jesús desde el más allá en las páginas finales de la novela.  (...)

Las mujeres del Jesús de Nothomb son contempladas desde un inmenso amor. El amor del hijo por la madre, y el amor del hombre por la compañera, la mujer deseada, Magdalena. ¡Cómo me gustaría pasar esta última noche con ella! Ella decía: ¡Durmamos con un amor loco!", recordará Jesucristo. Poncio Pilatos, los testigos de los milagros, Simón de Cirene, la Verónica, acercándole una tela que seca su rostro, Juan y Pedro, Judas el traidor, los dos ladrones crucificados en el Gólgota, el soldado que le ofrece la esponja con agua y vinagre, todos estos personajes secundarios cumplen su papel en la novela. Sus apariciones son veloces, pero transcendentes, relatadas con corrosiva ironía por el Cristo narrador. La última súplica del hijo de Dios en la cruz no puede ser más humana: "Tengo sed". Y, curiosamente, uno de los aspectos más sobresalientes de esta breve e inteligente novela es la seria reflexión sobre la sed que recorre e impregna toda la novela...

Lourdes Ventura. El Cultural, 25-2-2022


miércoles, 2 de marzo de 2022

El Gran Camino regala a Galicia cuatro días de pasión ciclista

Y 22 años después, Galicia vuelve hoy al calendario del gran pelotón ciclista internacional. El empeño de Ezequiel Mosquera, el hombre que lideró aquel Xacobeo Galicia que enamoró con su desparpajo y osadía a propios y extraños a finales de la primera década del presente siglo, unido al apoyo decidido de la Xunta y las cuatro diputaciones provinciales de la comunidad, han germinado en O Gran Camiño. Una vuelta de cuatro días y otros tantos equipos WorldTeam entre sus participantes, con todos los ingredientes para cocinar y servir un menú ciclista a la altura del siempre agradecido paladar de la afición galaica y, por extensión, de la gran audiencia televisiva que congrega el deporte de las dos ruedas y el sillín. 

Estos son algunos de los grandes alicientes de la carrera que a partir del jueves, 25 de febrero verá cortada la cinta de salida de su primera etapa entre Porriño y Vigo: Diecisiete equipos y 118 corredores de media docena de países de tres continentes. Más de 500 kilómetros por delante. Ocho puertos y un tercer día de sufrimiento...

Más allá de su conocida y reconocida pasión por el ciclismo, la afición gallega tiene ante O gran Camiño un plus a la hora de salir a las calles y carreteras de Galicia para disfrutar y participar de la fiesta y el espectáculo del gran pelotón..."Recuperar la nostalgia de la antigua Vuelta a Galicia, pero actualizada". Esta es la filosofía con la que Ezequiel Mosquera impulsó
O Gran Camiño. Su deseo, devolver a la comunidad una prueba propia en el calendario ciclista profesional que había desaparecido desde que el 18 de agosto del año 2000 el kazajo Andrei Teteriouk se coronaba último rey de la Volta a Galicia para profesionales.

Pablo Penedo. La Voz de Galicia, jueves 24 de febrero de 2022

martes, 1 de marzo de 2022

Destellos modernos de luz y color

El Museo Guggenheim de Bilbao cumple 25 años y, para celebrarlo, muestra bajo el título Del Fauvismo al Surrealismo: obras maestras del Musée d'Art Moderne de Paris, una selección de 70 obras, en su mayoría pinturas, que pertenecen a las historias de algunas emergencias modernas y vanguardistas que acontecieron en París en las primeras décadas del siglo XX. La exposición, comisariada por Fabrice Hergott, director del Musée d'Art Moderne de Paris, en colaboración con Hélène Leroy, curator de la misma institución, y Geaninne Gutiérrez-Guimaraes, del Museo Guggenheim de Bilbao- muestra una propuesta amable, grata para públicos diversos. Revisa figuras y obras conocidas de las corrientes fauvistas, cubistas y surrealistas y de aquella convergencia de artistas franceses y foráneos que participaron en la escena parisina del convulso periodo de entreguerras y que en 1925 el crítico André Warnod denominará la Escuela de París.

En torno a eses ejes se construye un recorrido que comienza con la celebración cromática de los fauves (las fieras) que intensifican la herencia del impresionismo, pero que se diferencian del énfasis expresionista y romántico de sus coetáneos, los alemanes del Die Brücke. El Salón de Otoño de París de 1905 fue el inicio de esa corriente. La representación novedosa de la naturaleza marcada por su configuración atrevida del color se muestra en las obras encantadoras de André Derain, La 
Automne à Honfleur de
 Emile Othon Friesz
rivière (El río, 1904-1905), Maurice de Vlaminck, Berge de Seine à Chatou, (Ribera del Sena en Chatou, 1906) o Émile Othon Friesz y su Automne à Honfleur (Otoño en Honfleur, 1906). En esta primera sala se presentan también una sintética presentación del cubismo promovido por Pablo Picasso y Georges Braque a partir de 1906. Mientras que el primero está débilmente representado en su escultura El bufón (1905); el segundo lo hace con más fortuna mediante dos interesantes pinturas, Le verre (El vaso, 1911) y Nature morte à la sonate (Bodegón con sonata, 1921). Otras obras relevantes las firman Albert Gleizes, Natalia Gonchavora, Juan Gris, Fernand Léger, André Lothe y Jean Metzinger. Entre las esculturas cabe destacar Portuguesa (1916), de Alexander Archipenko.

La segunda sala agrupa a la denominada Escuela de París con obras figurativas en pintura y escultura que de modo misceláneo acoge piezas de Matisse, que constituye un nexo con los fauves, Suzanne Valandon y Marie Laurencin. Y otras obras de Marc Chagall, Chana Orloff, Chaim Soutine y Ossip Zadkine, de Rusia...

Melancolía hermética de Chirico

Nos adentramos en el surrealismo en la tercera sala, un movimiento que hubiera merecido un mayor desarrollo, y más cuando el museo del que proceden estos fondos le ha dedicado una atención sobresaliente en sus colecciones. El surrealismo en París en la década de los 20 a partir de los escritos de los poetas Guillaume Apollinaire, André Breton, Louis Aragon, Philippe Soupault y Paul Éluard. Desde postulados artísticos, literarios y revolucionarios constituyó una iluminación crítica en la modernidad cultural y política.

