domingo, 20 de abril de 2025

La historia de amor inmortal entre Francia y Vargas Llosa

Mario Vargas LLosa  en la ceremonia de ingreso en la La Academia Francesa.

Francia no era solo la patria literaria de Mario Vargas Llosa, era mucho más. Hasta el punto de que el país se saltó sus propios códigos y lo incluyó en vida en su biblioteca de autores más ilustres, la Pléiade, donde suelen entrar a título póstumo, y además le dio un asiento en la Academia Francesa, el club "de los inmortales" a pesar de no haber publicado jamás un libro en la lengua patria. El flechazo tuvo lugar en la librería Joie de lire (Alegría de vivir), en el barrio Latino de París. Era 1959 y Mario Vargas Llosa tenía 23 años. Ese día salió de la tienda con un libro en las manos, Madame Bovary, de Gustave Flaubert. Se pasó la noche leyendo y "al día siguiente decidió que su alegría de vivir era escribir". No sabía que esa historia iba a ser para siempre.

La anécdota, como se la contó el escritor, la recuerda uno de sus amigos y referentes en Francia: Daniel Rondeau que entró en la Academia Francesa en 2019, poco antes de que lo hiciera Vargas Llosa, en febrero de 2023. "Él me contaba que, cuando vino a París, quería respirar el aire de Balzac, de Baudelaire, de Proust, que sería un escritor también de domingos y de días festivos", recuerda Rondeau en una conversación telefónica con El País.

 En París, en los sesenta, el Nobel de literatura primero fue periodista y trabajó en la agencia de prensa  APF cuando se creó un área de noticias en lengua española y empezaron a contratar periodistas sudamericanos. "Mario fue uno de los primeros en llegar. Éramos tres, no teníamos ni idea de lo que hacíamos, pero la vida era bonita. Él era discreto y muy trabajador", ha recordado a France Info Sergio Berrocal, uno de los integrantes de ese trío pionero. A Rondeau, a quien conoció en los ochenta, le contaba que "las conferencias de prensa de Charles de Gaulle eran el espectáculo de teatro más bonito de Europa", recuerda. Compartieron la época de Jean Paul Sartre o Albert Camus, "un periodo de mucho estímulo, que supo aprovechar. Amaba la ciudad de París. Francia y su literatura siempre fueron su fuente de inspiración. De Los miserables se sabía todos los personajes y dialogaba con ellos, con Jean Valjean o con Gavroche. Fueron los que le salvaron", dice, en referencia a la obra de Víctor Hugo.

Esa devoción francófila le fue correspondida, sobre todo, en dos momentos clave. Su entrada en La Pléaide, una de las colecciones de libros más exclusivas, de la editorial Gallimard. Creada en los años treinta, solo se seleccionan las obras más relevantes y por ello "suelen entrar autores a título póstumo. Mario fue uno de los pocos que entró en vida", explica Gustavo Guerrero, su editor durante muchos años en Gallimard. En la biblioteca de la Pléiade solo hay otros dos autores latinoamericanos: Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. "Fui a Barcelona a entregarle la carta y es uno de los momentos en que lo he visto más emocionado", cuenta Guerrero. Su relación con la editorial francesa duró 60 años. "Siempre fue fiel. Era divertido porque tenía buen oído en los títulos para el francés, pero en castellano no sonaba igual, así que siempre estábamos viendo cómo se podía traducir", explica. Para su editor y amigo, "no era concebible la vida de Vargas Llosa sin Francia ni París, el lugar donde se hizo escritor e intelectual". "No ha habido, desde Jorge Semprún, un escritor tan vinculado, y Francia le agradeció todo lo que el hizo con su obra, por la literatura y la cultura", patria. 

También se le reconoció  con otro de los mayores privilegios posibles para un intelectual: entrar en la Academia Francesa. Fue en febrero de 2023. Se convirtió en el primer autor que, sin haber publicado un libro en francés, consiguió un asiento en el "club de los inmortales", como se llama a los académicos. Son  40 miembros, su misión es velar por la lengua y ahí figuran mitos de la talla de Molière, Balzac, Camus, Baudelaire o Flaubert. Fue Rondeau el que le llamó para informarle. "Él estaba en Madrid, explotó de alegría. A los pocos días me llamó para preguntarme si todo era una broma", cuenta. El día que tomó posesión de su asiento, tras su discurso, le confesó a su amigo: "Hoy es el mejor día de mi vida literaria".

Rondeau le dio la réplica en la ceremonia: Vargas Llosa ensalzó todo lo que le había dado Francia y su literatura, y su amigo destacó a su vez todo lo que el escritor había aportado al país. "Vargas Llosa me prometió que acudiría a las reuniones de los académicos y lo hizo, se lo tomó en serio. Venía cada 15 días. Se sentaba detrás de mí y comenzó un nuevo libro que escribía en el local de la librería de la Academia. Cuando yo fui elegido miembro, en 2019, le dije a su mujer: sé que el próximo en entrar será Mario", cuenta. 

En Francia, Vargas Llosa tuvo así tres hogares: la editorial Gallimard, la universidad de La Sorbona, donde dio algunas conferencias, y la Academia Francesa. Le debemos algo muy importante. Toda una generación de escritores nos desesperábamos con la ficción, que se teorizaba mucho. Mario, como Gabriel García Márquez y Milan Kundera, nos devolvieron el amor por la ficción. Mario fue el cabeza de fila. "Su posición como novelista, intelectual comprometido, e incluso su incursión política, proceden del modelo francés", dice su editor Gustavo Guerrero. 

Vargas Llosa quiso a Francia y Francia quiso a Vargas Llosa, en un gesto de reciprocidad que el país no suele conceder  a cualquiera, solo a los francófilos más elevados. El presidente Emmanuel Macron, que lo invitó a cenar cuando entró en la Academia, dijo esta semana: "Vargas Llosa es Francia". Los medios han ensalzado lo que el autor, un chaval que llegó enamorado de París y no pudo dormir leyendo Madame Bovary y acabó significando tanto para Francia. Tanto que estará en La Pléiade y en la Academia con Gustave Flaubert, donde solo hay sitio para los inmortales.

Raquel Villaécija. París.  El País, jueves 17 de abril de 2025.

sábado, 19 de abril de 2025

La historia bordada

El rey Harold cruza el canal de la Mancha. (Fuente: Wikimedia)
Leo que retiran el tapiz de Bayeux del museo de Normandía en el que se guarda, para hacerle unas restauraciones. Ya he escrito aquí alguna vez sobre esta maravilla que nos ha llegado casi intacta desde la Edad Media: un enorme bordado de medio metro de alto y setenta metros de largo que narra  en una sucesión de paneles la historia de la conquista de Inglaterra por los normandos en el siglo XI. Escribía yo entonces sobre las costureras inglesas de manos blancas que lo habrían tejido, y reflexionaba sobre lo que un tapiz tiene de metáfora acerca de la historia, que parece algo ordenado y lógico en el anverso, pero que mirado por detrás es un caos de hilos, puntadas y nudos. A mí siempre me ha apasionado el tapiz de Bayeux; por eso y porque es el primer reportaje de guerra de la historia de la televisión, y eso que fue bordado casi mil años antes de que existiese la televisión. Las escenas se suceden con un ritmo trepidante, explicadas por rótulos en latín, secos y concretos como la prosa de Hemingway, como si fuesen una voz en off solemne.

La historia que se cuenta es la de Harold, un noble inglés que naufraga en el canal de la Mancha y es rescatado por los hombres de Guillermo duque de Normandía. Presionado o agradecido, Harold jura sobre unas reliquias sagradas que si algún día las circunstancias le hacen heredero del trono de Inglaterra se lo cederá a Guillermo. El tapiz remarca la seriedad de la promesa con un personaje que apunta con un dedo a la palabra sacramentum. Como el destino es un escritor que imita a Borges, sucede lo que la premisa ha hecho inevitable: Harold regresa a Inglaterra y recae en él la sucesión. En la escena de la coronación vemos a la multitud señalar en el cielo el mal presagio de un cometa (era el cometa Halley, que aún no tenía ese nombre). Guillermo y sus normandos cruzan el canal para reclamar su deuda. Lo hacen en barcos que todavía recuerdan sus orígenes vikingos en sus mascarones de proa en forma de serpiente. La guerra asola Inglaterra. Un panel famoso muestra una mujer  y a un niño  en una casa en llamas. Hic domus incenditur, "aqui vemos arder una casa", dice lacónico el texto. Se la considera una de las primeras imágenes del sufrimiento de los civiles en la guerra.

