domingo, 9 de noviembre de 2025

El hayedo "libre" del sur de Francia. Patrimonio de la Humanidad

El bosque de La Massene. (Foto: Adobe Stock)

A escasos diez kilómetros del Mediterráneo, 70.000 hayas  ancestrales conforman una reserva natural que funciona  como un importante laboratorio para estudiar el cambio climático. Al conocer la existencia de este hayedo ancestral, uno tiene  que mirar el mapa otra vez: sí, estamos escasamente a diez kilómetros del Mediterráneo. Su presencia rompe cualquier lógica biogeográfica. Se aferra a las laderas como el fragmento de otro mundo. Aquí debían reinar las encinas y los alcornoques, no estas hayas supervivientes  de la última glaciación. Su presencia es tan inesperada  que los científicos llevan más de un siglo estudiándolas asombrados.

La catedral de las hayas libres. Cuarenta minutos de ascensión desde la colorida y mediterránea Argelès-sur-mer y algo cambia en la atmósfera. La transición  desde el colorido pueblo del escultor Aristide Maillol a la reserva Natural Nacional de La Massene  es física... La luz baja unas tonalidades y la temperatura cae de media cinco grados, como si estuviéramos en un clima atlántico... Aquí llueve 1.200 milímetros al año, un 60% más  que en la costa que dejamos atrás. 

Musgos, helechos y líquenes forman una piel sobre los árboles que no han visto el filo de una hacha desde 1886. Ningún bulldozer ha removido este suelo y ya no lo hará nunca. Es intocable: desde 1973 es reserva natural y desde 2021, Patrimonio Mundial de la Unesco como parte del bien transicional "Bosques  primarios y antiguos de hayas de los Cárpatos y otras regiones de Europa".

Un laboratorio natural. El hayedo de La Massane es una rareza ecológica absoluta: en este contrafuerte pirenaico, la especie fagus sylvática (el haya europea) se adaptó con éxito en algún momento tras la última glaciación  a unas condiciones que eran extremas para su especie. El resultado es que los troncos de las hayas  forman hoy la bóveda perfecta de una catedral vegetal. Cuando uno transita por los senderos acondicionados- como el sendero de la Torre de la Massane o el GR10-, puede notar como el sotobosque huele a tierra mojada y a la madera fermentada, el micelio y el humus: el ciclo eterno de vida y muerte..

A los naturalistas siempre les ha fascinado este bosque de ocho mil especies reconocidas  en apenas trescientas treinta y seis hectáreas, una densidad que la convierte  en uno de los lugares mejor mapeados del continente europeo.

Se cuenta con mil especies de hongos, dos mil de insectos, 70.000 hayas que son monitorizadas tres o cuatro veces al año. "Un auténtico laboratorio al aire libre, donde observamos como la naturaleza sigue su curso, con la esperanza de que sea bajo estas condiciones  cuando tenga todas las posibilidades de encontrar las soluciones del mañana- se puede leer en el libreto de la exposición fotográfica Au rytme de la forêt-. Los efectos de nuestras malas acciones son visibles, terriblemente evidentes y ya es hora de remediarlos...

¿Logrará este bosque de hayas sobrevivir? 

José Alejandro Adamuz. National Geographic, 5 de noviembre de 2025.

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