Diferentes aperturas formales y temáticas se despliegan mediante las obras de Man Ray como Électricité (Electricidad, 1931); Claude Cahun con Autoportrait (Autorretrato, 1929); o las pinturas de Max Ernst, André Masson, Victor Brauner, Francis Picabia o Roberto Matta. Esculturas como Le grand tamanoir ( El oso hormiguero, 1962) de André Breton o Roue -forêt II (Rueda-bosque, 1961) de Jean-Arp tienen un interés notable. Y hay una pintura un poco excéntrica en su inclusión  en la adscripción surrealista, me refiero a Melancolía hermética (1919), de Giorgio de Chirico que bien merece la visita a esta muestra. Es un relevante ejemplo de su pintura metafísica, con su fascinación por la herencia clásica y renacentista, por su modernidad alegórica y por su potencia para dar forma a "estos extraños momentos que escapan a la inocencia y a la distracción de los hombres comunes", como dejará escrito...

Fernando Golvano. El Cultural, 25-2-2022

lunes, 28 de febrero de 2022

Redimidos por el teatro

Definen El triunfo como la comedia francesa que está triunfando en múltiples festivales. Y añaden que es una comedia social. O sea, que acudo a ella con prejuicios. Al terminar, no tengo claro que sea una comedia. He sonreído en ocasiones, pero en ningún momento he sentido el asalto de la carcajada. Simplemente me parece una buena película. Con planteamiento y desarrollo agradables y sobre todo con un final tan inesperado como brillante. Inesperado porque huye del pasteleo. Brillante porque está muy bien contado. Aunque no se debe a la imaginación del guionista. Al parecer, la historia que nos cuentan es real. Y terminó así. Han cambiado el escenario y los protagonistas auténticos. Lo que nos narran ocurrió durante los años ochenta en la cárcel sueca de Kumla. Y el sorprendente desenlace llegó en el Teatro Real de Gotemburgo.

 El director Emmanuel Courcol describe con sentimiento y gracia los intentos de un actor a la baja, deprimido y sin trabajo, por implicar a cinco presos para que interpreten una obra de teatro que dirigiría él. Y después de muchas vicisitudes y el consiguiente mosqueo de los presos ante oferta tan extraña, estos aceptan meterse en la piel de los personajes que habitan la obra de Samuel Beckett Esperando a Godot. Material dramático o absurdo que el director de la función considera muy adecuado para que la interpreten los reclusos, ya que todo en su dura supervivencia está marcado por la continua espera.

Y el arriesgado experimento acaba funcionando. Los desdichados acaban por engancharse a lo que consideraban un disparate, otra conveniente trampa del sistema para demostrar sus propósitos humanistas. Y no saben de qué va lo que interpretan pero van cogiéndole gusto, se sienten importantes y admirados. Si desertan vuelven pronto, abandonan provisionalmente los muros de la cárcel para actuar en otros sitios, entran en el apasionante juego que les prop
one su compresiblemente ciclotímico director, acongojado o feliz ante esta experiencia al límite con gente que tiene poco que perder. 

Son creíbles los intérpretes, transmiten cierta simpatía, tal vez excesiva, todo resulta demasiado placentero en la aventura teatral de gente que debe sentirse desesperada. Y el actor Kad Merad aporta humanidad y carácter a ese señor que pretende redimir a los enclaustrados ofreciéndoles un respiro y autoestima mediante su interpretación de un clásico del teatro del absurdo. Es una película que se ve y se escucha bien. Pero lo mejor es el cierre espectacular de la historia. Sales con  gesto complacido.

Carlos Boyero. El País, viernes 25 de febrero de 2022

domingo, 27 de febrero de 2022

Lecciones de historia franco-española: pinturas, delfines y princesas

Durante una visita reciente a Madrid se inauguró en la Fundación Mapfre una exposición con este sugerente título: El gusto francés y su presencia en España. Siglos XVII - XIX. Irresistible para mí que siempre acudo puntual a todas las invitaciones relacionadas con el objeto de mi estudio, el que ocupó mi vida profesional y ahora una gran parte de mi tiempo de jubilada. En los años previos a la jubilación me preguntaban con frecuencia: ¿Y tú que vas a hacer cuando dejes  a tus alumnos, tus clases,  tus viajes, tus proyectos, siempre mirando a Francia? Y aunque respondía "ya veré", lo cierto es que ya me estaba preparando sin saberlo. La idea me la dio mi hijo que un día me propuso que ya que me gustaba tanto leer y escribir abriese un blog sobre Francia. Así nació leer y tejer. Aficionada a los periódicos, una presencia habitual en nuestra casa, encontraba con frecuencia noticias relacionadas con Francia. Con ellos empecé. El blog sería una especie de revista cultural que mostraría las noticias recientes sobre cultura francesa, publicadas en España. El objetivo era doble porque también quería demostrar que las relaciones entre los dos países, lo que se suele llamar regards croisés/ miradas cruzadas eran mucho mas frecuentes e intensas de lo que se suele pensar. De ahí viene el tejer. Buscaba que ese blog abierto al mundo, se fuera convirtiendo en una malla, una red de textos, de lectores, de los dos países, y de otros, los unos mirando a Francia, los otros viendo cómo los vemos aqui. Después de 11 años de existencia, con 91.443 visitas hasta hoy, agradezco la acogida que ha tenido. En septiembre de 2021 se ha incorporado como colaborador, uno de los assitants, lectores, de mi última etapa en el instituto. Joven profesor en el Collège Robert Doisneau, en Clichy-sous-Bois,  dispone de poco tiempo. Entregará en este mes su tercera colaboración. 

Dos días antes de volver a Galicia, entré en  la Sala Recoletos de la Fundación MAPFRE, el 11 de febrero, día de la apertura de la exposición. En ella se estudian, como indica su título,  los lazos culturales entre España y Francia desde el siglo XVII al XIX. Período en el que las relaciones y las influencias entre los dos países fueron más intensas. La muestra presenta un conjunto de obras de arte: pinturas, esculturas, dibujos, piezas decorativas y suntuarias, objetos de uso cotidiano, vestidos, objetos de aseo, armas e instrumentos musicales. Todas ellas, conservadas en nuestro patrimonio, se distribuyen en once salas organizadas cronológica y temáticamente. Las primeras salas exponen la llegada de piezas francesas durante el reinado de Carlos II, último de los Habsburgo españoles. Les siguen las que tratan la consolidación del gusto francés durante el gobierno de los Borbones  - con especial incidencia en los reinados de Felipe V, Carlos IV e Isabel II- y por último, la etapa  del afianzamiento de la imagen romántica de España. 