Harold cae herido de muerte. (Fuente: Wikimedia)
Cuando vi el tapiz de Bayeux, hace ya bastantes años, venía de visitar con Pilar las costas de Normandía. En las playas habíamos visto los restos de las fortificaciones alemanas de la Segunda Guerra Mundial y las barcazas de desembarco varadas como cachalotes en la arena. En Sainte-Mère-Église habíamos contemplado el muñeco de tamaño real de un paracaidista norteamericano colgando de un tejado, y las tiendas de recuerdos con toda clase de suvenires de aquella guerra entre las botellas de Calvados. Cuando entramos en el museo de Bayeux, ese tapiz desplegado que contaba otra invasión, otro desembarco y otra guerra en las orillas del mismo mar, me pareció un pleonasmo, una triste reiteración, la constatación de que la guerra es una de las maldiciones de las que el ser humano no se puede librar. Hic ceciderunt simul angli et franci in proelio, "aquí ingleses y franceses cayeron juntos  en la batalla", dice, mientras la cenefa muestra un paisaje de cuerpos mutilados que podría ser Ucrania, Gaza, el Congo... Harold cae herido de muerte por una flecha, y dos o tres viñetas más tarde la narración se interrumpe. Porque a esta historia, como a casi todas las historias que cuentan algo universal, le falta el final.

Miguel-Anxo Murado. La Voz de Galicia, domingo 13 de abril de 2025.

viernes, 18 de abril de 2025

Tiago Rodrigues

Thiago Rodrigues

"Tengo más preguntas y por eso hago teatro. Si tuviera más respuestas probablemente haría política". El dramaturgo portugués llegó al teatro en la adolescencia y, tres décadas después se ha convertido en el primer extranjero en dirigir el Festival de Aviñón. Sus obras son aplaudidas y a veces perseguidas por la ultraderecha. Es un creador comprometido que se siente en deuda con quienes lucharon contra la dictadura en Portugal. Acaba de estrenar No Yogurt for the Dead, inspirada en los últimos días de su padre, y el 25 de abril presenta en Barcelona Cor dels amants, mientras los portugueses cantan Grândola, Vila Morena en recuerdo de la Revolución de los Claveles en 1974. No se manifestará por Lisboa por primera vez en su vida. Esta es una conversación sobre teatro y democracia. También sobre teatro y vida. Tiago Rodrigues (Amadora, Portugal, 48 años) llegó a un escenario a los 14 años sin más expectativas que espantar la soledad. En Portugal estuvo seis años al frente del Teatro Nacional Dona María II y fundó la compañía Mundo Perfeito junto a su pareja, la actriz Magda Bizarro. Se siente en deuda con las generaciones que lucharon por la libertad en Portugal y posibilitaron que pudiera hacer del teatro su forma de vida. Acaso eso explica por qué el mismo Tiago Rodrigues que dirige a Isabelle Huppert en El Jardín de los cerezos también escribe obras para vecinos de la Cova da Moura, un barrio de Amadora donde la supervivencia  es un ejercicio diario de funambulismo. No es neutral, por tanto. Concibe el teatro como un servicio público.

Esta entrevista se realizó en febrero en Culturgest, tras el estreno de No Yogurt for the Dead en Lisboa. Tiago Rodrigues, también actor y productor, estaba cansado y feliz por la noche anterior. Con un patio de butacas repleto de familiares y amigos, asistió nervioso a una función simbólica, inspirada en su padre. "Es un poco como si Cervantes leyese el Quijote en voz alta frente a Don Quijote. No quiero que las personas sientan que les fue robada una historia", reflexiona.

Hospitalizado con un cáncer, el periodista Rogério Rodrigues pidió un cuaderno para escribir su último reportaje. El deterioro de la enfermedad solo le permitió dejar un título, Los muertos no comen yogur, y unas páginas repletas de rayas y trazos que nada decían excepto que llegaba el final. Su hijo dramaturgo acabaría escribiéndole por él. El resultado yuxtapone autobiografía y fantasía, periodismo y teatro, amor y reproches. Teatro de la resistencia que se ajusta a una respuesta que le cautivó de George Steiner: "En cuanto 10 personas aprenden un poema de memoria, no hay nada que el KGB, la CIA o la Gestapo puedan hacer. Ese poema sobrevivirá".

                                                                            (Foto: Valerie Backer)
¿Tenía miedo a decepcionar a personas importantes para sí con esta obra?

Es más miedo a herir. Desilusionar no es la cuestión. Siempre que contamos la historia de alguien, por mucha buena voluntad que haya, hay una dosis de decepción. Recientemente hice un espectáculo con la Comédie-Française basado en un caso de malos tratos a niños con autismo severo en Suiza y que fue visto por algunas madres que hablaron conmigo. Sabía que nunca sería fiel a lo ocurrido porque es teatro y conquista su propia libertad, pero quería que fuese una pieza de reparación. También en 2012 hice una obra basada en los archivos de la censura al teatro en Portugal. Decidí que debía tratar los textos de los censores, que eran secretos y se hicieron públicos tras la revolución, con la misma dignidad que daría a Chéjov o Lope de Vega. Y coger esos textos de personas que amordazaron el teatro y transformarlos en autores de un espectáculo que le habría gustado censurar fue una venganza poética, una venganza democrática. Había una gran actriz, Carmen Dolores, que dirigía el Teatro Moderno de Lisboa, que escribió muchas cartas para pedir explicaciones. Proponía la misma pieza y siempre era rechazada. Vino a ver mi obra y me dio las gracias porque por fin había recibido una respuesta. Ahí sentí que esa obra ofreció algo a esa persona. (...)

Tiene éxito a pesar de no hacer un teatro comercial. ¿Por qué cree que conecta con culturas diferentes?

Hay dos aspectos que tal vez contribuyen para que algunas piezas tengan una relación fuerte con el público. Por un lado, siempre he deseado combinar mi exigencia artística con el teatro popular y accesible para cualquiera que no tenga el hábito de ir al teatro. No lo consigo siempre, pero lo tengo presente. Quiero satisfacer a un especialista y al que nunca ha visto un espectáculo, aunque no realicen la misma lectura de la obra. Esta lectura es también la de Jean Vilar cuando funda el Festival de Aviñón y habla de ligar un teatro de gran calidad con un festival popular...

Tereixa Constenla. El País Semanal, 12 de abril de 2025.

jueves, 17 de abril de 2025

Una novela y una vida truncada

Me dejó un poso profundo la lectura de Suite francesa, novela de Irène Némirovsky que apareció en lengua gallega el año pasado cuando se cumplían dos décadas de su edición original. Vino de la mano de la editorial Aira en una cuidada edición -contiene un prefacio de M. Anissimov y uno de los apéndices extraordinarios de lectura obligada- con ilustraciones de MeliMolita y una traducción espléndida de Samuel Solleiro. Autora relativamente afortunada en nuestra lengua, pues más allá de este volumen se añaden David Golder (Hermanos Cartoné, 2019), El Baile (Rinoceronte, 2021) y aún hace pocas fechas Domingo y otras historias (Laiovento, 2025).

Parece que el poso no procede de la historia, envuelta en un halo de seducción, entre una mujer, casada con un prisionero de guerra francés, y un soldado alemán en una pequeña localidad de la Francia ocupada y que centra una película homónima estrenada en 2015. Antes bien, es inevitable leer esta propuesta como un acto de fe en la propia literatura; incluso puede leerse como un documento, un gesto de resistencia ante la intolerancia pues la autora, hija de judío ucraíno, radicada en París desde que huía de la revolución bolchevique, sabía que su arresto iba a ser inevitable, como así se produjo en julio de 1942, para ser internada en el campo de concentración de Pithviers después de que el régimen de Vichy denegase en varias ocasión su solicitud para obtener la nacionalidad francesa. En poco tiempo sería deportada a Auschwitz, donde murió de tifus apenas un mes después, con treinta y nueve años. El manuscrito de la novela se conservó en una maleta, durante sesenta años, gracias a sus hijas, Denise e Élisabet Epstein, que sobrevivieron con dificultades a la ocupación nazi. 

Más allá de lo señalado lo cierto es que esta pieza narrativa -dos partes de las cinco previstas en torno a las emociones y los sentimientos en situaciones verdaderamente extremas que recorren la huida de París de millares de ciudadanos en las primeras horas de la ocupación y, luego, la vida cotidiana en un pueblo al este de la capital, en los primeros meses de la obligada  convivencia de la población civil con los militares alemanes. Ahí está también, latente, una reflexión sobre las fronteras del colaboracionismo y sobre la propia dignidad.

Ramón Nicolás. Fugas. Libros. La Voz de Galicia, viernes 4 de abril de 2025.

miércoles, 16 de abril de 2025

"Maruja Mallo: máscara y compás"

Es la pintora más importante del surrealismo español. Maruja Mallo: máscara y compás, la mayor retrospectiva que se le ha hecho nunca, reivindica, ahora en el centro Botín y en octubre en  el Museo Reina Sofía, una obra comprometida que redescubre lo popular desde el realismo mágico. Más allá del personaje, celebramos a la creadora ultramarina que reinventa el Arte Nuevo defendido por Ortega y Gasset.

Cruce de luciérnaga y ciempiés, brujita joven con cara de pájaro, nadadora sumergida, monstruo y tragedia. Mucho se ha escrito sobre la Mallo. Dalí afirmó que era "mitad ángel, mitad marisco" y Lorca que su pintura contenía "toda la imaginación, emoción y sensualidad del mundo". Ortega y Gasset la apadrinó en 1928 ofreciéndole exponer sus famosas Verbenas (1927-1928) -"creaciones mágicas de medidas exactas", como ella las definió, abigarradas composiciones centrípetas donde ridiculiza lo popular y la españolidad- en la sede de la Revista de Occidente.

