martes, 19 de abril de 2022

Desconfianza masiva en Francia

                                          Foto: Reuters

Tradicionalmente, cada cinco años, las dos vueltas de la elección presidencial constituyen el momento clave de la vida política francesa. Este 2022 representa una ruptura desde este punto de vista. El desinterés por la elección reina a una semana de la primera vuelta. La población como los medios le prestan muy poca atención. Un anuncio simboliza esta indiferencia: TFI, el canal de televisión más importante del paisaje mediático, decidió boicotear la tradicional noche electoral completa de la primera vuelta y emitir en su lugar una comedia de culto estrenada en 1993, Los visitantes. 

Son varias las razones que explican esta falta de interés. La guerra en Ucrania, prioridad de los periodistas, relega a un segundo plano la actualidad política nacional. La falta de suspense en cuanto al resultado -la reelección del presidente de centro derecha Emmanuel Macron parece cierta, se enfrente a quien se enfrente en la segunda vuelta- tampoco ayuda a una movilización masiva de los ciudadanos. Pero las raíces de esta apatía política son profundas y no coyunturales. La democracia francesa sufre de la desconfianza masiva de la población hacia su clase política. Esta situación podría tener una consecuencia inédita: una abstención superior al resultado del candidato que quede primero en la primera vuelta. Eso debilitaría la capacidad para gobernar del próximo presidente de la República. 

Un paisaje político derechizado. Doce candidatos -ocho hombres y cuatro mujeres- compiten en las elecciones presidenciales. Los dos candidatos de centroderecha, derecha y extrema derecha desempeñan el papel principal en este certamen electoral. Los sondeos prevén la primera posición para Macron, candidato a la reelección.

Por primera vez desde la elección del presidente de la República francesa por sufragio universal directo, dos candidatos de extrema derecha pueden aspirar a la segunda vuelta. Los sondeos prevén la segunda posición para la ultraderechista Marine Le Pen, ya finalista en 2017, pero también estimaban en febrero que el polemista ultraderechista Éric Zemmour, condenado varias veces por incitación al odio racial, podría superarla. Sumando los resultados de Le Pen y Zemmour, la extrema derecha representa entre un 30% y un 35% de la intención de voto. 

Este empuje electoral de la ultraderecha desestabiliza a la derecha histórica. Aunque representante del ala más moderada de la formación conservadora de tradición gaullista Los Republicanos, Valérie Pécresse optó por avalar al ala más derechizada en el eje migratorio e identitario. Se le hizo difícil defender en el debate un espacio conservador moderado y europeísta. Pero fracasó su estrategia de frenar el avance de la ultraderecha adoptando su ideología.

Pécresse sufre incluso su condición de ser la primera mujer presentada por la derecha conservadora como candidata a la elección presidencial. Como ocurrió con la socialista Ségolene Royal en 2007, se enfrenta a ataques a sus competencias , su estilo, e incluso a la impostación de su voz. Su anunciado fracaso simboliza la cautela francesa a la hora de aceptar a una mujer como jefe de Estado y del Ejército.

La izquierda moderada, gran ausente de la elección. El debilitamiento de la derecha conservadora, que ya no encuentra su espacio político entre la ultraderecha  y la política liberal del presidente Macron, resulta también de la estrategia de recomposición del paisaje político adoptada por este último desde 2017. Para superar la división clásica entre izquierda y derecha, clave de su táctica de acceso al poder. Macron debía arrasar en los partidos tradicionales.

Empezó hace cinco años con el partido socialista, cuyo candidato Benoît Hamon solo obtuvo el 6% de los votos en las presidenciales. El partido socialista no supo desde entonces definir un nuevo proyecto apto para responder a las urgencias sociales y climáticas y convertirse en una fuerza renovada de acción política. Su representante para las elecciones de 2022, la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, no logra alcanzar un 3%  en las encuestas de opinión... Socialistas, comunistas y ecologistas fueron incapaces de llegar a una candidatura única para esta elección presidencial...Aceptando su propia irrelevancia, eligieron la política de tierra quemada, haciendo del candidato de la izquierda radical Jean-Luc Mélenchon, el blanco principal de sus ataques...

Una desafección democrática masiva. Esta inconsistencia de la oferta política contribuye a la desafección democrática masiva. Incluso la anunciada reelección de Emmanuel Macron no se basa en una verdadera dinámica política, desmotiva a los electorados tradicionales de sus oponentes, a los que genera una cierta indiferencia entre sus apoyos. Intentando encontrar un equilibrio entre el papel del presidente hasta el "último cuarto de hora" y el del candidato, Macron solo participará en un mitin electoral y se negó a debatir con los otros candidatos. Su imagen política se normalizó desde 2017...Ya no encarna la novedad o la juventud, a pesar de ser, como en 2017, el candidato más joven.

El movimiento de los chalecos amarillos tradujo en 2018 una ruptura de fondo entre la clase política y una parte de la población francesa, periurbana, alejada de los servicios públicos, que sufre una pérdida de su poder adquisitivo. También expresó una aspiración ciudadana de formas de democracia más horizontales y participativas. Dado que los ciudadanos no encuentran respuestas a esta aspiración, la sociedad francesa se está despolitizando. El fenómeno es masivo entre los jóvenes. La abstención ya se convirtió en el primer partido de Francia. La propia democracia corre el riesgo de ser la primera vencida en esta derrota colectiva.

Ágathe Cagé. Politóloga. El País, domingo 3 de abril de 2022

lunes, 18 de abril de 2022

Francia de luz y de penumbra, 4

Queríamos saber que tal les iban las cosas a Francia y a los franceses a unas semanas de las elecciones, y por eso hacíamos la misma pregunta a las personas con las que nos cruzábamos. Raramente la respuesta era del todo negativa. Rara vez los entrevistados hablaban directamente del islamismo, la inmigración o la guerra de civilizaciones temas que dominan buena parte de la campaña en las pantallas y mítines. Algunos hablaban de los coletazos de la pandemia, otros, sí, de los extranjeros. Se escuchan frases como "hay demasiada gente en Francia, demasiados extranjeros" , "se dan demasiadas ayudas a quienes no trabajan", pero lo dicen casi sin virulencia; en ocasiones son inmigrantes de los años setenta o hijos de inmigrantes quienes las pronuncian.

Si hay una preocupación común que aparece en las conversaciones es la inflación, la subida del precio del combustible, que en esta Francia del automóvil y las distancias largas puede determinar si se llega a fin de mes. La guerra de Ucrania lo ha agravado.

En Yronde-et-Buron, un pueblo de 600 habitantes al pie del Macizo Central, nos encontramos con Pascal Julien. Monsieur Julien es un panadero particular. Un panadero sin panadería. Un día decidió cerrarla y sustituirla por máquinas expendedoras de pan . Tiene cinco distribuidas por varias localidades de la zona. Ahora pasa el día de un pueblo a otro con su furgoneta, distribuyendo por las máquinas las barras que fabrica en su horno. Como llenar el depósito cuesta más dinero, él ha encontrado una solución: "El precio ha subido un 40%. Algunos colegas han aumentado el precio de la baguette. Yo no. Yo he reducido un poco su peso.

El Macizo Central es el núcleo de la "diagonal del vacío", como llaman los demógrafos al corredor con baja densidad de población que recorre Francia del noreste al suroeste y que sirve de ruta aproximada de este viaje. No hay Francia más profunda ni rural, con ciudades como Aurillac, 25.000 habitantes en el corazón del Macizo Central. Por ahí no pasa ninguna autopista ni llega ningún tren de alta velocidad pese a ser sede de una prefectura, lo que en España sería una capital de provincia.

A la entrada del pueblo, una rotonda y una avenida de cuatro carriles flanqueada por supermercados, almacenes, concesionarios y restaurantes de comida rápida. Es Aurillac, pero podría ser Perpiñán o Calais. Es viernes noche y dentro corretean los niños y se dan cita las parejas. Aquí se han citado Élaurat Savreux y Alexandre Vialettes, de 28 y 36 años, empleados en un concesionario de automóviles. Devoran sus tacos -una masa espesa de carne, patatas fritas y queso-, después irán al cine. Nos e han vacunado, pero pasaron la covid hace unas semanas y por eso tienen el certificado de inmunidad que les permite entrar en locales de ocio. Dice Alexandre: "No sabemos lo que nos inyectan". Añade Élaurat: "No soy oveja". ¿Macron? "No", responde Élaurat. Alexandre: "De ninguna manera". Élaurat: "Espero que gane Marine (Le Pen, candidata del Reagrupamiento Nacional). Votaré por ella. Será bueno que haya una presidenta mujer". A Macron, que trabajó en la banca antes de entrar en la política y ha bajado los impuestos a los ricos, se le ha pegado la etiqueta de "presidente de los ricos". Escuchamos esta expresión varias veces, será difícil para él quitársela de encima. "El pingüino", le llamaban dos camioneros  entre risas en una estación de servicio. Uno transportaba vino de Burdeos; El otro chocolate.

