miércoles, 5 de noviembre de 2025

Marella Rossi: el futuro de lo antiguo

Marella Rossi. (Foto: Ed Alcock)

Estamos en Aveline, uno de los templos parisienses del mundo de las antigüedades. Marella Rossi, su propietaria ha convertido este palacete a un paso del Elíseo en una plataforma para potenciar a artistas contemporáneos y al mismo tiempo mostrar las piezas más bellas del patrimonio clásico francés. Marella Rossi (Hauts-de-Seine, 52 años) camina con prisa sobre los magníficos suelos de madera de Aveline, la galería de antigüedades de París que tiene los mejores muebles del siglo XVIII francés. De vez en cuando se vuelve para comprobar que la sigo o para hacerle una gracia a su perrita Gigie, o para responder las tres o cuatro preguntas que le lanzan al mismo tiempo desde todas las esquinas del palacete. No es el mejor día para verla, esta noche inaugura la 23ª edición de Chambres à part para Art Basel, cuya curadora es la artista Laurence Dreyfus, es mediodía y aún le queda mucho por hacer. En las dos plantas de Aveline se instalan luces y se mueven de sitio objetos muy valiosos... "Si está la jefa se supone que tiene solución para todo y a veces no es así", me dice en voz baja. Marella tiene una palabra amable para todos, reparte bonjours y mercis, pero no se desvía de su objetivo: llegar al único lugar donde podemos hablar un rato, su despacho. Más bien el de su padre, Jean-Marie Rossi, el decano de los anticuarios de París, fallecido en 2021 y que en España es conocido por su matrimonio con Carmen Martínez-Bordiú.

Entramos. Marella cierra la puerta y nos sentamos en dos sillones Luis XV con el tapizado original en seda azul, al pie de una robusta mesa de los años cincuenta donde trabajaba Jean-Marie. Para su despacho ella escogió la mesa de Hubert de Givenchy, subastada por el modisto cuando este iba a vender su piso de París. "Gano tanto dinero con los muebles que pudo quedarse con el piso y redecorarlo", cuenta Marella mientas busca en un bolso inmenso un paquete de tabaco. No lo encuentra, en cambio saca una foto enmarcada y la planta en la mesa. Será testigo de toda nuestra conversación. En la imagen están Marella, su hermano Frederick y su padre, que los llevaba cogidos de la mano. "Fue un buen día, acababa de nacer Cynthia (la hija que tuvieron en común Jean-Marie Rossi y Carmen Martínez-Bordiú en 1985), íbamos a conocerla, no había pasado un año de la muerte en un accidente acuático de mi hermana gemela (Mathilda). Cynthia nos salvó a todos". Al fin encuentra el cigarrillo, lo enciende y pregunta de qué vamos a hablar.

Marella es la gran sucesora de su padre. En 1999, con 26 años, empezó a trabajar en Aveline y se convirtió en una anticuaria en un mundo de hombres. "Me salvó medir 1,80 y aún así me ponía tacones". Marella era joven pero tenía un titulo de Bellas Artes de la Sorbona, un curso en Christie's y había estudiado en el Louvre y en el palacio de Versalles. Además traía el ojo educado de  serie. (...)

Marella llegó a Aveline en 1999 como un soplo de aire fresco, convencida de que una galería debía ser "un lugar de experimentación y diálogo". Y eso significaba mezclar, una mirada desprejuiciada que de algún modo también había aprendido de su padre, que tenía su casa amueblada con una mezcla  de antigüedades y arte contemporáneo. En las subastas pujaba por los mejores muebles de la regencia y por diseños de Frank Lloyd Wright, e incluso llegó a comprar el 10% de los lotes de Karl Lagerfeld en una subasta en Mónaco. Justo lo que ella hace en Aveline. Se ha aliado con importantes galerías como la italiana Continua, Sperone Westtwater en Nueva York y con museos como el castillo de Fontainebleau para mezclar sus dos pasiones: antigüedades y arte contemporáneo...

Karelia Vázquez. El País Semanal, 19 de octubre de 2025.

No hay comentarios:

Publicar un comentario