Maruja Mallo ha sido, sin duda, la pintora más importante del surrealismo español (André Bretón le compró Espantapájaros en 1932 afirmando que era "una de las grandes obras del surrealismo") y esta se nos presenta como una muestra histórica, la más importante desde que la produjo el CCAG en el año 1993.

A pesar de su polémica exposición pública, donde el personaje eclipsaba a la artista, ella mantenía su privacidad oculta bajo gruesas capas  de maquillaje. Una máscara protectora que, al final de su vida, se fundiría con su propio rostro. Poco se sabe realmente de su intimidad, más allá de las anécdotas que alimentaron a un personaje asilvestrado y procaz, emblema del escándalo, icono de la movida de los ochenta, de labios pintados de intenso carmín y sombra de ojos azul turquesa.

Sabemos que esta gallega cosmopolita nace en Viveiro (Lugo), el día de Reyes de 1902 en el seno de una familia de catorce hermanos, y que los constantes traslados de su padre, funcionario  de aduanas, le ofrecen la oportunidad de residir en varias ciudades. Al llegar a Madrid en 1922 se matricula en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, siendo la primera mujer  en aprobar exámenes y la primera en ser admitida. Su talento había fascinado a su padre, quien la apoya a ella y a su hermano, el escultor Cristino Mallo, en su vocación artística.

Las Sinsombrero (Arriba: María Zmabrano, Concha Méndez, Maruja Mallo,
MargaritaGil; Abajo:  Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Ernestina
Champourcin y Mª Teresa León)

En la Academia de San Fernando coincide con Dalí y se hacen íntimos. Un día, mientras pasean por la Puerta del Sol junto a Lorca  y a Margarita Manso, deciden quitarse los sombreros porque "les congestionaban las ideas" -así lo cuenta la propia artista en una entrevista del año 92-. Es entonces cuando un grupo de muchachos los apedrean, lo que les obliga a huir por la boca del metro, lo que les obliga a huir por la boca del metro. Así nacen las Sinsombrero, esas mujeres, intelectuales y artistas, de la Generación del 27 que se opusieron  a las imposiciones  de los discursos esclerotizados, enarbolando la libertad.

El terremoto de Maruja pronto se sitúa en el epicentro de la vida cultural de la capital, acudiendo a las delirantes tertulias de la época con Dalí, Lorca, Buñuel o Rafael Alberti, que acababa de ganar el Premio Nacional de Poesía por Marinero en tierra (1925) y con quien mantuvo un noviazgo de cinco años. Ella ilustraba sus poemas  y diseñaba  las escenografías de sus obras teatrales mientras él escribe La primera ascensión de Maruja Mallo al subsuelo (1929): "dime por qué las lluvias pudren las horas y las maderas./ Aclárame esta duda que tengo sobre los paisajes./ Despiértame". También se le conoce un efímero romance con Miguel Hernández, ocho años menor, a quien-se cuenta- rompió el corazón...

María Marco. El Cultural, 11-4-2025.

martes, 15 de abril de 2025

La apuesta de Málaga por los museos cumple 10 años

Llegaron de la mano para afianzar la apuesta cultural. Uno dispuesto a convertirse en el icono contemporáneo. El otro con el objetivo  de ampliar los límites de la ciudad y atraer al visitante más allá del centro. Málaga estrenó la primavera de  2015 con la apertura de las filiales del Centre Pompidou  y el Museo Estatal de San Petersburgo. Y una década después hay muchas luces y algunas sombras en una trayectoria que no sería posible sin una inversión millonaria. Hasta ahora han supuesto un coste  de 75,3 millones de euros para las arcas municipales, según se recoge en los presupuestos anuales. Cantidad que crecerá tras la renovación al alza del contrato con la matriz francesa: solo en 2025 ya supera los diez millones a pesar de que el centro ruso tiene su continuidad en el aire desde la invasión de Ucrania.

Los dos museos pusieron la guinda a un camino que abrieron en 2003 el Centro de Arte Contemporáneo (CAC) -hoy cerrado mientras se reformula su futuro- y el Museo Picasso. La filial francesa y la rusa aún más porque nadie la vio venir. Ambas instituciones afianzaron la marca ciudad de los museos y lograron aumentar una relevancia internacional que la capital de la Costa del Sol no tenía. Sin embargo, desde el comienzo hubo voces que denunciaban la sensación de que Málaga se estaba convirtiendo en una especie de parque de atracciones más centrado en vender marcas y atraer turistas que en potenciar la cultura. "Son infraestructuras puestas al servicio de la industria turística, funcionan como publicidad comercial. Y en ese sentido han cumplido su papel", lamenta el artista Rogelio López Cuenca que cree que "no son más que escaparates". De hecho el turismo se ha multiplicado en estos últimos años a cambio  de ahogar a la población local a base de precios imposibles, en especial el de la vivienda. Fuentes del Ayuntamiento  subrayan  que hasta 144 creadores, gestores y artistas malagueños han pasado por el Museo Ruso, además de otros 207 por el Pompidou.

Pocos dudan -incluso dentro de los museos- que fue ese turismo el trasfondo para impulsarlos, aunque sus responsables opinan  que su presencia ha otorgado muchas ventajas a Málaga. Su principal valedor es el alcalde, Francisco se la Torre (PP). "Llegaron para reforzar la cultura para los malagueños y los de fuera. Y también para reforzar la visibilidad de Málaga  con una oferta a la altura de las mejores de Europa. Es lo que se planteaba y lo que se ha conseguido", relata el regidor. También subraya cómo el cubo de cristal  intervenido por el artista Daniel Buren en el Pompidou de Málaga es ya "parte del skyline de la ciudad".

La historia empezó en 2008 durante un partido de fútbol amistoso entre España y Francia . El regidor aprovechó para proponer  al entonces embajador francés Bruno Delaye, la posibilidad de que la ciudad albergase una sede del Louvre o del Pompidou. El primero pensaba ya en su sede de Abu Dhabi, así que se apostó por el segundo. Lo que parecía una anecdótica conversación se convirtió en realidad  el 28 de marzo de 2015 en un recinto de casi 2.000 metros cuadrados. Fue la primera sucursal de este museo fuera de Francia. Las exposiciones con obras de Picasso, Barceló, Kahlo, Chagall o Calder se han sucedido desde entonces y el viernes se inauguró  una muestra centrada en Kandinsky. A cambio el Ayuntamiento (que gastó cinco millones en adecuar el edificio) se comprometió a pagar un canon  de 20 millones de euros  y asumir los gastos de mantenimiento, funcionamiento, personal o seguros. Ha costado ya 45 millones. Y esta segunda década será aún más porque el acuerdo fue renovado  el año pasado hasta 2035 incluye una subida del 50% del canon anual...

Nacho Sánchez, Málaga. El País, lunes , 31 de marzo de 2025.

lunes, 14 de abril de 2025

"El segundo acto"

La nueva comedia del francés Quentin Dupieux -director inclasificable, dueño de un humor particular, extraño y contagioso- es un acto de autoparodia que juega al desconcierto en sus múltiples giros. Esta vez Dupieux elige el cine en una película meta-cinematográfica que se burla de todo, o casi todo, en un juego de espejos sobre el arte de representar. El segundo acto del título se refiere al restaurante de carretera donde se rueda una secuencia con cuatro personajes y varios figurantes. Una secuencia que desembocará, no sin melancolía, en una broma infinita sobre el futuro del cine. Todo lo que ocurre en El segundo acto parece fruto del absurdo, pero no lo es.

Léa Seydoux, Vincent Lindon, Louis Garrel y un menos conocido Raphaël Quenard -el magnífico protagonista de Yannick, película de Dupieux sobre un vodevil saboteado por un espectador desencantado con la función -ruedan una comedia romántica de diálogos bastante ridículos mientras entre líneas se cuelan las notas a pie de página y las situaciones ligeras, aunque tremendas, que los cuatro intérpretes saben hacer fluir.

Dupieux se mueve entre realidad y ficción, o mejor, entre ficción y ficción, con un tono cómico que borda lo burdo y loco con una intensidad verbal nada sencilla. Son actores haciendo de actores, riéndose de sí mismos y de sus hipocresías, y los cuatro saben sacarle punta a unos diálogos que con un ritmo de mesa de pimpón, llenan de matices sin estancarse en lo obvio. El gag reservado para Manuel Guillot, figurante en apuros, es uno de los contrapuntos de ese rodaje dentro de un rodaje de una película hecha de capas actorales, oficio cuyas grandezas y miserias afloran cuando vemos a un pobre hombre aterrado ante la cámara. El figurante, sin saberlo, es el personaje clave.