No me voy a extender en la descripción de la exposición sino en uno de sus aspectos en el que me hicieron pensar algunos de los retratos y objetos expuestos: los niños, la infancia en las cortes españolas y francesas. Conforme a este criterio selecciono estos cuadros que se corresponden a las tres etapas históricas presentadas.  Siglo XVII: María Teresa de Austria y el gran Delfín de Francia, 1664, Charles y Henri Beaubrun. Museo Nacional del Prado. Retrato ecuestre del Delfín de Francia a los tres años. 1665, Jean Nocret. Colección particular. Siglo XVIII: Retrato del Infante Carlos, futuro Carlos III, 1716. Colección particular. María Luisa de Borbón-Parma y su hijo, el infante Francisco de Paula en los jardines de Aranjuez, 1805, una miniatura firmada por Joseph --Marie Bouton. Siglo XIX: La duquesa de Beaufort-Spontin y sus hijos, 1789. Anicet-Charles-Gabriel Lemonnier. Colección Duque del Infantado. El duque de Montpensier con su familia en los jardines de San Telmo, 1853. Alfred Dehodencq. Colección particular. 

sábado, 26 de febrero de 2022

París restaura el obelisco de la Concordia

Con sus 3.300 años de historia, el obelisco de Luxor es el monumento más antiguo que posee París. Preside la Plaza de la Concordia desde 1836 y ahora está escondido tras un andamio para proceder a su restauración. 

No es la primera vez que el obelisco es renovado. En 1962, André Malraux impulsó una ley sobre la conservación del patrimonio que cambió el rostro de muchas ciudades de Francia y sobre todo de París. Museos, palacetes y monumentos que parecían trozos de carbón, por los efectos de la polución, pudieron recuperar así su aspecto original. El obelisco de Luxor, a exhibir su color gris rosáceo, pero los efectos no son duraderos y, aunque se conserva bastante bien, el ministerio de Cultura ha lanzado una operación de restauración.

Además, había una buena excusa porque este año Francia celebra el bicentenario del descubrimiento del significado de los jeroglíficos gracias a Jean-François Champollion. Sus vastos conocimientos lingüísticos le permitieron descifrar  en 1922 el texto inscrito en la llamada piedra de Rosetta, la tabla de basalto negro de la época de los ptolomeos, que había sido descubierta en Egipto durante una de las expediciones napoleónicas, y de la que tenía unas litografías.

Como muestra de reconocimiento por los trabajos de Champollion, el vice-rey de Egipto Mehmet Alí ofreció al rey Carlos X los dos obeliscos que se levantaban a la puerta de Luxor. Pero el traslado fue tan difícil que renunciaron a traer el segundo.

La travesía duró más de dos años. Para transportar las 220 toneladas del monolito, con sus 26 metros de altura, fue necesario construir un barco especial, capaz de acogerlo, y lo suficientemente bajo como para poder pasar bajo los puentes de París.

El rey Luis Felipe decidió erigirlo en el centro de la plaza de la Concordia, que antes se llamaba plaza de Luis XV y más tarde plaza de la Libertad, tras ser escenario de la decapitación de Luis XVI y María Antonieta.

Cuando François Mitterrand fue elegido presidente de la República dijo que Francia renunciaba a la segunda parte del regalo, el obelisco gemelo que permanece en su lugar de origen, a la puerta del palacio de Luxor.

Han pasado 60 años desde que el obelisco de la plaza de la Concordia fue restaurado y desde entonces ha perdido lustre, "no ha sufrido una degradación importante", según la ministra de Cultura, Roselyne Bachelot, "pero vamos a poder recuperar un color más rosa y restaurar el pyramidon (el vértice superior) y la base".

Para cubrir los andamios que se levantan en torno al obelisco de Luxor  han elegido el proyecto de Jonathan Sobel, recién diplomado en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París, que ha diseñado un monolito amarillo, por el sol de Egipto, y gris, por el cielo de París, en el que aparecen los rostros de los grandes protagonistas de esta historia: Ramsés II, Mehmet Alí, Carlos X y Jean-François Chapollion.

Los trabajos de restauración cuestan 800.000 euros y son prácticamente financiados por la empresa de limpieza Kärcher, 700.000 euros, y el resto por el Estado. Roselyne Bachelot precisa que "no vamos a restaurar con agua a presión nuestro obelisco", sino que van a utilizar técnicas mucho más finas que las utilizadas en 1962"...

El obelisco estará listo en junio, y podrá verse de nuevo el texto jeroglífico grabado sobre sus cuatro caras, que culmina con una ofrenda del faraón Ramsés II a Amón, el dios de Tebas.

Asunción Serna. París. La Voz de Galicia, lunes 31 de enero de 2022

viernes, 25 de febrero de 2022

Cantos de amor

Hay pocas cosas más sospechosas que un título en apariencia banal. Una de las películas más polémicas del siglo XX tiene un título casi pastoril, Un chant d'amour /Un canto de amor, pero condensa en 25 minutos todo lo que en teoría no estaba permitido mostrar en el cine de su época. La dirigió el nunca tibio Jean Genet, y cuenta una historia de amor entre dos hombres encarcelados en celdas contiguas de una prisión francesa. Separados por un muro de piedra, solo pueden comunicarse a través de los olores. En una de las escenas más famosas, introducen una pajita en un resquicio entre las piedras y se intercambian el humo de los cigarros que fuman. En otra, uno consigue pasarle al otro, con una cuerda, un ramito de flores a través del ventanuco. El receptor de las flores sumerge el rostro en ellas, extasiado. La película rodada en 1950, no pudo estrenarse hasta 1975. Hoy es un clásico de culto, tanto que, hace unos años, Prada le dedicó un perfume en s colección Olfatories. Curiosamente no es la única incursión del iconoclasta Genet en el mundo de la perfumería: el marinero de Jen Paul Gautier  está inspirado en la adaptación cinematográfica de su novela Querelle de Brest. 

