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Françoise Sagan |
Esta historia de amor prohibida entre yerno y suegra, situada en algún lugar entre un filme de Claude Chabrol y la más frívola de las novelas rosas, recuerda a otro romance intergeneracional firmado por Sagan, Un poco de sol en el agua fría (1969), pero también a sus obras teatrales, con las que comparte el hecho de transcurrir en un interior irrespirable. Remite a aquel humor frío que destilaban las novelas que firmó en su mejor época, llena de observaciones tan precisas sobre la naturaleza humana que dolían como zarpazos. Eso no impide que el texto se venga abajo en una segunda mitad desvencijada, esbozada por Sagan poco antes de su muerte en 2004 por una embolia pulmonar, en un hospital de esa costa normanda y chic que convirtió en su pequeña patria, y donde terminó arruinada y consumida.
En realidad la autora nunca terminó el texto en cuestión. Fue encontrado por el hijo de al escritora, el fotógrafo Denis Westhoff -fruto del breve matrimonio en los sesenta de Sagan, bisexual y siempre libérrima, con el modelo Robert Westhoff-, entre una montaña de carpetas, cuadernos y notas que dejó en herencia, en forma de fotocopia de un texto mecanografiado. "Entendí que era una novela inacabada, sin corregir, pese a que la copia estuviese deteriorada y llena de frases inconclusas", recuerda Westhoff que decidió completar algunos de esos huecos "por deducción lógica", siendo lo más fiel que pudo al estilo de su progenitora. Entregó entonces el manuscrito a las ediciones Plon a cambio de los derechos sobre tres novelas antiguas ya editadas, que Westhoff relanzará el próximo otoño con otro sello.
La sorpresa llegó al recibir la novela corregida en la que encontró "demasiados retoques" respecto al original. "Quedé atónito por los cambios excesivos"... Hace dos años, cuando el libro se publicó en Francia, prefirió callar. Hoy se arrepiente de lo sucedido....
Álex Vicente. París. El País, miércoles 12 de mayo de 2021
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