El segundo acto es, como la mayoría de las películas del prolífico Dupieux, breve: 80 minutos estructurados como un círculo que arrancan y terminan con dos travellings rodados en sentido contrario y un epílogo que cierra con una inesperada tristeza y gravedad lo que acabamos de ver. Sin estirar demasiado el chicle de sus ocurrencias, siempre confiando en el lado más surrealista de la vida, el director de Mandíbulas pone su curioso instinto al servicio de un debate serio sobre las fronteras entre realidad y ficción y sobre el lugar del cine cuando la mirada ha sido usurpada por un algoritmo.

Elsa Fernández Santos, El País, viernes 11 de abril de 2025.

domingo, 13 de abril de 2025

"Una sociedad que oprime a las mujeres no puede ser feliz"

El argelino Kamel Daoud (Mostaganem, 1970) ha hecho de la literatura -y antes del periodismo- un combate intelectual. Su reconocimiento llegó en 2013 con Mersault, caso revisado, una reescritura  de El extranjero, de Albert Camus, desde la perspectiva árabe. En su último libro, Huríes (Cabaret Voltaire), ganador del Premio Goncourt en 2024, Daoud da voz a Aube, una mujer marcada por la guerra civil argelina, que entre 1992 y 2002 causó cerca de 200.000 muertos. Un islamista le cortó la garganta  cuando era niña, dejándola muda. Ahora, embarazada pronuncia un monólogo dirigido a la hija que lleva en su vientre sin saber aún si quiere darle vida o no.

Su postura crítica respecto al islamismo le ha costado amenazas: en 2014 un imán salafista emitió una fatua  contra él. En 2023, tras una década de persecución se exilió en Francia. Daoud nos recibió en la sede histórica de su editorial francesa, Gallimard, en el barrio parisiense de Saint-Germain.

P.- Su novela no puede publicarse en Argelia debido a la ley  que prohíbe cualquier obra sobre la llamada década negra, cuando tuvo lugar la guerra civil. ¿Escribió el libro sabiendo que no sería leído en su país?

R.- Sabía que sería leído, aunque fuera de forma clandestina. En Argelia los libros prohibidos encuentran su camino, y el mío circula en versión pirateada. Desde que gané el Goncourt, entendí que el régimen no me dejaría en paz.

P.- ¿Es un libro escrito contra ese tabú?

R.- Ante todo es un libro sobre la condición de las mujeres. Estoy convencido de que una sociedad que oprime a las mujeres no puede ser feliz. Cuando llegué a Europa a los 26 años, me impactó ver a las mujeres caminar solas, vestirse como quisieran, besarse en público. También quise recordar algo que a menudo se omite por miedo a ser culpado de islamofobia: el islamismo, como cualquier integrismo, mata.

P.- Después de una guerra, ¿el silencio puede ser una solución o siempre acaba siendo un problema? 

R.- Mi libro nace de ese dilema moral. No hay una respuesta correcta. Lo que sé es que el silencio impuesto ha tenido consecuencias graves. Éticamente, porque hay asesinos en libertad mientras a otros los encarcelan por robar un móvil. Y políticamente, porque los jóvenes argelinos, incluidos mis hijos, ya no se acuerdan de que esa guerra existió.

P.- La velocidad del olvido es vertiginosa, incluso en países que optaron por procesos de memoria.

R.- Es normal. Los humanos siempre buscamos la felicidad, nunca los problemas. La guerra civil argelina fue una masacre inimaginable. Pura autodestrucción, un suicidio colectivo. Cuando acabó, muchos argelinos prefirieron olvidar. El olvido parece la solución más fácil, pero al final todo vuelve.

P.- Su protagonista lleva en sus cuerdas vocales las marcas de la guerra, como un estigma. ¿Qué huella dejó en usted el conflicto, que cubrió siendo un joven periodista?

R.-Tal vez cierta frialdad. Es como si hubiera desconectado mis sensores. Hay pocas cosas que me afecten. Recuerdo la primera vez que caminé sobre cadáveres. No grité, empecé a cantar en mi cabeza. Con el tiempo entendí que era un mecanismo de defensa. Piensas en cualquier cosa para no pensar en lo que estás viendo. Y eso se quedó en mí. Ha alterado mi relación con la realidad. Me ha hecho desconfiar  de quienes creen más en las ideas que en las personas. Nunca lo he dicho así pero ya no creo en el ser humano: sé que es capaz de lo peor.

P.-Ya nunca se emociona?

Kamel Daoud. © Cristóbal Manuel

R.- Solo cuando leo. Pero fuera de esos momentos estoy enfadado siempre. Enfadado con los que mataron, con quienes me atacan a mí y no a los asesinos, con quienes tratan de comprender el islamismo en lugar de condenarlo.

P.- La mujer y el cordero aparecen como figuras de sacrificio en su libro.

R.- Sí, y como seres condenados al silencio. El cordero no grita al ser degollado, ¿qué va a decir ? De la misma manera es sacrificada en nombre de Dios: se la cubre, se la encierra, se le prohíbe reír o hablar alto. Aube lo expresa en la novela: "A veces los hombres matan a las bestias. A veces las bestias matan a los hombres. Y a veces, cuando los hombres y las bestias se entienden, matan a las mujeres". En las guerras ellas siempre pagan el precio más alto.

P.- ¿Qué soluciones plantea?

R.-No es solo un problema del mundo árabe. Fíjese en el nuevo conservadurismo en EE UU. Donde no se fomenta la lectura como vía de emancipación ni se entiende que existe un mundo más allá del lugar donde vivimos, aumenta el encierro mental. Y ese encierro es perjudicial para las mujeres, que son el eslabón más débil. A menor contacto con el exterior más represión...

Álex Vicente, Babelia. El País, sábado 22 de marzo de 2025.

sábado, 12 de abril de 2025

Españoles en el Big Bang. Entramos en el CERN, Ginebra, el mayor centro de investigación del mundo

Este colosal laboratorio representa el esfuerzo científico colectivo más ambicioso de la humanidad y demuestra que Europa, cuando se lo propone, también puede liderar. El Gran Colisionador de Hadrones se extiende 27 kilómetros bajo tierra en la frontera franco-suiza. Aquí se recrea el Big Bang colisionando partículas casi a la velocidad de la luz. Los detectores CMS y ATLAS atrapan y analizan las partículas resultantes tras esas colisiones.

"Hay preguntas que me desvelan por la noche", confiesa Mar Capeáns (Santiago de Compostela, 1967), una eminencia del CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear), donde lleva desde que terminó la carrera, en los noventa. "El 25 por ciento del universo permanece en las sombras: la materia oscura que acelera la expansión del cosmos... No quiero irme sin haber descubierto la siguiente partícula. La que explique algo más de lo que aún no sabemos. Y luego otra... Hasta llegar a la última y entenderlo todo".

El tranvía número 18 serpentea desde Ginebra hacia la campiña. Para llegar al epicentro de la física solo se necesita un billete de transporte público. No es casualidad. Forma parte del espíritu de un centro investigador que se creó en 1954 con vocación de restañar las heridas de la guerra. No para dividir el átomo con letales intenciones, sino para entenderlo. El mayor laboratorio de física de partículas del mundo a primera vista son edificios de oficinas y naves industriales, dispersos en territorio suizo y francés. Pero en el subsuelo, bajo caminos forestales por los que se puede pasear , se encuentra el Gran Colisionador de Hadrones (LHC), un anillo de 27  kilómetros  a 100 metros de profundidad que imita las condiciones del universo primitivo.

El corazón del LHC parece el delirio de un astrónomo aficionado a la fontanería. Tuberías forradas con 1232 imanes de 27 toneladas, que curvan sendos chorros de partículas, mientras otros 392 imanes se encargan de concentrar los haces. Los protones viajan por dos caminos paralelos en direcciones opuestas, dando once vueltas al circuito por segundo, y se cruzan en varios puntos donde se producen las colisiones.  Todo el sistema se mantiene refrigerado  a -271ºC. El origen de estas partículas  es un dispositivo rojo que parece un extintor.

Capeáns ha estado en todas las gestas del CERN. Por supuesto, en la más memorable. El hallazgo del bosón de Higgs, en 2012 el honor se repartió entre los dos equipos de los dos experimentos principales, ATLAS y CMS. Sus detectores son como dos orquídeas monstruosas que despliegan sus pétalos para atrapar la fina lluvia de partícula que escapan de las colisiones y que emiten energía durante una fracción de segundo, (...)

Miguel Escudero (Orihuela, 1991) irradia entusiasmo: a sus espaldas, una pizarra con las ecuaciones que describen el primer segundo del universo... El CERN representa un ideal: la búsqueda del conocimiento sin garantías de retorno  de inversión. Y sus hallazgos también impactan en la vida cotidiana. Si Tim Berners-Lee no hubiera imaginado la World Wide Web mientras comía en su cafetería, quizá Internet seguiría siendo de uso militar, el modelo americano.