Habíamos empezado el viaje en el extraño Val d'Europe, la miniciudad construida a principios del siglo XXI con edificios que imitan le París hausmanniano del XIX. Cerca, en Disneyland, se inauguró, según Forquet, la era postindustrial en Francia. La de fábricas cerradas y los centros urbanos vacíos y sin tiendas y las periferias -los centros comerciales, las urbanizaciones baratas, las rotondas- elevadas a la categoría de actor político.

Practicando Country francés en una sala de Lafox.
/ Ed Alcock

De Disneyland, que fue puerta de entrada de la danza country, llegamos cuatro días más tarde a Lafox y su sala de fiestas donde era sábado cerca de la medianoche y el baile seguía. Retumbaba la música de Nashville y Texas y había banderas con las barras y estrellas, aunque solo un puñado de cowboys y cowgirls habían puesto los pies en Estados Unidos. Todo aquello era, el fondo, puramente francés, un baile de barrio de toda la vida, una fiesta popular y socialmente igualadora.

Manuel Ruiz, el cowboy jubilado que baila para ejercitar la memoria y que se hace llamar "el Clint Eastwood francés", nos lleva un momento al exterior de la sala. "Escuche", dice en el frío invernal. Saca su viejo teléfono móvil con teclas gastadas y hace sonar la melodía del timbre. Sale un canto en español: "El pueblo unido jamás será vencido". Liberté, égalité, fraternité.

Marc Bassets. El País Semanal,3 de abril de 2022

domingo, 17 de abril de 2022

Francia de luz y penumbra, 3

Fábrica de Renault en Billancourt

Francia no es la Francia que pensábamos conocer. Y no por "la gran sustitución", la paranoia racista según la cual los franceses blancos y cristianos están siendo remplazados por árabes y negros. El cambio es otro.

"Si hubiese que fijar un momento, sería la primavera de 1992", nos decía antes de salir a la carretera el gurú demoscópico Jerôme Fourquet. "El 31 de marzo se cierra definitivamente la fábrica de Renault en Billancourt, en la región de París, el símbolo más absoluto de nuestra historia industrial y de las luchas sociales de la clase obrera. Doce días más tarde, el 12 de abril de 1992, se inauguró también en esta región Disneyland París. En unas semanas se pasó de un mundo a otro". De la fábrica al ocio y a los servicios, del trabajo para toda la vida al empleo temporal.

El último libro de Fourquet, escrito junto a Jean-Laurent Cassely, se titula La France sous nos yeux. Économie, paysages, noveaux modes de vie (Francia ante nuestros ojos. Economía, paisajes, nuevos modos de vida). El volumen ausculta, mezclando los datos y la observación, los movimientos del alma francesa y cómo ésta se refleja en los paisajes: una autovía en las afueras de una ciudad de provincias, un centro comercial, restaurantes de comida rápida, concesionarios de automóviles, una rotonda.

Fourquet es a la demoscopia y a las ciencias sociales lo que Michel Houellebecq es a la novela. Nadie como Houellebec ha sabido convertir en objeto lírico la soledad del asfalto y los neones, los moteles de las autopistas y gasolineras, nadie como él ha visto tan bien la belleza de la Francia fea ni ha sabido captar el alma de los paisajes sin alma.

"El aparcamiento (del área de servicio en la autopista) dominaba la campiña de los alrededores, desierta excepto algunas vacas de raza probablemente charolais", escribió Houellebecq en Sumisión, una de sus novelas más sombrías. "El paisaje era ondulado, más bien bonito, pero no se distinguía ningún estanque , ni ningún río. Respecto del futuro, me parecía imprudente pensar en él".

La vida en un banlieu francés.  P.Lapoirie/EFE

Paisajes físicos. El valle industrial del río Gier entre las ciudades de Lyon y Sait-Étienne. Fábricas sin actividad. Pueblos destartalados. Barrios de edificios de protección oficial que son versiones en miniatura y semirrurales de las banlieues de París o Lyon. En el monte, una urbanización con decenas de casas nuevas y casi idénticas: más de la mitad de los franceses viven en casas unifamiliares y muchos más desean hacerlo (y esto explica la dependencia del automóvil y a veces el aislamiento, la soledad).

"Desde hace una veintena de años, en Saint-Étienne hay un fenómeno: el hipercentro se ha desertificado, se ha empobrecido", explica Christophe Gautier, arquitecto en esta ciudad. "El sueño de muchos franceses es tener una casa individual con un pedacito de jardín".

Paisajes humanos. La mujer que pasea con sus perros  en una calle al borde de la A47 y cuenta que no ha querido vacunarse contra la covid y que por eso ahora no puede ir al cine ni al restaurante, ni practicar su deporte favorito, el bádminton. Se llama Gäelle, es cuidadora de niños en casa, y dice: "Me adapto, paseo, nos invitamos entre amigos". Le molestó que Macron dijese en enero que quería "fastidiar" a los que rechazaban la vacuna: "No es muy popular entre las personas a las que quiere fastidiar".

En La Roche, minúscula banlieue en el valle del Gier, Yosri Miled, que tiene 28 años y no trabaja, asegura que "antes las cosas eran mejores" y añora "la época de los abuelos", y cree que "la gente se ayudaba más entre sí, los vecinos se hablaban, el mundo se ha vuelto individualista".

Faltaban unos días para que empezase la guerra en Ucrania y todo cambiase, en Francia también, pero el optimismo del que nos hablaba aquella mujer lo encontramos en varios momentos del viaje. Nos sorprende porque obliga a matizar el estribillo machacón de los políticos y medios de comunicación en París sobre una Francia en cólera, una olla a presión, la guerra civil a la vuelta de la esquina. 

En Tonnerre, pueblo de 4.500 habitantes en la Borgoña y sede de una filial de Thomson que fabricaba vídeos y DVD que cerró a mediados de la primera década del siglo, un hombre sonríe:  "Los que no miran la tele no ven ningún declive. Los que se pasan las 24 horas pegados a la tele... ¡estos sí ven el declive!. Es Karim Mosta. Nació hace 68 años en Casablanca, en Marruecos; llegó a Francia a los 16. Explica que fue el último en abandonar la fábrica Steli, que llegó a emplear más de 1.200 personas. Después Karim fue profesor de gimnasia en el instituto local. Y mientras tanto siguió dedicándose a su verdadera pasión: correr ultramaratones y otras pruebas deportivas de resistencia que le llevaron por todo el planeta; ahora prepara un viaje en bicicleta de Ámsterdam a Dakar.

Existe un sueño francés, todavía, como el de Karim Mosta. O el de Nytia Lea y Nilo Keetham, de 20 años ambos, ella de origen indio, él de Sri Lanka. Viven en las afueras de París. Han parado en una gasolinera en la autopista A5, pasarán el día en un centro comercial cerca de Tours para comprar ropa barata. Creen en Francia.

Nytia: "Un país extraordinario, con todas las comodidades para tener éxito en la vida". Nilo: "Quiero vivir en Francia, y también quiero morir en Francia. El equipo de Francia lo es todo para mí, me tatuaría el logo".

Marc Bassets. El País Semanal, 3 de abril de2022

sábado, 16 de abril de 2022

Francia de luz y penumbra, 2

 Val d'Europe, una ciudad de construcción reciente con
su centro comercial, cerca de Paris.

Si la danza es el country, la banda sonora serían las canciones de Johnny. Y el paisaje la rotonda. Los cruces de carreteras en forma de plaza circular proliferaron a partir de los años ochenta. Hoy hay hasta 65.000, según el diario Le Monde.

Ningún país en el mundo tiene tantas. Si hay un símbolo Nacional francés, es este. "Símbolo de la Francia fea y del malestar francés", las definió un articulista de Le Figaro. Imaginemos que, dentro de tres milenios, un arqueólogo quisiera reconstruir nuestra era. Imaginemos que específicamente quisiera reconstruir los años en los que en un país llamado Francia mandó un gobernante llamado Emmanuel Macron. Pues probablemente debiera fijarse en las rotondas.

En ellas estalló en 2018 la revuelta de los chalecos amarillos, los invisibles de las pequeñas ciudades provincianas que se rebelaron contra algo muy concreto: el aumento del precio del diésel. Y contra algo más abstracto: el sentimiento de ser víctimas del desprecio de las élites de París.

Las rotondas eran el lugar de paso de la Francia que necesita el automóvil para trabajar -para vivir- y que para los parisienses que se desplazan en metro o en bicicleta es cada vez un país más exótico. Son la nueva plaza del pueblo: un punto de encuentro donde verse las caras y encontrar a alguien con quien conversar en un tiempo de iglesias vacías y sindicatos irrelevantes.