He llegado a Un chant d'amour pensando en el tema inicial de esta columna, que en estas fechas  suele orbitar en torno a la relación entre el amor, los perfumes y, en este caso, las flores. Parece una relación natural, y no solo eurocéntrica. En la cultura mexicana, el dios Xochipilli estaba vinculado a las flores y al amor, ¿Por qué lo metemos todo en el mismo saco? Quizá tenga que ver con la fertilidad, o incluso con la flor como obsequio: en el siglo XIX, los perfumes femeninos solían replicar los olores de los ramilletes que eran moneda común entre los enamorados. De ahí la fijación con la rosa, por ejemplo, que es una flor que no huele tan dulce ni tan goloso como su imagen da a entender. De hecho, los perfumes de rosa suelen tener matices bastante masculinos. Todo lo contrario de lo que sucede con las flores blancas, que en la historia del arte suelen simbolizar virtudes femeninas bastante heteropatriarcales -pureza, virginidad, limpieza de sentimientos, etc.- y han acabado encontrando acomodo en fragancias que suelen definirse como empolvadas y románticas...

Hoy las cosas discurren por otros cauces. Los perfumes no hablan de sometimiento sino de empoderamiento. Incluso la perfumería sin género enfila horizontes más amplios, en los que el amor pasa por compartir el neceser... El amor adquiere muchas formas y, por fortuna, hay un perfume para cada una de ellas.

Carlos Primo. ICON. EL País, febrero 2022

jueves, 24 de febrero de 2022

Nuevos desafíos para Lucky Luke

Mathieu Bonhomme (París, 48 años) no es capaz de recordar la primera vez que vio un álbum  de Lucky Luke, el pistolero más rápido que su sombra creado por Morris en 1946 y luego desarrollado con la colaboración del genial guionista de Astérix, René Gosciny. Pero desenfunda veloz un sueño de su más tierna infancia para concluir que, en el fondo, el vaquero del flequillo siempre estuvo ahí. "Cuando era muy pequeño, soñé que estaba jugando en París, en el parque infantil justo debajo de mi casa de protección oficial, y Lucky Luke vino a verme. Dejé a mis amigos y le invité a subir a mi casa para que conociera a mis padres porque a ellos también les encantaba. Tengo esa imagen fijada en la que Lucky Luke estaba sentado en el sofá de mi casa charlando con la familia", asegura el historietista francés para demostrar que, si alguien estaba llamado a rescribir la historia de ese cowboy solitario, era él. Y lo ha hecho en dos álbumes: en 2016 apareció El hombre que mató a Lucky Luke y el año pasado, Se busca a Lucky Luke, ambos publicados en español por Kraken.

La muerte de Morris en 2001 no enterró a Lucky Luke. El dibujante Achdé y el humorista Laurent Gerra tomaron las riendas respetando el canon de su creador, tanto en el estilo de los chistes como en la línea del dibujo. Con Bonhomme, sin embargo, los tiros no van por ahí. Autor de varias series de estilo realista (Esteban está publicada en español por Norma Editorial), el artista parisino ha estado años planeando la emboscada. "Trabajo desde hace mucho para Dargaud (editorial francesa que tiene los derechos del personaje) y ya llevaba tiempo diciéndoles que tenía muchas ganas de hacer un Lucky Luke. Me parecía que había muchas cosas que se podían hacer con el personaje. Además tenía la sensación de que estaba envejeciendo de una forma que no le correspondía. Cuando murió Goscinny, la serie ya bajó un peldaño, y creo que cuando Morris fue envejeciendo empezó a hacer álbumes cada vez menos buenos, hasta que llegó un momento en el que ya no reconocía a mi cowboy. Lucky Luke se estaba convirtiendo en un tebeo exclusivamente de humor, cuando para mí al principio era también un western auténtico", dispara Bonhomme con vehemencia.

 El 70º aniversario del personaje, en 2016, se convirtió en el particular duelo al sol del creador y el personaje. Ese año lanzó El hombre que mató a Lucky Luke, donde el lector encuentra a un pistolero más maduro, quizá un poco más serio del que recordaba. Pero, como cuando alguien se topa con un viejo amigo al que hace años que no ve, esa sensación de extrañeza pronto se desvanece. "Evidentemente, no tiene el mismo sentido del humor que la obra de Goscinny  y Morris, pero no creo que sea un cómic oscuro. Me he divertido mucho jorobando a Lucky Luke, poniéndole en dificultades, sacando a la luz parte de su humanidad, sus debilidades".

Tanto se divirtió Bonhomme que el año pasado lanzó Se busca a Lucky Luke, donde le arrastra de nuevo por la misma senda polvorienta, cargada de alusiones a los clásicos "Lucky Luke me inició en el wéstern. A fuerza de leerlo y de ver películas del Oeste, me fui haciendo una cultura en ese género. Para mi las más hermosas son las de su edad de oro. John Ford representa cosas que le convenían mucho a Lucky Luke. Tanto del lado  cowboy y aventura como en el aspecto humano. A mí siempre me ha parecido muy humano y atractivo, aunque pueda parecer relativamente parco a la hora de mostrar sus sentimientos. Lucky Luke es una especie de Gary Cooper o de Clint Eastwood del cómic. Tenía de ganas de comprobar si yo era capaz de hacerle expresar todo eso"....

Aitor Marín. Madrid

miércoles, 23 de febrero de 2022

Martín Berasategui, embajador del Camino

Martín Berasategui y Rogelio Rial. Foto: Paco Rodríguez

Martín Berasategui, cocinero que tiene en su haber 12 estrellas Michelín, se ha convertido este año en el primer restaurador de prestigio internacional que en los próximos días recorrerá parte del Camino. En este caso serán varias etapas de la Vía da Prata, entre Ourense y Santiago, una actividad vinculada a la iniciativa Estrelas Solidarias no Camiño. Esta cita promovida por los hermanos Rial, del restaurante Casa Barqueiro de Negreira, contará con otros tres cocineros de renombre como complemento al encuentro gastronómico del próximo verano. 

Acompañado por Rogelio Rial, Berasategui visitó Santiago antes de su peregrinación y fue recibido por el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, ya que la iniciativa solidaria en la que colabora este chef, cuya recaudación recibirá Cáritas Santiago, goza de apoyo económico y logístico del Xacobeo. Precisamente, Rogelio Rial señalaba antes del encuentro que, el Camino es importante para Galicia y fundamental para la restauración "y más este año después de lo que pasamos".