Carlos Manuel Sánchez. XL Semanal, 31 de marzo de 2025.

viernes, 11 de abril de 2025

Lou Doillon subraya la singularidad del reloj Baignoire de Cartier

Lou Doillon, la cara de la colección del reloj Baignoire de Cartier.
Cuenta Lou Doillon que Cartier ha formado parte de su vida y la de su familia desde que tiene uso de razón. La hija de la actriz y cantante británica Jane Birkin y del director de cine francés Jacques Doillon atesora muchos recuerdos especiales ligados a piezas de la firma fundada en 1847 en París por Louis-François Cartier: "Cuando cumplí 18 años, mi madre me regaló  un reloj Baignoire. Inmediatamente me atrajeron la elegancia y sofisticación del zafiro, la simplicidad de la esfera y la atemporalidad del diseño". Según apunta la Guía completa  del Baignoire de Cartier, de la casa de subastas Sotheby's, Louis Cartier definió una poca convencional silueta alargada en 1912, que en 1958 evolucionó hasta el reloj de esfera ovalada biselada con números romanos que en 1973 fue bautizado como Baignoire (bañera en francés), aunque su forma también podría ser un guiño a la de los palcos VIP de la ópera. Desde entonces, este modelo se convirtió en un clásico inmediato de la firma que no ha dejado de evolucionar a lo largo de las décadas.

 Ahora se renueva con cuatro marcas versiones que la marca describe con minuciosidad en su presentación: una mini con la esfera lacada en tinta negra, ciruela o bronce con brazalete de piel; otra rígida de oro amarillo; una tercera con brazalete de oro rosa y bisel engastado con una hilera de diamantes y, la última, con bisel de oro amarillo engastado en una esfera  de nácar ligeramente abombado. "¡Me encantan todos! Los modelos de este año son impresionantes. El del tamaño mini tiene una elegancia absoluta, y las versiones de brazalete en oro amarillo y rosa con pavé me gustan por la pureza de sus curvas", apunta Doillon. La actriz, modelo y música se identifica con esta pieza de joyería que marca el paso del tiempo. "Para mí, la belleza del Baignoire radica en que define un tiempo redondo, suave, sin aristas. Me encanta su icónica forma ovalada y su capacidad de reinventarse continuamente", explica.

La versatilidad, sostiene la actriz de 42 años, es otra de sus bazas: "Puedo usarlo durante el día o por la noche, ya sea de manera informal y también para ocasiones más formales. En cierto modo, una parte de mi carácter resuena con el Baignoire. Es un reloj para el que Cartier ha imaginado infinitas posibilidades, Como yo, que soy escritora, ilustradora, música, actriz y modelo. Una personalidad polifacética que se mantiene fiel a sí misma". Doillon debutó en el cine en 1988, siendo una niña,  en la película Kung-Fu Master de la directora de culto Agnès Varda, en la que participó junto a su madre y su hermana Charlotte Gainsbourg, ha publicado tres discos y creado ilustraciones para firmas de lujo. Todo ello con sello propio. "Para mí la elegancia es atemporal, trasciende las tendencias y resiste el paso del tiempo. Un diseño bien pensado siempre será elegante". ¿Y cómo se logra un sello personal? "Mis inspiraciones son variadas. Mi imaginación, la gente que me rodea y personalidades del mundo de la música, el cine y los viajes. Para encontrar tu estilo no debes intentar agradar a todo el mundo, ¡ser único es maravilloso!".

A. F. A. Smoda. El País, 28 de marzo de 2025.

jueves, 10 de abril de 2025

"Escribir" Marguerite Duras.

A menos de doce meses de que se cumplan 30 años de su muerte, Marguerite Duras (Indochina francesa, 1914-París 1996) dejó ya de ser un secreto de culto a voces para convertirse en un clásico indiscutible. El sello Tusquets rescató a inicios de 2024 Cuadernos de la guerra, y ahora hace lo propio con su novela mayor y más popular, El amante, premio Goncourt en 1984, y el volumen Escribir, de menor valor literario. En este libro -una de sus últimas publicaciones y que reúne en buena medida materiales de origen y propósito cinematográficos- podrá hallar el lector sustanciosos rastros de la personalidad y la vida de la gran autora gala. Y, sobre todo, sus reflexiones sobre el hecho y la vocación de escribir: "La escritura llega como el viento -escribe-,está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida".

H. J. P. La Voz, miércoles 19 de marzo de 2025. 

miércoles, 9 de abril de 2025

El dolor (y la gabardina) del deseo.

Con "La pianista" , Isabelle Huppert llegó a la cima de su carrera, interpretando a una fría profesora de conservatorio. Después de ver Babygirl, una película tan tonta como los thrillers eróticos de los noventa que pretende reinterpretar, merece la pena recordar a una sadomasoquista más brutal y trágica: la profesora a la que da vida Isabelle Huppert en La pianista (2001), la celebrada película de Michael Haneke que situó  a la actriz francesa en la cima de su carrera. 

Huppert se mete en la piel de Erika Kohut, una profesora de conservatorio cuya actitud fría y distante, antipática y cruel con los alumnos, esconde un magma de dolor y autodestrucción a través del sexo. La composición de Huppert, hierática, vulnerable y malsana, es perfecta. Del delicado moño con el que recoge su pelo rojizo a un vestuario que quedó fijado en la memoria: el jersey de angora color lavanda, las camisas de seda beige, la falda recta negra y la omnipresente gabardina, una prenda que asociamos a la discreción , al deseo de invisibilidad y que aquí incide    en la soledad y aislamiento del personaje.

Ha pasado un cuarto de  siglo desde que esta película, basada en la obra homónima de la premio Nobel austríaca Elfriede Jelinek, se atreviera a filmar (el espectador no ve nada pero lo siente todo) una auto mutilación vaginal en una de sus secuencias más famosas y pavorosas. Las gélidas maneras de Isabelle Huppert mientras un hilo de sangre le cae entre las piernas siguen provocando escalofríos.  Erika vive con su madre, una mujer dominante y sobra decirlo- castradora que controla la vida de su hija de forma enfermiza. El drama materno filial es el meollo de una historia que se desencadena cuando  Erika  conoce a un joven y guapo estudiante de piano en la piel de un muy sexy Benoît Magimel, iniciando con él una impredecible relación sadomasoquista.

La oscura y tormentosa sexualidad  de Erika queda definida cuando acude a un peep show mientras suena, como en Barry Lyndon el trío para piano de Franz Schubert. Con este hermoso y triste fondo, ante la mirada escandalizada de los hombres que están en ese mismo local de sexo, la menuda y desafiante Huppert, bajo su gabardina, entre en la cabina para ver porno mientras huele un kleenex pringado de semen. El contraste con la elegante música clásica ahonda en la disociación de una mujer  cuya violencia hacia a sí misma se dispara con el deseo de su bello alumno.

Elsa Fernández-Santos. Smoda. El País, 28 de marzo de 2025.

martes, 8 de abril de 2025

El arte de vivir y la decoración como juego

Objets Nomades
Libertad, resistencia, color y ligereza serían buenas palabras para definir a Louis Vuitton Home Collection de 2025, la primera que abarca todo el universo físico  donde transcurren los días de nuestra vida. Desde el mobiliario hasta la iluminación, los textiles, los juegos y los objetos de los que nos rodeamos  para cultivar lo que la maison llama "el arte de vivir".

La colección de 2025 abre un nuevo capítulo completo e integral de interiorismo que abarca cinco categorías de productos: Objets Nomades (piezas de arte de edición limitada), La Signature Collection (la línea de muebles e iluminación), Decoración (objetos y textiles), Vajilla y Cristalería, y Juegos excepcionales que prometen "un entretenimiento de lujo", reza una nota de prensa de la casa francesa. Tres nuevos artistas se unen al catálogo de firmas reclutadas por Louis Vuitton para esta aventura donde ya aparecían Patricia Urquiola, India Mahdavi y los hermanos Campana. Son el interiorista francés Patrick Jouin, a cargo de la nueva línea de mobiliario y decoración; el diseñador industrial argentino Cristián  Mohadeh, creador de los textiles y objetos decorativos, y el artista español Jaime Hayón, autor de varias piezas de arte de los Objets Nomades.

El sillón con cremallera y coronado con un candado de Patrick Jouin es un homenaje  más o menos explícito a los primeros baúles de Louis Vuitton que revolucionaron el arte de viajar. "He creado un sillón revestido en cuero con una cremallera y un candado que ajustan las formas  hasta  hacerlas más estilizadas, como cuando te pones un vestido y marcas la cintura  con un cordón. En los muebles la cremallera suele esconderse, pero aquí  presumimos de ella  porque es un elemento  que nos conecta con la marca".

Para esta colección, el artista Jaime Hayón ha diseñado piezas de materiales refinados con formas orgánicas inspiradas en la naturaleza: bandeas reversibles, candelabros versátiles, cajas y contenedores de colores. Todos los objetos son multifunción y hacen soñar con distintas posibilidades de uso", explica el creador español.

