Un biopic que responde al canon, en estructura narrativa y cronológica y en su cuidado envoltorio formal, considerando que abarca varias décadas de la historia contemporánea de su país, con los riesgos ambientales que eso suponía (de hecho, aspiró a varios Cesar en esas categorías ). Súmese la total entrega al papel de Tahar Rahim, que en algunos momentos pareciera suplir al propio artista, obviamente con ayuda del maquillaje. Añádase el papelón de Marie-Julie Baup encarnando a la mítica Édith Piaf (1915-1963), fundamental en su salto a la fama. No hay que ser un chispa para entender que la histórica productora y distribuidora Pathé apostó por el proyecto en la seguridad de encontrar simpatía en un target de público adulto, nostálgico de la grandeur francesa. Es un filme de largo recorrido, que tuvo su primera etapa en salas previo paso a la cadena de difusión convencional.
Más allá de tono biográfico, conviene señalar que los autores renunciaron a la tentación hagiográfica para relucir las aristas de la estrella -limitado por su voz- , la persona fue incapaz de conectar con su primer hijo- y una extraña combinación de egoísmo, ambición y soberbia, que lo traicionó en algún momento. Inseguro y a ratos acomplejado, con los años supo ganarse el corazón de sus compatriotas. Sus fans agradecen este Monsieur Aznavour, aún con carga desmitificadora.
Miguel Anxo Fernández. La Voz De Galicia, sábado, 1 de noviembre de 2025.

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