El reputado cocinero vasco reconoce que está "enganchado a Galicia" por razones obvias, como que buena parte de los productos que llegan a sus fogones como merluza, carne, marisco, queso, lácteos y pimientos proceden de Galicia porque, añade, "para mí, es una de las reinas del mundo de la cesta de la compra. Es un país maravilloso que tiene huerta, tiene mar, tiene de todo. Y encima tiene una gente que se deja la vida para que los cocineros tengamos el privilegio de tener esos productos que nos hacen cada día más grandes, porque lo que intentamos es vestirlos de gala. Galicia es una parte importante de nuestro éxito, también por profesionales que trabajan con nosotros.

Como embajador del Camino de Santiago y siendo un referente mundial de la gastronomía, Berasategui destacaba ayer desde la plaza del Obradoiro las bondades del maridaje y del buen comer y la ruta jacobea. "La buena comida del Camino hacen la vida mucho más fácil. Nos hacen ser gente con una mirada de ojos brillantes, y nunca un mal gesto ni malas maneras para andar por la vida. Estamos más frescos y alegres, y la vida es eso". Su discurso esta plagado de elogios sobre sus visitas a Galicia ya que afirma que cada vez que viene se va con las pilas supercargadas y con el corazón lleno y con ganas de hacer un montón de cosas".

E. Araújo. La Voz de Galicia, martes 15 de febrero de 2022  

martes, 22 de febrero de 2022

Los diplomáticos frente al Holocausto

Memorial de la Shoah. Paris

Enero de 1934, Hitler reúne a todo el cuerpo diplomático acreditado en Berlín para felicitarles el año. Todos están engalanados, visten frac o uniforme y lucen sus galones, medallas y condecoraciones. Pertenecen a una aristocracia social que todavía guarda el estilo de vida del siglo XIX. El Führer, que siente horror por este tipo de ceremonias, sabe cómo adular a cada uno de ellos gracias a las notas que le preparan sus servicios para preguntar a uno por su mujer enferma, al otro por el colegio de su hijo. 

Los diplomáticos, por su parte, han comenzado a enviar a sus capitales informes bastante lúcidos sobre un régimen potencialmente mortífero. El museo Memorial de la Shoah de París les dedica una exposición, Los diplomáticos frente a la Shoah. Cuánto sabían, cuáles eran sus fuentes, quienes ayudaron a los judíos, quiénes lo hicieron por incapacidad  para percibir la magnitud de la tragedia, por indiferencia, o por colaborar con el Reich...son algunas de las preguntas a las que intentan dar respuesta cuatro historiadores -Jean-Marc Dreyfus, André Kaspi, Claire Mouradian y Catherine Nicault- a través de documentos diplomáticos, fotos , y testimonios escritos y orales.

La labor de los embajadores es generalmente vista a través de la acción de un puñado de ellos que salvaron a judíos, "pero la realidad es mucho más compleja", señala Dreyfus. Desde el nombramiento de Hitler como canciller, en enero de 1993 la correspondencia diplomática  pone en evidencia que la lucha contra los judíos "continua con un método implacable y un odio intenso", como escribía el 5 de abril de 1933 Pierre Arnal, consejero de la embajada de Francia en Berlín .

Los diplomáticos detallan en sus informes las leyes antisemitas, internamientos arbitrarios, humillaciones y violencias, mientras ellos seguían con su vida mundana. "Era una vida brillante: tés, cenas, grandes fiestas, exposiciones... Disfrutaban de una inmunidad diplomática y eran adulados, pero pronto también comenzaron a sentirse controlados y amenazados" comenta Jean-Marc Dreyfus.

Tras el fiasco de la conferencia de Evian, en 1938, para estudiar una solución internacional a la cuestión de los refugiados judíos expulsados por los nuevos amos de Austria, algunos diplomáticos, a veces en contra de las instrucciones recibidas, proporcionaron miles de visados que les permitieron viajar a condición de tener un país que los acogiera.

Con la declaración de guerra en septiembre de 1929, solo se quedaron en Alemania los diplomáticos de países neutrales (Suiza, el Vaticano, Suecia, España, Portugal, Estados Unidos hasta diciembre de 1941), los aliados (Italia, Rumanía, Bulgaria y Hungría) y la Francia de Vichy... 

Asunción Serena. Voz de Galicia, lunes 21 de febrero de 2022.

lunes, 21 de febrero de 2022

En un muelle de Normandía

En Corredor sin retorno (Samuel Fuller, 1963), un periodista ingresaba en un psiquiátrico con el objetivo de ganar el Premio Pulitzer contando la experiencia. Se volvió loco y por supuesto no obtuvo el galardón. En Los viajes de Sullivan (Preston Sturges, 1941), un director de cine de evasión recorría disfrazado de vagabundo los pueblos más desfavorecidos de los EEUU de la Gran Depresión para conocer la sensación y lograr su obra magna. Acabó desechando la idea de hacer una tragedia y decidió filmar una comedia.

Los trabajos de investigación sobre el terreno, los que tienen más que ver con la infiltración, no siempre salen como se espera. Al menos en el cine. Seguramente porque hay en ellos una arrogancia que hace que que no baste con el disfraz y el oficio para comprender una situación inimaginable para el altivo. Algo de eso puede haber también en el ejercicio llevado a cabo por Florence Aubenas, la periodista que se infiltró en un batallón de mujeres de la limpieza tras la crisis de 2008, sin que sus compañeras conocieran su identidad, para acabar escribiendo en El muelle de Ouistreham su inmersión en la clase trabajadora y su labor de exploración.

En un muelle de Normandía, adaptación cinematográfica del texto de Aubenas, viene además con la firma de alguien acostumbrado a la novela de no ficción: Emmanuel Carrère, escritor del que quizá parte de los lectores desconocieran su faceta cinematográfica como director, esporádica -apenas dos películas anteriores y un documental-, pero de particular brío: la adaptación de El bigote (2005), su novela de 1986, es una soberbia película.