Desde que con el fotógrafo Ed Alcock salimos al volante de un Renault Captur de alquiler un miércoles por la mañana de Val d'Europe, una ciudad de construcción reciente junto al parque Disney en Marne-la Vallée, cerca de París, hasta llegar el domingo a la vieja Burdeos, visitamos nuevos barrios residenciales, indistintos unos de otros. Hicimos escala en en hipermercados o restaurantes de comida rápida. Giramos por decenas y decenas de rotondas que acababan pareciendo una sola y única rotonda. 

En todas estas etapas podríamos haber estado en cualquier punto de Francia, la Francia que según el diagnóstico de sociólogos y politólogos, está fracturada social y territorialmente, pero a la que siguen uniendo unos paisajes, idénticos en el norte, sur, este o el oeste, como un país paralelo con su propia geografía y arquitectura. El de las rotondas y las gasolineras. El país de los restaurantes Buffalo Grill ("Barbacoa americana, pero 100% vaca francesa", dice el lema de esta cadena auténticamente francesa con 360 establecimientos instalados en la periferias urbanas) y O'Tacos (otro fenómeno culinario de la última década que transforma una comida tex-mex en un producto autóctono con influencias norteafricanas). O el de los hipermercados como E. Leclerc, que revientan los precios del mercado ofreciendo barras de pan -la mítica baguette- por 0,29 euros y acogen -esto es Francia, a fin de cuentas- la cadena de librerías con más establecimientos del país...

Marc Bassets. El País Semanal, 3 de abril de 2022

viernes, 15 de abril de 2022

La pasión francesa por la Pasión sevillana

Fotograma de la cinta que gravaron los hermanos Lumière en la Sevilla de 1898

Cuentan las crónicas que en la Semana Santa de 1860 el Ayuntamiento de Sevilla gastó 10.000 reales en un fastuoso monumento eucarístico para el Jueves Santo que sirviera de reclamo para el foráneo que quisiera verlo. El fenómeno no era nuevo: ya en 1604 se había producido la conversión del rito religioso en espectáculo al obligar a las cofradías a incluir en su recorrido una parada en la catedral siguiendo un itinerario común, lo que dio lugar a la carrera oficial (recorrido obligado de las hermandades). Se prendió así la chispa de una llama que culminó en el siglo XIX cuando, además de espectáculo, se quiso que las procesiones fueran también atracción turística. Un siglo y medio después, después de dos años de parón por la pandemia, la ciudad parece volver a poner en la Semana Santa todas sus esperanzas de recuperación turística y económica. 

Los poderes civil y religioso comenzaron a entender desde 1800 que la Semana Santa podía ser un reclamo para los visitantes y como consecuencia, una fuente de ingresos. Se empezó a cobrar por ver los pasos en tribunas, entonces pensadas específicamente para que los extranjeros pudieran disfrutar de las procesiones. Y entre los visitantes europeos fue la intelectualidad francesa la que más rápido cayo fascinada por lo que el escritor Joseph Peyré bautizó como "los ocho días sagrados de Sevilla". Habitantes de un país asentado sobre bases contemporáneas, franceses ilustrados llegaban a España atraídos por un mundo singular, "diferente y desusado, donde era posible hallar el pintoresquismo y el color local que ya se habían esfumado en tantos otros territorios europeos", relata el filólogo e historiador Juan Villegas Martín en La pasión francesa. La Semana Santa de los viajeros francófonos, que acaba de publicar la editorial El Paseo.  

Una de las primeras miradas francesas que se proyectan sobre la Semana Santa sevillana y que recoge Villegas Martín es la del farmacéutico Sébastien Blaze de Bury, que entraría en España con la Gran Armada de Napoleón en los años de la Guerra de la Independencia. Pasó parte de su estancia en Sevilla, donde conoció las celebraciones de la Pasión, "de las que nos ha dejado descripciones y comentarios inestimables", comenta el autor. (...)

Fue clave también la figura de Antoine Latour, secretario del duque de Montpensier, Antonio de Orléans que estaba casado con la infanta María Luisa de Borbón (hermana de Isabel II)... Son curiosas algunas afirmaciones de Latour acerca de la fiesta sevillana, como cuando contrapone "el carácter católico de la Semana Santa de Roma con el espíritu de exhibición popular que observa en Sevilla", apunta Villegas Martín. 

El autor asegura que no se debe hablar solo de fascinación, "pues hay miradas muy críticas contra la fiesta". Están, en línea con Latour, los clérigos franceses que se escandalizaban por lo que consideran idolatría, un "carnaval religioso", mientras que otros sacerdotes están felices de hallar una ciudad donde la religión ocupa un lugar en la vida que ya en Francia hace décadas que se ha perdido. (...)

La pasión francesa por la Pasión sevillana alcanzó, pues, a pintores, escritores y periodistas durante el siglo XIX y el XX, pero el cine no permaneció ajeno  a este embrujo. Los hermanos Lumière, en sus años experimentales, traspasando lenguajes artísticos, dejaron también testimonios muy importantes, con la cinta que aún se conserva de la grabación de la salida del paso de Nuestro Señor Padre Jesús de las Penas de la Hermandad de la Estrella en 1898. Esta imágenes fueron un paso más en la internacionalización de la fiesta, que ha seguido creciendo hasta hoy.

Amalia Bulnes. Sevilla. El País, miércoles 13 de abril de 2022

jueves, 14 de abril de 2022

Del gorro de Rousseau a las sobremesas de Kant

Dice el filósofo Michel Onfray, en la conclusión de El cocodrilo de Aristótoles, que ha dejado fuera de esta "historia de la filosofía" a través de la pintura a algunos grandes autores por falta del cuadro que sintetizara en un detalle su pensamiento, esa equivalencia que Husserl llamó analogon. Su libro no es propiamente una historia de la filosofía, sino un interesante apunte sobre 33 filósofos (Deleuze y Guattari son tratados como uno), y otros tantos cuadros, en los que pesa quizás demasiado la nacionalidad del autor. Un tercio de los seleccionados son franceses como él. Están los pesos pesados de la antigüedad clásica, pero escsean los grandes pensadores alemanes o británicos.

La mirada del autor es poco complaciente con los padres de la filosofía occidental. A Aristóteles lo vemos en un cuadro de Jean-Baptiste de Champaigne puramente decorativo, en el que el filósofo parece recibir órdenes de su pupilo, Alejandro, que le ha hecho traer un cocodrilo. En cuanto a Platón no hay duda de que la idea de que resume su obra fuera muy útil para edificar la fábula cristiana".

Los mayores elogios se los dedica a Michel de Montaigne. A juicio de Onfray, sin Montaigne la filosofía francesa "jamás habría existido". Eso sí, se le representa, como un niño rubicundo, en un cuadro de escaso interés. Y es que la selección de cuadros es sumamente desigual. Hans Holbein firma un soberbio retrato de Erasmo, un pensador que podía haber evitado los desgarramientos de la Reforma y las guerras de religión  si el Vaticano se hubiera dignado a escucharle, piensa onfray. Pero, a Immanuel Kant, en cambio lo vemos en una curiosa pintura de Emil Dörstling, sentado ante una mesa  rodeado de devotos comensales. Kant, al que imaginamos como un solitario, volcado en sus tratados filosóficos, no soportaba comer solo.

También pueden ser engañosas las ideas sobre dos filosófos que inspiraron lo mejor y lo peor de la Revolución Francesa: Voltaire y Jean-Jacques Rousseau. Al primero lo califica de "desconocido célebre" porque nadie lee sus obras. Rousseau, por su parte, nos sorprende con su gorro de piel, en un bonito lienzo de Allan Ramsay. Su amor por la sobriedad contrata con su obsesión indumentaria, de la que deja constancia en las cartas a su benefactora, la señora Boy de la Tour.

Onfray procura hacer sangre también en las contradicciones de un Karl Marx, al que evoca a partir de un cuadro de Hans Mocznay. Lo vemos en una pequeña sala tomando té junto a Engels. Los dos trajeados elegantemente , muy diferentes a ese proletariado que quieren redimir. Otros dos grandes santones, Freud y Sartre, son tratados con mano dura por el autor, que cierra su libro elogiando a Jacques Derrida.

Lola Galán. Babelia. El País, sábado 2 de abril de 2022 

miércoles, 13 de abril de 2022

Martín de Padrozelos, el trovador de Samos

A Quenlla interpreta al trovador Martín de Padrozelos

Martín de Padrozelos es un trovador medieval gallego-portugués de quien se conservan diez cántigas -ese es todo su tesoro, lo que no es poco- recogidas en los cancioneros de la Biblioteca Vaticana o de Lisboa. Nueve son de amigo y una es de amor, y en la actualidad hay coincidencia en torno a la notable altura literaria y en la agradable belleza de sus composiciones. Salvo alguna tibia anotación que sitúa al autor como luso oriundo de la localidad de Padrozelos, en el municipio de Ribeira da Pena, en la región de Trás-os Montes, gana fuerza desde hace años la tesis de que el vate, uno de los primeros que se conocerían  de la lírica ibérica -su obra data de finales del sigloXI-  era de Samos. Allí, plantado en el municipio lugués, está Padruzelo de Lóuzara, el penúltimo lugar antes de entrar en el limítrofe Courel. En esa misma aldea, todavía hoy luce erguida y habitada la casa de Martín -una de las que componen la decena de aquel hermoso pero alejado núcleo-. Nadie se acuerda de donde procede este nombre, pero los más viejos del contorno dicen que antiguamente se hablaba con frecuencia de que en esta edificación vivió algún tiempo un poeta. De hecho, aseguran los historiadores, una esquina de la construcción y la entrada son claramente románicas.

