viernes, 28 de diciembre de 2018

Bailar contra la posverdad

Marius Petipa (1818-1910)
Viendo esta gala de homenaje al bicentenario del nacimiento de Marius Petipa y al grupo de artistas del ballet académico que la ha ofrecido en los Teatros del Canal en el ecuador del festival Madrid en Danza 2018, son muchas las preguntas que acuden al espectador con memoria; también en España ahora el ballet parece haber entrado fatídicamente en la era de la posverdad, y contra ello hay que manifestarse y estar alerta. Así, es preciso también situar a Petipa en su justo sitio y medida y sacarlo de los latiguillos y lugares comunes a los que desafortunadamente desidia e incultura lo habían llevado, desde atribuirle la coreografía de Cascanueces a no aceptar su papel en el remozado de obras como Giselle, La Fille mal Gardée o Coppélia
Marius Petipa es el mayor coreógrafo de la historia del ballet, no solo por su subsistente huella creativa, sino por lo que representa su aparato estético en la prosecución de la técnica específica del ballet y en su estructuración como vehículo escénico, como idioma de espectáculo. Porque es de estética precisamente de lo primero que hay que hablar y discernir lo que se ve de los que se sabe, lo que queda de lo que fue. Para los que creen en el mundo de las ánimas, ahora el viejo cascarrabias de Petipa estará en el éter riéndose o comiéndose su hígado, pero no indiferente a lo que se ha hecho con su legado. 
La velada empezó con una suite de Raymonda en la versión de Yuri Grigorovich bailada por Alena Kovaleva y el italiano Japoco Tissi... Él fue junto a Leonid Sarafanov los más correctos de la noche, que bailó un pas de deux que no es de Petipa, sino de Lev Ivanov, su asistente:el del segundo acto de Cascanueces, en la versión ya hoy canónica de Vainonen, pero con cortes muy evidentes en la variación femenina bailada por Olesia Novikova y alterando sin mucha justificación la inveterada pose final de adagio y coda. El dúo de Coppélia lo bailaron Artem Ovcharenko, primer bailarín del Bolshói y figura más esperada de la noche, que se limitó a una corrección de trámite, y Daría Khokhlova, solista de ataque que salvó con gallardía la recreación coreográfica de 2009. La noche se cerró con con una versión muy libre de Grand Pas de Paquita ...
Roger Salas. El País, lunes 17 de diciembre de 2017

No hay comentarios:

Publicar un comentario