Hay, por tanto, una lógica evidente que haya sido Carrère quien se encargue de las tribulaciones de Aubenas, con la siempre perfecta Juliette Binoche, acompañada además de una corte de trabajadoras de la limpieza reales ajenas a la situación. El resultado es una película que durante al menos dos tercios de su relato se presenta auténtica y desoladora, mostrando la impotencia de las de abajo frente a la sin razón de los de arriba.

Sin embargo, el último trecho de la película, el del descubrimiento por parte de sus compañeras, resulta algo atropellado. Sobre todo, porque detrás de ese nebuloso reencuentro entre las dos amigas de trabajo, lo que puede esconderse es el complejo de culpa y la mala conciencia de haberse adueñado de vidas ajenas.

J. O. El País, viernes 28 de enero de 2022

domingo, 20 de febrero de 2022

Las arrugas del alma son la enfermedad más grave que hay

Pascal Bruckner

Dilucidar si los 60 son ya 60  o tan solo 60. Zanjar viejas cuestiones relacionadas con la melancolía y el crepúsculo. Decidir si lo vivido ya lo es a beneficio de inventario o si por el contrario quedan grandes e incluso grandísimos momentos por delante. Vivir la vida o esperar a la muerte. Ver pasar los trenes o viajar en los trenes. ¿Acción o resignación?. Tales son algunas de las cuestiones que aborda Pascal Bruckner (París, 73 años) en su libro Un instante eterno. Filosofía de la longevidad (Siruela). A partir de reflexiones personalísimas e intransferibles - Bruckner considera este libro sobre todo "una autoexhortación" -, de citas de la historia, el arte y las letras, y de datos y estadísticas de la investigación científica, el escritor y pensador francés surge de nuevo como el viejo especialista que es en tocar de forma lúcida asuntos incómodos. El que fuera en los años setenta miembro del movimiento de los Nuevos Filósofos junto a otros autores como André Glucksmann, Alain Finkielkraut o Bernard Henri-Lévy casi nunca deja indiferente a nadie. De hecho, es un habitual de los juzgados y objetivo prioritario de las páginas de opinión  de la prensa francesa de izquierda. Su último libro, ya publicado en Francia pero no en España -Un coupable presque parfait: la construction du bouc émissaire blanc (Un culpable casi perfecto: la construcción del chivo expiatorio)-, ha vuelto a provocar el tradicional revuelo marca de la casa.

-¿Cómo resumir el tema de este libro? Algo así como "renunciar a la renuncia", quizá?

-Exactamente. No resignarse a dejar atrás todo aquello que es la sal de la vida: el deseo, los viajes, el trabajo..., y es así como yo vivo, así que en el fondo el libro es una especie de manifiesto que me dirigido a mí mismo, una autobiografía programática, como una autoexhortación. Me he dicho: tengo 70 años, ¿ que hago ahora?. ¿me meto en la piel de un viejecito en pantuflas que toma sopa en su casa por la noche delante de la tele... o sigo viviendo como antes, cuidándome, eso sí?

-¿Cómo se lucha contra las arrugas del alma?

- Las del cuerpo, uno las conserva tal cual, intentar otra cosa es absurdo. Pero las arrugas del alma son probablemente la enfermedad más grave que hay: el lamento, la amargura, la tentación constante de sostener que antes todo era mejor y que los jóvenes son unos cretinos incultos - cosa que no siempre es falsa, por cierto, aunque también nosotros lo éramos- y que el mundo corre a la catástrofe- y todo eso. Todo ese espíritu es contra lo que lucho desde hace tiempo, y también en este libro. Pero es una cuestión puramente personal, individual...

-Pero el ser humano, se resigne o no, afrontará una derrota segura, que llegará de todos modos. La muerte. La vida como crónica de una muerte anunciada.

-Pero yo sostengo que la derrota no es la muerte, sino la enfermedad. Vivir en una cama, en una silla de ruedas, la vida disminuida, vivir con alzhéimer o con demencia senil, esas son verdaderas derrotas, no la muerte, que de todas formas nos afecta a todos por igual...

Borja Hermoso. E País Semanal, 8 de enero de 2022

sábado, 19 de febrero de 2022

Por la Ginebra de Joël Dicker

A mitad de su novela El enigma de la habitación 622 (2020), Joël Dicker se permite una licencia y anota: "Solo en mi habitación en el sosiego de la noche pienso en Ginebra, mi ciudad querida y le doy las gracias. Ciudad de la paz y las personas buenas". Y prosigue la investigación del crimen que llevarán a cabo el narrador (llamado Joël Dicker) y Scarlett Leonas, huésped accidental del hotel Palace de Verbier donde se retira el escritor para tratar de superar un desamor y desconectar. La joven le impulsará a escribir el libro que no quiere, un thriller que acaba siendo un homenaje a su ciudad natal, descrita al milímetro. Una suerte de guía de viaje actualizada en la que caben una disección de las capas sociales, historia y pistas sobre la idiosincrasia de este centro financiero y cruce de nacionalidades ubicado entre los Alpes y el monte Jura, a los pies del lago Leman.

Empezamos la ruta igual que la novela, en el reputado barrio de Champel, donde vive el narrador y donde hasta hace poco vivía Dicker, en el número 13 de la avenida de Alfred-Bertran, frente al parque de Bertrand, al que se lanza a correr cada mañana con la ilusión de provocar un encuentro casual con su vecina -y novia de dos meses- Sloane. Un parque donde todo está en su sitio y que explica que Ginebra sea la tercera capital más verde del planeta.

Cerca queda la Rue de Contamines, con edificios de los años treinta, incluso uno de Maurice Braillard, arquitecto fundamental en la ciudad suiza. Suyo es el teleférico del Mont Salève de 1932, un prodigio déco cerrado el pasado agosto para su renovación y al que subir sin falta cuando reabra el año que viene. 

En el Quai de Bergues encontramos el Four Seasons, en la novela el Hôtel des Bergues, donde vive Lev Levvovitch (junto a Macaire Ebezner y Anastasia, uno de los miembros del triángulo amoroso). Es el primer hotel que se construyó en Ginebra en 1834 tras la demolición de las fortificaciones. Y en el último piso se halla el restaurante japonés Izumi, donde el narrador invita a cenar a Sloane antes de que esta lo abandone. La vida no es siempre como esperamos, por eso se escriben novelas.