Pero lo que más afirma su origen en estas tierras de montes -los trovadores acostumbraban tomar su nombre artístico del sitio de su nacimiento- es que en las cantigas de Martín de Padrozelos se mencionan tres topónimos que se encuentran (y conservan) en un ratio muy pequeño de Padruzelo: Padrozelos, San Salvador (do Mao) e Valongo. "En ninguna otra zona de Galicia, o de fuera, se pueden encontrar los tres a tiro de piedra como en Samos", refrenda el periodista y paisano del bardo) Luís Celeiro (1955), que retomo un empeño que movió a su amigo y vecino Uxío Novoneyra, que siempre quiso rescatar la figura del trovador y recuperarla para la montaña lucense...

Amparado por la Asociación de Periodistas y Estudiosos del Camino de Santiago (Apecsa), de la que Celeiro es vicepresidente, puso en marcha un amplio trabajo de divulgación que comenzó de la mando del grupo de folk A Quenlla, que musicó y grabó las cantigas de Padrozelos, y continuó con un pequeño documental, Trobador no Camiño, producido por Xoán Piñeiro. Con estos materiales prepararon una exposición -con respaldo del Xacobeo-  que recorrió toda la comarca y después pasó por una docena de colegios de Galicia. Para ponerle el broche a la iniciativa, para que este saber se extienda y viaje más allá de la exposición, para que Martín de Padrozelos quede como trovador de Samos, acaban de editar un volumen que recoge estos contenidos, con un puñado de artículos y textos de estudiosos e investigadores: De amor e de amigo. As cantigas de Martín de Padrozelos.

H.J.P. La Voz de Galicia, sábado 26 de marzo de 2021

martes, 12 de abril de 2022

Vida y volcán

Graciela Iturbide en la Fondation Cartier
Pour L'Art Contemporain./ Julio Piatti

Últimamente Graciela Iturbide (Ciudad de México, 79 años) anda obsesionada con los volcanes. He pasado un mes en Lanzarote, fotografiando la lava y los volcanes y me tiene fascinada. Quiero regresar para hacer un libro, porque es un lugar que me ha dado mucha paz", cuenta. "También fui a La Palma, pero los guardias, con toda la razón, no nos dejaron acercarnos al volcán. Yo tenía muchas ganas de fotografiar las casas llenas de lava, pero no nos dieron permiso. Al menos pude fotografiar el volcán desde la azotea de un edificio cercano. No quería sacar una tarjeta postal sin más. Me ha encantado sentir el rugido, ver la erupción. Es extraño que ahora, casi al final de mi vida, tras tantos años fotografiando, haya llegado de nuevo a los temas de mis inicios: el Big Bang, la lava, el mar, los volcanes, el origen de la evolución del hombre". 

El lugar donde charlamos con la fotógrafa mexicana más importante de los últimos 50 años es también un punto que cierra el círculo de la parte fundamental de su trayectoria: la sede parisiense de la Fondation Cartier Pour L'Art Contemporain, donde acaba de inaugurarse -estará abierta hasta el 29 de mayo- Heliotropo 37, una ambiciosa retrospectiva de su obra comisariada por Alexis Fabry. El interior del emblemático edificio de Jean Nouvel ha sido transformado por el arquitecto Mauricio Rocha, hijo de Iturbide, en una réplica a vuelapluma del estudio que él mismo diseñó para su madre en la calle mexicana que ahora da nombre a la muestra. "Hay algo simbólico en que, siendo fotógrafa, viva en esta calle que tiene que ver con la luz, con cómo gira la luz", cuenta.

Iturbide pertenece por derecho propio a una estirpe heroica de la fotografía del siglo XX: la de quienes, cámara en mano, se adentraron a partir de los años setenta en lugares remotos y comunidades tradicionales para inmortalizar sus formas de vida, sus rituales y sus rostros antes de que la globalización arrasara definitivamente con todo. Ganadora del premio W. Eugene Smith en 1987 y del Hasselblad en 2008, sus imágenes de los indios Seris del desierto de Sonora, de los vestigios conservados de la casa de Frida Kahlo o de infinitos ángulos insospechados de la vida cotidiana en México hablan de una autora con mirada propia.

Sin embargo, la fotografía llegó a ella sin pretenderlo. "Yo quería ser escritora. La fotografía ni se me pasaba por la cabeza, pero mis padres eran muy conservadores y quisieron que fuera a la universidad a estudiar literatura. Así que me casé muy joven, tuve hijos y entonces empecé", recuerda. Un día escuchó por la radio que acaba de inaugurarse una escuela de cine y decidió matricularse. "Me pareció una oportunidad para aprender, aunque no sabía muy bien a qué iba. Pero tuve la fortuna de que Manuel Álvarez Bravo diera clase allí". En los años setenta, Álvarez Bravo (1902-2002) era ya una leyenda viva de la fotografía. Amigo de André Breton y colaborador de Eisenstein, Buñuel y Ford, su obra reconciliaba documentalismo y abstracción, rigor geométrico y sensibilidad surrealista. "Pero casi nadie iba a sus clases, porque allí todos querían ser directores de cine", recuerda Iturbide, que comenzó a colaborar como asistente del maestro.

Aquel encuentro le cambió la vida. "Álvarez Bravo me dio el don de la libertad y me enseñó a ser la persona más feliz del mundo fotografiando", recuerda... "Fotografiar es una manera de conocer  el mundo y la cultura del mundo a través de tu cámara, de hablar con las personas, de leer sobre los países a los que viajo. Con él descubrí México, sus culturas. Yo dejaba a mis hijos en la escuela e iba con él toda la mañana. A veces lo veía trabajar sin más. A veces me preguntaba".

Iturbide tiende a quitarse importancia, pero la magnitud de su legado habla por sí sola. Entre los años setenta y noventa viajó a España, Alemania, Ecuador, Italia, India, Madagascar, Perú o Panamá, buscando conexiones entre sus temas predilectos: retratos, jardines botánicos, carteles y anuncios publicitarios, que ahora conviven en la muestra. Para la exposición de la Fundación Cartier ha realizado, de forma excepcional, algunas fotografías en color. En un sector dominado por los hombres, la suya es una voz distinta y empática con realidades diversas. "No creo que mi trabajo haya contribuido a cambiar las cosas, porque en ese sentido soy egoísta: fotografío lo que me gusta", responde cuando se le pregunta por el impacto de su obra. "El mundo ha cambiado mucho, pero en México sigue habiendo lugares como los que fotografié, y regreso a veces a ellos"...

Carlos Primo. Icon, El País, 3 de abril de 2022

lunes, 11 de abril de 2022

Esas palabras que no tengo

Peter Dinklage en una versión musical de 'Cyrano'. / D. S.
En el 2019 se presentó en el Off Broadway un Cyrano musical que sustituía al "hombre a una nariz pegado" por un enano. Tal cosa se le ocurrió a la dramaturga Erica Schmidt, casada desde hace quince años con Peter Dinklage, gigante actor de ciento treinta centímetros al que descubrimos en Vidas cruzadas, mucho antes de Juego de tronos. El cuento del poeta herido por la fealdad física, enamorado de una dama de inalcanzable hermosura, le evocaba a Schmidt los amores entre Blancanieves y una rana que se convertía en príncipe con la ayuda de la palabra elocuente y verdadera.

Cyrano es mejor que la versión más popular, interpretada por Gérard Depardieu hace tres decenios. El personaje -real, inmortalizado por Edmond Rostand, que lo idealizó- se ha asomado decenas de veces a las películas con los físicos de José Ferrer  -ganó un Oscar con el papel-, Belmondo, Brandauer, Steve Martin o hasta Toshiro Mifune. El que compone Dinklage no lo vamos a olvidar, la ternura y honradez de su Cyrano resulta conmovedora, basada en la limpieza de "todas esas palabras que no tengo".

También la Roxane de este filme quedará presente en nuestro imaginario. La belleza de Haley Bennett -aquella fascinante enajenada que en Swallow  se tragaba joyas para castigarse- nada tiene que ver con los cánones acostumbrados. Perturbadora, terrena y cálida, sus mejillas ardientes más que encendidas, expuestas a la luz barroca -a ratos rococó-, representan de maravilla el ansia glotona del amor. Joe Wright tiende al videoclip elegante -como ya le pasaba en Ana Karenina-, pero en los escenarios sicilianos de Noto y el Etna-, el estudio de luces de su operador (Seamus MacGarvey) es casi tan espectacular y apropiado como el de John Alcott y Kubrick en Barry Lyndon o el de Giussepe Rotunno en el Casanova feliniano. Bajo esa mirada, las sombras de la noche elevan a este Cyrano hasta un canon de ocho cabezas.