Louis Vuitton cultiva una relación sana y estrecha con el mundo del diseño casi desde 1885, cuando se creó el emblemático baúl Bed Trunk, una idea revolucionaria que continuó con el Library Trunk, a medio camino entre un mueble y un baúl que permitía al viajero desplegar su librería en cualquier paraje. Ese espíritu inquieto inspiró en 2012 la colección Objets Nomades, series limitadas de artefactos de diseño para la que fueron convocados los mejores creadores del mundo.  En 1025, la nueva colección propone revolucionar todos los espacios donde vivimos con objetos que tiene un alcance inesperado...

Karelia Vázquez, El País Semanal, domingo 16 de marzo de 2025.

lunes, 7 de abril de 2025

Nada es lo que parece

Cuando una película se dice que es inclasificable, está sumando beneficios a su balance. Es para recordar Misericordia del realizador francés Alain Guiraudie (Villefranche-de-Rouergue, 1964) -siete producciones en dos decenios, parte de ellas inéditas en España - sobre guion propio y que narra la historia de un joven que viaja de Toulouse  a un pequeño pueblo para el entierro del panadero, que en tiempos fue su patrón. Él se alojara en casa del difunto, léase junto a quien acaba de perder a su marido, una espléndida Catherine Frot manejando los hilos desde una posición en apariencia discreta. El filme juega con la idea del lugar casi idílico, aunque el espectador intuye que el conflicto está entre paredes, con los secretos ocultos y las medias verdades en esa densa complejidad que suponen las relaciones humanas. Como recogía este diario en la crónica de la pasada Seminci -la obra se hizo con la Espiga de Oro-, la película resultará descacharrante para el público cómplice, desencadenando toda una ola  de deseo, pasión y misterio en la que no falta el cadáver, la viuda, el policía y en especial el cura, protagonista de la secuencia más audaz, con mucho.

Pintado todo con fuertes dosis de humor negro a cuenta del amor loco, la primera impresión es la de estar ante un noir provinciano al mejor estilo del añorado Chabrol, comidas incluidas. De paso asoman trazos de su también admirado Hitchcock en cuanto a lo de ocultar el cadáver  y el correspondiente suspense. Pero servido el conjunto con un derroche de ingenio que hace imposible anticiparse, sin que eso impida algunos quiebros al límite de lo inverosímil.

A destacar, el trabajo de foto, que ayuda a cercar el marco de la acción, con las escenas de bosque e interiores, en un enfoque realista al tiempo que facilita el redondeo de la trama, por momentos rocambolesca, más si entran en liza los personajes del sacerdote y el gendarme, Otro tanto ocurre con las secuencias nocturnas, recogidas a tono con lo exigible a un thriller.

Miguel Anxo Fernández. La Voz de Galicia, sábado, 22 de marzo de 2025.

domingo, 6 de abril de 2025

Un homenaje de Estado para Pierre Boulez

Pierre Boulez

El 26 de marzo de 1925 nacía en Montbrison, en el interior de Francia, el que se iba a convertir en la figura señera de la renovación musical. En el centenario de su nacimiento se ha organizado en Francia un macrofestival que empezó en enero y va a tener su momento álgido hoy, día de su cumpleaños. Una comisión dirigida por Laurent Bayle, que ha sido director de la Cité de la Musique desde 2003 hasta 2021, ha dado forma al festival 2025 Année Boulez bajo la tutela directa del Ministerio de  Cultura francés, y con participación e interés personal de la ministra Rachida Dati.

Se sabe muy poco de la biografía personal e íntima de Pierre Boulez, el gran Pierre de Francia. Estudió en su pueblo guardando en secreto su pasión musical. De la inclinación paterna  por que se dedicara a las matemáticas o la física quedó una fijación por las disciplinas lógicas que marcaron su posterior trayectoria. 

En 1944, Boulez se traslada a un París aún ocupado por los nazis para estudiar música. Es un buen pianista y un estudiante radical que abomina del entorno musical de Francia. Influido por su profesor del conservatorio Olivier Messiaen, Boulez siempre quiere ir más lejos. Ya en el París recién liberado, Boulez se bate en todos los frentes: encontrar una línea musical de renovación radical e intransigente, ganarse la vida y comenzar una carrera de compositor. Colabora con la Compañía teatral Renaud-Barrault y, a la vez que compone para los montajes teatrales, se inicia en la dirección de orquesta de manera casi subrepticia: no había otro más cerca en el exiguo grupo de músicos de la compañía.

En sus primeros años, Boulez entra en contacto con los cursos de la ciudad alemana de Darmstadt, donde descubre a los que serían sus compañeros de aventura, el alemán Karlheinz Stockhausen, los italianos Luigi Nono, Luciano Berio y Bruno Maderna  y otro puñado de internacionales que querían empujar el legado del serialismo de Schoenberg y convertirlo en un grado de cientifismo en el que veían la salvación intelectual  del pensamiento occidental.

A mediados de los cincuenta, su patrón Jean Louis Barrault, le ofrece una oportunidad de oro, comandar una serie de conciertos dedicados a la música de vanguardia, sería el  Domaine musical, el ciclo de conciertos para dar a conocer los compositores de la época. Allí nació la doble tripe faceta de Boulez: compositor de piezas aceradas, director y gestor.

En los sesenta, Boulez es ya una gran figura de la dirección y tiene sus primeros conflictos con las autoridades francesas. Da un sonoro portazo a su país a raíz de un conflicto con su ministro  de Cultura, el escritor André Malraux, abandona Francia y comienza una carrera internacional que le lleva a colaborar con algunas de las mejores orquestas del mundo.

Pero a finales de la década, el nuevo presidente de la República, Georges Pompidou, le llama personalmente para que regrese para crear un centro de investigación musical de alto nivel (el IRCAM), instalado en la joya de la corona, el Centro Pompidou, así como un grupo instrumental del mayor nivel técnico, el Ensemble Intercontemporain. Nacía entonces el Boulez institucional que ha terminado permeando la cultura francesa e irradiando todo el entorno internacional.

Su último esfuerzo en este ámbito sería la tutela de la Cité de la Musique, un conjunto de instituciones en el nuevo parque de la Villette. Este gran equipamiento, abierto a mediados de los noventa, quedó cojo para las ambiciones  de Boulez, ya que lo que sería un gran auditorio de corte sinfónico quedó aparcado. En 2006 se retomó el proyecto y comenzó la construcción del añorado auditorio Philharmonie de París, que se terminó el 14 de enero de 2015, con Boulez ya enfermo. Fallecía  en su residencia de Baden Baden, el 5 de enero de 2016.

El centenario de su nacimiento se convirtió en tarea de Estado y, quizá, ha llegado demasiado pronto para evaluar serenamente su estatura histórica. ¿Cómo lo ponderará la historia? ¿Cómo compositor, director, gestor, divulgador? Puede decirse que Boulez torció el brazo de manera casi definitiva a una cierta Francia  culturalmente acomodaticia.

La labor de Boulez director ha sido enorme, y con ello su influencia, pero la historia recuerda peor a los directores que a los compositores. Ahí está el caso de Mahler, uno  de los más grandes directores de su época, pero al que la historia ha terminado recordando, básicamente, como compositor. Se seguirá hablando de Boulez  institucional por mucho tiempo, pero será sin duda  la composición la que mantenga su reputación de gigante de la música. Es cuestión de tiempo. Y tiempo es lo que ha faltado a este centenario sobrevenido en el que Boulez es una figura aún presente.

Jorge Fernández Guerra. El País, miércoles 26 de marzo de 2025.

sábado, 5 de abril de 2025

La caída demográfica precariza las escuelas del centro de París

Pancartas contra el cierre de aulas en la escuela Saint- Martin de Paris.
(Foto: Louise Ben)

La mayoría de los colegios del centro histórico parisiense de Le Marais, que comprende tres barrios, llevan protestando desde hace semanas por el nuevo cierre de las clases que se avecina en septiembre. Las razones demográficas y urbanísticas se mezclan en la coctelera del desmantelamiento público con un avance paulatino del modelo privado de educación. La previsión es eliminar 110 plazas de profesor -unas 180 clases-, aunque el Ministerio de Educación deslizó a este diario que podrían ser más. Una cifra que engrosa un acumulado -unas 500 clases- y que conduce a la precarización de la legendaria educación francesa: aulas superpobladas donde, a menudo se agrupa a alumnos de tres edades diferentes. El viejo retrato de la escuela rural, en suma, trasplantado al corazón de la capital francesa.

El centro de París, como el de otras grandes ciudades, sufre la corrosión del turismo, la gentrificación y un tejido social conformado cada vez más por un perfil  de habitantes en tránsito, los llamados expatriados: directivos y altos empleados que cambian de destino regularmente. Los precios del alquiler, la falta de viviendas  y la progresiva desaparición del comercio tradicional van acompañados del cierre constante de clases en las escuelas públicas. El próximo septiembre pese a que el presupuesto de Educación sigue siendo la partida más alta de las cuentas nacionales (88.600 millones), se prevé la supresión de 470 puestos de profesor en Francia en la educación primaria, de los cuales 110 recaerán en París.

