lunes, 3 de noviembre de 2025

Estatuas terroríficas y sagradas

Julia Ducournau (París,41 años) hizo historia: ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 2021, convirtiéndose en la segunda mujer cineasta en llevarse tan prestigioso premio a lo largo de siete décadas (solo lo había conseguido antes Jane Campion por El piano, en 1993, y compartido con u hombre). El premio tenía más mérito aún porque lo lograba con una película de puro body horror, Titane, el que partía desde lo más físico y visceral para denunciar la violencia contra las mujeres y dinamitar la identidad de género. Cuatro años después de dar la vuelta al mundo con su protagonista adicta al titanio, la cineasta francesa regresó a La Croisette el pasado mes de mayo con su nueva película Alpha, que el 1 de noviembre llega a los cines españoles tras inaugurar Sitges. En ella sigue retorciendo  las convenciones del terror y del fantástico para, por un lado, reivindicar a una generación olvidada y silenciada por la pandemia del sida: y por otro, hablar de la posibilidad de dejar ir y de romper vínculos simbióticos.

 "Alpha es una película en la lleva mucho tiempo trabajando, anterior incluso a Titane, pero la posponía porque quería ser más sabia, tener más experiencia", explica, explica y tras el éxito de su filme anterior , y con la experiencia ganada con Crudo, su primer largometraje, en el que también trataba de la violencia contra las mejores desde el cuerpo (siempre cuenta que la profesión de sus padres, médicos, ha impactado en su imaginario), se sintió con la fuerza de ir hacia otros territorios. "El lugar de la creación es un lugar incómodo: es donde se encuentran las cosas interesantes", opina. Desde ahí imaginó en Alpha un virus que convierte a las personas infectadas en estatuas de mármol, "como sagradas", dice la directora , sus músculos, sus huesos y órganos  van petrificándose hasta fracturarse. Su protagonista , llamada Alpha, es una niña de 13 años que cree haberse infectado, (Golshifteh Farahani), dedicada a los cuidados de todos a pesar de haber sufrido toda la vida a un hermano (Tahar Rahim) y enfermo. Aquí, más que antes, Ducournau tira de diálogos, de palabras... "Hay algo que nunca se ha dicho: como la sociedad trataba a los enfermos y a sus familias por vergüenza, por miedo", expone. Y ante eso "tienes que poner nombre a las cosas, es la única forma de romper el trauma. Fue muy difícil, porque siempre temo que las palabras  reduzcan la intensidad emocional, o peor aún, la expliquen,  pero quería que la película fuera extremadamente emotiva".

Ducournau con su Alpha coincidió en Cannes con Carla Simón y su Romería, las dos desde sus perspectivas personales y cine generacional, de todos los que lo vivimos, y aunque no sea comparable, quizá la covid despertó algo. Y es como si ahora se hubiera abierto la compuerta y todo eso saliera. Me encanta cuando todo eso sucede , porque significa  que, independientemente, todos sentimos la necesidad de hablar de ello. Hemos esperado 30 años para encontrar las palabras que expresen este sufrimiento. 

Irene Crespo. Smoda. El País, 18 de octubre de 2025.

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