Eduardo Galán Blanco. La Voz de Galicia, viernes 11 de marzo de 2022

domingo, 10 de abril de 2022

Haciendo crochet con Brigitte Arnaudiès

De los cerezos en flor del Huerto del Francés del Retiro...

Hace unas semanas recibí una llamada de la presidenta de la Asociación de Profesores de Francés de Galicia. Me invitaba a participar en la 33 edición de las Jornadas que se celebran una vez al año desde la fundación de la Asociación. Hace ahora 11 años que dejé la Asociación y el cargo que ocupaba, dada la difícil situación familiar que estaba viviendo. Fue una salida un poco brusca, una de esas "fugas" que he practicado a lo largo de mi vida cuando me sentía desbordada, sin fuerzas para afrontar las dificultades que se me presentaban. Un escueto correo electrónico dirigido a los socios fue mi breve adiós. Pasado un cierto tiempo, ya recuperada, me sentía en deuda con la Asociación, ya que todo lo que había dado me había sido devuelto con creces y sin un plan definido me estaba deparando una jubilación tranquila y ocupada. En la Asociación empecé a escribir mis primeros textos, los pequeños discursos de apertura y despedida que hicieron realidad lo que siempre quise hacer: escribir. Por eso cuando Mercedes Legazpi, la presidenta me propuso que expusiera en el curso de estas jornadas la historia de la Asociación, cómo había nacido, su recorrido, ya que la mayoría de los socios actuales la desconocían, no lo dudé, acepté en el acto.  ¿Qué mejor ocasión para mostrar mi reconocimiento por todos aquellos años, por la confianza depositada en mí y en los equipos que me acompañaron?

Con las primeras informaciones que me iba dando Mercedes sobre mi presencia en esas Jornadas, me anunció la participación de Brigitte Arnaudiès, invitada por la Asociación a cerrar las jornadas "contando algunos de sus cuentos". Su nombre me decía algo. Ella si se acordaba muy bien de mí aunque ninguna de las dos conseguimos recordar cuándo y dónde nos habíamos encontrado. Un hilo, delicado y firme al mismo tiempo, nos había unido en nuestro nebuloso primer encuentro: el escritor Gustavo Martín Garzo. Al parecer ella entonces no lo conocía y fui yo quien se lo recomendé como un gran "contador de cuentos". Brigitte sujetó ese hilo con su ganchillo y desde entonces no lo soltó, siendo este escritor uno de sus autores preferidos. Brigitte Arnaudiès narra cuentos desde hace más de veinte años en España para un público de todas las edades que esté estudiando francés. Fuera del marco educativo ha actuado en teatros y festivales. Con los cuentos aprendió el castellano y poco a poco empezó adaptar los cuentos que narra, algunos son literarios, otros de tradición popular, o bien  basados en su experiencia personal. Quiso el azar que ella titulase su intervención: File la laine, filent les jours. Aún no sabía que aquella chica de ayer, después de tantos años, se había convertido  con su blog leer y tejer,  en una "tejedora"  más. Y que algunos de sus cuentos pasarían a formar parte de la malla que teje día a día, unidos por el motivo de Francia y lo francés.

Tres cuentos de los que nos contó, con su elegante expresividad, quedarán unidos a otras lecturas en mi blog. El primero, Sherezade, la mujer que, con su sabiduría y su talento para "contar historias", no solo logró aplacar la sed de venganza de Shariar sino que lo educó, le inculcó una moral. Este cuento lo uno a la Sherezade de Murakami, que figura en su libro de relatos Hombres sin mujeres.  Una Sherezade  contemporánea, también contadora de historias, también amante, que se va transformando hasta desaparecer cerrando la puerta. No es la primera vez que Murakami se asoma en este blog. De él tomé el titulo del primer artículo que publiqué aquí: De qué hablo cuando hablo de escribir. Con una sola variante: "escribir" en el lugar de  "correr" en el libro del autor japonés.

Las dos hermanas, hermanastras, del cuento que dio nombre a su actuación File la laine, Filent les jours, me trajeron dos recuerdos: las hermanas, también hermanastras del cuento de Cenicienta. Y en segundo lugar otras hermanas de dos libros muy recientes del mismo autor: David Foenkinos: Deux soeurs (2019), Dos hermanas (2020), La famille Martin (2020), La familia Martin (2021). Mathilde y Agathe son las hermanas del primero de los libros. La vida de Agathe es exactamente la vida que Mathilde hubiera querido vivir. No puede soportar la felicidad de los demás lo que provoca su transformación que la lleva a un final inesperado. Un año después, este autor publica el segundo libro en el que otras dos hermanas, Stéphanie y Valérie son las protagonistas del relato. Siempre habían estado muy unidas, se llevaban poco más de un año. Lo compartían todo hasta que el veneno de los celos empezó a destruir la relación...

 De las tres historias de Brigitte que estoy engarzando con las que aparecen en el blog es sin duda la de su abuela Teresa la más conmovedora  y la más oportuna porque encaja como anillo al dedo con una de mis lecturas de este último mes, Né d'aucune femme (Frank Bouysse, 2019). Nacido de ninguna mujer, (publicado en España, en febrero de 2022). Una novela aclamada por la crítica: "magistral", "deslumbrante", "perfección total". En las dos historias, la de Brigitte y la de Bouysse, hay dos mujeres que luchan por su libertad. En las dos hay un hijo que las dos perderán. La madre de la abuela Teresa fue obligada a casarse con un francés, tuvieron dos hijos. Él era un hombre celoso, ella no era feliz con él. Ella pidió el divorcio que consiguió tras un acuerdo: el reparto de los hijos, la hija, la abuela Teresa, con la madre, el hijo con el padre. Un hijo que nunca más volvió a ver. Rose, la protagonista del libro de Bouysse, fue forzada a engendrar  un hijo que no deseaba: "Mientras lo llevaba en mi vientre, a menudo imaginaba la manera de librarme de él, de destruirlo, pero ahora que estaba allí, representaba una sola vida en la que estábamos los dos". Un bebé que le fue arrebatado. Sólo se lo dejaron seis días. Seis días ella y él. Sin embargo, 14 años después y gracias a la escritura, los diarios que  había escrito Rose, podrá reunirse con él....

...a los cerezos en flor de Madrid Rio.

Pensando en los colores de los hilos con los que me gustaría unir los cuentos de Brigitte a estos libros que he leído no lo dudaría: serían los colores de los cerezos japoneses que estos días inundan de luz dos de los parques de Madrid, el Retiro y Madrid Rio. Ellos, esos dos parques, son los ejes de mi vida cuando estoy allí.

         Carmen Glez Teixeira


sábado, 9 de abril de 2022

Francia de luz y penumbra

De los altavoces salía una melodía country...

Queríamos entender Francia, esclarecer el misterio francés en vísperas de las elecciones presidenciales que tendrán lugar los días 10 y 24 de este mes, y después de cuatro días de ruta creímos por fin dar con una respuesta. Fue en una vetusta sala de fiestas en un pueblo de poco más de mil habitantes junto al río Garona.

Afuera, aquel sábado, eran raros los coches o camiones que cruzaban el municipio de Lafox por una carretera con edificios destartalados a lado y lado y a unos kilómetros de un megacentro comercial en Agen, la principal ciudad de la zona.

Dentro de la sala, la música sonaba sin parar y el baile no cesaba. Habían empezado a las 14,30; acabarían pasada la medianoche.

Sobre un escenario una mujer rubia con sombrero y un micrófono en la mano decía: "Hay que tomárselo como un juego. Claro que sí. Es divertido". Era la coreógrafa Chrystel Durand y guiaba los pasos de los bailarines. Abajo, medio centenar de personas seguían las instrucciones. Bailaban unos junto a otros, alineados y sin perder la concentración. De los altavoces salía una melodía country. Algunos llevaban atuendos del Oeste.

Corinne Defard, empleada en una fábrica de electrónica, de 47 años, bailaba y explicaba: "Al bailar sientes un bienestar. Olvidas los problemas. Te permite sacar el estrés, vaciar la mente". El jubilado Manuel Ruiz, de 72 años y orígenes españoles, chaleco de cuero, botas y sombrero, la cabeza alta y el porte de un vaquero de película, también bailaba, y revelaba: "El country me hace ejercitar la memoria".

Y bailaban Sophie Vilatte y Jean-François Bardy. Ella, profesora de francés, latín y griego en Bergerac, a hora y media en coche de Lafox. Él, policía jubilado de Vic-Fezensac, a 70 kilómetros. Se conocieron el año pasado gracias al country; cuando danzan, perfectamente sincronizados y con una gracia natural, algo mágico enciende la sala.