La caída demográfica afecta a todo el país (43.000 escuelas). Pero los colegios públicos parisienses han perdido 33.689 alumnos desde 2010, según el rectorado de la capital. Para el inicio del próximo curso, las previsiones indican una reducción de 3.200 estudiantes. Se prometió mantener una ratio de 20 alumnos por clase (la media europea es de 19), pero las cuentas no salen. "Nos piden que eliminemos 15 plazas de profesor, que se traducen en 15 clases", señala la directora del colegio Vertus, Laura Gédin. "La primera consecuencia del cierre será el aumento de alumnos por aula y el deterioro de su confort. Tenemos estudiantes con discapacidad, y eso requiere también de espacio, de medios para atenderles", continúa.

Educación justifica estas medidas por una "fuerte disminución  en el número de alumnos", del orden de 80.800 estudiantes en la educación  primaria pública... El avance de la privada en París, antes residual, es imparable. Martin Raffet, presidente de la Federación de Asociaciones de Padres, recuerda que "en París, desde hace tres años, solo se cierran las escuelas públicas. En las privadas se mantienen estables sus medios de financiación y sus efectivos. Así se crea una educación a dos velocidades: la pública para los barrios populares, y la privada para las clases medias altas y los buenos alumnos. Es una segregación socio escolar", denuncia.

Daniel Verdú. París. El País, miércoles 19 de marzo de 2025.

viernes, 4 de abril de 2025

Marcos Morau deslumbra en Bélgica

"Romeo + Julia" de Marcos Morau, en la Ópera de Gante (Bélgica).
(Danny Willems /OBV

Seguir la agenda  de Marcos Morau no es tarea fácil. El coreógrafo valenciano (Ontinyent, 43 años) es ya una figura internacional y pasa la mayor parte del año dirigiendo por Europa, montando espectáculos  en Alemania, Suiza o Países Bajos. Acaba de presentar el último en la ópera de Gante, Romeo + Julia, a cuyo estreno asistió este diario por invitación de la prestigiosa institución belga. Estamos hablando del famoso ballet de Prokófiev sobre los amantes de Verona, pasado por el tamiz de Marcos Morau.

Había expectación en el ambiente, y Morau no defraudó. El concepto wagneriano de Gesamt-kunstwerk (obra de arte total) es el más indicado para hablar de las creaciones del valenciano. Más allá de la danza, más allá del teatro... Morau hace otra cosa. Los teatros europeos no le contratan para dirigir óperas, pero es cuestión de tiempo. Mientras, el coreógrafo va sumando montajes a su corpus artístico. Todo forma parte de una gran obra, y resulta emocionante encontrar en Romeo + Julia ecos de obras anteriores como Opening night o de Afanador. Movimientos, imágenes, reverberaciones estéticas que, lejos del autohomenaje o la repetición, completan una trayectoria sólida, compacta y muy coherente.

Esto también se debe, por supuesto, al equipo artístico que suele acompañar a Morau. En Bélgica ha vuelto a trabajar  con los creadores y cómplices Max Glaenzel en la escenografía, Silvia Delagneau en el vestuario y Bernat Jansà en la iluminación, además del imprescindible Roberto Fratini como dramaturgista. La apuesta de este montaje es radical y funciona porque tiene todo el sentido del mundo. En  Romeo + Julia no identificaremos a los dos jóvenes protagonistas: todos son Romeo y Julieta. Todos y ninguno al mismo tiempo. Esto no es una historia de amor , esta es la demostración de que el mundo lo rige la violencia. (...)

Morau hace mover, bailar y respirar a sus bailarines  como un solo cuerpo palpitante, con sus característicos cabezazos nerviosos y dislocaciones que, lejos de provocar lesiones, desplazan el centro de gravedad. Qué buena idea: en una compañía  de danza de 33 bailarines todos son, naturalmente, jóvenes y hermosos. Todos son por lo tanto Romeo y Julieta. Incluso en la mitad de un dúo veremos cómo los protagonistas van cambiando de intérprete; esta es la naturaleza del amor, da igual quien le ponga el alma y el cuerpo...

A juzgar por los aplausos y los bravos del final, parece que a los espectadores de Gante les gustó el espectáculo y gran parte de la platea ovacionó en pie a todo el equipo artístico. Romeo + Julia  se representará durante unos días en Gante y Amberes, las dos sedes de la ópera y el ballet de Flandes, y viajará después a la ciudad francesa de Lille. Veremos si algún día pasa por España. Mientras tanto Marcos Morau seguirá diseñando y creando espectáculos, imaginando mundos que dialogan entre ellos en una gran creación sin fin. Qué suerte tenemos de ser contemporáneos de Morau.

Oriol Puig Taulé. Gante, El País, martes 18 de marzo se 2025.

jueves, 3 de abril de 2025

"Solo un dia más"

Dos novelas en una. En "Solo un día más", Fortes relata el amor del escritor Albert Camus y la actriz María Casares al tiempo que entrelaza otra historia más actual.

"María Casares es una figura a reivindicar más en Galicia, era una mujer de rompe y rasga y fue mucho más que la amante de Camus, fue una enorme actriz, nuestra Sara Bernhardt...", con estas palabras la también gallega Susana Fortes pone en valor a la protagonista de su nueva obra, Solo un día más, en la que retrata la relación de Albert Camus y María Casares. Tras una documentación exhaustiva, Fortes entrelaza también, como contrapunto actual, la historia de amor de una escritora. "Todos tenemos relaciones no resueltas", apunta.

P.- ¿Por qué la de Camus y Casares ha sido una gran historia de amor?

R.- Porque él está casado, porque están viviendo una guerra, una posguerra... Después con la guerra fría, hay una constante sensación de que te van pisando los talones, de que él está en el punto de mira. Los dos son exiliados, ella republicana...Eso hace que la adrenalina se dispare. Y también está esa frase que pone la faja del libro: lo que hace avanzar el mundo, la historia, la literatura no son los amores felices, sino los contrariados. Si Dante se hubiera casado con Beatriz, no tendríamos la Divina comedia. A mí no me gusta decir que fue un amor imposible porque fue real.

P.- ¿Y fue un amor feliz?

R.- Fue un amor que pasó por muchas  etapas. Duró 15  años ¡y a ver qué matrimonio iguala eso! no fue una historia convencional o canónica o bendecida, pero fue intensísima y se mantuvo muchísimo tiempo hasta la muerte de Camus en un accidente de coche. Pero es verdad que los dos se quejan mucho de una cosa : no pueden estar juntos una Navidad, ella pasa la Nochevieja sola, no pueden disfrutar de lo cotidiano...

P.- Cuando lo conoce, ella tiene 21 años y, con la perspectiva actual, leyendo las cartas de Camus, siete años mayor, tan obsesionado... ¿Sabía ella dónde se metía?

 R.- Ella era muy joven, cuando eres muy joven crees que lo puedes tener todo. No te paras en barras. Tienes ese orgullo, un poco de altanería. Además ella era temperamental, de carácter y había tenido una vida muy poco convencional, en una familia poco convencional. De hecho, casi adolescente, con 13-14 años, tuvo una relación muy complicada con el amante de su madre, el Trotskista. Ella había traspasado límites de alguna manera. Pero el enamoramiento que le entra con Albert es brutal y apasionado y lo quiere todo. Entonces el 75% que le propone él no le vale.

P.-Ella es todo o nada, como dices, y él le propone tener ese 75%.

R.- El tiene siete años más y se desespera por explicarle que no quieren hacerle daño a nadie, que pueden vivirlo de otra manera, pero ella al principio no lo entiende. Y por eso te decía que la relación pasa por muchas fases. Pasa por esa fase de separación, de casi cuatro años, cuando la mujer de Camus vuelve. Pero el azar interviene en sus vidas. La primera noche que pasan juntos, el 6 de junio de 1944, es la del desembarco de Normandía, y cuatro años después, cuando estaban separados, justamente el 6 de junio, se encuentran en el bulevard de Saint-Germain, los dos van caminando, torciéndose la cara y de repente dan unos pasos, se dan cuenta del día que es, se dan la vuelta y sin más se abrazan para siempre. Entre ellos había alta tensión.

P.- ¿Ella se conforma o también quiere eso?

R.- Él le ofrece a ella ese 75% desde el principio: "No tenemos el 100%, pero el 75% siempre será nuestro". Y ella lo acepta, se da cuenta que el 75% con Camus es mucho más que 200% con cualquiera. Los dos tuvieron amantes en épocas  de distanciamiento físico, pero se lo contaban todo. Yo creo que tuvieron el sentimiento constante, el apego... La sensación de estar hechos el uno para el otro es muy potente en esta pareja, tenían un amarre muy fuerte.

P.- Es muy "Casablanca": "El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos"

R.- Sí, por eso yo insisto mucho  en la parte documental. En la historia de Albert Camus y de María Casares no me invento nada. Todo lo tengo documentadísimo. Lo recreo en algún momento, con algún diálogo, pero está todo documentado. Y esto lo cuenta tanto ella como él en las cartas, ella en sus memorias, se cuenta en las biografías...

