
Hablar de Mauricio es hacerlo de kilómetros de arena blanca y de un fondo marino plagado de rayas y peces mariposa con los que los turistas pueden toparse apenas a unos metros de la orilla. Con la diferencia respecto a otros destinos paradisíacos de que todas las playas son públicas: no importa que se incluyan en las instalaciones de los hoteles más lujosos, cualquier mauriciano puede acercarse a pescar, nadar o hacer un picnic junto a turistas llegados de cualquier parte del mundo. Con una temperatura templada, que alcanza con facilidad los 25º grados durante todo el año, los meses de junio, julio y agosto son los de mayor afluencia turística, aunque octubre y noviembre, coincidiendo con el verano en la isla, suele ser la época con mejor clima.
Sin embargo, Mauricio es mucho más que su costa. Su origen volcánico y su mezcla de culturas lo han convertido en un destino turístico no solo de sol y playa, también de deporte y naturaleza. Con 1,3 millones de habitantes, Isla Mauricio destaca por su amalgama racial y cultural: el 52% de la población profesa la religión hindú, el 28%, la católica, el 17% la musulmana y el 2% restante religiones minoritarias. Y, aunque se habla el inglés y el francés, lo más habitual es escuchar a su gente comunicarse entre sí en criollo, que mezcla este último idioma con varias lenguas africanas.
Deshabitada hasta 1638, la isla, a lo largo de su historia, fue colonia holandesa, francesa e inglesa hasta 1968 consiguió la independencia. "Mauricio es un ejemplo de cordialidad entre muchas culturas del que debía de tomar nota países de todo el mundo", apunta Luis González, representante en España de la cadena hotelera Beachcomber, una de las más antiguas del país donde gestiona 8 establecimientos. La isla atesora curiosos enclaves de cada una de las religiones que forman parte de su idiosincrasia. Desde la pequeña iglesia católica de Cap Malheureux, cuyo pintoresco tejado rojo resalta sobre el azul turquesa de la laguna, hasta el Grand Bassin, un lago sagrado para quienes profesan la religión hindú, pues creen que esta comunicado bajo tierra con el río Ganges, en India...
Noelia Marín. El Mundo, 18 de diciembre de 2018
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