Jean-François, de 65 años: "Es una manera de evadirse".

Sophie, de 54:"La música te lleva, todos estamos juntos, es como una ósmosis".

Tendemos a hacernos una idea de los países que jamás se corresponde del todo con la realidad. Cuando pensamos en Francia nos vienen a la cabeza la Torre Eiffel y el monte Saint-Michel. El queso camembert, quizá, o la tradicional barra de pan, la baguette.

Escuchamos la palabra Francia y es posible que también se nos ocurran otros clichés menos aptos para folletos turísticos: imágenes de violencia y destrucción. Las manifestaciones en Paris. La banlieue: el extrarradio multicultural en llamas. Loa atentados islamistas. Una angustia obsesiva por el fin de la grandeur, un declive siempre inminente e irrefrenable, pero que nunca acaba de producirse de verdad: la misma angustia que monopoliza las discusiones políticas e intelectuales en París y que, hasta que el 24 de febrero en que Rusia invadió Ucrania, ocupaba buena parte de la campaña de las presidenciales.

Y sin embargo hay otras imágenes, otros paisajes, donde se reflejan los movimientos de fondo de la sociedad francesa, sus estados de ánimo. Y tienen poco que ver con la Francia idílica de la postal y con la de la pesadilla de una Francia en la que la paz civil estalla en pedazos.

Una estampa podría ser, pongamos la de las salas y festivales donde cada fin de semana, en tiempos sin covid, danzaban y danzaban. Los habitantes de las ciudades globales -esas "fortalezas" como las define el geógrafo Christophe Guilluy- desconocen esta fiebre que en los años noventa aterrizó en Francia gracias a un espectáculo en el parque de Disneyland París, y que ha conquistado a cuatro millones de franceses: un 9% de la población adulta ha practicado o practica la danza country según el instituto demoscópico Ifop.

Es el yoga de las ciudades pequeñas y medianas y de las clases populares. Es la iglesia laica donde los habitantes de los barrios de adosados en las afueras se congregan y experimentan algo parecido a un sentimiento de comunidad. Es una mezcla cultural -la adopción de un baile o una comida extranjera y su reciclaje en algo nuevo puramente francés- que explica también el éxito de las cadenas de tacos a la francesa o la conmoción que en 2017 causó la muerte del rockero Johnny Hallyday. Johnny es un icono de esta Francia blanca y obrera de provincias, aunque cantaba música de Estados Unidos...

Marc Bassets. El País Semanal , 3 de abril de 2022                   

viernes, 8 de abril de 2022

Contener multitudes

Stromae

"La soltería me hace sufrir de soledad, la vida en pareja me hace sufrir de hastío". Stromae, alias del músico belga Paul Van Haver, no se anda por las ramas cuando de narrar el vaivén cotidiano se trata. Directo en la escritura y juguetón con el punto de vista -que cambia según el personaje que cuenta la historia-, el cantante belga habla de amores rotos, desilusiones, inclinaciones suicidas, explotación laboral, derechos de las trabajadoras del sexo... Stromae no es la voz que clama en el desierto, sino la prodigiosa garganta universal del siglo XXI. Ahora, casi una década después de registrar Racine carrée, aquel exitoso segundo álbum con el que dio varias vueltas a la canción francesa en 2013 (y que incluía temas tan celebrados como  "Formidable" "Papaoutai" o Ta fête ), Asistido vuelve con el disco de todos los discos: Multitude. Asistido por su hermano Luc Van-Haver, el músico y productor Moon Ellis y el arreglista Brunot Letort.

Stromae ofrece una docena de canciones de sólida factura y arreglos espectaculares; composiciones de construcción transversal armadas con referencias múltiples. En ellas entran en juego la muy nutrida Orquesta Nacional de Bélgica, instrumentos como el charango, el ney, la zurna, el clave y el violín chino, un coro búlgaro, la electrónica... Así, en "Invaincu", voces de atmósfera africana se enredan con el rap: en "Santé", la cumbia baila un reguetón de ritmo cambiado, y todo parece devenir en una coladeira de Cabo Verde. Un clima coral afropop da vida a la solemne "Solassitude"; un inicio barroco se anticipa en "Fils de joie" a un Stromae transfigurado tanto en un Brel moderno como en un intérprete subsahariano, y "C'est que du bonheur" tiene un subidón de pulsación latina. En "Pas vraiment" asoman aromas orientales, mientras que "Mon amour" huele al Caribe francés. Dylan jugo a ser Walt Whitman con su canción "I Contain Multitudes", Stromae no menciona al autor de Hojas de hierba, pero bien merecía quedar vinculado, de ahora en adelante, al más popular de sus versos. 

Javier Losilla. Babelia. El País, sábado 2 de abril de 2022.

jueves, 7 de abril de 2022

La literatura francesa revive la casi olvidada guerra de Indochina

Soldados franceses en Dien Bien Phu en Indochina (1954)
La ficción,  a veces, puede resucitar episodios o traumas de la historia que habían quedado encerrados. Es el caso de Indochina, colonia francesa en la que Francia salió derrotada en 1954 tras ocho años de combates, y que fue el prólogo a la guerra de EE UU en el mismo territorio, la de Vietnam. En este invierno en el que la guerra ha regresado a Europa con la invasión rusa de Ucrania, dos de los autores más celebrados de las letras francesas contemporáneas, ambos premiados en años anteriores con el prestigioso Goncourt, publican sendas obras en las que Indochina es el tema y el trasfondo de la narración.

Une sortie honorable (Una salida honorable), de Éric Vuillard, es el relato de la guerra de Indochina y de Vietnam al puro estilo Vuillard: un montaje de escenas dispares, miniaturas reveladoras de toda una época, una Comedia humana abreviada que combina la orfebrería lingüística con la intencionalidad política. En Le Gran Monde (El Gran Mundo), Pierre Lemaître es, como Vuillard, a su manera, fiel a sí mismo: un desbordante relato familiar, una novela-río con ritmo trepidante y peripecias rocambolescas. La editorial Tusquets publicará en español el libro de Vuillard a principios de 2023; Salamandra, el de Lemaître alrededor de esas fechas también.

Ambas obras, dos de los éxitos más celebrados de la rentrée literaria de invierno, tienen poco en común, a primera vista. Une sortie honorable contiene 199 páginas. Le Grand Monde, 579. Vuillard, autor de otras miniaturas históricas como El orden del día o La guerra de los pobres, es el maestro de la frase cincelada en la que nada sobra ni falta, un especialista en diseccionar con lente de aumento y a veces deformante los mecanismos del poder.

Lemaître, que inicia con esta novela una trilogía sobre la Francia en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, es el rey del folletín contemporáneo con depurada técnica, mezcla de cultura popular y tradición literaria clásica. No busca la palabra más precisa sino la escena más sorprendente y la trama más descabellada. En Le Grand Monde narra las peripecias de una familia, los Pelletier, entre marzo y noviembre de 1948, el momento del desencanto tras la euforia del fin de la guerra y la liberación, y los primeros balbuceos de los Treinta Gloriosos, las tres décadas de prosperidad que marcaron la Francia moderna.

En realidad, Une sortie honorable y Le Grand Monde se parecen más de lo que aparentan. Comparten el escenario, Indochina o Vietnam que "en treinta años recibió cuatro millones de toneladas de bombas, más que todas las que se lanzaron durante la II Guerra Mundial", escribe Vuillard, su libro se extiende entre los años veinte y la caída de Saigón en 1975, que evoca la caída de Kabul el verano pasado. "En la esperanza irrisoria de una salida honorable, habrán hecho falta 30 años y millones de muertos y así es como termina". Es una guerra "que parece no tener fin", apuntaba ya, décadas antes, un personaje de la novela de Lemaître, "y, sin embargo tendrá un fin". "Esta guerra", añade, "no puede ganarse. El Gobierno lo sabe, todo el mundo lo sabe. Mientras tanto, fingimos"...

Marc Bassets. París. El País, martes 15 de marzo de 2022 

miércoles, 6 de abril de 2022

Álvaro Siza diseña las sepulturas de los arzobispos gallegos del futuro

Espacio funerario de la Catedral de Santiago
diseñado por Álvaro Siza

Había un espacio sin nombre, de forma extraña y arrinconado entre un patio y dos capillas de las que fueron surgiendo a lo largo de los siglos en una de las naves laterales de la catedral de Santiago. Y había un arquitecto muy mayor, Álvaro Siza con el que los responsables de sacar adelante el plan director de la basílica compostelana llevaban tiempo tanteando proyectos sin concretar ninguno.  Un día le comentaron que albergaban la idea de ordenar el asunto de los enterramientos de los arzobispos en la catedral. En el pasado, los jefes de la Iglesia en Galicia habían ido ocupando muy diversos espacios y hoy sucede que de algunos como el poderoso arzobispo Diego Gelmírez, ni tan siquiera se conoce la ubicación.