Sandra Faginas. La Voz de Galicia, viernes 14 de febrero de 2025.

miércoles, 2 de abril de 2025

Carmen, la cigarrera de Sevilla que se convirtió en mito universal

Las Cigarreras, óleo de Gonzalo Bilbao, 1915.

"Sabrá, señor, que hay de 400 a 500 mujeres empleadas en la fábrica. Son las que lían los cigarros en una gran sala, donde los hombres no entran sin un permiso del Veinticuatro, porque cuando hace calor, se aligeran de ropa, sobre todo las jóvenes". Así describe Prosper Mérimée en su novela Carmen, publicada el 1 de octubre de 1845 en la Revue des Deux Mondes (Revista de los dos mundos), el entorno del que surge este personaje convertido hoy en un arquetipo universal de la mujer española.

Carmen, la gitana cigarrera, la mujer empoderada, dueña de sus pasiones y de su destino, nacida del vientre de la Sevilla industrial del siglo XIX, en las galerías de la primera fábrica de tabacos de Europa, para convertirse con el paso de los años en un mito. Para unos, un personaje diabólico con su capacidad de seducción, para la mayoría hoy, un referente obligatorio en la construcción de la imagen de la mujer libre; y todo ello partiendo de un relato breve de no más de 100 páginas.

¿Pero hasta qué punto es necesario que Carmen sea cigarrera en Sevilla para la configuración del personaje? Es la pregunta que sobrevuela la celebración de los tres aniversarios que coinciden en 2025: el personaje literario que cumple 180 años; el de la protagonista de la ópera de Georges Bizet, hace 150 años, en 1875; y el de la mujer luchadora y obrera, trabajadora de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, que retrató el pintor sevillano Gonzalo Bilbao en el óleo Las cigarreras hace 110 años (1915) y que se expone estos días como pieza destacada en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. ¿Es Carmen un producto de Mérimée, cobró vida gracias a la reelaboración musical de Bizet o debe su existencia al marco que la inspiró?, se pregunta también el profesor de Literatura, Alberto González Troyano en su volumen sobre los mitos sevillanos Don Juan, Fígaro, Carmen (2007).

"Es necesario que Carmen tenga como protagonista a una mujer libre, que dispone de su tiempo, de su libertad trabajando, fuera de una vida matrimonial", explica el profesor en el interior de la antigua fábrica de tabacos de Sevilla: "Esa aparición de Carmen de Mérimée, que luego en el caso de Bizet queda más pintoresca, es porque realmente necesita una mujer  que se esté valiendo de sí misma y en ese momento lo más ideal para cumplir esa función  es que fuera cigarrera, una mujer que viene ya pidiendo decir sí o no, con éste me voy, con el otro no, que tiene una disponibilidad erótico-amorosa y dependía de un trabajo".

Ciertamente, las cigarreras, hasta 6.000 obreras desde 1860 trabajando juntas en la Fábrica de Tabacos de Sevilla, fueron un ejemplo de sororidad, independencia y lucha obrera, con una presencia fuerte en las huelgas. Fueron las primeras mujeres que consiguieron tener horas de lactancia y una cuna en el trabajo para sus hijos. "Así las describe el viajero norteamericano Severn Teackle Wallis en su libro Glimpses of Spain (Vistazos a España), donde relata un viaje a Sevilla que coincide con un momento de grandes revueltas derivadas de la subida del precio del pan", cuenta la profesora de la Universidad de Sevilla Rocío Plaza. "La calle está tomada, hay muchísima tensión y en un momento Wallis observa que los obreros  se dirigen a la fábrica de tabaco, sacan a las cigarreras y las ponen delante a modo de escudo. Ellas están siempre en la lucha obrera".

Esta imagen realista se recoge en el lienzo de Gonzalo Bilbao. Lejos de centrarse en el tópico romántico de la Carmen transgresora, el pintor sevillano las retrató en sus verdaderas condiciones de trabajo: "La aparente amabilidad de la escena, en la que una cigarrera amamanta a su hijo ante la mirada de sus compañeras, refleja la triste realidad de falta de conciliación laboral", explica Lourdes Páez, la conservadora del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

martes, 1 de abril de 2025

El Thyssen recupera el tiempo perdido de Marcel Proust

El Círculo de la Rue Royale de James Tissot, 1866.

"El círculo donde se movía Marcel Proust, el de la alta burguesía y la aristocracia parisina, era conservador en todos los aspectos, pero gustaba de rodearse de intelectuales y artistas de vanguardia", cuenta el historiador del arte Fernando Checa. Es una constante en el mundo del arte, todavía hoy sectores conservadores utilizan los ámbitos creativos para abrir la ventana y dejar entrar algunos aires de modernidad. La transgresión, en dosis medidas, aporta prestigio.

Ya lo retrató Proust (Auteuil, 1971-París, 1922), participante de una especie de religión que consideraba lo artístico como algo sagrado sujeto al rito y a la ceremonia. Acceder al mundo real no era fácil para el francés, poseedor, a causa del asma, de una mala salud que le condenó a una vida reposada. "Proust era un esteta, todo lo veía a través de la literatura, del arte, de la música. Es la manera en que configura la sociedad, las costumbres, las discusiones, la creciente prominencia de la burguesía frente a la aristocracia", añade Checa, director del Museo del Prado de 1996 a 2001 y comisario de la muestra Proust y las artes, en el Thyssen de Madrid, que se puede visitar hasta el 8 de junio. 

En busca del tiempo perdido, en siete tomos publicados entre 1913 y 1927, es considerada una de las novelas más importantes jamás escritas. Y la literatura es una buena forma de estudiar la historia del arte, sobre todo cuando la obra cita a decenas de creadores. Es una novela total, que habla de amor y la guerra, de los celos y de la política, de las clases sociales, sobre todo el olvido,y, por supuesto, del arte. Esta exposición transita la vida del autor , ilustra los personajes, ambientes y escenarios de su obra y hace un recorrido desde el renacimiento italiano, la pintura holandesa del XVII o la francesa del XIX hasta las vanguardias, pasando por el impresionismo.

En los libros, el lector puede imaginárselo todo, pero en esta muestra los proustianos podrán ajustar la imagen conociendo los escenarios y las personas en  las que  se inspiraron algunos de los personajes más notorios. Por ejemplo, Charles Swann, el crítico de arte judío, atractivo y erudito, que logra hacerse un lugar en la alta sociedad estaba inspirado en parte en Charles Haas, que aparece, con sombrero de copa gris, en el cuadro El Círculo de la Rue Royale (1866) de James Tissot. En la misma sala cuelga la efigie de la mujer que inspiró a la cocotte Odette  de Crécy, gran amor de Swan, trasunto de la escultora Laure Hayman, retratada por Raimundo de Madrazo.

Los personajes mencionados se relacionan con Por el camino de Swann, que representa a la burguesía ilustrada y una percepción sensual del mundo, vinculada a la sensibilidad artística y el amor apasionado. El otro camino, el de Guermantes se asocia con la aristocracia y simboliza un mundo de poder, ambición, hipocresía y cierta decadencia. Es donde figuran la Condesa de Noailles, una mujer de aspecto enigmático retratada por Ignacio Zuloaga en 1913: "Esta literata, amiga de Proust, era muy moderna y rompedora, un poco descarada", explica Checa. O el decadente poeta y aristócrata Robert de Montesquiou-Fézensac, trasunto del barón de Charlus, representante de la homosexualidad masculina, del que se representan dos retratos: uno de Antonio de la Gándara (hacia 1982) y otro de Henri Lucien Doucet (1879)...

Proust se interesó por el exotismo y la modernidad, que aquí se reflejan en el orientalismo, los carteles de los ballets rusos de Diaghilev (que el escritor frecuentó) o las primeras vanguardias. "El comienzo de la novela, cuando el Narrador se despierta y va recomponiendo el mundo, es una visión cubista de la realidad", asegura Checa. Por eso, en la exposición cubista y futurista, está relacionada con la visión fragmentada que el autor observada en medios de transporte novedosos en la época, como el automóvil o el tren...

Hay un lugar destacado para el impresionismo, cuyos ambientes sirvieron de base a la estética proustiana. El arte de la pintura es representada en la novela por el pintor Elstir, impresionista proveniente  de un periodo simbolista, que enseña al narrador  a percibir el mundo de una manera menos convencional: el arte no debe imitar la realidad,  sino presentarla bajo una nueva luz. Muy proustianos son también los nenúfares de Monet que influyeron en el arte posterior, como el expresionismo abstracto: en ese estanque desdibujado hay quien ya ve a Rothko.

En El tiempo recobrado, el Narrador descubre que los caminos de Swann y de Guermantes acaban confluyendo, y se celebra una gran fiesta tras la I Guerra Mundial. Es en ese tomo final cuando el Narrador decide dejar la vida disoluta de las clases altas y se propone crear una novela con el fin de recuperar el tiempo perdido. El paso del tiempo siempre cruel e indiferente, se aprecia en las efigies de Rembrandt" y es finalmente el argumento de En busca del tiempo perdido. Y también de cualquiera de nuestras existencias.

Sergio C. Fanjul. El País, miércoles 19 de marzo de 2025.