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| Cartel de Caixa Forum. |
Verdier ha organizado un recorrido cronológico a partir de secuencias históricas en un juego de referencias cruzadas con las que se quiere ilustrar un siglo de creación y de vanguardia. Con una notable representación de obras míticas del artista, cuelgan trabajos de algunos de sus contemporáneos del siglo XX que nunca han salido del museo de manera conjunta. Son entre otros, Georges Braque, André Derain, Robert y Sonia Delaunay, Picasso, Le Corbusier o Zoulikha Bouabdellah.
Nacido en una familia de tejedores en un pueblo en el norte de Francia, Henri Matisse mostró muy pronto una gran devoción por el color y el lujo de los tejidos que se fabricaban en los talleres de la región. Después de estudiar derecho para agradar a la familia, se dedicó a la pintura. En 1900 sus cuadros empezaron a cambiar la pintura europea con una idea revolucionara del color.
El Pont Saint-Michel, (hacia 1900), en la primera parte del recorrido es un golpe de color con el que el espectador se adentra en los comienzos del fauvismo, el movimiento al que quedó vinculado para siempre pese a que solo duró de 1904 a 1908. Fue una de las corrientes artísticas más breves de la historia y también más caóticas. Sin un manifiesto que recogiera sus intenciones y sus objetivos, los artistas entraban y salían del movimiento según sus apetencias. Con todo, consiguieron apuntarse un tanto del que se adueñaron tendencias posteriores, liberaron el color de la mera descripción de la realidad. Con los fauvistas por primera vez, la hierba dejaba de ser verde o los cipreses tenían que ser azules.
El gusto y el dominio que Matisse había mostrado por el color desde los primeros años de su carrera está en La argelina (primavera de 1909) y Marguerite con gato negro (inicios de 1910). En ambos cuadros el artista se da una zambullida de color que había alcanzado el climax con La alegría de vivir (Le bonheur de vivre) (1906). El óleo de grandes dimensiones (176x240 centímetros) presenta el mito de la Arcadia, el país imaginario donde reina la felicidad. Sobre la tela, los protagonistas están desnudos y forman parte de la naturaleza. Bailan, charlan, tocan música y se enamoran. La serenidad luminosa de la composición es una invitación al disfrute con el que el artista trató de vivir cada uno de los días.
La alegría de vivir (una de las joyas de La Barnes Foundation de Filadelfia) no está en la exposición, pero su filosofía sobrevuela el recorrido. A diferencia de otros artistas contemporáneos, como su amigo Picasso, Matisse no intentó nunca llevar su obra a los tiempos turbulentos que le tocaron vivir.
Pintor, escultor, artista gráfico, diseñador, escenógrafo, Matisse no reprimió su curiosidad por la experimentación en todos los soportes posibles. Se le atribuyen más de 1000 pinturas dentro de un conjunto que sobrepasa las 13.000 obras. La exposición recoge varios de sus trabajos más conocidos, como las esculturas Desnudo tumbado I (1907-1908), Dos negras (1907-1952) y dos versiones de Jeanntte (verano, 1930 ).
Ángeles García. Madrid. El País, miércoles 29 de octubre de 2022.

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