A medida que hablaban con el arquitecto de las posibilidades del proyecto, Álvaro Siza Vieira (Matosihnos, Portugal, 88 años) iba dibujando en un papel. Allí mismo plasmó la idea que le asaltó al instante. Ayer por la tarde, el artista visitó su creación funeraria ya terminada. Para la construcción de los nichos, eligió mármol de un famoso filón portugués que, según los últimos estudios, ya está presente en la catedral desde tiempos del Maestro Mateo.

Además de con el mármol, único material con el que se edificó el túmulo, de formas limpias y pulidas, el arquitecto ha construido con la luz que baña este lugar que antes servía de almacén y estaba cerrado. No ha añadido más que unas lámparas de iluminación tenue que recuerdan a los cirios. El resto de la claridad procede de tres lucernarios que ya había y de una ventana lateral que asoma a un patio. "No hay luz violenta, el efecto es confortable", describió el creador. De esta manera, entre claros y oscuros, Siza juega con algo que die que le gusta mucho, "el contraste entre materiales", y logra un efecto "casi onírico", según explicó al presentar su obra. Porque alrededor de esa gran urna de cuatro toneladas y media de mármol que se alza aislada, en vertical, buscando la luz que entra por los ventanucos de la bóveda, en aquella sala sin nombre que nunca se remató reina el granito gris, con paredes muy irregulares, y Siza las ha respetado como son.

"Los muros tienen deformidades, y eso le da un aspecto de cripta antigua", describe el director de la Fundación Catedral, el canónigo fabriquero del templo, Daniel Lorenzo. El resultado, comenta satisfecho el responsable de las obras de restauración que se llevan a cabo desde hace una década en la basílica, es "una estructura tan evocadora que sola, sin más adorno, permite percibir ese sentimiento de que se está ante algo sacro". Lorenzo, que después de impulsar la rehabilitación casi integral  de la catedral de Santiago ingresó en la Real Academia Gallega de Bellas Artes, califica la intervención de Siza como "obra maestra"...

El arquitecto habla entusiasmado de esta oportunidad que le brindó la catedral de Santiago. Asegura que para él es "un sueño" firmar en este momento de su vida, cuando ha llevado a cabo tantos proyectos, esta obra "espiritual" y diferente. En el túmulo, las gruesas planchas de mármol se engarzan sin herrajes ni ningún tipo de elemento metálico. Al acto le acompañaba el marmolista que se encargó de fabricar las piezas, transportadas desde Portugal y montarlas en el viejo almacén que ahora es una capilla más entre las que están a su lado, la de la Comunión y la del Cristo de Burgos...

Silvia R. Pontevedra. Santiago. El País, 12 de marzo de 2022

martes, 5 de abril de 2022

La muestra de una colección rusa incomoda a Francia

Las 200 obras maestras que se exhiben temporalmente en la Fundación Louis Vuitton de París desde septiembre de 2021 no son ajenas a tiempos convulsos. Las piezas expuestas pertenecen a la colección Morozov, un legado que ha sufrido las múltiples crisis de la historia europea desde que los hermanos rusos Ivan y Mijaíl Morozov  empezaron a adquirir, a principios del siglo XX, el que pronto se convirtió en uno de los principales conjuntos de arte impresionista y moderno del mundo. Nacionalizada en 1918 por Lenin, fue repartida por varios museos de la Unión Soviética. Un siglo más tarde, su destino parece de nuevo incierto: la invasión de Ucrania ha puesto en el ojo del huracán una muestra que ha sido posible solo gracias al visto bueno del Kremlin y en la que al menos una obra es propiedad de un oligarca ruso sancionado por la Unión Europea. También está en el aire su retorno a una Rusia cada vez más aislada.

La obra en cuestión es el Autorretrato de Piotr Kontchalovski (1912) y proviene de la colección particular de Petro Olegovich Aven, quien figura en la lista negra de oligarcas cercanos a Putin cuyos bienes la UE ha mandado congelar. Eso supone un problema porque Francia apoya firmemente las sanciones económicas contra el Kremlin y su entorno más cercano: ¿podría el Estado francés retener o hasta incautarse de parte o de toda la muestra?

En principio, no. La colección goza de una protección especial: una ley de 1994 impide que obras prestadas por "una potencia extranjera, una colectividad pública o una institución cultural extranjera" puedan ser embargadas a su llegada a Francia. La normativa nació precisamente tras un incidente con otras pinturas de origen ruso en 1933: los herederos de Matisse intentaron -infructuosamente- que se incautaran unas pinturas de su antepasado pertenecientes a la colección Serguéi Shchukin prestadas al Centro Pompidou. Desde entonces, cada vez que llega una obra cedida temporalmente por otro país se debe emitir un decreto para garantizar su inembargabilidad hasta el fin de su exposición. En el caso de la colección Morozov, la protección dura hasta el 15 de mayo...

La exposición es la última gran apuesta cultural de la Fundación Louis Vuitton, impulsada por el magnate de lujo Bernard Arnault. Las colas para ver joyas como La ronda de los prisioneros de Van Gogh o el Tríptico marroquí de Henri Matisse no han disminuido por la ofensiva en Ucrania.

El valor total de los cuadros se estima en unos 2.000 millones de euros, según la revista Connaissance des arts.

Arnault ha decidido suspender las ventas de las marcas LVMH en Rusia, pero la Fundación había prolongado la muestra -en una decisión tomada antes de la invasión- hasta el 3 de abril, dado su gran éxito de público: ya ha recibido más de un millón de visitantes.

La continuidad de la exposición, muy cuestionada en las redes sociales, puede acabar poniendo en una situación incómoda al Gobierno de Emmanuel Macron, pues la intervención del presidente francés y candidato a la reelección fue decisiva para que la colección llegara a París, al igual que la de su par ruso, Vladimir Putin, a quien el Elíseo acusa ahora de tener un discurso "paranoico" sobre Ucrania...

Silvia Ayuso. París. El País, sábado 12 de marzo de 2022 

lunes, 4 de abril de 2022

Audrey Diwan, directora de "El acontecimiento"

Audrey Diwan, directora de El acontecimiento
En los años sesenta, en Francia el aborto era ilegal. Tampoco el resto de Europa era mucho mejor, y desde luego, el desequilibrio entre hombres y mujeres era evidente. A ese tiempo y a ese lugar remite El acontecimiento, de la francesa Audrey Diwan (42 años), ganadora del último León de Oro de Venecia. Es el drama de una universitaria que quiere abortar, y que encuentra un muro de impedimentos y reproches morales. "Todavía hoy hay una vergüenza social en torno al aborto", explicaba la directora y guionista ante un café en la pasada edición del festival de San Sebastián, adonde acudió invitada como jurado.

El acontecimiento es la segunda película como realizadora de Diwan, que previamente se dedicó al periodismo cultural y posteriormente se centró en la literatura y los guiones. Si en Mais vous êtes fou (2019) hablaba  de la pareja y lo que ocurre cuando se rompe la confianza dentro de ella, en El acontecimiento sumerge al público en un viaje visceral. Como él que vivió ella y que encontró fielmente reflejada en un libro de Annie Ernaux que le recomendó una amiga. Por momentos, parece una película de terror. "Sé que mucha gente sufre una conmoción al ver la película. Pero es que la realidad es así. No lo he hecho a propósito", responde. Y de ahí la crudeza de la secuencia del aborto clandestino. "Cuando leí el libro descubrí la soledad y la crueldad que te lleva a ese aborto. También la generosidad de quienes se cruzan en el camino de las mujeres y el azar de ese devenir. Porque esas casualidades pueden cambiar dónde acaba esa chica", incluso hasta el extremo de que el aborto la mate.

A Diwan le importa subrayar que habla de la Francia de los años sesenta, pero que hay un paralelismo con muchos países actuales. "Cuando empiezas a investigar este tema, entiendes que puede pasar en cualquier parte del mundo. A la vez ha sido un viaje dificultoso en el que tuve suerte porque mis productores son unos luchadores. Constantemente alguien me preguntaba por qué hacía esa película para hablar de la Francia del pasado. Oye, cada temporada hay tres tíos que hacen una película sobre la II Guerra Mundial y nadie les cuestiona nada. Con esos reproches entendí que El acontecimiento, tristemente, era más pertinente aún", Y llegó a esta conclusión: "Si el tema me parecía importante, entendí que además era urgente"...

