martes, 11 de noviembre de 2025

Matisse se muda a España por la reforma del Pompidou

Cartel de Caixa Forum.

Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869-1869 Niza,1954) se autorretrato en cuatro ocasiones. En 1900, con 31 años, se pintó sobre un fondo oscuro. Su pelo es de color violeta, los hombros van coronados de verde, para el mentón y su chaqueta eligió el rojo teja. Entre los contornos del rostro, marcados en marrón, sobresale una luz fantasmal que parte de unos ojos cubiertos con gafas de miope. La espectacular tela sirve de inicio del recorrido  por Chez Matisse. El legado de una nueva pintura, la singular exposición que desde ayer  se puede ver en Caixa Forum Madrid, hasta el 22 de febrero y desde el 26 de marzo hasta el 16 de agosto en Barcelona. Alrededor  de un centenar de obras  (46 de Matisse y 40 de otros artistas) dan cuenta del genio que, junto a Picasso, fue el artista más grande su época. La reforma del Pompidou que empezó en verano y durará cinco años, ha hecho posible el viaje de las obras desde París a Madrid, como parte del acuerdo de colaboración  suscrito entre la Fundación La Caixa y la institución parisiense. El museo es el mayor propietario de la obra del artista francés (posee unas 250 obras). La exposición está comisariada por Aurélie Verdier, conservadora jefa de las Colecciones modernas del Pompidou. Verdier  ha explicado que Chez Matisse, como casa de los artistas, se centra en la esencia  más personal de la obra del pintor . Están su vida, sus pasiones, su ambiente y el trabajo  de todos aquellos que como él pusieron el arte en el centro de sus vidas.

Verdier ha organizado un recorrido cronológico a partir de secuencias históricas en un juego de referencias  cruzadas con las que se quiere ilustrar  un siglo de creación y de vanguardia. Con una notable representación  de obras míticas del artista, cuelgan trabajos de algunos de sus contemporáneos del siglo XX que nunca han salido del museo de manera conjunta. Son entre otros, Georges Braque, André Derain, Robert y Sonia Delaunay, Picasso, Le Corbusier o Zoulikha Bouabdellah.

Nacido en una familia de tejedores en un pueblo en el norte de Francia, Henri Matisse mostró muy pronto una gran devoción por el color y el lujo de los tejidos que se fabricaban en los talleres de la región. Después de estudiar derecho para agradar a la familia, se dedicó a la pintura. En 1900 sus cuadros empezaron a cambiar la pintura europea con una idea revolucionara del color.

El Pont Saint-Michel, (hacia 1900), en la primera parte del recorrido es un golpe de color con el que el espectador se adentra en los comienzos del fauvismo, el movimiento  al que quedó vinculado para siempre pese a que solo duró de 1904 a 1908. Fue una de las corrientes artísticas más breves de la historia y también más caóticas. Sin un manifiesto que recogiera sus intenciones y sus objetivos, los artistas entraban y salían  del movimiento según sus apetencias. Con todo, consiguieron apuntarse un tanto del que se adueñaron tendencias posteriores, liberaron el color de la mera descripción de la realidad. Con los fauvistas por primera vez, la hierba dejaba de ser verde o los cipreses tenían que ser azules.

El gusto y el dominio que Matisse había mostrado por el color desde los primeros años  de su carrera está en La argelina (primavera de 1909) y Marguerite con gato negro (inicios de 1910). En ambos cuadros el artista se da una zambullida de color que había alcanzado el climax con La alegría de vivir (Le bonheur de vivre) (1906). El óleo de grandes dimensiones (176x240 centímetros) presenta el mito de la Arcadia, el país imaginario donde reina la felicidad. Sobre la tela, los protagonistas están desnudos y forman parte de la naturaleza. Bailan, charlan, tocan música y se enamoran. La serenidad luminosa de la composición es una invitación al disfrute con el que el artista trató de vivir cada uno de los días.

La alegría de vivir (una de las joyas de La Barnes Foundation de Filadelfia) no está en la exposición, pero su filosofía sobrevuela el recorrido. A diferencia de otros artistas contemporáneos, como su amigo Picasso, Matisse no intentó nunca llevar su obra a los tiempos turbulentos que le tocaron vivir.

Pintor, escultor, artista gráfico, diseñador, escenógrafo, Matisse no reprimió su curiosidad por la experimentación en todos los soportes posibles. Se le atribuyen más de 1000 pinturas dentro de un conjunto que sobrepasa las 13.000 obras. La exposición recoge varios de sus trabajos más conocidos, como las esculturas Desnudo tumbado I (1907-1908), Dos negras (1907-1952) y dos versiones de Jeanntte (verano, 1930 ).

Ángeles García. Madrid. El País, miércoles 29 de octubre de 2022.

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