Las riberas del lago Leman resplandecen en la ficción y en la realidad. En frente del alojamiento entre las dos orillas donde el lago se encuentra con el río Ródano, encontramos la acogedora isla de Rousseau, que tan pronto sirve de refugio a los personajes (Lev y Anastasia) como de área de descanso a los constructores de la trama (Joël y Scarlett). Hoy aquí se levanta una estatua de Jean-Jacques Rousseau, otro ilustre ginebrino, alrededor de la cual siempre hay alguien atendiendo al sonido del agua. 

Más allá del Pont du Mont-Blanc (el que más veces se atraviesa en la lectura y en esta ruta), otra localización clave: el hotel Beau Rivage, el mas histórico y el que atesora mejores vistas de la omnipresente fuente Jet d'Eau e incluso, en días claros, del propio Mont-Blanc. No es de extrañar que Olga escoja su terraza para tomar el té con sus hijas tratando de emular a una de sus clientes más renombradas, la emperatriz Sissi, que un 10 de septiembre de 1898 salió para tomar el buque de vapor  y en el mismo muelle fue apuñalada por un joven anarquista, antes de regresar a duras penas al hotel, donde falleció. Basta con pisar la entrada y admirar la prudente arquitectura neoclásica del patio interior, con suelo de mosaico art nouveau, para sentir el peso de la tradición y del charme desde 1865 y la sensación de que, si se entrara en una suite, el exterior dejaría de existir y solo se saldría a la fuerza, esposado, entre gendarmes. Una visita nos hace estar de acuerdo con Kofi Annan, que dijo: "Igual que hay cinco continentes y luego está Ginebra, hay grandes hoteles y luego está el Beau-Rivages". En su libro de huéspedes caben Jean Cocteau, Sophia Loren, Anthony Burgess. Marlene Dietrich o Eleanor Rosselvet.

Otra escenografía imprescindible es el Grand Théàtre, construido en 1879 a imagen de la Ópera Garnier de París y el cercano Café Remor, un clásico estupendo.

Use Lahoz- El Viajero. El País, sábado 6 de febrero de 2022 

viernes, 18 de febrero de 2022

Saint-Saëns, un sabio eclecticismo

Saint-Saëns

Saint-Saëns (París, 1835-1921) a quien a veces y durante décadas se ha considerado un músico menor, puede calificarse como un clásico. Y en tal sentido, un predecesor del llamado neoclasicismo del primer tercio del siglo XX, el de Stravinski y el Grupo de los Seis. Naturalmente con la distancia del tiempo y desde los presupuestos de un artista conservador, un heredero, por ejemplo, de Gounod (cuyo talento no se cansaba de elogiar) y una vía abierta hacia Fauré, a quien tuvo como discípulo y de cuyos planteamientos nada quería saber; y menos de los más avanzados de Debussy y Ravel. En todo caso, en Saint-Saëns se daban a partes iguales rigor, claridad arquitectónica, lógica en los desarrollos y economía de medios...

 El músico se constituyo, además, en un superador del italianismo rampante y en un liquidador en cierto modo del desaforado romanticismo de Berlioz, con el que, no obstante, mantenía puntos de contacto... Como apuntaba Romain Rolland, la sustancia del pensamiento musical de Saint-Saëns estaba formada con la médula de los grandes clásicos de fines del XVIII. Listz fue su protector y el responsable de que, por ejemplo, su ópera más conocida y exitosa, Sansón y Dalila, pudieran estrenarse. Siempre lo reconoció y lo admiraba por su claridad de pensamiento y su actitud abierta, libre de todo prejuicio. Es curioso que lo situara enfrente del "enfático" Brahms. Recordaba el compositor francés cómo el autor de Los preludios se había ofrecido "sin la menor vacilación" para representar en Weimar su ópera "sin querer oír ni una sola nota".

El catálogo del compositor es enorme (alrededor de 500 obras), con música de todos los géneros, tamaños, extensiones e instrumentaciones. Un artista que estaba a todo y que tenía una facilidad portentosa para adaptarse a cualquier estilo y a cualquier clima. En Canarias estuvo varias veces y allí fue festejado repetidamente. Correspondió  con varias composiciones. Enfrente del Teatro Pérez Galdós se levantó hace años una estatua conmemorativa.

Arturo Reverter. El Cultural 10-12-2021 

jueves, 17 de febrero de 2022

La dulce revolución del Siglo de las Luces

Entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII, desde los últimos tiempos del Rey Sol, la cocina se transformó en Francia, la convirtieron en un arte los sabios y delicados chefs galos, los philosophes. Los banquetes se sacudieron la opulencia de las elaboraciones renacentistas y barrocas y se entregaron al lujo,  a la sencillez elegante y a la ligereza de los alimentos. Nació una nueva moda culinaria, con atracción por lo exótico, interesada casi más en el prodigio creativo, en ejecutar obras maestras de la ingeniería confitera que en el deleite del paladar. Comer pasó a formar parte de una nueva forma de relaciones sociales en sintonía con el ardor intelectual de la Ilustración y sus coloquios.

Este paisaje elitista, etéreo, frívolo, lo dibuja con erudición y originalidad el ensayista italiano Piero Camporesi (1926-1997) en El sabor del chocolate, que ahora edita Debate en español. El historiador narra el triunfo de los destilados, las gelatinas, los sorbetes, los consomés y bebidas como el té y el café, que no embotaban los sentidos sino que hacían que las personas fuesen más activas y combativas, frente a los a los sanguinolentos pedazos de animales que había que roer. "El gusto del siglo era más propenso a ver y a oír que a saborear y a comer", resume el autor. 

Sitúa Camporesi el embrión de la gran época de la alta cocina francesa durante la negociación del Tratado de Utrech, en las mesas de los embajadores plenipotenciarios, y su madurez  en los años de la regencia de Felipe de Orléans (1715-1723). Vincula, además, la hegemonía cultural y el internacionalismo culinario galo con el expansionismo militar y la política dinástica de los Borbones: Francia exportaba cañones, ideas y recetas.

"Más que una floración fue un estallido, una explosión imprevisible de refinamiento, combinada con la alegría de vivir y el sutil placer de la conversación chispeante", explica el historiador sobre el fenómeno de reforma gastronómica. "Esa ciencia de los sabores dio un brío inigualable a la cultura del siglo y constituyó un propelente inigualable de las ideas de los filósofos y de las damas intelectuales".

