jueves, 28 de mayo de 2020

Afrancesados

De la ingente obra del maestro -sobrio, sabio, afable y cortés- Miguel Artola -que incluye la oportunísima Partidos y programas políticos, 1808-1936, publicada en 1974-, su investigación más sagaz y poliédrica es su bautizo académico: Afrancesados. En pleno franquismo definió el pensamiento liberal y moderado español. Muy poco antes de Constant, los afrancesados representaron el monarquismo, reformismo y oposición a los avances incontrolados de la Revolución. Para Artola los afrancesados no fueron todos traidores, ni mucho menos. Los hubo trepas, oportunistas y advenedizos; también los que practicaron la obediencia debida. Son los juramentados o colaboracionistas. Pero distingue el afrancesamiento ideológico y por principios, que conectaba con nuestra tradición -afrancesamiento cultural- y sobre todo con el liberalismo del bando patriota. La invasión francesa partió en dos el liberalismo en España.

En Afrancesados hay mucho más. Artola desmiente a Marx, que volvió a errar con lo que desconocía. Marx trató de explicar para el New York Daily Tribune la vicalvarada y se topó con sus prejuicios y el liberalismo español. No entendía 1812 porque negaba que existiera Ilustración en un país católico. Artola sigue el rastro de los ilustrados de Carlos III y destaca el papel de Jovellanos y Floridablanca en Aranjuez. 

Indaga en la tormentosa relación entre  José I y Napoleón, que no quería a su pusilánime hermano como rey de España. Su elección fue por descarte. Artola se centra en la encrucijada insalvable de José I, que tuvo un recibimiento "siniestro"en Madrid. En sus cartas admite que nunca obtendría el favor de los españoles si no se reconocía la independencia, libertad e integridad de la nación -renacida cuando amenazada-. Los españoles nunca renunciarían a su patria. Sin embargo requería constantemente de tropas y dinero para ganar la guerra. Lo cual  debilitaba su posición ante los afrancesados, que mayoritariamente buscaron la incorporación de las Cortes de Cádiz a las de Bayona -de carácter cuasi estamental- . Resultaba imposible porque en Cádiz radicaba la soberanía nacional.

José I renunció más de una vez al trono y Napoleón lamentó que se hubiera"vuelto completamente rey" y contradijera sus planes para España: integración, desmenbración y sustitución. Artola aclara el devenir de nuestra revolución: muchos afrancesados desconfiaron de Fernando VII y los innovadores optaron por el lado patriota. El progresismo se forjó en Cádiz, junto con la nación de ciudadanos.

Javier Redondo. El Mundo, jueves 28 de mayo 2020.

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