Gregorio Belinchón. Madrid. El País, miércoles 16 de marzo de 2022

domingo, 3 de abril de 2022

Paraísos perdidos

Noam, el protagonista de Paraísos perdidos, la novela del escritor francés Éric-Emmanuel Schmitt (Sainte-Foy-les-Lyon, 61 años ) que acaba de ser publicada por AdN en español es ucranio. "Hace unos 15 días que he tomado conciencia de que mi novela está ocurriendo en las llanuras de Ucrania, pero no ahora cuando Putin está invadiendo con sus tropas esta tierra, sino en el momento en el que hace 8.000 años fue anegada por el diluvio que desbordó el Bósforo y los Dardanelos y convirtió un pequeño lago en el mar Negro". No pudo, pues, el autor francés encontrar un título más certero, dramáticamente profético, para la primera entrega de los ocho volúmenes con los que Schmitt se ha embarcado en la tarea formidable de novelar la historia de la humanidad a través de los ojos de Noam, trasunto del bíblico Noé. "Noam es ucranio. Lo es porque quise empezar esta historia de la humanidad precisamente ahí, de pronto en el mismo lugar donde se concentra hoy toda la tragedia contemporánea. Y no sé, me ha conmovido, he sentido una empatía superior, sincera y paralizante". Así lo explica en una entrevista que concedió el martes a El País en Sevilla este catedrático de filosofía, novelista, dramaturgo y poeta, uno de los autores más leídos en el mundo.

El autor de El señor Ibrahim y las flores del Corán y Cartas a Dios (ambas llevadas al cine) ha sido hasta ahora un escritor de pequeñas historias sencillas, de hondo pero corto aliento. Sin embargo, después de 30 años de lenta cocina interior, Éric-Emmanuel Schmitt regresa al panorama editorial embarcado en su aventura más ambiciosa. "Cierto es que me consideran un maestro de lo corto. Pero desde que cumplí 25 años me he estado preparando, de forma secreta, para escribir esta gran obra. Con esa edad era incapaz de realizarla, así que me construí un programa de vida. Me di dos tareas: adquirir los conocimientos históricos, filosóficos, espirituales y científicos para llevarla a cabo, y por otro lado, hacerme con los medios novelescos y el aliento de escribir una novela que pudiera llegar a las 5.000 páginas. Durante varias décadas he estado furioso conmigo mismo porque jamás me sentía preparado. Lo intentaba  y me daba cuenta de que era demasiado pronto. Pero hace tres años, de repente cogía la pluma y la novela salió muy fácil", explica Schmitt.

En esta primera entrega de la serie que lleva por título La travesía de los tiempos cuenta la historia de Noam, nacido hace 8.000 años en un poblado lacustre en medio de una naturaleza paradisiaca. El protagonista tendrá que medirse con la primera catástrofe natural conocida: el diluvio "que no solo hará entrar a Noam en la historia, sino que determina su destino". "Mi personaje es un héroe a pesar de sí mismo. No es alguien que busca la grandeza ni la gloria, desgrana el autor, que ha recurrido a uno de los temas más universales de la literatura para dotar de complejidad a Noam: entregarle el don de la inmortalidad: "Pero he querido distinguirme completamente de los personajes inmortales habituales en la historia de la literatura, que a menudo son seres maléficos, vampiros, demonios...Noam es un hombre corriente". "Mi héroe es animista, un asunto ecológicamente muy eficaz. Porque Noam aún no se cree por encima de la naturaleza, sino que forma parte de ella".

Con la segunda entrega ya publicada en Francia (La puerta del cielo ), el autor es consciente de que su "inmenso proyecto", no es una obra cerrada . "Hice un plan estricto para esta novela de 5.000 páginas con acontecimientos, emociones, con sorpresas que si he previsto, pero ahora sé que es un plan dinámico, podrá cambiar a lo largo del camino como yo voy cambiando con mis personajes. Sé como termina, eso sí".

Amalia Bulnes. Sevilla. El País, jueves 24 de marzo de 2022


sábado, 2 de abril de 2022

La abadía francesa de Urt cierra sus puertas

Monasterio de Belloc. (Foto: Javier Hernández)

Dice la regla de San Benito, en su capítulo 53, que "a todos los huéspedes que vienen al monasterio se les recibe como a Cristo". Habla de la hospitalidad benedictina que esta congregación religiosa cumple a rajatabla. Hace 60 años, los fundadores e ideólogos de ETA aprovecharon esta actitud de brazos abiertos para reunirse en la abadía de Belloc ( Urt, en el País Vasco francés) y celebrar su primera asamblea, la que alumbró el documento Principios de la organización terrorista.

Rodeados de aquel ambiente de recogimiento y espiritualidad, en este templo se sentaron las bases de lo que sus inspiradores concibieron como el Movimiento Revolucionario Vasco de Liberación Nacional que durante las cinco décadas siguientes sembró el terror y causó 854 muertos y miles de amenazados. ETA ya es historia y la vida monacal en Belloc también ha llegado a su fin: los 14 benedictinos dejarán sus celdas en los próximos meses, poniendo fin a 148 años de historia. Las instalaciones las cederán a un movimiento humanista que atiende a familias desamparadas.

Un rebaño de ovejas pasta tranquilas en las praderas de Urt, un paraje bucólico y apacible junto a la ribera del río Adour, a unos 15 kilómetros de Bayona (Francia). Sobre un promontorio, el monasterio de Belloc domina una extensión alejada de la civilización. A este lugar donde impera el ora et labora acudieron en mayo de 1962 un grupo de "14 delegados", ninguna mujer entre ellos, para celebrar la primera asamblea de ETA, que ya tenía casi cuatro años de existencia, según narra Iker Casanova, parlamentario de EH Bildu, en su libro ETA 1958-2008. Medio siglo de historia.

Entre los muros de Belloc se redactó la carta fundacional de la organización "revolucionaria". De aquel cónclave salió elegida una "dirección colegiada"...

No hay certezas sobre los motivos que llevaron a aquellos activistas a citarse clandestinamente allí. Juan José Aguirre (90 años) monje archivero del monasterio benedictino de Lazkao (Guipuzkoa), cree que aquella reunión se desarrolló "sin conocimiento de la comunidad" religiosa: "Nosotros recibimos a todo el mundo. Creo que los hermanos no sabían que se iba a celebrar una asamblea de  ETA dentro del monasterio". El padre Jean François, manos cruzadas en el pecho, opta por  guardar silencio y se retira a la zona de clausura del monasterio...

La abadía de Belloc tiene 148 años de historia. Fue fundada en 1874 por el padre labortano Agustín Bastres y un grupo de novicios vascos. Son muy apetecibles los quesos de leche cruda de oveja que elaboran, muy prestigiosa y valiosa su biblioteca, y envidiable el entorno natural. La presencia de los benedictinos en este monasterio llegará a su fin a mediados de 2022. Los 14 monjes se mudarán al convento aledaño de Santa Escolástica, con cuyas monjas ya comparten oficios religiosos desde hace tres años. La mansión monacal ha sido transferida, con la bendición del Obispado de Bayona, a la fundación Habitat et Humanisme, creada y dirigida por Benard Devert, un antiguo promotor inmobiliario que tomo los hábitos para dedicarse a causas solidarias, principalmente a responder a la exclusión y el aislamiento de las personas en dificultad".

Mikel Ormazabal. Urt (Francia). El País, jueves 10 de marzo de 2022

viernes, 1 de abril de 2022

Devoción por Samuel Beckett

En agosto de 2006, Jordi Bosch y Jordi Boixaderas interpretaron los personajes de Hamm y Clow, respectivamente en un montaje de Final de partida dirigido por Rosa Novell que pudo verse en solo tres funciones en el Festival Grec de Barcelona. Se enamoraron de estos dos icónicos personajes de Samuel Beckett y se emplazaron a volver a hacer esta obra en un futuro. Quince años después bajo la impecable dirección de Sergi Belbel y unidos por la devoción común hacia el gran dramaturgo irlandés, Bosch y Boixaderas dan vida con nuevas energías a Hamm y Clow en un duelo magistral.

Cuando se estrenó en Londres en 1957, Final de partida, las heridas de la Segunda Guerra Mundial iban cicatrizando lentamente. Ahora, en un mundo golpeado por la guerra salvaje en Ucrania, el ambiente posapocalíptico dibujado por el escritor se tiñe de colores aún más negros e inquietantes. La traducción al catalán y la dirección de Sergi Belbel son admirables. La escenografía de Max Glaenzel y Josep Iglesias y la iluminación de Kiko Planas crean un espacio idóneo para recrear el claustrofóbico mundo de Hamm y su sirviente Clow -ciego y en silla de ruedas el primero, el otro cojo e hiperactivo-, que sobreviven como pueden en una pequeña habitación junto a Nagg y Neil, los ancianos progenitores con las piernas amputadas, que pasan sus días encerrados en dos contenedores de basura. En la habitación dos ventanas a ninguna parte los mantienen en contacto con el mundo exterior. Puro y descarnado Beckett, que nos sitúa frente al absurdo de la existencia,  sin esperanza...

Javier Pérez Sanz. Babelia. El País, sábado 19 de marzo de 2022

Final de partida. Samuel Beckett, Teatro Romea, Barcelona. Hasta el 24 de abril.