El producto estrella de la época fue el chocolate, el "caldo de las indias", esa "bienaventurada eternidad potable", un "gémino tesoro", según lo definieron entonces. Su origen conduce a México, al Nuevo Mundo, fábrica de otras novedades exóticas que fascinaron a los europeos del XVIII. Concretamente fueron los conquistadores españoles, liderados por Hernán Cortés, quienes tomaron su uso de los aztecas, transformando en una bebida agradable, dulcificada, el chocolat picante, especiado, que constituía el alimento de los dioses. 

Durante la Ilustración el chocolate se preparó mezclando sencillamente azúcar y cacao con un ligero toque de vainilla y canela. Fue una bebida especialmente reivindicada por los jesuitas, que conoció un "frenesí generalizado", "una marcha triunfal", destaca Camporesi, más arrolladora incluso que la del café. No podía faltar en las mesas coloridas de la aristocracia y en las veladas de debate de los salones literarios. Atrás quedó su función como ingrediente sólido e importantísimo de las raciones de los soldados, aunque pocos se imaginarían su nueva reputación del futuro, nuestro presente: la virtud de convertirse en comida erótica.

David Barreira. El Cultural, 14-2-2022

miércoles, 16 de febrero de 2022

Javier Gutiérrez, un peregrino en Asturias

Javier Gutiérrez
"Un paraíso en el Camino", muestra en seis etapas el camino hacia la búsqueda de su bienestar a través del Camino de Santiago a su paso por el Principado.

Javier Gutiérrez (Luanco,1971) se ha metido en la piel de tantos personajes durante el último año que necesita encontrar su bienestar. Misión: desconectar y reencontrarse consigo mismo. Para ello, el ganador de dos Goya elige volver a la tierra de sus raíces y hacer, de punta a punta, el camino de Santiago asturiano. Seis jornadas a pie para recorrer más de 150 kilómetros durante los que pretenderá dejar atrás lo que más le pesa: el estrés.

En un primer capítulo de Un paraíso en el Camino , el actor realizará la etapa que va de Busto a Llanes, una caminata  de 24,7 kilómetros que le deparará playas escondidas, manjares salados y dulces, palacios casi tan sorprendentes como los paisajes y, al caer el sol, un colchón en un hotel que exuda historia y cultura para recobrar fuerzas. ¿Será capaz de olvidar el teléfono móvil?

La ruta comienza en Bustio, pueblo marinero en la ribera de la ría de Tina Mayor, en la frontera con Cantabria. La tradición pesquera de la localidad se remonta a tiempos de la pesca ballenera, aunque su estampa porteña se consolida ya en el siglo XIX. Lugar ideal para degustar pixín o sargo, y también para disfrutar de la arquitectura indiana, el estilo que trajeron consigo los triunfadores de la emigración americana: casas con jardines, palmeras y buganvillas y color, mucho color.

Todo transcurre entre el Cantábrico y el curso del Cares-Deva, custodiado por montañas y que, en su desembocadura, sirve de apeadero para las aves que migran al sur de Europa en los meses fríos. Ese es el entorno de la ruta jacobea que sigue el peregrino, al que en Ribadedeva aguardan un monasterio asomado al mar, un mirador, el Pimiango y una cueva, la del Pindal, declarada Patrimonio de la Humanidad. Colombres alberga la sede del Archivo de Indianos  y Museo de la Emigración, sita en la Quinta de Guadalupe... Por fin sintiendo que ya hace un siglo que dejó la gran ciudad e imbuido por el espíritu del camino, su peregrinaje lleva a Javier a Llanes, referente turístico asturiano por sus playas, su cercanía con los Picos de Europa, su encanto marino...

El País, 14 de octubre de 2021

martes, 15 de febrero de 2022

El "Mata Mua" de Gauguin, de nuevo en el Thyssen

El Mata Mua, la legendaria tela de Paul Gauguin, sí colgará de nuevo de las paredes del Museo Thyssen cuando se ratifique en sus salas el contrato definitivo del alquiler de la colección Carmen Thyssen al Estado español. El lienzo tiene prevista su llegada hoy al palacio de Villahermosa. La joya de la colección de la aristócrata y del museo salió del Thyssen en junio de 2020. Desde entonces ha estado custodiada en una cámara acorazada de Andorra, donde Cervera tiene su residencia habitual. Con el cuadro de nuevo en casa, el ministro de Cultura, Miquel Iceta y Cervera culminarán una larga y compleja negociación que, según ambas partes, estaba pendiente "de algunos flecos". El contrato estipula que el Estado abonará 97,5 millones de euros a la coleccionista a lo largo de los próximos 15 años, a razón de 6,5 millones anuales. Una cantidad que se descontaría del precio final de la venta si, como se supone, el Estado acaba ejerciendo su derecho preferente de compra de la colección.

Pintado por el francés Paul Gauguin en 1892, y tasado en 40 millones de euros (aunque algunas estimaciones elevan su valor hasta 150 millones), el Mata Mua salió del Thyssen hace más de año y medio gracias al permiso concedido por Cultura para sacar la obra al extranjero. La tela llegará al Thyssen en un furgón escoltado por un segundo vehículo. Cuando se deposite en la pinacoteca se colgará "en un lugar preferente" reservado desde hace meses en la planta baja del Thyssen, que acogerá toda la colección de Carmen Cervera y de su hijo Borja Thyssen. Serán 179 obras seleccionadas por la propia Cervera y los responsables del museo de entre las 326 que componen el conjunto. 

Con el contrato firmado y el espacio oficialmente inaugurado, el público podrá contemplar de nuevo el mismo día 9 la mítica obra de Gauguin, que contará con una garantía del Estado de 1.700 millones de euros. Bien diferenciada de la colección del barón, adquirida por el Estado Español en 1993, la colección de Carmen Thyssen ocupará unos 1.000 metros cuadrados de la planta baja del museo Nada se ha precisado sobre el futuro de los otros tres cuadros de la colección que Tita Cervera también sacó del museo durante la pandemia y cuyo paradero se desconoce: Caballos de carreras en un paisaje (1894), de Egdar Degas; El Martha Mckeen de Wellfleet (1944), de Edward Hopper, y El puente de Charing Cross (1899), de Claude Monet.

M.l. Madrid/COLPISA. La Voz de Galicia, lunes 7 de febrero del 2022